¿CUÁL ES LA ESPERANZA QUE BRINDA VERDADERO CONSUELO, GOZO, PAZ, Y BENDICIÓN?

 

Un Examen Breve de Romanos 15

Por Ing. Mario A Olcese (Apologista)

Frecuentemente recibo e-mails de personas que me dicen que tal o cual pastor les han cambiado sus vidas y la de sus familias. Me dicen que Carlos Cash Luna, Benny Hinn, Pat Robertson, y otros les han transformado sus vidas y que ahora se sienten felices y en “sintonía” con el Señor. No obstante, me pregunto: ¿cuál es el mensaje que ellos oyeron y que cambió sus vidas? ¿Acaso será la vana promesa de que pueden ser prosperados hasta hacerse ricos en este mundo presente si siembran su “semilla” fielmente? ¿Acaso es la promesa de que si cumplen con ser fieles diezmadores para su iglesia y su pastor serán multiplicados sus ingresos personales y familiares? Tenemos que ser muy claros en esto, pues de lo contrario ese cambio o transformación “espiritual” durará muy poco, cuando se den cuenta finalmente de que todo sigue igual o peor en sus vidas, mientras que sus líderes se van enriqueciendo día a día a costa del sudor de los fieles.

Definiendo la Esperanza que da gozo

Pablo escribió: Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo” (Rom. 15:13). Aquí Pablo dice que el gozo viene por el creer para que podamos abundar en esperanza—¿pero creer en qué? Pues un poco antes, en el versículo 4, Pablo había escrito: “Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Aquí Pablo recalca que la esperanza que produce gozo, paz, y consolación es aquella que viene por el creer en las cosas que fueron escritas para nuestra enseñanza. —¿Y qué cosas fueron escritas para nuestra enseñanza y consolación? La respuesta salta a la vista en los versículos 16,19,20,29 cuando Pablo lo resume en una frase: el evangelio. Estas son sus palabras: “Para ser ministro de Jesucristo á los Gentiles, ministrando (enseñando, entregando) el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo” de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del evangelio de CristoDe esta manera me esforcé á predicar el evangelio…Y sé que cuando llegue á vosotros, llegaré con abundancia de labendición del evangelio de Cristo”. Así que el evangelio de Cristo, que es el evangelio de Dios el Padre, condensa todo lo que fue escrito para ser enseñado a Judíos y Griegos para que diera verdadera esperanza y bendición a los creyentes. Así que el verdadero evangelio brinda las bendiciones duraderas que uno esperaría de un Dios amoroso. No es extraño, entonces, que Pablo aconsejara a permanecer en la esperanza del evangelio, con estas palabras: “Si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído…” (Col. 1:23).

¿Pero de qué se trata ese evangelio de Cristo?

En primer término debo señalar lo dicho por Pablo sobre la misión central de Jesús en el verso 8, y que dice: “Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios,para confirmar las promesas hechas á los padres”. Así que Cristo vino a ratificar las promesas hechas a los padres. Con esta introducción Pablo relaciona las cosas que fueron antes escritas para nuestra enseñanza con lo que Cristo vino a confirmar, es decir, las promesas que Dios hizo a los padres. Este es el evangelio de Cristo, y el evangelio de Pablo, y el evangelio cristiano para los gentiles también, para que ellos glorifiquen a Dios junto con los Judíos creyentes. Dicen los versos 9-11: Y para que los Gentiles glorifiquen á Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, Y cantaré á tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los Gentiles, Y magnificadle, todos los pueblos”. Por eso no me sorprende que Pablo haya seguido el ejemplo de Jesús de predicar el reino de Dios,  que es la misma esperanza de la promesa hecha a los padres: “Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres, soy llamado en juicio” (Hechos 26:6). O como él también lo dijera en Hechos 28:20: “porque por la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena”.

¿Cuáles son las promesas hechas a los Padres y que compartimos por fe?

En Hechos 26:6 vimos que Pablo predicaba la esperanza de la promesa hecha a los padres, pero en Hechos 20:25 él había dicho que había estado predicando el reino de Dios: “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro”.  Así que el Reino de Dios que predicó Pablo es la misma promesa hecha a los padres que lo llevó a juicio, y que Cristo vino primero a anunciar y a confirmar a sus paisanos, para que los que lloran puedan recibir consolación (Mateo 5:4).

El reino de Dios comprende las cosas que fueron escritas en las Escrituras para ser enseñadas y creídas por los potenciales creyentes a fin de que pudieran recibir verdaderamente consolación, esperanza, y gozo verdaderos y duraderos.

Recordemos que Dios hizo pactos con los padres, los cuales tenían que ver con una tierra (Génesis 12:3;13:15;15:18) y con un rey justo (Isaías 32:1) que restauraría todas las cosas a su estado original (Hechos 3:19-21). Esta era la esperanza de José de Arimatea, un fiel discípulo de Jesús (Marcos 15:43), y de los apóstoles del señor (Hechos 1:3,6,7).

Es evidente, entonces, que lo que da verdadera esperanza, gozo y bendición es la promesa del reino de Dios, la cual significará la felicidad de los pobres en espíritu, la consolación de los que lloran, la herencia de la tierra renovada para los mansos, la saciedad para los hambrientos y sedientos de justicia, la misericordia para los misericordiosos, la comunión con Dios para los limpios de corazón, la filiación divina para los pacificadores, y la bienaventuranza para los que son perseguidos por su fe (Mateo 5:3-11).

El Mensaje de esperanza y gozo es ignorado por los evangelistas famosos de hoy

Desafortunadamente el divino mensaje de esperanza y de gozo del reino de Dios es poco o casi nada predicado en las iglesias de hoy. De hecho, los evangelistas contemporáneos lo ignoran por completo, y lo que es peor, lo han sustituido por uno trucado, vano, y de dicha temporal y pasajera llamado: “El evangelio de la prosperidad”. Este evangelio es satánico, engañoso y efímero, que hace “feliz” a unos pocos, y desgraciados a la mayoría. Ahora bien, de hecho podemos decir que hay un evangelio de la prosperidad, pero no para hoy, sino para la era del reino, la Edad donde todos los fieles alcanzarán las bendiciones prometidas por el Señor según sus obras presentes. En la Parábola de la Diez Minas Jesús expone claramente esta verdad de la retribución venidera según las obras presentes (Lucas 19). Hoy estamos sembrando en este mundo para cosechar en la parusía del Señor Jesucristo, el Amo de esta tierra que aparecerá para tomarnos cuenta de lo que hemos producido para él durante su ausencia.

ALGO MÁS SOBRE EL ENTUSIASMO

 

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos”, Rom. 13:11

El entusiasmo es imprescindible para vivir la vida cristiana, para servir a Dios y para todo lo que hagamos. En la Biblia tenemos algunos ejemplos de personas que perdieron el entusiasmo y cuáles fueron las consecuencias:

ü En Lucas 22 leemos que el Señor se llevó a Pedro, Jacobo y Juan al huerto y les pidió que oraran con él, pero Pedro se durmió. ¿Qué entusiasmo puede haber en una persona que se duerme en medio de una conversación importante? ¿Cómo se sentirían ustedes si se dan cuenta que la persona con la que están hablando no les está prestando atención? La falta de entusiasmo fue la que empezó a hundir a Pedro porque quizás pensó que todo se había acabado. Esa falta de entusiasmo lo fue separando del Señor para sólo seguirlo de lejos.

ü Otro ejemplo lo tenemos en Jacob y Esaú; Esaú tenía el derecho a recibir todas las bendiciones por ley, por ser el primogénito, pero no las deseaba, las tuvo en poco; en cambio, Jacob no tenía el derecho pero lo anhelaba en su corazón. Cuando alguien hace algo de corazón, se nota.

ü Elías era un hombre de fe, retó a más de 400 profetas de Baal y ese mismo día los degolló, pero cuando Jezabel lo andaba buscando éste se escondió, lloró, perdió el entusiasmo y le pidió a Dios que le quitara la vida (1ª Reyes 19).

ü Juan el Bautista fue un tremendo predicador; el mismo Señor Jesucristo lo elogió porque nadie le hablaba a los hombres en esa época como Juan, pero cuando estaba en la cárcel perdió el entusiasmo, dudó y se deprimió

Ahora estamos más cerca de la meta que cuando comenzamos; por tanto, ya que Cristo está tan cerca debemos sacar nuestras últimas fuerzas y no sentarnos en el camino a observar cómo los otros nos pasan por un lado. En una carrera, los corredores no usan todas sus energías al principio de la misma, sino que las reservan para las últimas vueltas de la carrera. Estamos en las últimas vueltas de la carrera y no es tiempo para aflojar el paso, sino de cobrar ánimo.

Remedios para recuperar el entusiasmo:

· Clamar: Bartimeo clamó; David perdió el entusiasmo en muchas ocasiones y clamaba a Dios. en las emergencias hay que clamar a Dios.

*Tener bien definido quién es Dios: la gente se quita la vida por la falta de seguridad; la inseguridad viene por no conocer bien a Dios o no creerle a Él o a Su Palabra. Debemos tener presente todo el tiempo que ÉL ES DIOS, que ÉL DESEA LO MEJOR PARA NOSOTROS, que SU PERFECTA VOLUNTAD PARA NOSOTROS ES BENDECIRNOS, que ÉL TIENE TODO BAJO CONTROL y que lo único que nos pide es que le creamos.

Fuente:

www.reflexionescristianas.com.es

UN MUNDO CADA VEZ MÁS LOCO

Muchos creen que las palabras ‘fiesta’ y ‘divorcio’ son incompatibles. La ruptura de las relaciones suele ser vista en la sociedad como toda una tragedia muy difícil de afrontar.
Leer más : http://actualidad.rt.com/TiempoLibre/…
http://actualidad.rt.com/mas/envivo

¡PERO YO ME SIENTO FELIZ EN MI RELIGIÓN!…¿POR QUÉ DEBERÍA CAMBIARLA?

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

“Hay camino que al hombre parece derecho; empero su fin son caminos de muerte” (Prov.14:12)

¿Realmente todos los caminos conducen a Roma?

¿Cuántas veces hemos escuchado a gente decir que todos los caminos conducen a Dios, con tal que uno los ande con sinceridad y rectitud? Pareciera que lo importante es la sinceridad y no las formas y las creencias…simplemente sé sincero y adora a tu Dios, como quieras llamarlo, o creerlo, y serás salvo. ¿Pero es realmente posible aceptar este criterio muy popular y aparentemente válido y sensato? Bueno, si nos basamos en lo que dicen las Escrituras (La Biblia), la respuesta es un absoluto NO.  Y es que la verdad es una. Por ejemplo, si la pared de mi casa es crema, entonces no puede ser verde, marrón, café, beige, o cualquier otro color diferente. A usted le puede gustar el color verde y no el beige, pero no puede decir que la pared de mi casa es verde…verde no es igual a beige. La verdad, por tanto, es una también en este caso. Si Dios es UNO, entonces no puede ser DOS, TRES, O UN MILLÓN DE DEIDADES. Deuteronomio 6:4 dice que Dios es UNO, y UNO no admite dos, tres o más dioses. Así que partiendo de este principio, cualquier religión que enseñe una pluralidad de deidades no es verdadera. Esto es así, lógicamente, bajo la lupa de la Biblia. Así que si uno es un cristiano genuino, no puede decir que todas las religiones son buenas, con tal que se las practique con fervor y honestidad. ¡Esto, simplemente, no tiene sentido!

El único camino que conduce a la eternidad con Dios

Jesucristo fue exclusivo y excluyente, pues fue enfático al decir: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Ahora bien, ¿diría Cristo que todos los caminos son iguales con tal que se transiten con sinceridad y fervor? ¡De ningún modo! El no creyó que la verdad  pudiese estar repartida en tantas diferentes ideas, criterios, y pensamientos de los hombres. Su verdad era única, y de hecho él era la verdad encarnada…la única verdad que puede iluminar al hombre para que éste pueda llegar a conocer al único Dios verdadero que es el Padre celestial (Juan 17:3). Esta terminante declaración de Cristo nos hace sentir que no podemos engañar a la gente diciéndole, “anda, sigue con tu fe, cualquiera que ésta sea, con tal que seas honesto y fervoroso en ella”. Esto sería una gran irresponsabilidad y un serio pecado de nuestra parte si en verdad nos consideramos cristianos auténticos. Sin embargo, usted puede encontrarse con muchos que profesan supuestamente la fe cristiana que se reúnen simultáneamente con grupos que poco o nada tienen de cristiano, pero sí mucho de pagano. Sé de muchos que son católicos romanos, y aun protestantes, que profesan admiración por las ideas del Dalai Lama, de Buda, de Confucio, de la Nueva Era, de la cientología, etc. ¡Increíble! En realidad no sé qué puede significar para tales individuos su fe “cristiana”.

Con toda razón, pues, yo me sentía pasmado cuando veía al Papa Juan Pablo II abrazando a los representantes de otras religiones, y sentándose con ellos y hasta besando sus libros sagrados. Realmente todo un escándalo!

Tolerancia a todas las religiones, pero…

Es necesario que el cristiano mantenga una posición sensata frente a las demás religiones. No es posible que en el nombre de la religión se esté matando a la gente. Da vergüenza escuchar que aún existen conflictos bélicos entre “cristianos” y musulmanes, y también de otras religiones, en algunas regiones de nuestro planeta. El hecho de que haya otros que no compartan nuestra fe no es motivo para que los asesinemos. Sin embargo, debemos ser claros en nuestra postura cristiana, y no permitir la entrada de criterios religiosos foráneos que puedan adulterar nuestra prístina fe, en una suerte de “sincretismo cristiano”, y apartar así a la gente del único camino que conduce a la vida eterna, que es Cristo, nuestro Señor.

Hoy vemos un apartamiento del camino antiguo y angosto que es seguro y firme por otros más amplios y cómodos, pero de tierra y arena, y que no conducen a ningún sitio sino a un abismo de tinieblas. Jesús habló de dos caminos, y él fue claro al decirnos que el camino angosto, el camino difícil, el camino que requiere nuestro equilibrio y nuestra sobriedad para poder transitarlo con seguridad, es el que nos lleva a la vida eterna…¡no es el cómodo y ancho como muchos suponen!

También vemos esa misma desviación en el protestantismo de hoy, cuando evangélicos que antes eran abiertamente opuestos a los dogmas y prácticas católico-romanas, hoy son copartícipes con ellos de sus desvíos. Hoy se cree que uno puede salvarse siendo un buen Testigo de Jehová, un buen Mormón, un buen Pentecostal, un buen Adventista, un buen Opus Deiano, un buen Católico, un buen Luterano, un buen Anglicano, un buen Metodista, etc, etc, cuando en realidad no todos están de acuerdo en sus prácticas y doctrinas por la rivalidad y desunión que existen entre ellos. Pero como dije antes, nuestro salvador es Jesucristo, no una denominación en particular. Uno no necesita ser miembro de una organización religiosa para sentirse a salvo. Jesús no vino a formar un imperio religioso, con sedes centrales, y representantes superiores y sacrosantos.  Su iglesia fue tan sencilla y humilde como lo fue él durante su permanencia en la tierra. El dijo que donde hubiese dos o más personas reunidas en su nombre, él estaría en medio de ellas. Así que mi casa, tu casa, y la casa de tu amigo, puede ser una pequeñita iglesia en donde Cristo participa e imparte bendición.

Una actitud sabia para la unidad

Así que Cristo es nuestro Señor y guía, y él, a través de Su Palabra, nos instruye sobre lo que debemos creer y hacer para ser aprobados por Su Padre. Ahora bien, es cierto que la libertad que todos tenemos en Cristo nos permite escudriñar las Escrituras sin los dictados de nadie, aunque claro, se requiere más que buenas intenciones para entenderla cabalmente. No todos sabemos Griego, Hebreo, Arameo y las figuras de dicción de la Biblia, carencias éstas que nos pueden inducir a una mala interpretación de las Escrituras. Así que podemos estar abiertos a los eruditos y escuchar lo que nos tienen que decir, pero sin coerción ni dogmatismos. Tenemos que investigarlo todo y retener lo bueno o lo que es evidentemente claro e indiscutible. Lo difícil lo podemos dejar para otra ocasión y no tratar de ahondar sobre cosas que los indoctos tuercen. Y como Pablo bien lo dijo, “conocemos en parte…pero cuando venga lo perfecto, lo que es en parte cesará” (1 Cor. 13:9,10). Desgraciadamente las iglesias se han apartado unas de las otras, y han inventado logos distintivos, y han escrito sus catecismos, sus dogmas de fe, y han elaborado ritos y prácticas que no se encuentran por ningún lado en las Escrituras. Esto es un problema que ahonda más las diferencias entre las iglesias, cuando en realidad en el primer siglo los cristianos sólo conocían las prácticas de la comunión, el bautismo, la confraternidad, las oraciones, el ayuno…y todo esto realizado sencillamente pero con suma solemnidad.

La Involución de la Iglesia en este siglo XXI

En este siglo XXI la iglesia ha involucionado y se ha convertido en una empresa familiar, donde el esposo es el pastor, y la esposa, la co-pastora. Ahora la iglesia se llama “Pedro y Juanita Gonzáles Ministries” o “John & Judy Myers Ministries” que están volviendo millonarios a sus pastores con el cuento de la “semilla”. Estas iglesias, aunque se llamen “cristianas”, no están siguiendo el camino trazado por Cristo, que es el camino difícil, el camino angosto, el camino del sufrimiento, de las carencias, de las persecuciones, del oprobio, de la burla, y mil cosas más. Hoy, las casas-iglesias han dado paso a las multimillonarias mega iglesias, las cuales han convertido el camino angosto de Cristo en un camino de confort y de placeres, de la buena música, de los eminentes oradores que ofrecen la prosperidad automática para todos para esta vida presente… es, sin duda, el camino del cristianismo fácil y práctico, sin mayores demandas que ser fieles a los diezmos y ofrendas “para el avance del evangelio”. La tarea de predicación recae ahora en sus líderes, y son ellos los llamados a predicar y a administrar “la hacienda” de Dios…mientras que la gran masa de “creyentes” sólo tiene que abrir sus bocas para recibir sus alimentos espirituales de parte de los intocables y sacrosantos “ungidos”. ¡No amigos, no todos los caminos conducen al reino de Dios!

No queda otra cosa que volver al modelo de la Iglesia Primitiva

Si queremos saber cómo debe ser la iglesia según los estándares del Señor, tenemos que examinar cómo vivieron los cristianos del siglo I en el NT. Esto, claro está, no significa regresar a la época de la carreta. Muchos Testigos de Jehová llegan al extremo de decir que ellos son la única iglesia verdadera, porque según la Biblia, los primeros cristianos predicaron casa por casa, y ninguna iglesia hace esto hoy, sino sólo ellos. Esta lógica es extrema y ridícula, porque en primer lugar, los mormones también predican de casa en casa, y esto no los hace auténticos cristianos por las razones que todos conocemos bien. No podemos llegar a extremos, porque de hacerlo, no podríamos vivir en la comodidad del siglo XXI alegando que los cristianos del primer siglo carecieron de ella. Pero creo que podemos recuperar algunos aspectos de la vida y prácticas de los cristianos del siglo I, como es su culto de adoración, sus expectativas futuras, su posición frente al estado o el gobierno, su discernimiento frente a las herejías que hasta hoy perduran, sus prácticas de caridad y de solidaridad, y cosas como éstas.

Finalmente, la satisfacción no es garantía de seguridad

Así que si usted cree que está agradando a Dios simplemente porque se siente bien en su religión, usted puede estar cavando su propia sepultura. Me acuerdo de un señor que me decía que cada vez que fumaba su cigarrillo se sentía muy bien y relajado, pero después se dio cuenta, ya tarde, que ese relax temporal que le brindaba el cigarrillo finalmente lo mataría en 3 meses, al diagnosticarle el doctor  un cáncer terminal en el pulmón.

Amigo, uno puede sentirse bien en su religión, pero uno debe preguntarse seriamente qué es lo que le hace a uno sentirse bien en ella. Algunos dicen que van a la iglesia porque se sienten bien escuchando un buen sermón, o porque hay buenas alabanzas, o porque hay muy buenos amigos y amigas, y potenciales socios. Otros van a su iglesia porque es nueva, grande, con asientos cómodos y acolchados, pastores o clérigos simpáticos; o porque allí asiste su novia  o su potencial enamorada, o porque asiste lo mejorcito de la sociedad. Sin embargo, una buena y muy válida razón para asistir a la iglesia es para edificarse mutuamente a la fe y a las buenas obras, como dijera Pablo (Heb. 10:24). Si es esta la razón que nos hace sentir bien en nuestra iglesia, entonces la cosa cambia. Yo me siento contento en mi iglesia porque me edifica y edifico a otros en la fe y en las buenas obras. ¿Pero cuántos pueden afirmar esto de todo corazón? ¿Se apresta usted a asistir a su iglesia favorita simplemente porque tocará allí su grupo “rockero cristiano” favorito?,  ¿o tal vez porque predicara el guapo pastor soltero de ojos azules? ¡¡¡Piénselo por un rato!!!

Recuerde, “Hay camino que al hombre parece derecho; empero su fin son caminos de muerte” (Prov. 14:12). Esta admonición debería ser suficiente para hacernos poner en tela de juicio nuestros subjetivos sentimientos de satisfacción y contentamiento para determinar si algo es bueno o malo. No nos engañemos: nuestros sentimientos y pensamientos muchas veces pueden no ser los de Dios y de Su Hijo. Usted debe asegurarse si lo que cree, siente, o piensa está de acuerdo con Dios. Recuerde siempre lo que dice Jeremías: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9)

Dice Pablo: “Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

 

 

 

LO QUE LA BIBLIA NOS DICE ACERCA DEL SUFRIMIENTO HUMANO Y DE SU ÚNICA SOLUCIÓN POSIBLE

 

 

 Por el Dr. Javier Rivas Martínez (Embajador Plenipotenciario del Reino de Dios)

 

Todas las interrogantes del sufrimiento humano pueden contestarse a partir de la desobediencia del hombre delante de Dios que ocurrió en el  paraíso edénico. El hombre fue predestinado para no morir nunca, para gozar de todas las bendiciones terrenales que Dios le ofreció en un principio de su creación (Ge.1:26, 28-31; 2:8-9). Dios advirtió a Adán de no comer del árbol de  la ciencia del bien y del mal, porque el día que lo hiciera moriría  con seguridad (Ge.2:17). Pero el hombre (término universal) no obedeció, y bajo el influjo de la Serpiente antigua, que es el diablo y Satanás (Ap.20:1-2), cayó en el letal engaño (Ge.3:4) y la maldición del pecado  vino a repercutir con todo su peso, no solo en la humanidad, sino además en el universo tridimensional creado por Dios (Ge.3:14, 16-20). De esa manera, el hombre empezó envejecer, a encorvarse, a mirar menos, a usar gafas y bastón,  a tener achaques y enfermedades inclementes, y muchas de ellas, desesperantes e incurables. Observamos que los primeros hombres mencionados en el libro del Génesis tuvieron vidas extremadamente longevas, pero al fin, limitadas por la muerte, por causa del pecado (Ge. caps.4 y 5).

 

Hoy mismo, las vidas humanas se siguen acortando por un mundo moderno que ofrece sustancias adictivas sintéticas y mortales, alimentos procesados y venenos enlatados que propician enfermedades temibles y graves que repercuten sombríamente en los individuos que componen la humanidad caída por el pecado. La advertencia fue clara, pero el hombre desobedeció. Las guerras, el hambre, el robo, los asesinatos, los pleitos, la homosexualidad, la mentira, el orgullo, la soberbia, etc., son el resultado de la falta edénica. El hombre sabía que algo terrible habría de ocurrir a causa de su rebeldía, y lo podemos ver en el manto lóbrego de maldad que cubre  la inmunda tierra de los hombres enfermos espiritualmente. La expiación en la cruz del Calvario se hizo  por el pecado de condenación que destituía al hombre de la gloria de Dios (Ro.3:23), no incluye la de la carne. «Por su llaga fuimos nosotros curados» (Is.53:5), es decir, aliviados espiritualmente, cuando el sacrificio de Cristo satisfizo las demandas justas de un Dios santo. Así, el hombre de ser esclavo del pecado, pasa a ser un agente espiritual libre y puro (Col.1:3, 14), justo delante de Dios (Ro.3:26). Esto asegura que el día de la resurrección, como creyente en Cristo (Jn.3:16; 3:36, 5:29a), pueda ser   glorificado (Ro.8:17) y su salvación  consumada (1 P.1:5).

 

La Palabra de Dios no promete a ningún creyente que durante esta vida, antes de la venida de Cristo, pueda enfermarse ni menos morir por una causa u otra. Las consecuencias del pecado en el cuerpo físico, aún como hijos de Dios, no dejarán de presentarse jamás. David escribió en uno de sus salmos  que en pecado había sido concebido y en maldad  formado (Sal.51:5). A pesar de ser un hombre conforme el corazón de Dios, dijo a su hijo sucesor al trono que moriría (1 R.2:1-2). Siendo un hombre santo, no dejó de tener un cuerpo débil y mortal por causa del pecado que inició justamente en el  Edén paradisíaco hace miles de años. Cristo dijo enfáticamente que el creyente en él pasaría por aflicción (Jn.16:33).  La aflicción puede traducirse como sufrimiento físico, emocional, que causa tristeza o angustia moral. También es preocuparse, inquietarse por algo, o tener pesadumbre moral. ¿Quién no pasa por estas cosas frecuentemente? De muy mala forma se proclama en las Iglesias que profesan un cristianismo dúctil que los cristianos no deberán afligirse nunca ni tampoco estar tristes, es más, ni enfermarse. Que siempre deberán declarar sanidad para sus cuerpos y también  «victoria» sobre toda presión emotiva o corporal (el concepto de «victoria» de ellos es tan terrible como la cicuta que mató a Sócrates). El término aflicción, en el real sentido de su contenido, contradice el significado de  «victoria» de ellos. La victoria en Jesucristo, es aquella que poseemos por ser salvos al  haber  creído por fe en el Hijo de Dios y que nos hace idóneos para el Reino milenario  venidero. Seguiremos sufriendo porque estamos en un mundo de pecado y que su influencia  estará  constantemente sobre nosotros hasta el día de la regeneración, aunque seamos personas salvas (Mt.19:28). Quienes proclaman en las congregaciones una vida fatua e insufrible, están engañando al pueblo de Dios  para que lleve una estilo de vida muy parecida o igual a la de las personas inconversas y mundanas. La teología de la prosperidad se está encargando astutamente de que sea así. 

 

Como cristianos, a causa del pecado, sufriremos tribulaciones, angustias, persecuciones, desnudez, hambres, peligros, y muerte (Ro.8:35), pero la victoria la tenemos asegurada si somos fieles a aquel que nos amó primero (1 Jn.4:19). Sufrir la sana doctrina (2 Tim.4:3) es pasar por arduas pruebas de fuego que nos ayudan a mejor muestro carácter personal que es conforme a Cristo (1 P.1:6-9). Pero muchos no quieren pagar el precio y se establecen con toda prioridad e interés en los asuntos materiales que en gran parte son hedónicos (una  inversión, como lo hemos mencionado en otra parte,  de Mt.6:33). Debemos tener constantemente en mente que somos peregrinos en este mundo temporal por efecto del pecado y que un día dejará de ser (1 P.1:17; Mt.24:35). Es absurdo dar preferencia a las cuestiones materiales  ya que para el hijo de Dios son absolutamente intrascendentes:

 

«. . . no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eterna» (2 Co.4:18).

 

Un día, la naturaleza será liberada de sus pesares por causa del pecado y trasformada para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios (Ro.8:21). Nuestros cuerpos mortales se investirán de inmortalidad en el  día de la resurrección (1 Ts.4:16; 1 Co.15:42-43; 51-56) y todo vendrá a ser diferente. Cielos nuevos y tierra nueva presenciaremos y gozaremos eternamente (Is.66:22; Ap.21:1), si nos mantenemos reacios como cristianos fieles  delante de cualquier adversidad que pueda hacernos perder nuestra  cordura espiritual y santidad, teniéndose en cuenta hasta la prueba de la muerte:

 

«Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de vida» (Ap.2:10).

 

Llegará el momento que el pecado dejará  de ser, y sus efectos deletéreos que provocaron angustia, muerte, dolor y tristeza en el mundo, también serán  consumidos con él:

«Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, no dolor, porque las primeras cosas pasaron» (Ap.21:4).

Hermanos: Permanezcan  fieles a Dios hasta el fin,  y no se dejen engañar por aquellos fatuos e ignorantes que les prometen que el cristianismo es como dormir siempre y plácidamente en un lecho de claveles y geranios. Una vida de santidad, guardarse del mundo y soportar  las aflicciones que además  da, es un precio que deberá pagarse si se quiere reinar con el Hijo de Dios en la tierra (Ap.20:4). 

 

Dios les bendiga a ustedes y sus familias.

 

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