LA BIBLIA: ¿AUTÉNTICAMENTE ORIGINAL?

LA BIBLIA ORIGINAL

Manuscritos y Originales de La Biblia:
¿Qué se conservan de ellos?

Por Elliott Gil

Antes de la invención de la imprenta en el siglo XV, la Biblia sólo se conocía en forma manuscrita. Eso significa que el Nuevo Testamento (por no mencionar el Antiguo), se copió a mano durante mil cuatrocientos años y aún en el siglo XVI continuaba copiándose así.

Esos ejemplares escritos a mano se llamaban “manuscritos”.

Hoy día no existe ni un solo manuscrito original de La Biblia griega o hebrea.

No se conoce a ciencia cierta la razón, pero quizá la orden que en el año 303 dictó el emperador Diocleciano de destruir toda literatura cristiana explique este hecho.

¿Cómo podemos entonces asegurarnos de que La Biblia que hoy tenemos es una fiel copia de los textos originales?

HEBREO – ARAMEO – GRIEGO

EL ANTIGUO TESTAMENTO se escribió originalmente en hebreo, y el Nuevo en griego. Aquí y allí hay pequeñas porciones de arameo, idioma de Siria. El arameo gradualmente se convirtió en lengua popular de los judíos a partir del exilio, y en días del Nuevo Testamento probablemente era la lengua que hablaban Jesús y sus discípulos.

El arameo, aunque emparentado con el hebreo, no se deriva del mismo. Ambos son lenguas semíticas, como el árabe, asirio, babilónico, cananeo. Son lenguas muy distintas entre sí así como lo son los idiomas europeos como el castellano, el francés y el alemán.

Por ejemplo, en nuestras lengua occidental escribimos de izquierda a derecha, mientras que el hebreo se escribe de derecha a izquierda. En hebreo, las vocales se pronunciaban pero no se escribían y esto se prolongó hasta el siglo VII d.C. en que las añadieron los masoretas.

Las vocales se indican mediante puntos y pequeñas marcas encima y debajo de las consonantes. Los más antiguos manuscritos bíblicos en griego y en hebreo no tienen ninguna puntuación, no hay separación entre las palabras, y están en caracteres unciales (todas mayúsculas).

KOINÉ

El griego del Nuevo Testamento es el dialecto común o vulgar de aquel tiempo, conocido como Koiné.

¿Por qué se escribió el Nuevo Testamento en esa lengua común? Porque en tiempos de Jesús era el idioma internacional.

Un conquistador llamado Alejandro de Macedonia desempeñó importante papel en hacer que esto fuera así. Alejandro (Siglo IV A.C.) conquistó gran parte del antiguo mundo civilizado y adondequiera que iba esparcía su idioma. Así que desde la India hasta Roma, y en todas las riberas del Mediterráneo, llegó a hablarse el griego común.

Era natural que el Nuevo Testamento se escribiera en esta popular lengua internacional y no en el arameo local. El que así haya sucedido destaca el hecho de que el Evangelio es para el mundo entero y no para un selecto pueblo aislado.

MANUSCRITOS EN PERGAMINO Y PAPIRO

Antes de la invención de la imprenta en el siglo XV, La Biblia sólo se conocía en forma manuscrita. Eso significa que el Nuevo Testamento, para no mencionar el Antiguo, se copió a mano durante mil cuatrocientos años y aún en el siglo XVI continuaba copiándose así. Esos ejemplares escritos a mano se llamaban “manuscritos” (Manus en latín significa “a mano” y scriptum significa “escrito”).

Los materiales sobre los que se escribieron los antiguos manuscritos eran generalmente de dos clases: papiro (2ª Juan 12, en el original) y pergamino (2ª Timoteo 4:13).

El papiro es una especie de junco, un carrizo que se da en las márgenes del río Nilo. Solía escribirse sobre él con una caña (“cálamus”) cortada en forma de pluma para escribir (3ª Juan 13), y la tinta (Jeremías 36:18; 2ª Juan: 12) se hacía de hollín, goma y agua. El papiro era muy caro; según su tamaño y calidad, cada hoja costaba el equivalente de cinco a 17 centavos oro. Durante siglos se empleó este material, predecesor del papel (nuestra palabra “papel” se deriva de “papiro”).

El pergamino (palabra que se deriva de “Pérgamo”, ciudad de Asia Menor que a fines del siglo segundo perfeccionó el pergamino y lo exportaba) era más duradero que el papiro. Se hacía de cueros especialmente preparados. Los cueros de oveja y cabra se secaban, y se pulían con piedra pómez. A veces se empleaban animales jóvenes porque su piel producía material más fino; la vitela, pergamino extrafino, se obtenía a veces de animales sin nacer extraídos del vientre de la madre.

El pergamino se empleó desde la antigüedad hasta la Edad Media, cuando gradualmente fue reemplazado por el papel.

El empleo del papiro y el pergamino por los israelitas y cristianos hizo posible conservar documentos extensos. Los antiguos escribían sobre piedras encaladas, metal, madera, arcilla y otros materiales en los que, por su reducido tamaño, cabía poca escritura.

DESAPARECIERON TODOS LOS ORIGINALES HEBREOS Y GRIEGOS

Hoy día no existe ni un solo manuscrito original de La Biblia griega o hebrea. No se conoce a ciencia cierta la razón, pero quizá la orden que en el año 303 dictó el emperador Diocleciano de destruir toda literatura cristiana explique el hecho.

Otra posible razón es que el papiro, material en que probablemente estaba escrita la mayor parte del Nuevo Testamento, no se conserva bien a menos que se guarde en sitio muy seco.

Desde cierto punto de vista la pérdida de los originales fue conveniente, pues la humanidad tiende a la adoración de los objetos relacionados con lo sagrado. Debe adorarse a Dios y no a La Biblia, y mucho menos al papel y la tinta con que está hecha. Si bien se perdieron los originales, la investigación científica nos asegura que La Biblia que leemos es, para todo fin práctico, la misma que se produjo bajo divina inspiración.

Pero es importante recordar que todos los manuscritos bíblicos son copias.

ERRORES DE COPIA

Los rollos y libros eran producidos o por una persona que copiaba de otro manuscrito, o por un grupo que copiaba lo que le dictaban. Es fácil comprender que el amanuense podía, por cansancio o descuido, cometer errores.

Pero el método de copia colectiva también producía errores; varias razones lo hacían posible, pero el error principal provenía de lo que los eruditos llaman “error de oído”. Cuando preguntamos a alguien si es correcto decir, “aré lo que pude”, nos dirá inmediatamente que no, pues creerá que hemos dicho “haré”, en vez del pretérito del verbo arar. Otro caso es el de los que bromeando se despiden diciendo: “Otro diablo con usted”. (=”Otro día hablo”).

Similares confusiones lingüísticas ocurren en griego.

Existen también los “errores de vista”. Basta revisar la fe de erratas de los libros para ver que no todos los errores son de tipo mecánico, sino que algunos se producen por subconsciente confusión de palabras. Recuerdo el caso que mencionaba una “mula podrida”, cuando se trataba de una “muela”.

A PESAR DE TODO, ASOMBROSA EXACTITUD

En los manuscritos que han llegado a nuestras manos hay en verdad “errores de oído”, “errores de vista”, y otras clases de equivocaciones.

Pero lo asombroso es que La Biblia se haya conservado tan bien. Aunque copiado millares de veces a mano, la enorme cantidad de manuscritos demuestran que poseemos lo que casi pudiéramos llamar un consecuente y auténtico texto bíblico.

Hay una afirmación clásica respecto a la exactitud del Nuevo Testamento, formulada por dos grandes eruditos de la pasada generación, Westcott y Hort: “Las palabras que en opinión nuestra aún son dudosas apenas constituyen una milésima parte del Nuevo Testamento” (F. F. Westcott y F. J. A. Hort, editores, New Testament in Original Greek, 1882, vol. II, Introducción, p. 2)

Uno de los factores que contribuyeron a la exactitud del Antiguo Testamento fue la creencia judía en el carácter sagrado de Las Escrituras.

Respecto a éstas decía Josefo: “…nadie se ha atrevido a añadir, quitar o alterar ni siquiera una sílaba…” (véanse Deuteronomio 4:2 y Jeremías 26:2).

El hecho es que Las Escrituras judías se copiaban con escrupuloso cuidado. Los escribientes eran los guardianes de los escritos sagrados en tiempos bíblicos, a quienes históricamente sucedieron los masoretas (palabra que significa “transmisores”).

Los masoretas florecieron entre los años 500 y 100’0 n.C., y sus esfuerzos por conservar el texto bíblico fueron laboriosos y casi increíbles. Los masoretas conservaron tan perfectamente el Antiguo Testamento, que su obra nos ha llegado como texto patrón, y se le llama “texto masorético”, conocido también por la abreviatura TM.

CAMBIOS DELIBERADOS

Debe observarse que en algunas ocasiones hubo copistas que deliberadamente introdujeron cambios en el texto. A veces creían aclarar así un punto doctrinal. En otras ocasiones creían resolver una contradicción. Pero mejor hubieran dejado el texto tal como estaba.

Algunos copistas colocaban sus cambios en el margen, pero otros los incorporaban en el texto. Hoy día la crítica textual tiene que entresacar lo falso de lo verdadero.

VARIACIONES ESENCIALMENTE INSIGNIFICANTES

Aunque hay variaciones en los textos bíblicos, más en el Nuevo que en el Antiguo Testamento, la mayoría son de importancia mínima, y ninguna gran verdad doctrinal se emplaza en tela de juicio por errores textuales. Los muchos manuscritos suministran un testimonio colectivo para dotarnos de un texto utilizable y esencialmente exacto.

Probablemente no haya en el Nuevo Testamento ningún pasaje cuya redacción correcta no se haya conservado. El conocido erudito Federico Kenyon dice que “ninguna doctrina fundamental de la fe cristiana se basa en una redacción controvertida”. Añade este comentario: “Jamás será demasiado el énfasis que aprestemos al afirmar que, en esencia, el texto de La Biblia es cierto” (Aur Bible an the Ancient Manuscripts, Revisado por A. W. Adams, Londres: Eyre y Spottis¬ woode, 1958, p. 55).

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LAS ASÍ LLAMADAS “MUERTES POR DESESPERACIÓN”—¿POR QUÉ LOS ESTADOUNIDENSES ESTÁN MURIENDO CADA VEZ MÁS JÓVENES?

ChristianHeadlines.com

BreakPoint.org

Hace años, Chuck Colson preguntó: “¿Dónde está la esperanza?” Demasiados estadounidenses hoy en día no tienen respuesta, y se está mostrando.

Por tercer año consecutivo, según un informe de noviembre de los Centros para el Control de Enfermedades, la esperanza de vida en los Estados Unidos cayó.

La última vez que sucedió esto fue hace un siglo, en los años 1915-1918, años marcados por nuestra entrada en la Primera Guerra Mundial y el brote de la pandemia de la “gripe española”, que mató a 675,000 estadounidenses.

Esta vez, ni la guerra ni la pestilencia están detrás de la caída de la esperanza de vida. Las amenazas no son externas, sino internas.

Los factores más importantes detrás de la caída en la esperanza de vida entre los estadounidenses en los últimos tres años son las sobredosis de drogas y los suicidios. En 2017, más de 70,000 estadounidenses murieron por sobredosis de drogas y aproximadamente 45,000 personas se suicidaron intencionalmente.

Estas muertes, junto con las muertes relacionadas con el alcohol, han sido denominadas “muertes por desesperación” por los investigadores Anne Case y Angus Deaton.

La “desesperación” mencionada por Case y Deaton es en gran medida económica, como resultado de la disminución de las perspectivas laborales y otras decepciones personales. Como dijo Case, “Tu vida familiar se ha desmoronado, ya no conoces a tus hijos, todas las cosas que esperabas cuando comenzaste tu vida simplemente no han sucedido en absoluto”.

Como resultado, las personas, generalmente pero no siempre los hombres, recurren al alcohol y las drogas para aliviar su dolor. Un número cada vez mayor toma sus propias vidas.

Ciertamente, la explicación de Case y Deaton es parcialmente cierta. Pero no explica el aumento del 30 por ciento en las tasas de suicidio entre los jóvenes de 15 a 24 años, que no han experimentado este tipo de decepciones. La privación material tampoco explica por qué la tasa de suicidio entre los afroamericanos y los hispanos es solo alrededor de un tercio de la de los estadounidenses blancos a pesar de ser, en promedio, más pobres.

Algo más está sucediendo. Y está relacionado con la palabra “desesperación”.

Chuck Colson y su amigo Richard John Neuhaus solían recordar a las personas que la desesperación es un pecado. Ahora bien, si define “desesperación” como dolor o pena extrema, entonces llamarlo pecado parece cruel e insensible.

Pero eso no es realmente lo que es la desesperación. En la visión cristiana, la desesperación es lo opuesto a la esperanza. Tomás de Aquino escribió que la desesperación “se debe a la incapacidad de un hombre para esperar que él comparta la bondad de Dios”. Para Aquino, la desesperación era más peligrosa que incluso la incredulidad o el odio de Dios porque “por esperanza somos devueltos de los males y inducido a luchar por lo que es bueno, y si se pierde la esperanza, los hombres caen precipitadamente en los vicios, y son arrancados de las buenas obras”.

Para Aquino, “nada es más execrable que la desesperación. Porque el que se desespera pierde su constancia en las labores cotidianas de esta vida, y lo que es peor, pierde su constancia en el empeño de la fe “. Como dijo el teólogo del siglo VI, Isidore de Sevilla, “cometer un crimen es la muerte al alma, pero desesperarse es descender al infierno”.

Si hay una palabra mejor que “Infierno” para describir la desesperación que estamos viendo en tantas comunidades estadounidenses, no la conozco.

Aún así, la pregunta sigue siendo: “¿Cuál es la fuente de esta desesperación?” La respuesta está en las palabras de Aquino “comparte la bondad de Dios”. En pocas palabras, los estadounidenses ponen su esperanza en algo equivocado.

No me refiero solo a aquellos que se suicidan, ya sea de forma deliberada o indirecta. Son simplemente las víctimas más vulnerables de una cosmovisión que nos tiene, en palabras de Isaías, gastando dinero en lo que no es pan y trabajar por lo que no nos satisface.

Su decepción se siente más que la nuestra, pero no se equivoquen, las expectativas que nuestra cultura nos impone terminarán finalmente en la muerte. Si no es muerte física es muerte espiritual. Se nos dice que busquemos la satisfacción de cosas que en última instancia no pueden satisfacernos, como el sexo, las cosas materiales y el yo.

Los resultados son lo que Aquino habría predicho: caer precipitadamente en el vicio y alejarse de buscar hacer el bien. Los más vulnerables entre nosotros terminan pagando el precio final.

Pero conocer a Cristo y su resurrección es conocer la esperanza. Que nunca ocultemos eso en una cultura que lo necesita tan desesperadamente.

BreakPoint es un ministerio de cosmovisión cristiana que busca construir y proporcionar recursos a un movimiento de cristianos comprometidos a vivir y defender la cosmovisión cristiana en todas las áreas de la vida.

Comenzado por Chuck Colson en 1991 como una transmisión de radio diaria, BreakPoint brinda una perspectiva cristiana de las noticias y tendencias actuales a través de la radio, medios interactivos e impresos. Hoy en día, los comentarios de BreakPoint, organizados conjuntamente por Eric Metaxas y John Stonestreet, se transmiten diariamente a más de 1,200 puntos de venta con una audiencia auditiva semanal estimada de ocho millones de personas.

FUENTE:

https://www.skywatchtv.com/2018/12/25/why-young-americans-are-killing-themselves-in-record-numbers/

EL PARAÍSO: ¿SABE USTED QUÉ ES

                        

Por Ing° Mario A. Olcese (Apologista)

La Palabra “Paraíso” aparece en sólo 5 pasajes de la Biblia: 2 en el Antiguo Testamento, y 3 en el Nuevo. Los más importantes y significativos son los que aparecen en el Nuevo Testamento, pues tienen, además, un significado “supramundano” o “extraterreno”. Millones de cristianos han leído el diálogo que sostuvo nuestro Señor Jesucristo con el llamado “buen ladrón” del Gólgota. Recordemos aquel diálogo leyendo Lucas 23:42, y que dice:

 “Y dijo a Jesús: Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso.”

                         No obstante, para muchos estudiantes de la Biblia se les hace difícil comprender qué fue lo que Jesús quiso decir con la palabra “paraíso”. Para muchos cristianos el paraíso es sinónimo de CIELO. Entonces se supone que Cristo le prometió al “buen ladrón” que estaría con él en el cielo—en ese mismo día (“hoy”). Pero Jesús no usó la palabra cielo sino paraíso. Además, Jesús no ascendió al Padre en ese mismo día de su muerte, ni en el siguiente, ni en el día de su resurrección (al tercer día), sino 40 días después de su resurrección. A María le dijo: “…no me toques, porque aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17). ¡Y esto se lo dice ¡después de resucitar! En Hechos 1:3 leemos que Cristo permaneció —después de resucitar— 40 días más con sus discípulos para hablarles acerca del reino de Dios. Entonces, ¿cómo podría haber cumplido Jesús su promesa al “ladrón bueno” si verdaderamente Jesús no subió al cielo sino después de 43 días de su muerte? ¡He aquí un dilema que requiere una explicación!

                         Otro grupo de cristianos sostiene—y con razón— que al no existir signos de puntuación en el Griego Neo Testamentario (Recuérdese que el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en  el idioma Griego mayormente), el pasaje puede transcribirse de esta forma:

Y dijo a Jesús: Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo hoy, estarás conmigo en el paraíso.”

                         Si uno compara esta forma de transcribir el texto griego al español con el mismo texto que aparece al comienzo de este estudio, verá que la “coma” está en diferente sitio. En el primer caso, la “coma” está inmediatamente antes de la palabra “hoy”; y en el segundo caso, la “coma” está después de “hoy”. Este pequeño cambio de posición de la “coma” ¡CAMBIA RADICALMENTE EL SENTIDO DEL TEXTO!

                         En la primera trascripción del pasaje de Lucas 23:42, que aparece al inicio de este estudio, Jesús le estaría prometiendo al “buen ladrón” el paraíso para ese mismo día de su crucifixión (“De cierto te digo, HOY ESTARÁS conmigo en el paraíso”).  En cambio, en el segunda trascripción, Jesús le estaría prometiendo al “ladrón bueno” el paraíso para un futuro indeterminado o indefinido (“De cierto te digo hoy, ESTARÁS conmigo en el paraíso”). Además, Jesús supuestamente le estaría enfatizando y certificando su promesa  cuando  dijo: “De cierto te digo hoy”.  Sin embargo, para hacer honor a la verdad, esta segunda trascripción parece incorrecta y forzada, pues Jesús jamás hablaba así cuando prometía o enseñaba algo a sus discípulos. Veamos algunos ejemplos sólo en el capítulo 5  de Mateo: “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje…”(Mateo 5:22). “De cierto te digo que no saldrás de allí…” (Mateo 5:26). “Pero yo os digo que cualquiera que mira…” (Mateo 5:28). “Pero yo os digo que el que repudia a su mujer…” (Mateo 5:31). “Pero yo os digo: No juréis…” (Mateo 5:34). “Pero yo os digo: “No resistáis al que es malo” (Mateo 5:39). “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos…” (Mateo 5:44). Es claro que no era el estilo de Jesús decir algo así como: “De cierto te digo hoy” (comparar también con Mateo 5:26; Mateo 10:15; Mateo 11:11,22; Mateo 12:6,31; Mateo 16:28; Mateo 19:9,24).

                          Otros estudiosos de la Biblia han afirmado que el paraíso no tiene que ver ni con el cielo, ni con ningún otro lugar supramundano. Para estos estudiosos, la palabra “Paraíso” (Gr. Paradeisos, y en Heb. “Gan”), es de origen Persa que quiere decir Jardín y Huerto.  Se afirma, con verdad, que había muchos jardines y huertos fuera de las murallas de Jerusalén. En esos lugares preparaban sus sepulcros las familias (2 Reyes 21:26; Juan 19:41). Entonces, este grupo de cristianos sostiene que, cuando Jesús dijo: “De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso”, quiso decir:

“hoy estarás conmigo en el SEPULCRO (del Jardín o Paraíso).” Y para probarlo citan Juan 19:41-42, que dice:  “Y en el lugar donde le crucificaron había un huerto(“paraíso”) y un sepulcro nuevo…y pusieron allí el cuerpo de Jesús.” No obstante, el único problema de esta interesante tesis es que no se dice que el “buen ladrón” haya sido enterrado con Jesús en ese jardín o en otro. Recordemos que en el jardín o huerto Jesús fue sepultado sólo, según nos lo narran los evangelistas, pero nada se dice del “ladrón bueno”. Generalmente los cadáveres de delincuentes eran arrojados fuera de los muros de la ciudad, en un lugar llamado “Gehenna” (lugar donde había fuego y en donde se quemaban los cuerpos de los delincuentes).

El Paraíso y el Tercer Cielo

                        Para poder saber qué es en verdad aquel paraíso que Jesús le ofreció al “buen ladrón”, será necesario examinar los 3 pasajes bíblicos que hablan sobre él en el Nuevo Testamento. Uno de ellos, el de Lucas 23:42, ya lo hemos examinado. Ahora Vamos a examinar 2 Corintios 12:2-4. En Este texto San Pablo dice:

 “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el TERCER CIELO. Y conozco al tal hombre…que fue arrebatado al PARAÍSO, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre ex presar.”

                       Aquí Pablo está hablando de que el paraíso puede ser el tercer cielo. Nótese que dice que fue “arrebatado al tercer cielo” y “arrebatado al paraíso” en el mismo versículo. Nuevamente aquí tenemos que reflexionar en lo siguiente: ¿Fue arrebatado Pablo al “tercer cielo”, y desde allí, nuevamente “arrebatado al paraíso”?  ¿ O es más bien que “paraíso” y “tercer cielo” significan lo mismo? Personalmente creo que “paraíso” y “tercer cielo” significan lo mismo. Entonces el “tercer cielo” es el  “paraíso” en este versículo.

                       También es interesante de que Pablo habla de que ese arrebatamiento pudo haber ocurrido “en el cuerpo” o “fuera del cuerpo”. ¿Qué se entiende por “fuera del cuerpo”? No lo sabemos exactamente. Tal vez “fuera del cuerpo” quiera decir, “en éxtasis”, o “en visión” (verso 1). Pero lo cierto es que esta persona arrebatada (muy probable Pablo mismo) oyó palabras inefables que no se pueden explicar.

Paraíso y el Árbol de la Vida

                       El tercer pasaje que nos habla del paraíso lo encontramos en Apocalipsis 2:7, que dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.  Al que venciere, le daré de comer del ÁRBOL DE LA VIDA,  el cual está en medio del PARAÍSO DE DIOS.”

                       Ahora, obsérvese que EN MEDIO del llamado PARAÍSO está EL ÁRBOL DE LA VIDA. Este detalle, del “árbol de la vida”—en medio—del “paraíso”, es clave para entender qué es el paraíso ofrecido por Jesús al “buen ladrón” de la cruz. De manera que hay que averiguar en qué otros pasajes del Nuevo Testamento encontramos ese misterioso “árbol de la vida”. Pues bien, gracias a Dios que tenemos otros versículos en Apocalipsis 22:2 y14, que dicen:

 “EN MEDIO de la calle de la CIUDAD, y a uno y otro lado del río, estaba el ÁRBOL DE LA VIDA…bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la CIUDAD.”

                       Ahora comparemos con atención los textos de Apocalipsis 2:7 y Apocalipsis 22:2,14, porque ambos textos nos dan mucha luz sobre el llamado “Paraíso de Dios”. He aquí 4 puntos:

    1.- El árbol de la vida está en medio del Paraíso de Dios (Apo. 2:7).

    2.- El árbol de la vida está en medio de la calle de la Ciudad (Apo. 22:2).

    3.- El Paraíso es una Ciudad, puesto que se nos dice que el árbol de la vida  está en medio del Paraíso y de la calle de la Ciudad. (ver n°.s 1 y 2).

    4.- Los cristianos verdaderos están llamados a entrar por las puertas de dicha Ciudad Celestial donde está el árbol de la vida.

El Paraíso y La Ciudad

                       Queda demostrado que el paraíso está estrechamente ligado a la ciudad celestial (“tercer cielo”). Nosotros, como cristianos, somos ciudadanos de esa ciudad celestial. Pablo afirma que “nuestra ciudadanía está en los cielos…” (Filipenses 3:20). Obviamente la palabra ciudadanía tiene que ver con una Ciudad. En nuestro caso, somos ciudadanos de la “Ciudad”, “Paraíso”, o “Tercer Cielo”.

 El Paraíso Bajará a la Tierra

                       Lo siguiente es crucial y clave para entender la promesa de Jesús al ladrón de la cruz: ¿Subiremos al cielo para entrar por las puertas de la Ciudad o Paraíso?¿Prometió Jesús a sus seguidores llevarlos al cielo para entrar al Paraíso o Ciudad Santa? ¡Esta es otra historia! En Apocalipsis 21:2 leemos algo interesante:

 “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, DESCENDER del CIELO, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.”

                      El apóstol Pablo también escribió:

 “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamo LA POR VENIR.” (Hebreos 13:14).

                      Del Patriarca Abraham, se dijo:

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba…porque ESPERABA LA CIUDAD que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (Hebreos 11:8,10).

                      Aquí vemos que Abraham esperaba la ciudad (no dice, “esperaba ir a la ciudad”), a la cual se la llama también: “una patria” (Hebreos 11:14). Leer también Hebreos 11:13-16.

La Casa de Dios

                      Todo lo dicho hasta ahora tiene que ver con “La Casa de Dios”. Nuestro Padre celestial nos hizo a Su imagen y semejanza” (Génesis 1:26). Es decir, Dios es un Padre de Familia (Leer Efesios 2:19). Así también los hombres forman familias y se convierten en padres. Dios tiene su Casa Propia en donde vive (Salmo 26:8). Así también el hombre edifica una casa en donde vive con su familia (Leer Isaías 65:21). Recordemos que Jesús habló de “la Casa de mi Padre” en Juan 14:2,3.

                       En 2 Corintios 5:1 Pablo dice: “…tenemos de Dios un edificio, UNA CASA no hecha de manos, eterna, en los cielos.” Por otro lado, es interesante lo que Pablo dice a los Hebreos (9:23,24) con las siguientes palabras: “Fue, pues, necesario que las FIGURAS DE LAS COSAS CELESTIALES fuesen purificadas así; pero las COSAS CELESTIALES MISMAS, con mejores sacrificios que éstos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano FIGURA DEL VERDADERO, sino en el cielo mismo para presentarse ahora delante de Dios.

                      Lo que Pablo revela es que en el cielo hay unas COSAS, como por ejemplo, un santuario verdadero. En Hebreos 8:1,2 nos habla del tabernáculo que Dios levantó en el cielo, y no el hombre. Igual ocurre con la ciudad celestial, “cuyo arquitecto y constructor es Dios.”  Si  amigos, en el cielo HAY COSAS REALES o VERDADERAS hechas por la mano de Dios. Ese tabernáculo de Dios, donde Él mora, bajará a la tierra y “Dios estará con los hombres, y él morará con ellos.” (Apocalipsis 21:2,3).

                      Es evidente que los justos permanecerán en esta tierra (Proverbios 2:21), y Dios vendrá con su Ciudad Santa, Paraíso, o “Tercer Cielo” a la tierra. Entonces los justos entrarán a la Ciudad o Paraíso—¡en la tierra!. (Proverbios 11:31).

Conclusión  

                       El  “buen ladrón” recibió una promesa de Jesús que bien pudo haberse cumplido en ese mismo día, a través de una visión o éxtasis; o bien en un futuro, cuando sea resucitado él junto con todos los creyentes, y cuando haya descendido la Ciudad o Paraíso a la tierra. Recordemos que Salomón dijo que el justo será recompensado en la tierra (Proverbios 11:31)—¡No en el cielo!

                       Los que afirman que el “buen ladrón” efectivamente subió al cielo con Cristo cuando ambos murieron en ese mismo día, se encuentran con el problema de que Cristo aún no había subido al Padre cuando resucitó al tercer día. ¡Claramente se lo dijo Jesús a María en Juan 20:17!

                        Lo que si está claro es que el Paraíso tiene que ver con una CIUDAD celestial, llamada también “Tercer Cielo”, “Casa de Dios”, “Patria”, etc. Y también es claro que este Paraíso o Ciudad celestial bajará a la tierra para que los salvos puedan entrar en él y morar con Dios. No hay texto alguno que diga que escaparemos de la tierra, en dirección al espacio sideral, para ingresar al Paraíso o Ciudad celestial con nuestras “almas inmortales”, una vez muertos. La ‘oración del Padrenuestro’, y en especial, la parte que pedimos “VENGA TU REINO”, comprende todo esto que explicamos en este estudio.