LO QUE SIGNIFICA EL REINO DE DIOS PARA EL CRISTIANO

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Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Tal vez una de las cosas que el cristiano común no ha llegado a entender es que de ningún modo puede haber salvación y vida eterna si el reino de Dios no se establece en la tierra. El Señor Jesús con su muerte vicaria no sólo nos limpió de nuestros pecados pasados, sino que también con su resurrección nos dio esperanza para que nosotros también volvamos a vivir como inmortales para heredar su reino milenario.

En Hebreos 9:28 leemos: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para SALVAR a los que le esperan”. Observe que Jesús regresa—¿para qué?—¡para salvar a los que le esperan!

Ahora bien, tomen nota lo que dice Mateo 25:31,34: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

¿Qué observamos en estos dos pasajes? Pues vemos algo muy evidente, aun para cualquiera que tiene dos dedos de frente: Heredar el reino es nuestra salvación! Jesús viene para salvar, pero también viene para darnos herencia en su reino. Heredar el reino es heredar la salvación. Sin reino no hay una salvación consumada, pues entrar en el reino es entrar a la vida eterna.

Jesús nos habla de heredar la vida (Mateo 19:29) y Pablo nos habla de heredar la salvación (Heb. 1:14) y también Santiago nos habla de heredar el reino (Santiago 2:5). Definitivamente los salvos entrarán en el reino con vida eterna, y Jesús lo traerá en su segunda venida. Así pues, ignorar el reino es ignorar la salvación y la vida eterna.

El joven rico quería ganar la vida eterna, pero no estuvo dispuesto a dejar todas sus riquezas a los pobres, y Jesús entonces dijo que difícilmente un rico entraría en su reino. Entonces los discípulos le preguntaron inmediatamente: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? (Mateo 19:16-25).

Queda demostrado que reino, salvación, y vida eterna está ligados estrechamente. No podemos hablar de salvación y vida eterna sin hablar del reino. Y no se puede hablar del reino sin hablar de la salvación y la vida eterna. Pero muchos hablan de la vida eterna y de la salvación, pero del reino de Dios no dicen ni pío. Simplemente lo consideran un asunto de segunda importancia, o algo relacionado sólo con los Judíos.

Finalmente, en apocalipsis leemos algo muy interesante sobre un “paquete” de redención: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido LA SALVACIÓN, el poder, y EL REINO de nuestro Dios, y la AUTORIDAD de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche (Apo. 12:10). ¿Se da cuenta que la salvación y el reino vienen juntos? Definitivamente no podemos hablar de salvación sin hablar, al mismo tiempo, del reino de Dios.

Es por eso que el evangelio del reino de Dios es el evangelio salvador, pues el reino de Cristo será el fin de la mortalidad de los salvos, y la herencia de la vida eterna o de la vida perdurable en la era venidera. Pero recuerde, no es en el momento de nuestra muerte cuando obtenemos la vida eterna, sino en el momento del regreso de Cristo en gloria para introducirnos en su reino en la tierra. Algunos salvos serán transformados en inmortales estando aún con vida, y otros serán resucitados y transformados inmediatamente en personas inmortales, y luego todos juntos con Cristo inauguraremos y restauraremos el reino de Dios en la tierra.

Muchos cristianos aún creen que al momento de morir ellos irán inmediatamente al “reino de los cielos” para vivir eternamente con el Padre y Cristo, pero esta idea no puede ser refrendada con las Escrituras. Y es que esta creencia haría innecesaria la segunda venida de Cristo para darle a los suyos el Reino de Dios y la vida eterna.

La única forma revelada por Cristo para ganar la inmortalidad es vía resurrección del cuerpo, y eso sólo puede ocurrir con la vuelta de Cristo mismo con poder para resucitar a los suyos de la tumba y para transformar a los que aún queden vivos en su parusía (Juan 5:28,29).

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