¿ES ARROGANCIA AFIRMAR QUE UNO YA ES SALVO O DEBE DEJARLO TODO EN LAS MANOS DE DIOS?

Un examen serio de los siguientes pasajes de la Biblia:

1 Corintios 15:2: por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, SOIS SALVOS, si no creísteis en vano.

1 Juan 2:28: Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él AVERGONZADOS.

1 Juan 3:19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; 3:20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. 3:21 Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; 3:22 y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. 3:23 Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. 3:24 Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

Efesios 3:11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, 3:12 en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;

1 Juan 4:12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 4:13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. 4:14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 4:15 Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 4:16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. 4:17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

2 Timoteo 4:7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 4:8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

ASUNTOS QUE NO LES REVELARÁN LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ A SUS POTENCIALES MIEMBROS JÓVENES

1.- Que si discrepa con el llamado “esclavo” podrá ser será citado a un comité judicial para ser juzgado por sus dudas, y si no se arrepiente, será expulsado como apóstata para que no contagie a otros cerebritos pensantes como él.

 2.- Que si se vuelve Testigo de Jehová tendrá que dejar a su novio o novia no Testigo de Jehová bajo pena de expulsión, por estar tercamente enamorado y muy fascinado como bobo.

 3.-  Que si no sale a predicar regularmente, y no participa de todas las reuniones, perderá “privilegios”, y será calificado como tibio, digno de ser vomitado en la cara.

 4.- Que deberá renunciar a los “intereses mundanos”, e incluso a sus estudios universitarios, para que pueda servir mejor a la organización y a su “obra mundial”, aunque termine en la ruina y sin jubilación en la vejez.

 5.- Que no podrá usar otra versión bíblica durante las reuniones, salvo la VNM, pues ésta es más clara y conveniente a la “sana interpretación esclavista”.

6.- Que no podrá asociarse con los apóstatas bajo pena de expulsión, para que así él mismo no abra también sus ojos a las mentiras del esclavo “esclavista”.

7.- Que si tiene bienes materiales, los deberá donar preferentemente a la sociedad para impulsar la obra mundial y la dolce vita de los líderes.

8.- Que no podrá usar perfumes caros, joyas o cosas de valor porque provocan envidia y codicia de los hermanitos.

9.- Que no podrá asistir a reuniones sociales de parientes o amigos de trabajo que no sean de la misma religión, porque hay peligro de perder la fe con ellos.

10.- Que no se podrá trabajar para ninguna organización religiosa como empleado, pintor, plomero, o lo que fuere.

11.- Que no podrá sentarse en un bar para tomarse una cervecita helada.

12.- Que no podrá ir al cine para ver alguna película de la Metro-Illuminati.

13.- Que no podrá bailar con la pareja antes del casamiento, y menos aún, “chic to chic”.

14.- Que no podrá manejar un carro último modelo que pase los 25,000 dólares, y si es de segunda mano, mejor.

15.- Que no podrá vestir a la moda, y menos aún, con trajes costosos como los de Versace-Zegna.

16.- Que siempre deberá llevar el cabello corto como militar y no largo como Moisés.

17.- Que siempre deberá tener la barba rasurada, y jamás larga como Santa Claus.

18.-  Que las damas deberán evitar retocarse mucho la cara para no provocar a los varones y darles falsas ilusiones de belleza.

19.- Que las damas deberán evitar las cirugías plásticas para el aumento de busto o pompis para no perturbar a los varones que no tienen el don de continencia.

20.- Que los noviazgos deberán durar sólo unos pocos meses, y no más, para no “carbonizarse”.

21.- Que no deberá pertenecer a ningún club deportivo porque allí hay muchos deportistas viciosos que patean con “los dos pies”.

22.- Que no podrá ir a la playa con la novia o novio porque allí se usa poca ropa como Adán y Eva.

23.- Que si tiene novio o novia, éstos no se podrán dar un piquito, porque después terminan a picotazos.

Continuará…

LOS HIJOS DE DIOS SON LOS QUE CREEN EN JESUCRISTO

smileMuchas personas suponen que todos los seres humanos son hijos de Dios, independientemente de si creen en Dios o no. No obstante, la Biblia enseña muy claramente que sólo los que creen en Jesucristo se constituyen en hijos de Dios, los que entrarán en el reino venidero de justicia con inmortalidad.

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¿QUIÉNES SON LOS SANTOS, SEGÚN LA BIBLIA?

 

Los católicos romanos enseñan que los santos son personas que han logrado un nivel espiritual fuera de lo común, y que después de muertos sus vidas han sido examinadas minuciosamente para así canonizarlos y después ser elevados oficialmente a la categoría de Santos.

Para los católicos romanos sólo pocos hombres llegan a la “santidad”, y sólo pueden ser reconocidos como tales después de muertos. Así pues, para los católicos, los santos son intermediarios en nuestras oraciones, ya que estos se encuentran, supuestamente en la misma presencia de María en la “gloria” celestial. En buena cuenta, los católicos romanos no tienen a ningún santo vivo, y todos los que son venerados por ellos ya han fallecido hace tiempo.

La Biblia, sin embargo, no apoya la costumbre católica de “canonizar” a beatos para que terminen siendo santos. Tal práctica es ajena a la Biblia. Además, en el NT los santos eran personas comunes y corrientes, creyentes y fieles en Dios, muchos de ellos casados y con hijos, y estaban muy vivos. Las epístolas paulinas están dirigidas a los líderes y a todos los santos de las iglesias, es decir, a la grey o feligresía del Señor.

USTED TIENE LA RESPONSABILIDAD DE PREDICAR EL EVANGELIO SI ES QUE ES UN VERDADERO SEGUIDOR DE CRISTO

1 Corintios 9:16: “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” 

1 Corintios 11:1: “SED IMITADORES de mí, así como yo de Cristo”.

La Predicación del evangelio

Se ha supuesto siempre que la tarea de evangelizar a los “paganos” recae sobre los obispos o pastores ordenados, quienes han recibido un título de los seminarios después de haber estudiado varios años teología y filosofía. En el catolicismo, por ejemplo, la separación entre el clero y los laicos ha hecho suponer a los feligreses de esta denominación que es el clero el que debe difundir la palabra y enseñarla en las iglesias, conventos, seminarios, escuelas, en los congresos y en concilios. Sin embargo, podemos demostrar con toda seguridad que esa división laico-clerical es totalmente anti escrituraria y peligrosa para los intereses del evangelio.

Para entender con claridad el tema que nos ocupa, es importante investigar qué más dicen las Escrituras sobre la tarea de la evangelización ordenada por Cristo en Marcos 16:15,16.

¿Mandó Jesús que solamente los ministros ordenados predicaran el evangelio?

Una de las primeras preguntas que debemos contestarnos es si Cristo ordenó sólo a los llamados ministros ordenados a predicar la Palabra, y no la feligresía en general como suponen muchos. Y esto es importante, porque el evangelio tiene poder para salvar, no sólo al que lo oye y recibe, sino también al que lo difunde. Esto tiene que quedar bien en claro (Romanos 1:16, 1 Cor. 9:16).

Cuando Jesús comenzó su ministerio, él reclutó a doce hombres para que lo siguieran a todas partes. Estos eran hombres de distintas profesiones y de diferentes niveles sociales y educativos. Pablo fue un fariseo y docto en la ley, pero Pedro fue un pescador, por citar dos de los apóstoles del Señor. Seguramente Pedro no era un docto de la ley como su correligionario, el apóstol Pablo, pero aún así el Señor le dijo que lo siguiera para ser “pescador de hombres”. Mientras Pablo había sido educado por Gamaliel, un erudito doctor Judío de las leyes, Pedro simplemente se dedicaba a la pesca sin tener mayor erudición escrituraria. El hecho de que Jesús los haya elegido a ambos que eran abismalmente opuestos en lo que ha educación se refiere, indica que Jesús no exigía ni pretendía que sus potenciales predicadores o seguidores fueran necesariamente teólogos egresados de universidades o de  seminarios bíblicos de renombre.

El joven que quería seguir a Jesús

Cuando el Señor Jesús caminaba en su terruño predicando el mensaje del reino, se le acercó a un joven, y a él le dice: “Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:59,60). En esta historia Jesús llama a un joven, de quien nada sabemos de sus antecedentes, para que le siguiera. Seguramente éste no era un docto de la ley siendo aún joven, y menos, un miembro del Sanedrín, pero aún así Jesús lo llama para que lo siga— ¿para qué?— para que anuncie el reino de Dios, que es el evangelio verdadero y único. Nótese, además, que en los versos citados arriba he subrayado tres palabras claves: Sígueme, ve, y anuncia. Esto significa que ser un seguidor de Cristo es anunciar su evangelio, el evangelio del reino de Dios.  Lo curioso del caso es que Jesús llama a este joven para que lo siga, pero vemos que enseguida le ordena a que vaya a predicar el evangelio por otros lugares. Es decir, Jesús no pretendía que el joven literalmente lo siguiera por todo su periplo evangelizador, sino que lo envía a predicar a otros lugares, alejado de su persona.  Así que un seguidor de Cristo en la Biblia no era necesariamente un apóstol de Jesucristo, sino cualquiera que predicase su evangelio cerca o lejos de él.

Lo que el libro de Hechos nos revela

El libro de los Hechos es prácticamente el libro de la historia de la primera iglesia y de sus actividades misioneras apostólicas entre los judíos y gentiles. En Hechos 8:1-4 leeremos sobre la persecución de Saulo contra la iglesia de Jerusalén, lo siguiente: Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”. Observemos que los hermanos que fueron esparcidos a causa de la persecución de Saulo iban por todas partes anunciando el evangelio”. Así que tenemos que los esparcidos iban a todas partes predicando el evangelio, y entre ellos no estaban los apóstoles por cierto (8:1), sino sólo la feligresía que logró escapar, pues un buen número de ellos fueron capturados y llevados a la cárcel (8:3). Así que no encontramos en este relato que los que predicaron el evangelio en el exilio fueron sólo los líderes de las iglesias, o los llamados “religiosos”, sino que se nos habla en forma general, de “los esparcidos”.

El Apóstol Pablo le dijo en una ocasión al joven y novato Timoteo que predicara el evangelio a tiempo y fuera de tiempo. Estas son sus palabras: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina… Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Tim. 4:2,5). Este Timoteo no era un hombre experto, sino un seguidor novato que podía ser considerado no apto para el ministerio de la predicación debido a su juventud. Esto se desprende de las siguientes palabras de Pablo: Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:12-16).

Sin duda no todos tenemos los dones para ser maestros, pero todos debemos hablar de nuestra fe a otros como embajadores del reino. Es nuestro deber dar testimonio de nuestra fe a los demás, pues de lo contrario seríamos siervos inútiles que no hacemos nuestra parte correspondiente por la difusión del evangelio.

LOS ATEOS SABEN MÁS RELIGIÓN QUE LOS CREYENTES

Desde hace mas de dos años y en varios artículos he estado insistiendo sobre la crisis que vive Estados Unidos en materia de fe y doctrina. Esta noticia es una muestra más de que tengo razón. Nos damos cuenta entones del porque se venden tantos libros de predicadores y escritores famosos en América no importando si su contenido se ajusta a las Escrituras o no. Un 37% de personas que leen libros equivale a mas de 90 millones de personas al año, mientras el 48% dice leer solo la biblia, lo que da más o menos unos 120 millones de personas. A pesar de estos datos el resultado de la encuesta deja ver la poca profundidad con que se manejan los temas en lo que a Biblia se refiere. Los protestantes solo contestaron el 49.8% de las preguntas de manera correcta. ¡Que exposición al engaño!. La tapa (el colmo de los colmos) la ponemos los latinos que copiamos todo lo hereje que sale de Estados Unidos en materia teológica a pesar de tener aparentemente mas preparación que ellos en la actualidad. Es para reflexionar.

El texto de la noticia es el siguiente:

El Foro Pew sobre Religión y Vida Pública hizo su encuesta en junio entre 3.412 adultos con 32 preguntas y, en promedio, los participantes fueron capaces de responder la mitad del cuestionario. Los ateos y agnósticos tuvieron un promedio de 20,9 respuestas correctas y de cerca les siguieron los judíos, con un promedio de 20,5 y los mormones con un promedio de 20,3 respuestas acertadas.

Los protestantes en conjunto mostraron un promedio de 16 respuestas correctas y los católicos uno de 14,7, señaló el informe.

Entre los católicos blancos, el promedio de respuestas correctas estuvo a la par del general, con 16 aciertos, y entre los católicos hispanos el promedio bajó a 11,6 respuestas correctas.

Diferencias parecidas hubo entre los protestantes blancos, con 15,9 aciertos y los protestantes negros con un promedio de 13,4 respuestas correctas.

La encuesta muestra otros detalles: los cristianos del Sur de E.E. U.U., que son los más apegados a la Biblia, son los que menos la conocen; quienes creen que la Biblia es la palabra literal de Dios tuvieron peor promedio de respuestas que quienes no creen que la Biblia sea la palabra de Dios literalmente.

De once preguntas sobre otros credos religiosos en el resto del mundo el promedio de respuestas acercadas fue de cinco. Pero en esta categoría el promedio de acierto entre los judíos fue de 7,9 y entre los ateos y agnósticos de 7,5.

Asimismo los ateos, con 2,8 respuestas acertadas, y los judíos con un promedio de 2,7 fueron los que mostraron más conocimiento cuando se les presentaron cuatro preguntas sobre la religión en la vida pública y qué dice la Constitución de EEUU sobre el asunto.

La encuesta encontró que más del 45 por ciento de los católicos en EEUU no sabe que, según la doctrina de su iglesia, el pan y el vino que se usan en la comunión no simbolizan, sino que se convierten en, el cuerpo y la sangre de Jesús.

El 53 por ciento de los protestantes no identifica correctamente a Martín Lutero como el individuo cuyos escritos y acciones inspiraron la Reforma Protestante.

El 43 por ciento de los judíos no sabe que Maimónides, uno de los rabinos más venerados de la historia, fue judío, según el informe de Pew.

El 37 por ciento de los encuestados dijo que leía la Biblia u otras escrituras sagradas al menos una vez por semana. Pero el 48 por ciento de los estadounidenses afiliados a algún credo religioso indicó que “rara vez” o “nunca” leen otros libros religiosos aparte de la Biblia.

EFE

http://www.eltiempo.com/vidadehoy/gente/ateos-saben-mas-de-religion-que-los-creyentes_8004340-

¿ESTÁ EL REINO DE DIOS EN EL CORAZÓN DEL CREYENTE?

Hay un error generalizado de que el reino de Dios está en medio o dentro del corazón de cada creyente por lo que dice Jesús en Lucas 17:20,21. ¿Pero será cierto eso? Veamos:

Lucas 17: 20, 21 dice: 

“20 Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, 21 ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.” (R-V)

Ante tal situación, ¿El reino de Dios está en nuestros corazones? ¿Es que recibiendo el reino de Dios en nuestros corazones nos transforma en cristianos ejemplares? Esta es la interpretación que algunos le dan a este texto. Pero ¿en realidad es así? ¿Eso fue lo que el Mesías dijo?

Como siempre, pienso que el tomar un texto aislado pudiéramos concluir en pensamientos que no provienen de nuestro Todopoderoso Padre Celestial YHWH.

Si notamos en el versículo 20 del texto que estoy analizando, fueron los fariseos quienes preguntaron a Jesús cuando había de venir el reino de Dios. Por lo tanto la respuesta de Jesús fue dirigido a los fariseos, quienes guardaban ya enajenadamente la Ley de Yehowáh, al grado de haberla tergiversado haciéndole añadiduras que resultaban en cargas muy severas, que ni ellos mismos querían cumplir, llegando a ser “hipócritas”, “guías ciegos”. A ellos que en una ocasión, el Ungido de Yehowáh, les había dicho que eran “sepulcros blanqueados” por fuera pero por dentro, estaban llenos de inmundicia. ¿Cómo podían ellos tener el reino de Dios en su corazón?(Mateo 23:32,23-27)

Por lo tanto, creo que el error está en la forma de traducir estas palabras del Ungido de Yehowáh.

En realidad, así es, la Biblia Nacar Colunga y Cantera Iglesias, ya de plano han traducido ese texto “el reino de Dios dentro de ustedes está” y es de recordarse que dichas traducciones son católicas. Con una traducción así nadie dudaría que el reino de Yehowáh ya está en nuestros corazones. Sin embargo, por el contexto, está por demás claro que Jesús se dirigió a su persona. El era un digno representante de ese reino de Dios, que estaba entre aquellos fariseos, ciegos que no lo discernían.

Una idea similar es la que dan las versiones católicas

La Biblia Dios Habla hoy por ejemplo

Lucas 17:20,21

20 Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo había de llegar el reino de Dios, y él les contestó:

–La venida del reino de Dios no es algo que todo el mundo pueda ver. 21 No se va a decir: ‘Aquí está’, o ‘Allí está’; porque el reino de Dios ya está entre ustedes.[e]

Lucas 17:21 Biblia Latinoamerica:

“No van a decir: “Esta aquí, o está allá”. Y sepan que el reino de Dios, está en medio de ustedes”.

La manera cómo traducen estas versiones bíblicas, ellas transmiten la idea de que el reino Dios ya está dentro de cada uno. La Biblia de Jerusalén también traduce Lucas 17:21:

21 Y no dirán: “Vedlo aquí o allá, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.

Jesús nunca se refirió que en una forma mística o mágica el reino de Yehowáh entra en nuestro organismo, transformándonos en nuevos seres, porque no se gana así el reino, sino que uno empieza a conocer el reino de Yehowáh mediante la fe que se ejerza en el sacrificio de nuestro amado Señor Jesús

La Nueva Versión Internacional traduce Lucas 17:20,21:

20 Los *fariseos le preguntaron a Jesús cuándo iba a venir el reino de Dios, y él les respondió:

—La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos.[a]21 No van a decir: “¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá!” Dense cuenta de que el reino de Dios está entre[b] ustedes.

“Dense cuenta” les dijo Jesús, el Ungido de Yehowáh, ya que en ese momento él era un representante real del Altísimo, digno de ese reino de Yehowáh y estaba en medio de esos fariseos, quienes cegados por su celo desmedido a la Ley, no discernieron las palabras de Jesús que les dijo: “El reino de Dios está con ustedes, aquí, entre ustedes”, no les dijo dentro de ustedes o en su interior.

CREYENTES IGNORANTES DE LAS ESCRITURAS

Por Jorge Julio Gonzalez | En Biblia.

Un test infalible para conocer la verdad bíblica.

En un artículo de hace más de medio siglo*, un autor se lamentaba del rampante desconocimiento de los textos bíblicos por parte de los creyentes. En nuestros días, decía, son muy pocos de los que se pueda decir, como de Apolos, que son “elocuentes y poderosos en las Escrituras”.

El autor del artículo había conocido el resultado de una investigación de cierto profesor de filosofía de los Estados Unidos que sometió un examen sobre la Biblia a cien estudiantes de Escuela Dominical. De los cien estudiantes, sólo ocho contestaron las preguntas correctamente. Más de la mitad no pudo localizar el libro de Judas, y se dieron como nombres de jueces a Jeremías, Salomón, Daniel y Levítico.

Estaba tan angustiado el hombre que decidió realizar un experimento por sí mismo. Repartió diez preguntas muy sencillas a 43 personas que tenían más de un año de asistir a la iglesia. De los cuarenta y tres interrogados, solo dos contestaron las preguntas correctamente. Ocho no supieron decir la nacionalidad de Jesús. Dieciocho dijeron que la parábola del hijo pródigo se encontraba en el Antiguo Testamento. Trece no sabían cuántos Evangelios hay. Diecisiete no supieron escribir el nombre de un rey de Israel ni el nombre de un discípulo de Cristo. Cuatro no sabían cuál es el primer libro de la Biblia.

El conocimiento, o la ignorancia, de las Escrituras siempre se han intentado medir. En el siglo XVI, un obispo de Inglaterra llamado Hooper tomó un examen a 311 sacerdotes para ver qué tanto conocían de la Biblia. Encontró que 27 no sabían quién era el autor del Padre Nuestro, 30 ignoraban dónde se encontraba éste en el texto bíblico y 168 no pudieron explicar su significado.

Eran tiempos del ABC de los textos sagrados, los cuales parecen haberse superados hoy.

En los días que corren las preocupaciones acerca de la ignorancia de las Escrituras van más allá y giran en torno a la interpretación adecuada de las mismas, no sólo en relación con los grandes temas de la existencia, sino también en asuntos del diario vivir. Pues del desuso de antaño parece haberse pasado al abuso, y son las citas fuera de contexto y la manipulación malintencionada de los textos por toda suerte de interpretaciones oportunistas lo que trae de cabeza a los más preclaros líderes y teólogos cristianos.

En estos tiempos el ejercicio estadístico sobre el conocimiento bíblico se impone hacerlo, por ejemplo, con algunas de las doctrinas de moda, de las que toman al creyente sincero por un crédulo incorregible.

Aunque parezca dificultoso, cualquiera de nosotros puede elaborar un test al respecto de la validez bíblica. Por ejemplo, si algo de lo que escucha o lee sobre la salvación, la vida, la muerte, las mujeres, el matrimonio, la política o las finanzas le suena demasiado extravagante, fantasioso, facilista o sin sentido, probablemente lo sea. Indague entonces un poco más, escudriñe las Escrituras, pues es muy probable que eso que le parece sospechoso tampoco sea una verdad bíblica.

 

*Me refiero arriba a un artículo de Ismael Amaya, publicado en  El Heraldo de Santidad, de Casa Nazarena de Publicaciones, Kansas, EUA, en noviembre de 1958.

LOS UNGIDOS DE DIOS

 Primero que nada debemos entender qué significa “ungido”.

La palabra hebrea  Mesías  traducida al griego es Cristo que significa ungido,  es decir que Cristo es el Ungido de Dios y los seguidores de Cristo somos llamados cristianos (pequeños ungidos), y como Èl es la cabeza de la Iglesia todos los que en Èl creemos somos ungidos, nación y real sacerdocio santo.

1 Juan 2:20 Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

Isaías 61:1 El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.

Hemos llegado a creer que la unción es algo raro y exclusivo que sólo está disponible para algunos siervos especiales, pero no es esa así. Todo creyente ha sido ungido, es decir, santificado y apartado para recibir todas las promesas de Dios y tiene un sello especial.

Todos los que hemos hecho a Cristo Salvador, Señor y Rey de nuestras vidas somos ungidos de Dios porque cuando lo aceptamos (y nos hemos bautizado), de inmediato el Espìritu Santo pasó a morar en (dentro sellado) con (es  intercesor al lado nuestro ) y sobre nosotros.

2 Corintios 1:20-22 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.

Efesios 1:13-14  En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Hebreos 1:9 “Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.”

Tener la presencia del Espìritu Santo sobre nosotros nos habilita  para desarrollarnos en esta vida haciendo la voluntad y la obra de Dios.

Lucas:  4:18-19   El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;  A predicar el año agradable del Señor.

El Espíritu Santo está sobre nosotros y nos transmite la voluntad de Dios para nuestras vidas, guiándonos a toda verdad. Una cosa es que Dios camine con  nosotros (el nunca nos dejará), pero otra es que caminemos con Dios (obediencia). En la medida que sepultamos nuestra carne y andamos en humildad y obediencia  a Dios,  permanecemos ungidos.

Permanecemos ungidos cuando hacemos la voluntad de Dios, pero cuando dejamos de obedecer, la unción disminuye hasta que sentimos que estamos secos. Por ejemplo Sansón fue un ungido que tenia tremenda fuerza, empezó a ser desobediente, y vio que aun permanecía su fuerza, pero recuerda que la unción se va yendo en la medida que nos alejamos de la cabeza, llego el momento en que sansón estaba tan lejos de la obediencia que cuando quiso hacer uso de su “unción”, ya esta se le había acabado porque el Espíritu del Señor lo había dejado.

El aceite sobre todo de oliva desde siempre ha sido un símbolo del Espìritu Santo por ejemplo cuando Samuel unge a David en el Antigûo testamento y en el Nuevo Testamento se nos enseña a ungir los enfermos con aceite.

1 Samuel 16:13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David.

Santiago 5:14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.

El aceite aquí no es una poción mágica, Ungir con aceite es un acto de fe, que se torna poderoso por la obediencia a lo que Dios nos enseña, porque la obediencia activa el poder de Dios.

Cuando se habla de ungir pastores, profetas, maestros, evangelistas, etc. Es sólo una forma pública de mostrar a la iglesia que estas personas Dios las ha levantado en un ministerio y generalmente se pone aceite sobre sus cabezas o bien sólo las manos del pastor o varios pastores o ancianos.  Es como cuando un líder o pastor nos sumerge en agua y así quedamos bautizados como cristianos. Es más que nada algo simbólico. Porque el Espíritu Santo ya lo recibimos y quedamos sellados por Èl en el momento de aceptar a Cristo en nuestras vidas (y bautizarnos).

Lamentablemente se ha manoseado mucho el término “ungido de Dios”, pero espero que con este pequeñito y simple estudio, mis hermanos entiendan lo que es ser un ungido de Dios,  ya que es una se las cosas en que el enemigo nos engaña.

De los verdaderos ungidos, la Biblia dice:

1 Pedro 2:9  Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

También están los otros famosos “ ungidos de Dios “ de los megaministerios e iglesias locales que son verdaderas “vacas sagradas”,  sí, vacas sagradas porque al dios que obedecen no es Jehová, ya que con sus hechos niegan a Dios.  A ellos no se les puede contradecir en nada pues nadie puede  decir nada del “ungido de dios” y el que eleve una voz de reclamo es amenazado con las penas de 10 infiernos.

Romanos 1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios,

2 Pedro 2:1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

Gracias por leer y Dios les Bendiga.

EL UNGIMIENTO, SELLO, Y ARRAS.

En 2 Cor. 1:21,22, el Espíritu de  Dios es puesto ante nosotros bajo sorprendentes  figuras. “21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, 22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”  El apóstol  está mostrando el establecido lugar de  bendición en el cual Dios ha introducido a  cada creyente  en Jesús.  No estamos más en Adán, expuestos a la muerte y condenación, sino  en Cristo, y en Él encontramos  cada propósito de  bendición  cumplido. Tan abundante es la gracia de nuestro Dios, que sobre todo esto, Él nos ha dado el Espíritu Santo como unción, sello, y arras. Él mora en nosotros.

  • (1)La unción. El Señor Jesús recibió el Espíritu en esta forma cuando andaba como hombre sobre la tierra, como leemos, “Tú santo siervo Jesús, a quien Tú has ungido” “Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder” (Hech. 4:27; 10:38). Esta fue una expresión de divina delicia y complacencia en Él personalmente. El Padre lo vio perfecto en dependencia y obediencia; el Espíritu fue enviado sobre Él como señal de Su plena aprobación y completa satisfacción. Él era la verdadera ofrenda vegetal “ungida con aceite” (Lv. 11:4).Los creyentes son ungidos con el Espíritu Santo sobre un principio completamente diferente. Esto no se debe a lo que Dios ve en nosotros, sino debido a lo que Sus ojos ven, y lo que Su corazón ha encontrado, en el resucitado y exaltado Cristo. Un gran resultado del ungimiento es, que tenemos comunión con el pensamiento de Dios. El Espíritu Santo nos introduce en el círculo de los pensamientos de Dios, como revelados en Su palabra. No es suficiente que nazcamos de nuevo, el Espíritu debe ser poseído antes de que algún avance pueda hacerse en las cosas de Dios. Entonces el amado apóstol advierte a los bebés contra los muchos anticristos que estaban en el mundo, y los refiere a dos salva guardas. (1) La enseñanza apostólica: “permanezca en vosotros lo que habéis escuchado desde el principio” (1 Jn.2:24); (2) el ungimiento: “la unción que habéis recibido de él permanece en vosotros,” etc. (1 Jn. 2:27). Las almas que se avalan de este modo y permanecen en el círculo de la instrucción del Espíritu, son preservadas de todos los esfuerzos del enemigo. Nuestros corazones están entonces en el goce de lo que imparte el Espíritu; y de esta manera están en posición de rechazar las imitaciones del diablo. Quizás pueda no existir la habilidad para exponer el error que es presentado, pero se sabe que aquella no es la verdad, y eso es suficiente para el alma simple (compare Jn.10:5.) Al considerar el ungimiento, se nos recuerda de nuestro lugar real y sacerdotal. Reyes y sacerdotes eran iniciados en su oficio en esta forma. Ambas dignidades son nuestras a través de la gracia divina. Los creyentes son un “sacerdocio santo” ahora, con titulo para acercarse a Dios a través del velo roto; y en el día que se acerca reinarán con Cristo, cuando todas las cosas sean entregadas en Su mano por Dios. Sufrimiento es nuestra señalada porción mientras tanto.

  • (2)El sello. “Quien nos selló.” El Señor Jesús podía decir de Si mismo, “a quien el Padre selló” (Jn. 6:27). Lo mismo es verdadero de todos los que creen través de Su muerte y resurrección .El sellamiento sigue a la fe. Esto es completamente claro en Efes.1:13 “y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” (Efes.1:13). De esta manera notamos dos operaciones distintas del Espíritu de Dios: primero Él obra en nosotros para producir fe en Dios y en Su Hijo. Después Él es dado como sello de Dios. Los creyentes de este modo son marcados como perteneciendo a Dios. Nuestra conexión con el mundo ha sido rota, las cadenas que una vez Satanás tenía sobre nosotros han sido cortadas, y ahora somos posesión de Dios (1 Ped. 2:9). ¿responden nuestros corazones lealmente a todo esto? ¿somos en cuerpo, alma, y espíritu, para Él, y Su servicio y gloria? ¡lamentablemente! no es así. ¡Cuántas obras propias! ¡cuán fuertemente el mundo está apegado a no pocos de aquellos que realmente pertenecen al Señor Jesús! Que cada uno de nosotros pueda reconocer más completamente Su demandas sobre nosotros, y podamos entregarnos completamente a Él.

Qué inmenso confort es que Su sello divino nunca será quitado de alguno, aun del creyente más débil.  Muchos son defectuosos en cuanto a  este punto.  Muchos temen que el Espíritu Santo realmente les puede  ser quitado, debido a su defectuoso andar. Pero no es  así. Dios  me dio Su Espíritu Santo sabiendo lo que yo sería, y lo ha dado no debido a lo que  vio en mi, sino a causa de lo que ha visto en Cristo. Pero un andar cuidadoso en santidad es sin embargo nuestro deber. “no entristezcáis al Espíritu Santo, con el cual habéis sido sellados para el día de la redención” (Efes.4:30).

  • (3)Las arras “las arras del Espíritu en nuestros corazones.” Esto es en vista de la herencia futura. Dios se propone dar cada cosa en el cielo y en la tierra a Su amado Hijo. El usurpador puede por el momento poseer parte de Sus dominios, pero el poder divino en breve lo despojará de esto y lo entregará al Señor Jesús. Él compartirá esta herencia universal con nosotros, porque este es el propósito de Su corazón. Pero esta no puede dársenos por ahora. Hay propósitos que todavía deben ser cumplidos, y enemigos que ser subyugados. El Espíritu de Dios mora por tanto dentro de nosotros como arras (o promesa) de todo lo que ha de venir. Él es las arras de nuestra herencia, hasta la redención de la posesión adquirida (Efes.1:14; 2 Cor.5.5). De esta manera esperamos en confianza para que Dios cumpla Su palabra. Como sello, el Espíritu es la señal de la demanda de Dios sobre mí, como arras, Él es la señal de la demanda que la gracia divina me ha dado sobre Dios.

Él no es las arras del amor divino, tampoco de las relaciones. Conocemos y gozamos de ambas cosas ahora.  Ya estamos en un círculo de infinito e inmutable amor, porque todas las  afecciones del corazón del Padre descansan sobre nosotros en Cristo Jesús; y ya somos hijos de  Dios. Pero la herencia  no es nuestra  todavía, porque  ésta todavía no ha llegado a las manos de  Cristo_ de allí  las arras del Espíritu. Él espera a la diestra del Padre, nosotros esperamos en esta escena por la misma hora señalada. El Espíritu Santo es el bendito eslabón presente.

LOS ATEOS NO EXISTEN

A menudo un creyente enfrenta  a una sociedad en la que existen personas que se autodenominan “ateos”, es decir que no creen en ningún tipo de dios, mucho menos en el Dios vivo, quien es el Dios de Israel, el Dios de la Biblia.

En este pequeño estudio deseo responder a algunas interrogantes comunes dentro de este contexto:

• ¿Existen realmente personas ateas?

• ¿Son solamente “ateos” aquellos quienes no creen en la existencia de Dios?

• ¿Debería un creyente involucrarse en debates con este tipo de personas?

Primero vamos a definir la palabra “ateo”. En un diccionario de escritorio común se define como “Adj. [persona] Que niega la existencia de Dios.”. Y buscando la definición bíblica, encontramos el similar en el Salmo 14 y 53, en sus primeros versículos: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios”.

Según los Salmos ateo es una persona necia que en algún momento de su existencia se propone negar a Dios. En las Escrituras la palabra “necio” generalmente está aplicada a cualquier tipo de persona impía con varias características: ira (Job 5:2), arrogancia (Proverbios 12:15), maldad (Salmos 53:1), ignorancia divina (Salmos 92:6), decepción (Proverbios 10:1), calumnia (Proverbios 10:14), etc. En el libro de proverbios la palabra necio se repite 45 de las 73 veces que aparece en la Biblia (RV1960).

Por tanto ateo, o mejor dicho un “necio”, no solamente se aplica a una persona que pregona la inexistencia de Dios, sino también a cualquier persona que sin negarlo, vive como si él no existiera, es decir, fuera de su ley y su gracia.

Podríamos decir que estamos en un mundo poblado de personas necias, aunque implícitamente los creyentes deberíamos saber que en realidad la Palabra de Dios enseña que en realidad todas las personas conocen a Dios, vaya sorpresa para muchos, pero es una realidad bíblica, aun las personas más escépticas a Dios, sí le conocen, porque Él se les ha manifestado, Veamos lo que nos dice Pablo:

Romanos 1:19,21  “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto,  pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él,  su eterno poder y deidad,  se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,  siendo entendidas por medio de las cosas hechas,  de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios,  no le glorificaron como a Dios,  ni le dieron gracias,  sino que se envanecieron en sus razonamientos,  y su necio corazón fue entenebrecido”

Pero no solamente perciben la majestuosidad de Dios en toda creación visible, sino que también se les manifiesto en sus propias conciencias:

Romanos 2:15,16 “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones,  dando testimonio su conciencia,  y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres,  conforme a mi evangelio”

¿No es verdad, que aun los creyentes antes de nuestra conversión nos hemos visto envueltos en una lucha permanente sobre la justicia de Dios? ¿Acaso nunca hemos temido? –Pues aunque finalmente las personas desechen la verdad divina, habrán conocido antes en su conciencia y en todo su contexto natural al Dios viviente.

Pero salta a luz otra cuestión: ¿Por qué la multitud de gente, teniendo testimonio de Él no se somete? –Jesucristo en persona nos da la explicación:

Juán 3:19-21 “Y esta es la condenación:  que la luz vino al mundo,  y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,  porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo,  aborrece la luz y no viene a la luz,  para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz,  para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”

El hombre al asimilar la manifestación de Dios, se da cuenta de que se trata de un ser bueno y por tanto, el tener una relación con Él, significaría sacrificar su maldad, esa es una capacidad que el hombre natural no tiene y prefiere su propia sabiduría y filosofías, que no le exigirán el desprendimiento de las cosas impuras que ama, por tanto se auto-condena: “El que confía en su propio corazón es necio; Mas el que camina en sabiduría será librado” (Salmos 28:26)

Hay algo que a menudo en la predicación del evangelio se olvida mencionar, y es que todas las personas que no se someten a Dios (hablando específicamente de su salvación), están bajo la maldición de la ira de Dios: Juan 3:36 dice: “el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida,  sino que la ira de Dios está sobre él”.

No importa que tan buena parezca la vida del impío, el necio o el ateo (que al final es lo mismo), él vive bajo maldición aunque no se dé cuenta, muchas veces Dios mismo los entrega a mentes incapaces de comprender a causa de su propia necedad; creando ídolos, y haciendo de ellos mismos dioses, puesto que determinan lo que es bueno o malo para el hombre.

Romanos 1:24-25  “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia,  en las concupiscencias de sus corazones,  de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira,  honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador,  el cual es bendito por los siglos.  Amén.”

Asaf también se dio cuenta de que el fortunio de los impíos es un deleite temporal que a la postre resulta su propia trampa:

Salmos 73:17-20  “Hasta que entrando en el santuario de Dios,  Comprendí el fin de ellos.  Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron,  se consumieron de terrores. Como sueño del que despierta,  Así,  Señor,  cuando despertares,  menospreciarás su apariencia”

Considero que ahora podemos afirmar que “todas las personas tienen conocimiento de Dios, porque Él mismo se las ha manifestado” y que “no hay mayor diferencia entre un ateo y una persona que sin negar la existencia de Dios, no vive conforme a su Palabra”. Me gustó escuchar en un sermón de Paul Washer algo como: “Niegas la existencia de Dios, pero todo tu ser está repleto de sus huellas digitales”

Por último ¿Qué es lo que deberíamos hacer al enfrentar a estas personas?

Personalmente, cuando yo me había convertido tenía una pasión por ir y anunciar el milagro que Jesucristo había obrado en mí, entraba en debates en los que no consideraba tener las respuestas más adecuadas, seguramente cometiendo errores doctrinales por defender mi conversión. Es cierto que los creyentes crecemos a medida que aprendemos la Palabra diligentemente, además de las pruebas y la disciplina divina; es bueno siempre estar preparado para defender la doctrina adecuadamente bajo la luz de la Palabra de Dios, pero es realmente un error (y hace no mucho me di cuenta de esto), el hecho de inmiscuirse en discusiones innecesaria ante personas necias, en las que no vamos a ganar, ni perder, por una razón muy simple, ellos no tienen la capacidad de discernir lo que el Espíritu de Dios a escrito en su Palabra, como tampoco nosotros la teníamos antes de haber recibido la gracia de Dios que es en Jesucristo, el Salvador:

1 Corintios 2:14  “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,  porque para él son locura,  y no las puede entender,  porque se han de discernir espiritualmente”

Con esto, no trato de decir que el creyente se quede callado, sino más bien que cumpla adecuadamente el mandamiento que Jesucristo nos encomendó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15)

Cuando Pablo estaba en Atenas ante los griegos (Hechos 17:16:34), que tenían fama de ser “sabios” por su acumulación de filosofías seculares, él no se puso a discutir sobre su burdo y amplio conocimiento, sino que más bien les predico el evangelio de frente y sin importar , lógicamente recibió burlas (v32), pero consiguió lo que pretendía, es decir algunos creyentes que le siguieron (v.34)

Hay dos cosas que el creyente debe demostrarle al mundo natural: el evangelio y su conducta en una vida piadosa, reflejando e imitando a Cristo. Comprendamos que mucho de lo que la Biblia nos enseña, lo enseña a personas ya creyentes redimidas en las que mora el Espíritu de entendimiento para nuestra perfección, pero lo que es para el mundo es primordialmente el evangelio de Cristo, aun pregonando este, comprendamos también que nosotros no tenemos el poder de convencimiento, esa es una obra sobrenatural que Dios obra: Juan 16:8  “Y cuando el Espíritu Santo venga,  convencerá al mundo de pecado,  de justicia y de juicio”.

Por último repasemos una parte del hermoso Salmo 92:

Salmo 92:5-9   ¡Cuán grandes son tus obras,  oh Jehová!

Muy profundos son tus pensamientos.

El hombre necio no sabe,

Y el insensato no entiende esto.

Cuando brotan los impíos como la hierba,

Y florecen todos los que hacen iniquidad,

Es para ser destruidos eternamente.

Mas tú,  Jehová,  para siempre eres Altísimo.

Porque he aquí tus enemigos,  oh Jehová,

Porque he aquí,  perecerán tus enemigos;

Serán esparcidos todos los que hacen maldad.

Fuente: tiempofinal.org

LA BIBLIA NO NOS DICE NADA EN ABSOLUTO DE QUE VIVIREMOS EN EL CIELO—¡PERO SÍ EN LA NUEVA TIERRA!

nuevaJerusalenPor Ingº Mario A Olcese (Apologista) 

Una cosa que llama poderosamente la atención es que la Biblia no nos dice prácticamente nada de nuestra supuesta “vida en el cielo” en la eternidad. Sí, es increíble descubrir que nada se dice de la vida de los salvos en el cielo, a pesar de que este “lugar” es considerado por muchos cristianos como su paradero final después de morir. ¿Pero no extraño de que la Biblia no nos diga nada de lo que harán los justos allá, si en verdad ese es el lugar o el destino final y eterno para ellos? La Biblia dice que Dios trabaja, e igualmente su Hijo, por tanto los cristianos estarán también trabajando en la eternidad, y no tan solo tocando un arpa o una lira dorada. ¿Pero en qué podrían estar trabajando los salvos en el cielo? La Biblia no lo dice. Lo que sí nos dicen las Escrituras es lo que harán los salvos EN LA NUEVA TIERRA. 

Los salvos en el reino de Dios

La Biblia, en cambio, sí nos dice lo suficiente sobre lo qué estarán haciendo los que ganen la vida eterna en el reino de Dios. La palabra de Dios nos da muchísima información de la labor de los salvos en la nueva tierra de justicia. Esto se explica fácilmente porque la tierra, y no el cielo, u otro lugar supra mundano, es la promesa de Dios para los salvos.

Veamos los pasajes más importantes que nos indican cuál será la tarea de los salvos en el reino de Dios:

En Lucas 19:11-19 Jesús nos da la siguiente pista:

“Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. 12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15 Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16 Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18 Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades”. 20 

Si leemos con cuidado estos versos, podremos ver que los salvos recibirán del Señor el pago correspondiente por haber cumplido con la tarea que él les encomendó, y ese pago no es un eterno descanso en un paraíso celestial, tocando el arpa, y rodeado de bellas doncellas, sino, más bien, el ejercicio de la autoridad sobre las naciones. ¿Qué significa esto?

El Reino de Cristo es un gobierno

Siendo que el reino de Cristo es un gobierno con un monarca supremo (el Mesías escogido), es lógico concluir que éste tenga un territorio, leyes, y súbditos. Para que el gobierno funcione, el Mesías Jesús deberá contar con asistentes de confianza en su régimen mundial, hombres probos y santos que administrarán en su reino con equidad y justicia. ¿Y quiénes mejores que los miembros de su iglesia que han mostrado probidad en esta vida? Es por eso que la iglesia ha sido llamada para recibir el reino (Lucas 12:32) para que ejerza autoridad sobre las naciones (Apo. 2:27, “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”). De modo que acá tenemos la función que desempeñará la iglesia en el reino milenario de Cristo.

Los santos juzgarán el mundo

En 1 Corintios 6:1-3 Pablo dice algo sumamente interesante: “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? 3 ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?

Aquí Pablo amonestaba a los creyentes por su incapacidad para juzgar cosas pequeñas de esta vida, y máxime,  considerando que ellos tenían por delante una tarea aún más difícil e importante que desempeñar y que consistía en el futuro juicio y gobernación del mundo entero.

Daniel vislumbró el dominio de Cristo y los santos en el Reino de Dios

En Daniel 7 leemos: 

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.  Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido…y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. 

Así que el pueblo de los santos del Altísimo recibe el reino, el dominio, y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo. Entonces es fácil ver que los salvos, los santos, tendrán una gran responsabilidad en el reino venidero de Jesucristo. Serán los asistentes y los cogobernantes del reino de Cristo por espacio de mil años. 

En el milenio descansaremos de nuestras obras para hacer las obras de Dios en el reino de Cristo. Estaremos edificando una nueva sociedad donde realmente exista la justicia y la rectitud. Será una sociedad donde el diablo y sus demonios estarán ausentes, sin que causen las desgracias y maldades que ahora están ocasionando en la tierra y en los hombres. 

Desgraciadamente son pocos los cristianos que anuncian estas buenas noticias de un mundo de paz y justicia gobernado por Cristo y su iglesia. Los más de ellos predican evangelios trucados o adulterados que nada tienen que ver con el reino de Cristo y el destino final y glorioso de su iglesia en dicho gobierno divino. Los textos que arriba hemos citado son poco o nada citados por los evangélicos y católicos por igual. Simplemente no los creen literales y para la iglesia. 

Es hora de retomar el anuncio verdadero (el evangelio del reino) de Cristo para dejar de estar esperanzados en una creencia errónea de escapar algún día de este mundo caótico y perverso como almas inmortales en dirección al cielo. 

www.yeshuahamashiaj.org

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¿QUIÉNES SON LOS SANTOS?

 


San José, San Luís, Santa María, Santo Domingo, San Martín de Porres, San Pablo, Santa Rosa, San Fernando, San Miguel, San Juan, San Lucas, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola. Nos acostumbramos hablar de éstos como los santos. ¿Lo son en verdad?

¿Cuántos santos habrá?

Al mirar un almanaque me doy cuenta que hay por lo menos 366 santos. Pero realmente no sé cuántos santos hay que han recibido tal título de la Iglesia Católica. Tampoco sé cuántos santos ha nombrado Dios. No obstante, yo sí sé que Dios ha nombrado a más santos que la Iglesia Católica y que su lista no incluye a muchos (como Ignacio de Loyola) que aparecen en la lista católica.

¿Están muertos o vivos?

Aunque la Iglesia Católica no tiene ni un santo vivo, millares de los santos de Dios viven en nuestro planeta. (Posiblemente usted se encontró con uno de ellos hoy mismo.) Además, Dios tiene millones y millones de sus santos que moran con él en el cielo.

¿Cómo son?

La Biblia dice lo siguiente acerca de los santos vivos —los santos de Dios que habitan la tierra: Ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados [hechos santos], ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6.11). Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias (Efesios 5.3–4). Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir (1 Pedro 1.14–15). Según estos versículos, Cristo ha lavado a los santos de sus pecados y los ha santificado (hecho santos). Ellos se han apartado de la inmoralidad, de la inmundicia, de la avaricia y de la mentira. En cambio, ellos son personas de paz, agradecidas y obedientes a la palabra de Dios. Sus vidas han cambiado. Ahora son santos.

¿Por qué fueron hechos santos?

Consideremos primero los santos de Dios, los verdaderos santos. Estos santos recibieron su santificación y su justificación en el momento en que recibieron a Cristo como su Salvador personal. Su santidad es el resultado de la obra continua del Espíritu Santo en sus vidas. A causa de esto, los santos pueden vivir una vida agradable a Dios y llena de buenas obras. Es de suma importancia recordar que sus obras son el resultado de la santidad de su corazón. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo (Hebreos 13.20–21).

Por el contrario, los santos de la Iglesia Católica son llamados santos a causa de sus obras. Con sólo ciertas excepciones (como algunos personajes bíblicos), la Iglesia Católica canoniza a esos individuos que vivieron una vida ejemplar o que en alguna manera han avanzado grandemente la causa del catolicismo. Algunas de estas personas mancharon sus manos con sangre inocente —por ejemplo, Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús (los jesuitas). ¿Con qué propósito fundó Loyola este grupo? Para avanzar el catolicismo a toda costa y de cualquier manera. Muchas veces se utiliza la educación con el propósito de llevar a cabo su meta. Pero al principio, Loyola y sus jesuitas usaron la burla, el soborno, el engaño, la tortura y aun la muerte. A ellos y a otros les debemos tiempos infames como la Santa Inquisición. ¿Y ahora nos dicen que Ignacio de Loyola fue un santo?

¿Cómo debemos tratarlos?

Nunca debemos olvidar que ellos, sean católicos o de Dios, son sólo humanos. Nosotros sólo debemos orar a Dios. Y sólo Dios merece nuestra veneración, adoración y reverencia. Los santos de Dios se tratan los unos a los otros de igual manera que tratan a cualquier otra persona —con amor y respeto. En vida o después de la muerte, los santos verdaderos ni buscan ni reciben un tratamiento especial. ¡Y así debe ser! ¿Por qué? Sencillamente porque no son divinos; son humanos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre (Hechos 10. 25–26). No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás (Éxodo 20.4–5).

¿Qué pueden hacer?

Muchas personas creen firmemente que los santos pueden traer sanidad y hacer otros milagros. Otras personas piensan que al faltarles a los santos poder para hacer algo, entonces ellos pueden pedirle a Dios un favor por alguien que aún está en la tierra. Lo cierto es que ellos piensan que Dios estará más dispuesto a conceder la petición de tal persona. Amigo mío, ¡eso no es cierto! Analice bien los siguientes versículos bíblicos. Note quién es el que intercede con Dios ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros (Romanos 8.34). Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2.5). Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro (Apocalipsis 19.1). ¿Qué pueden hacer los santos? En esta vida ellos no tienen ningún poder especial en sí mismos. Después que ellos mueren no pueden hacer nada por uno. Absolutamente nada. Estimado amigo, ponga su confianza en Cristo.

¿Qué quiere decir “ser santo”?

En la respuesta que aparece a continuación, por favor, note la parte nuestra y la parte de Dios. En la Biblia, algo santo es algo apartado del uso común para un uso sagrado. Una persona santa es separada de todo pecado para servir a Dios en santidad. Entonces nuestra parte incluye la decisión que nos hace separarnos exclusivamente para Dios. Eso quiere decir que ahora es Dios el que nos guía. Ahora él es nuestro Señor. Nosotros vivimos con el propósito de agradar y obedecer a Dios en todo. La parte de Dios es purificarnos y limpiarnos del pecado. Dios nos santifica en el momento en que recibimos a Cristo como nuestro Salvador personal. Y esta santificación continúa mientras permitimos que Cristo sea el Señor de nuestras vidas. Sólo por medio de esta obra de Dios podemos ser santos. Y sólo de esta manera podemos agradar a Dios. Los santos de hoy en día han consagrado y dedicado sus vidas a Dios. No viven para sí; viven para Dios. Ellos se han apartado de lo malo y siguen lo bueno. Y si acaso pecan, entonces ellos se arrepienten pronto y buscan la limpieza que Dios ofrece gratuitamente a todos. El que es santo es íntegro, honrado y justo.

Entonces, ¿quiénes son los santos?

Ellos son hombres y mujeres comunes con un propósito más alto que lo común. Los santos verdaderos buscan agradar a Dios en todas las áreas de sus vidas. Estas personas viven una vida santa ante Dios a causa del poder de Cristo que actúa en sus vidas. Día tras día sus vidas reflejan la justicia, la piedad y la pureza de Dios —y todo esto por medio de la obra redentora y santificadora de la sangre de Cristo. Los santos viven una vida apartada del pecado y consagrada al servicio de Dios. Por supuesto, ellos no viven apartados del mundo corporalmente. El propio Cristo oró: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17.15). Así que sus metas, sus placeres, su manera de comportarse, sus vidas —todo es para Dios. Dios ha transformado sus vidas. Ahora ellos viven separados del mundo de forma espiritual y moralmente. ¡Son nuevas criaturas! ¡Son cristianos! ¡Son santos! Cristo derramó su sangre y murió para pagar el precio de nuestro rescate. Cualquier persona que recibe a Cristo como su Salvador y su Señor está apartada de lo común y consagrada a lo santo. Ese individuo pertenece sólo a Cristo. Eso quiere decir que no vive para sí, no vive para el mundo, no vive para el pecado, no vive para el diablo. ¡Vive para Dios! De esta manera es una persona apartada. Ahora pertenece a Dios y a la compañía de los santos.

Amigo mío, tal vez usted ha tenido mucha confianza en los santos de la Iglesia Católica. Esa confianza no puede tener un fundamento seguro… porque es un fundamento falso. Ponga su fe y su confianza en Cristo. Recuerde que usted mismo puede ser uno de los verdaderos santos. Someta su vida al señorío de Cristo. Apártese para Dios. Permita que él le cambie y le santifique. Dios está dispuesto a perdonarle sus pecados y limpiarle de toda maldad.

Aquí aparece lo que usted debe hacer:

• Reconozca que la fe y la confianza en los santos no le traerán la salvación ni la paz con Dios.

• Acepte la verdad que usted es un pecador condenado a una eternidad en el infierno.

• Reciba a Cristo como su Señor y Salvador, apartándose exclusivamente para él. Esto incluye el arrepentimiento y la confesión de sus pecados, pidiendo de Dios su perdón divino.

• Únase y sométase a una iglesia bíblica, obedeciendo de forma conciente los mandamientos de Dios dados en el Nuevo Testamento. Haga su compromiso con Dios por medio de la oración. Si acaso no sabe orar, no olvide que orar es simplemente platicar con Dios. Dígale a él lo que siente y lo que desea.

Otra vez, ¿quiénes son los santos?

Son personas como usted que han hecho la decisión de seguir a Cristo. Lea los siguientes versículos y acérquese a Dios de todo corazón: Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3.23). Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4.12). A todos los que le recibieron [a Cristo], a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1.12). Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38). Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo (Romanos 10.9). Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando (Juan 15.14).

—Marcos Roth

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Farmington, NM 87401, EE.UU.

LA VICTORIA DE LOS CREYENTES

Por David Macias isaza

maciasdavid@hotmail.com

 

 

 

LA FE QUE VENCE AL MUNDO

 

Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.” (1 Juan 5:4)

 

 

Es difícil actualmente encontrar personas que tengan un entendimiento acorde con la sana doctrina, de lo que realmente significa la fe bíblica, incluso en el medio de los así llamados “cristianos”. Y es que para ser honestos, hay que conocer muy bien lo que las escrituras dicen para poder tener un concepto claro y verdadero de lo que los escritores bíblicos quisieron decirnos por la palabra “fe”. No basta con conocer unos cuantos versículos aislados, es necesario entender el mensaje completo del evangelio del reino de Dios y nacer de Dios, pues las buenas noticias sobre el reino de Dios encierran el significado de la palabra fe, ellas nos aclaran la definición del escritor del libro de los hebreos:

 

La fe es la certidumbre de lo que se espera, la convicción de alcanzar lo que no se ve.

(Hebreos 11:1)

 

La fe es algo mas profundo que la esperanza. La fe abraza la esperanza y le da sustento. Podríamos decir que la fe es la sustancia de la esperanza. Pero ¿Qué esperaban los primeros cristianos? ¿De cuál esperanza se nos está hablando en las escrituras? Muchos argumentarían que  cualquier cosa que uno esté esperando requiere de fe para mantenerse, y eso en parte es cierto; pero cuando leemos las escrituras nos damos cuenta que todos los escritores bíblicos concuerdan con una misma y única esperanza: El reino venidero de Dios. Todos los libros desde el Génesis hasta el Apocalipsis, e inclusive muchos considerados apócrifos centran su discurso en éste singular concepto. Pocos cristianos de hoy concuerdan con la definición que la Biblia nos da de éste concepto.

 

¿Qué es el Reino de Dios?

 

Es triste la ignorancia que existe en la actualidad acerca de lo que significa ésta frase, en la que se basa toda la fe bíblica, según aparece definida en las escrituras. Esto se debe en parte al analfabetismo bíblico ya que pocos cristianos leen concienzudamente las escrituras, y otra gran parte porque la avaricia y la sed de poder (los afanes del mundo) han ahogado el mensaje de ésta preciosa esperanza, que es la verdadera enseñanza que lleva a una vida recta dedicada a Dios, de la que hablan todos los apóstoles en sus cartas.  Esto no es extraño ya que Jesús el Mesías anunció que esto sucedería y quedó registrado en el evangelio según Marcos. Miremos un ejemplo cuando Jesús compara el mensaje del Reino de Dios con unas semillas:

 

Otras son las sembradas entre espinas. Estos son quienes han escuchado la palabra, y las preocupaciones de este mundo, el engaño de la riqueza, y los deseos por otras cosas entran a sofocar la palabra, y se vuelve infértil. Las que fueron sembrados en tierra buena: aquellos que cuando escuchan la palabra, la aceptan, y dan fruto, algunos treinta veces, otros sesenta veces, y algunos cien veces.»  (Marcos 4:18-20) 

 

Jesús dice que la palabra o mensaje del Reino de Dios solo puede ser entendida por la gente que la escucha y la acepta con un corazón noble. Jesús compara la palabra o mensaje del Reino de Dios con una semilla que un campesino siembra. La gente de su época no lo entendía bien, pero él quería enseñarles que no todas las personas aceptan y creen la palabra (mensaje) de Dios acerca de un reino venidero. Muchas personas están ofuscadas consiguiendo ilusiones, riquezas que nunca podrán disfrutar y que no se llevarán a la tumba y por esto no logran entender lo que Jesús enseña. Ni siquiera los discípulos pudieron entender bien ésta parábola, ellos le preguntaron a Jesús, y él nos dejó la siguiente explicación:

 

Cuando estaba sólo, aquellos que estaban a su alrededor con los doce le preguntaron sobre las parábolas.  Jesús les dijo, «A ustedes se les dan los misterios del Reino de Dios, pero para quienes están afuera, todo se hace en parábolas, porque `viendo pueden ver, y no percibir; y oyendo pueden oír, y no entender; a menos que cambiaran, y sus pecados les serían perdonados.´» (Marcos 4:10-12)

 

Sí mi querido lector, es necesario que las personas se arrepientan para que puedan recibir el perdón de sus pecados, de su avaricia, su egoísmo y así poder llegar a entender la verdad sobre el futuro y bendito Reino de Dios, de otra forma el mensaje seguirá estando rodeado por el velo del misterio. Por ésta razón hoy en día se ven predicadores millonarios, que hacen del evangelio un mercado, y creen que la fe es un negocio para hacer dinero. Por causa de ellos muchas personas ya no quieren escuchar nada de Dios ni aceptar las buenas noticias de la era que viene, que es el camino de la verdad; esto no es extraño ya que Pedro advirtió sobre esto en una de sus cartas:

 

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus caminos perniciosos, y por causa de ellos el camino de la verdad será blasfemado; y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas, sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme. (2 Pedro 2:1-3) 

 

Aquellos estafadores, mercachifles de la fe, son peores que los fariseos: ni entran al Reino, ni dejan entrar. Ellos no enseñan ni predican las buenas noticias que enseñaba Jesús, ellos no predican el reino de Dios como está registrado en la Biblia, puesto que ni siquiera lo pueden entender, el engaño de las riquezas no les permite esperar un reino celestial ideal, la comodidad y el confort de ésta época les ha embotado la mente y les ha cauterizado el entendimiento, por su avaricia (idolatría) Dios los ha entregado a una mente reprobada para que piensen que están muy bien y que nada les va a suceder, ellos creen que ya están reinando en vida con Cristo y que ya son ricos y no tienen necesidad de nada, despreciando la verdadera enseñanza de arrepentimiento que predicó el Mesías hace poco mas de dos mil años. Estos falsos maestros de la prosperidad enseñan un evangelio mutilado y trastocado. Ellos dicen que al morir se va al cielo, que se pueden hacer nuevos pactos con Dios usando dinero, que la humanidad está atada a “maldiciones generacionales” o hereditarias y muchas otras aberraciones anticristianas y antibíblicas. En la época de los apóstoles también hubo falsos maestros, ellos los denunciaron en su tiempo y sentenciaron que la condenación de ellos ya está escrita y no se tarda. Los apóstoles escribieron mucho acerca de éste tema, pues en sus tiempos ya se veía toda esta cizaña creciendo entre el trigo precioso de Dios.

 

Y escribe al ángel de la iglesia de los LAODICENSES: Estas cosas dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios: Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Quisiera fueses frío o caliente! mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.  Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada; y no conoces que tú eres un desventurado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para que seas cubierto, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.  He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como también yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 3:14-22)

 

¿Cómo heredamos el reino de Dios?

 

Muchas otras citas nos hablan del tema, y en todas está el llamado al arrepentimiento, a volver al verdadero camino. Es interesante que éste mensaje fue escrito para la iglesia, para “creyentes” que supuestamente ya conocían la verdad, pero aparentemente se habían olvidado, pues el Espíritu de Dios que está en el Cristo les pide que cambien, para que puedan participar del reino venidero, para que puedan sentarse en el trono del Mesías cuando venga, así como el Mesías ha vencido y se le ha dado un lugar a la diestra de Dios. El reino de Dios era algo que los Judíos de la época de Jesús comprendían muy bien, ya que los profetas lo habían descrito con mucho detalle. Por esta razón no hay explicaciones extensas en los evangelios sobre el tema, ya que los evangelios fueron escritos para los judíos principalmente, y su propósito era contarles a los hebreos que su esperado Mesías ya había venido por primera vez a enseñar la forma para heredar el Reino de Dios y que volvería nuevamente a establecerlo con los que escucharan y creyeran el mensaje, arrepintiéndose y dedicándose a hacer la voluntad de Dios. Cuando Jesús comenzó su predicación el solo decía lo siguiente:

 

Después que Juan fue detenido, Jesús llegó a Galilea, anunciando la Buena Nueva de el Reino de Dios y diciendo, «¡El tiempo se ha completado, y el Reino de Dios está cerca! Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva.» (Marcos 1:14-15)

 

Que curioso que la predicación de Jesús era siempre la misma: ¡Arrepiéntanse y crean! ¡Que lejos de esta predicación están la mayoría de supuestas congregaciones cristianas actualmente! ¿Cuándo fue la última vez que escuchó este mensaje en alguna predicación? Éste debería ser el mensaje de todas las predicaciones en todas las reuniones, puesto que realmente no necesitamos más, pero hoy en día, cada que alguien comienza a hablar de arrepentimiento y del Reino venidero de Justicia, a todos les da dolor de cabeza y les pican los oídos. Definitivamente no quieren aceptar esta sencilla verdad que es la base para la salvación. En otra oportunidad Jesús declaró:

 

Cuando amaneció salió y fue a un lugar inhabitado, y las multitudes lo buscaban, y llegaron donde Él. Lo querían retener, para que no se fuera lejos de ellos. Pero Él les dijo, «Debo predicar la buena nueva del Reino de Dios en otras ciudades también. Porque por esa razón he sido enviado.» (Lucas 4:42-43).

 

En la Biblia no encontraremos un mensaje diferente, Jesús fue bautizado por Juan y por el Espíritu de Dios para ser enviado a anunciar las buenas noticias del Reino de Dios. Ésta es la verdadera razón por la que vino Jesús y la que muchos aún ignoran. Jesús declaró en una ocasión que solo una cosa es necesaria en esta vida para ser salvo, y ésta es por supuesto, creer en el Reino venidero.  Algo milagroso ocurre en una persona que cree en el reino venidero: ¡el arrepentimiento continuo!

 

Y respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, estás afanada y turbada con muchas cosas:  Pero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10:41-42).

 

Tampoco La preocupación por muchas cosas y el afán dejan a una persona entender la verdad sobre el reino de Dios así como las personas que tienen puesto su corazón en las riquezas, y no son capaces de desprenderse de ellas, podrán entrar con facilidad en dicho Reino:

 

Y cuando Jesús, oyó esto, le dijo: Aún te falta una cosa: Vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.  Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.  Y los que oyeron esto, dijeron: ¿Quién, entonces, podrá ser salvo?  Y Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios. (Lucas 18:22-27)

 

Los discípulos de Jesús entendieron muy bien que entrar en el Reino de Dios, es precisamente la salvación que vino a ofrecer el Mesías, de la que hablan los profetas en la escritura, a lo largo de toda ella. Además compara la entrada de un rico al Reino de Dios con la entrada de un camello por el ojo de una aguja, cabe decir que una aguja en este contexto no es la aguja con las que se realizan costuras, sino que las ciudades antiguas eran todas amuralladas y sus puertas eran llamadas agujas, eran puertas por las que pasaba un hombre, pero difícilmente podía pasar un camello, esto era así para mantener a los animales fuera de las ciudades, para mantener el aseo.

 

«Entonces no se afanen, diciendo, ` ¿Que comeremos?,´ o `¿Qué beberemos?´ o `¿Con que nos vestiremos?´ Pues los gentiles buscan todas estas cosas, pero su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todo esto. Busquen primero el Reino de Dios, y su justicia; y todas estás cosas también les serán dadas por añadidura. Así que no se afanen por el mañana, pues el mañana se afanará por las cosas de si mismo. Son suficientes los males propios de cada día . (Mateo 6:31-34) 

 

El poder de entender las buenas noticias del reino de Dios 

 

Pues no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo aquel que crea; primero para los Judios, y también para los griegos. (Romanos 1:16)

 

Buscar el reino y su justicia es entender de que se trata dicho mensaje y vivir de acuerdo a él, es estar concientes de que un día volverá el Mesías y juzgará con justicia la tierra, dándole a cada cual lo que merece su obra. Cuando una persona pone toda su esperanza en el reino venidero ocurre en ella un cambio definitivo. Ésta persona no querrá volver a pecar o estar separado de Dios, puesto que sabe que en ese bendito reino no entrará nada impuro, sino solo los que hacen la voluntad de Dios.

 

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. (Mateo 7:21)

 

El Reino de Dios también era llamado reino de los cielos, porque algunos judíos evitaban decir el nombre de Dios, ya que los antiguos consideraban su nombre muy Santo y no querían usarlo nunca en vano; pero la definición correcta sería: El Reino de YHWH. Que bueno que hoy se tuviera al menos un poco del respeto que antes se tuvo por el nombre de Dios, con tantos predicadores que hablan de Dios para ganar dinero. Miren lo que les continúa diciendo Jesús:

 

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. (Mateo 7:22-23)

 

Aquél día se refiere a el día de la prousía o segunda venida de Jesucristo, cuando él vendrá a darle a cada uno lo que merece y a inaugurar el Reino de Dios, del cual él es su máximo representante y su rey elegido.

 

La Predicación de los Apóstoles fue siempre el Reino de Dios 

 

Y Pablo, se quedó dos años enteros en su casa de alquiler, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, con toda confianza y sin impedimento (Hechos 28:30-31)

 

Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero algunos no creían. (Hechos 28:23-24)

 

Muchos cristianos hoy en día argumentan que el mensaje del evangelio se trata de predicar a Cristo crucificado, ya que el apóstol Pablo escribió en una carta lo siguiente:

 

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, ante cuyos ojos Jesucristo fue ya descrito entre vosotros como crucificado? (Gálatas 3:1)

 

Esto lo escribió Pablo a una iglesia que estaba volviendo a la ley de Moisés y a practicar la señal de la circuncisión. Pablo les había enseñado que no necesitaban ésta señal para ser creyentes ya que con la crucifixión de Cristo, los creyentes estamos juntamente crucificados y ya no vivimos para la carne, pues hemos recibido el Espíritu Santo de Dios y no necesitamos una señal para confirmar el pacto, pues estamos sellados con el Espíritu Santo de la promesa, la presencia de Dios morando en nosotros es señal suficiente de que le pertenecemos y no necesitamos mas de las obras que exigía la ley de Moisés.

 

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. (Romanos 3:28)

 

Es importante aclarar la diferencia que hay entre la ley de Moisés y los mandamientos de Dios, tema que está ampliado en mi estudio: “Los mandamientos de Dios, la ley de Moisés y la Gracia de Jesucristo”. En ésta cita de Romanos, Pablo se refiere a la ley de Moisés, que ha sido “perfeccionada” por la gracia de Jesucristo, pero existen también las obras de la fe como veremos mas adelante.

 

Muchos cristianos creen que el evangelio de Jesucristo se limita a su crucifixión, muerte y resurrección. Estos “cristianos” parecen ignorar que mucho antes de ser crucificado, Jesús venía con un mensaje que predicar: El reino venidero de Dios. No estoy diciendo con esto que la crucifixión, muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Cristo carecen de importancia, ¡no! ¡por supuesto que no! ¡Todo lo contrario! Lo que sucede es que en las escrituras, el centro del evangelio no es la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Cristo, sino ¡el reino de Dios! Estos hechos si son una parte muy importante de las buenas noticias, pues no solo comprueban que Jesús de Nazareth es el Mesías esperado, anunciado por los profetas, sino que además fue cumplido el sacrificio expiatorio por el pecado, por esta razón y sólo por ésta razón es que Dios no toma en cuenta los pecados de los que creen que Jesús es el Cristo, y como no toma en cuenta nuestros pecados, nos sumerge en su Espíritu Santo. La resurrección de Cristo es además la prueba de que la verdadera esperanza del creyente es la resurrección de entre los muertos y no el “tener un lugar en el cielo después de morir”, como muchos falsos maestros suponen y predican. Todas las cartas apostólicas centran su tema en la parousía (la segunda venida de Jesucristo) puesto que es en ese momento que se producirá la resurrección. Jesús declaró lo siguiente:

 

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. (Juan 6:44)

 

El apóstol Pablo no lo contradice, sino que también parece creer lo mismo:

 

En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. (1 Corintios 15:52-53)

 

¿Cómo pues afirman algunos que los muertos aún viven, o que están con Cristo en el cielo? A los Tesalonisenses Pablo también les escribió del tema:

 

Mas no quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual, os decimos esto por palabra del Señor; que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.   

(1 Tesalonisenses 4:13-16) 

 

La resurrección es la verdadera esperanza del cristiano

 

La bendita esperanza que tenemos los cristianos es la resurrección en el día final, es decir, el día que venga el Cristo por segunda vez a salvar a los que le esperan; pero también ése día será un día de juicio para los que no creen en él y viven para el pecado, es decir, los que viven para sí mismos en ésta vida.

 

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria; y todas las naciones serán reunidas delante de Él; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos; y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.  Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:31-34).

 

Cuando el hijo del hombre venga en su gloria vendrá a juzgar y a darle el reino a quienes, por su esfuerzo y perseverancia, lo ganaron. Ésta invitación a participar del reino de Dios, o lo que es lo mismo, ser salvo, tiene requisitos que se deben cumplir para poderlo recibir.

 

 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21)

 

Muchas personas creen que la salvación es un regalo de Dios que no exige ninguna condición para adquirirla, pero ésta afirmación está lejos de la enseñanza que presenta la Biblia:

 

el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidadpero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego,  pero GLORIA y HONRA y PAZ a todo el que hace lo BUENO, al judío primeramente y también al griego” (Romanos 2:6-10)

 

La salvación se recibe como un premio, como un galardón, como una medalla o un trofeo a la perseverancia en las buenas obras. Por esto Pablo dice también a Timoteo:

 

Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que testificó la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes este mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo: La cual a su tiempo mostrará el Bendito y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores;  el único que tiene inmortalidad, y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea honra y poder sempiterno. Amén. 

(1 Timoteo 6:13-16)

 

Todas las cartas apostólicas apuntan a una sola esperanza: La segunda venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo. En ésta venida se inaugurará el reino de Dios esperado. Dios es el Bendito y solo soberano, Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad y aquel a quien nadie ha visto jamás, él es el único que sabe cuando será hecho esto. Cuando Dios manifieste a Jesucristo como rey, todas las cosas serán restauradas, y el Mesías se sentará en su trono de gloria en Jerusalén, para gobernar a todas las naciones de la tierra junto con sus seguidores que merecen la vida eterna y el reino. 

 

¿Cuando vendrá el reino de Dios?

 

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y Él les dijo: No toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad. (Hechos 1:6-7)

 

Sólo Dios sabe cuando vendrá el reino de Dios.

 

Y les dijo: ¡Con cuánto anhelo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios (Lucas 22:15-16)

 

porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. (Lucas 22:18)

 

 Jesús se está despidiendo pero les dice a sus discípulos que no beberá vino otra vez ni comerá la pascua hasta que venga el Reino de Dios, por supuesto ese reino bendito aún no ha llegado, pero esto son buenas noticias para nosotros que tenemos la oportunidad de poner nuestra esperanza en éste reino de justicia y no poner nuestra esperanza en ilusiones como el dinero o las riquezas engañosas de este siglo malo, de éste mundo maligno. Por esto Pablo le recomienda a Timoteo acerca de los ricos:

 

A los ricos de este mundo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas inciertas, sino en el Dios vivo, quien nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos, que con facilidad comuniquen; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir; que echen mano de la vida eterna.

(1 Timoteo 6:17-19)

 

A los ricos Pablo les manda que pongan su esperanza en el Reino venidero y no en las riquezas pasajeras de éste mundo, puesto que cuando se inaugure el Reino, los pobres y humildes heredarán la tierra y el Mesías repartirá las naciones entre sus elegidos.  

 

¿Qué debo hacer para heredar el reino de Dios?

 

Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra. (Mateo 5:5)

 

Pocos parecen creer ésta promesa que Dios nos dió a través de Jesús el Cristo, pocos parecen entender que ése bendito reino esperado será en esta misma tierra que heredaremos si perseveramos en la mansedumbre, dejándonos guiar y gobernar por Dios y haciendo sólo su voluntad. En ésta frase se resume toda la esperanza cristiana. Dios espera que nuestra fe produzca frutos de arrepentimiento, obras que muestren que realmente creemos lo que Dios ha dicho.

 

Y al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las naciones; y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como también yo he recibido de mi Padre. (Apocalipsis 2:26-27)

 

Es interesante que dice “al que venciere”, esto quiere decir que la vida del creyente es una lucha donde hay que vencer y perseverar hasta el fin, para poder alcanzar la salvación. Jesús recibió autoridad sobre las naciones, aunque aún no la esté ejerciendo (pero la ejercerá) y promete darnos la misma autoridad que él recibió de Dios.

 

Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha escogido Dios a los pobres de este mundo, ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

(Santiago 2:5)

 

Dios premia a los que son ricos en fe y actúan de acuerdo a ella. ¡Que diferente nos habla la escritura comparándola con los actuales predicadores de abundancia y “super fe”! La fe bíblica es realmente muy distinta a lo que hoy muchos creen y enseñan.

 

Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? (Santiago 2:14)

 

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Santiago 2:17)

 

La verdadera fe lleva consigo una acción consecuente. Todas las escrituras declaran esto mismo. Una fe que no se demuestra con hechos, no es la verdadera fe. Creer en el evangelio no es algo telepático o mental, no es algo abstracto sino demostrable, práctico y evidente. Dios mismo nos extiende su invitación personalmente:

 

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho es. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente. El que venciere, heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Mas los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras, y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:5-8)

 

El lector sensato notará que la invitación de Dios acarrea un requisito para poder recibirla, también verá la lista de personas que no podrán tener parte en resurrección y el reino de Dios; y si es honesto, verá que en alguna de éstas definiciones encajamos todos los mortales. ¿Qué pues? ¿Cómo ser salvo? La respuesta es sencilla: ¡Arrepiéntase, cambie su forma de pensar y de vivir! y ¡crean en las buenas noticias! También tenemos esta promesa:

 

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

(1 Juan 1:8-10)

 

Si confesamos nuestros pecados ahora mismo, delante del Dios eterno que está en todas partes y todo lo ve, seremos también limpios de maldad, puesto que quien confiesa su pecado, declara que no ama al pecado y que no quiere vivir esclavo del pecado. Ésta es la forma de vencer el pecado que nos presenta la escritura y éste camino lleva a la vida eterna. La confesión y el arrepentimiento deben ser pues constantes hasta el fin, para poder vencer y participar del reino y debemos ser fuertes y luchar con todas las fuerzas para no complacer los deseos perversos de nuestra naturaleza pecaminosa. Orando y fortaleciendo el espíritu para que los malos deseos no se enseñoreen en nuestro interior. Debemos dejar de alimentar los malos deseos y malos hábitos, malas compañías y dejar de frecuentar malos sitios, debemos dejar las malas conversaciones, los vicios y adicciones y poner nuestra mirada en las cosas que están reservadas en el cielo, que vendrán con el Mesías en aquel día glorioso. Toda nuestra esperanza debe estar concentrada en éste magno evento sin precedentes en la historia. El lector que sea un creyente nacido de nuevo, verá que éstas palabras concuerdan con lo que el espíritu que está en él le insinúa constantemente, pero el no creyente encontrará tal vez ridículas y anticuadas éstas cosas, principalmente porque cree que es imposible dejar hábitos y costumbres arraigadas por generaciones y porque al fin y al cabo la sociedad lo acepta tal y como es (posiblemente lo alaba), así que no tiene necesidad de cambiar nada. Pero le tengo una buena noticia: Dios da su Espíritu a todo aquel que se arrepiente y confiesa sus pecados, todo aquel que quiere una nueva vida. Este espíritu que Dios nos da es su misma presencia morando en el hombre y es el poder y la mente de Dios en nuestro interior. El apóstol Pablo dice de este espíritu lo siguiente:

 

En el cual también confiasteis vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación; en quien también, desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. (Efesios 1:13-14)

 

El hombre es sellado con el Espíritu Santo una vez a creído en la buena noticia de la salvación (El evangelio del Reino venidero) y éste espíritu es las arras, es decir, la garantía de que recibiremos la herencia de la redención. En otras palabras, el don del Espíritu nos asegura que recibiremos en el futuro la resurrección y la inmortalidad, junto con el reino venidero, cuando regrese Jesucristo.

 

porque las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y está en dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, esto es, la redención de nuestro cuerpo. (Romanos 8:21-23)

 

Tenemos el espíritu como un adelanto de la inmortalidad que recibiremos después, es decir, la adopción de Dios, la redención de nuestro cuerpo mortal revestido con vida eterna. Es curioso notar que toda la creación está sujeta a la servidumbre o esclavitud de la corrupción, hasta que éste magno evento ocurra, es decir, la restauración de todas las cosas, que será cuando venga el Cristo en gloria a reinar junto con sus hermanos sobre toda la creación; y las criaturas serán libradas de la corrupción. Por ahora tenemos ésta salvación como la esperanza mas bienaventurada y el tesoro mas grande que podemos tener en éste mundo malo:

 

Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que uno ve ¿por qué esperarlo aún? Mas si lo que no vemos esperamos, con paciencia lo esperamos. (Romanos 8:24-25)

 

Ahora estamos esperando éste evento que Dios ha anunciado por medio de los profetas y de su hijo, y ésta esperanza crea una fuerza interior que se opone a la corriente de este mundo de maldad, pero tenemos mucho mas que la esperanza. Tenemos la fe que sustenta dicha esperanza y la fe que sustenta dicha esperanza, es nuestra fuerza mayor, con la que podemos no solo oponernos sino también vencer la corriente de éste mundo.

 

Y asimismo también el Espíritu ayuda en nuestra flaqueza; porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:26-27)

 

Éste maravilloso espíritu que nos da Dios, nos capacita para hacer su voluntad y hasta intercede por nosotros en nuestras debilidades.

 

Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. (Romanos 8:28-30)

 

Por el espíritu sabemos que tendremos la misma gloria que tiene nuestro hermano y Señor Jesús cuando él regrese. Y de hecho ya lo tenemos por fe. Ésta es la fe bíblica, la fe que vence al mundo. Es la certeza de que recibiremos el reino de Dios si perseveramos en la verdad. Aunque ahora no vemos que esto sea así, sabemos que será hecho porque Dios lo ha dicho. Y todo el universo fue hecho por la palabra de Dios:

 

Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía. (Hebreos 11:3)

 

Por esta misma fe los hombres antiguos alcanzaron buen testimonio:

 

Por fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. (Hebreos 11:4)

 

Abel no había visto los sacrificios que Dios instituyó y le enseñó a Adán y Eva, pero él les creyó y ofreció crías de sus ovejas o corderos, mientras que Caín inventó su propia ofrenda de frutos y cosechas y no creyó que la que había instituido Dios fuera la única. La fe de Abel fue demostrada por algo que hizo: una obra de fe.

 

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que a Dios se acerca, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

(Hebreos 11:6)

 

Dios premia la fe, es galardonador de los que obran de acuerdo a la fe.

 

Por fe Noé, siendo advertido por Dios de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe. (Hebreos 11:7)

 

Noé escuchó y actuó de acuerdo a la fe y fue galardonado. Cuando aún no se veía lo que se le anunció, actuó creyendo que Dios no miente.

 

Por fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa: Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo artífice y hacedor es Dios. (Hebreos 11:8-10)

 

¿No fue justificado por las obras, Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? (Santiago 2:21)

 

¿No ves que la fe actuó con sus obras, y que la fe fue perfeccionada por las obras? (Santiago 2:22)

 

Abraham actuó de acuerdo a la fe y fue llamado padre de la fe, además esperaba la ciudad que viene del cielo, ¡Esperaba el Reino de Dios! La ciudad que vendrá del cielo cuando el Mesías instaure el reino de Dios en la tierra:

 

Y yo Juan vi la santa Ciudad, Jerusalén la nueva, que descendía del cielo, aderezada de Dios, como la esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos. Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas son pasadas. (Apocalipsis 21:2-4)  

 

Aunque los antiguos murieron sin recibir la herencia, ellos vivieron una vida que demostró su fe:

 

Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. Que si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo para volverse. Pero ahora anhelaban una mejor patria, esto es, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les había preparado una ciudad.

(Hebreos 11:13-16)

 

También los apóstoles y los cristianos de nuestra era (después de Cristo) han muerto sin recibir la herencia, y posiblemente nosotros muramos sin recibirla. Pero como creyeron, Dios les preparó una ciudad, la nueva Jerusalén que viene del cielo en el Reino de Dios y también Dios les prometió la resurrección:

 

Por fe Abraham cuando fue probado, ofreció a Isaac, y él que había recibido las promesas, ofreció a su hijo unigénito, habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente; pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió a recibir por figura. (Hebreos 11:17-19)

 

Abraham creyó en la resurrección y recibió a Isaac “de entre los muertos” por figura; como si Dios lo hubiera resucitado, ya que Abraham lo sacrificó en su corazón y cuando ya lo iba a matar un ángel lo detuvo. Ésta fe llevó consigo la acción, y la acción demuestra que la fe es verdadera.

 

Mas sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. (Santiago 1:22)

 

Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.  Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego se olvida cómo era.  Mas el que mira atentamente en la perfecta ley de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. (Santiago 1:23-25)

 

Dios demanda acciones de los creyentes, acciones que demuestren que realmente creen.

 

Tú crees que hay un Dios; bien haces; también los demonios creen y tiemblan. ¿Mas quieres saber, oh hombre vano, que la fe sin obras es muerta?  ¿No fue justificado por las obras, Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó con sus obras, y que la fe fue perfeccionada por las obras?  Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue imputado por justicia, y fue llamado: Amigo de Dios.  Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Santiago 2:19-24) 

 

¿De dónde viene la fe?

 

Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (YHWH).

(Romanos 10:17)

 

La palabra de Dios tiene el poder de hacer creer en lo que no se ve. Cuando Dios le advirtió a Noé sobre el diluvio, él le creyó y por esa fe que recibió, actuó  obedientemente y recibió la justicia que es por las obras de la fe. Pero no solo actuó, sino también que habló de acuerdo a ella. Pedro nos dice que Noé fue un predicador de justicia:

 

si no perdonó al mundo viejo, mas guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados. (2 Pedro 2:5)

 

Pues todo el que cree, no solo vive de acuerdo a su fe, sino que habla de acuerdo a ella, por eso dice Pablo:

 

Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Pues con el corazón, uno cree en justicia; y con la confesión de la boca se hace salvación. (Romanos 10:9-10)

 

Pues no basta creer en secreto que Jesús es el Mesías, hay que hablar de acuerdo a la fe y declararlo a otros, confesarlo delante de los hombres y obviamente creer que Dios lo resucitó y que así como lo resucitó a él, quienes crean y actúen de acuerdo a la fe, también serán resucitados en el día final y podrán participar del reino de Dios en la tierra.

 

La fe se demuestra con la caridad

 

Las escrituras muestran claramente que no basta con creer que Dios existe, es necesario practicar la caridad también. El apóstol Pablo lo expresa así:

 

Y si tuviese el don de profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo caridad, nada soy. (1 Corintios 13:2)

 

Así que la fe sin obras de caridad no es verdadera fe. Puesto que la caridad, que es el amor genuino por el prójimo, habla por nosotros. La fe y la esperanza dejarán de ser el día que venga el reino de Dios, porque lo que se hace realidad ya no se espera y lo que se ve ya no necesita de fe, pero la caridad siempre existirá, es decir, el amor por el prójimo siempre será hasta el final de este mundo y aún en el reino venidero:

 

La caridad nunca deja de ser; mas las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

 (1 Corintios 13:8-10)

 

También los dones del espíritu y la obra de santificación e iluminación que Dios está efectuando hoy en los creyentes dejará de ser cuando venga dicho reino glorioso, pues seremos hechos inmortales a la imagen de nuestro Señor Jesucristo y seremos hechos perfectos, cuando nuestros cuerpos mortales y corruptibles se revistan de total santidad e inmortalidad. Por esto ahora tenemos fe y esperanza, pero ellas se acabarán.

 

Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres; pero la mayor de ellas es la caridad. (1 Corintios 13:13)

 

Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Santiago 2:24)

 

Contrario a lo que piensan y enseñan muchos predicadores, si hay obras por las que el hombre es justificado, estas son las obras de la fe, o podríamos llamarles también, las obras de la caridad o de el amor “ágape”. “Ágape” es la palabra griega que el autor de los Corintios usó en ésta ocasión y que los traductores de la versión Reina – Valera han vertido como “caridad”, que es realmente la mejor palabra para traducir dicha palabra. La mayoría de los predicadores modernos predican una salvación “sin obras”, pero no se percatan que el autor de Romanos hablaba de las obras que exige la ley Mosaica, y no las obras que exige la fe en Jesucristo, como estamos viendo. El mismo Jesucristo dijo a sus seguidores una vez:

 

No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.  Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en el cielo que no se agote; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.

(Lucas 12:32-34)

 

Jesús les dice que den limosna y que no tengan tesoros en este mundo malo, sino que su tesoro esté reservado en el cielo, para cuando el Mesías vuelva de allí y le de a cada uno lo que merece, y establezca el reino en esta tierra. Por eso les continúa diciendo:

 

Vosotros, pues, también, estad apercibidos; porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá. (Lucas 12:40)

 

En todo este pasaje de Lucas, Jesús el Mesías nos invita a vivir una vida conscientes de la aparición gloriosa en su parousía y del consecuente reino de Dios. Y les insta a sus seguidores  a estar atentos ante la incertidumbre del momento exacto en que esto se revelará.

  

La vasta profundidad de la regla de oro

 

Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el principal mandamiento de todos? Y Jesús le respondió: El principal mandamiento de todos es : Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.  Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu pensamiento, y de todas tus fuerzas: este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (Marcos 12:28-31)

 

No basta con creer que hay un solo Dios y que es nuestro Padre, también hay que amarlo con todo, y amarlo mas que a todo. Él debe ser nuestra prioridad, pero el amor a nuestro Padre Celestial se demuestra con el amor hacia el prójimo, así como Jesús demostró su amor a Dios, dando su vida por los demás. Éste amor al prójimo podría resumirse así: Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti, y has a otros lo que quisieras que otros hicieran por ti. Esta es la ley de Dios y los profetas. Ésta es la profundidad de la regla de oro.

 

 

Conclusión

 

Hemos visto que la fe bíblica es un concepto que realmente abarca un significado muy amplio. Éste estudio nos sirve para reflexionar acerca de qué tipo de mensaje estamos creyendo y practicando actualmente en nuestra vida cristiana. ¿Estamos viviendo una vida que muestre obras y frutos de arrepentimiento y de fe? Todas las cartas apostólicas centran su discurso en la segunda venida de Jesucristo y advierten de muchas formas que debemos tomar consciencia y hacer obras dignas de los que dicen conocer a Dios y creer en su Cristo. El libro de Apocalipsis también nos sorprende con la advertencia profética que da a las iglesias de Asia. Las iglesias de hoy en día están llenas de falsos profetas que enseñan a los hombres a despreciar los mandamientos de Dios que nos fueron dados a través de Jesucristo y los apóstoles. Éstos falsos maestros viven de ofrendas y diezmos que los ingenuos les regalan, mientras muchos otros creyentes no tienen muchas veces ni una comida al día, ni techo, ni vestido. Los apóstoles en la iglesia primitiva nunca pidieron ni una sola moneda de los creyentes, sino que todo lo conseguían trabajando con sus propias manos en los oficios que sabían hacer. Ellos quisieron dejar éste ejemplo para que cada creyente viva de su propio trabajo. La única vez que pidieron una ofrenda fue para ayudar otras iglesias mucho mas necesitadas. Los supuestos pastores, apóstoles, maestros y presbíteros de hoy deberían seguir el ejemplo que nos dejaron los apóstoles en la antigüedad y enseñar la verdadera doctrina, dedicándose a hacer buenas obras de fe y caridad como enseña la Biblia.

 

Después de leer hasta este punto del presente estudio el lector podrá entender muy bien las palabras de Jesucristo y los apóstoles; sobretodo éste duro pasaje que casi nadie predica hoy en día:

 

Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, poseed el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis;  desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.  Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿O sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles; porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.

(Mateo 25:31-46)

 

Para terminar, quiero dejarles una cita de el libro de gálatas, espero que le sirva al lector para que se arrepienta y cambie su forma de pensar y de vivir, ya que el reino de los cielos,  o reino de Dios está cerca, muy cerca.

 

y cuando Jacobo, Cefas, y Juan, que parecían ser columnas, percibieron la gracia que me fue dada, nos dieron a mí y a Bernabé las diestras de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres, lo cual también fui solícito en hacer. (Galatas 2:9-10)

 

¡Bendiciones para todos!

 

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LA TRISTE HISTORIA DE LOS CREYENTES FUGACES

 

 

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

“Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; CREEN POR ALGÚN TIEMPO, Y EN EL TIEMPO DE LA PRUEBA SE APARTAN” (Lucas 8:13)

 

En mis años de militancia en el cristianismo me he topado con “creyentes” que recibieron la palabra con mucho gozo, pero que desafortunadamente abandonaron su compromiso con el Señor sucumbiendo ante las pruebas que se les presentaron. Algunos fueron tentados posteriormente con más fuerza y tropezaron frente a las tentaciones: mujeres, drogas, avaricia, vanidades, ostentaciones, ocultismo y cosas como éstas. Sin duda, al principio estas personas sintieron en sus corazones el grandioso amor y misericordia de Cristo para con ellos, y entonces optaron por descargar todo el peso de sus culpas, confesando sus pecados al Señor con fe. Sin embargo, en el fondo de sus corazones, estas personas aún estaban atadas al mundo y a sus placeres carnales. Pareciera que aún estos individuos no se habían convencido de lo malo que es el pecado y de las consecuencias trágicas que éste acarrea a todos aquellos que sucumben impávidamente a su sutil seducción. Estos “creyentes” evidentemente aún discurrían en dos senderos opuestos o antagónicos: Cristo y el mundo (manejado por Satanás).

 

Jesucristo ya había previsto este tipo de personas cuando pronunció su Parábola del Sembrador. De los cuatro tipos de suelos, sólo uno es el que da fruto de verdad, porque es un suelo fértil y profundo, mientras que los 3 suelos restantes son los que no dejan que la semilla crezca hasta que maduren y produzcan. Desafortunadamente, estos suelos (corazones) de “mala calidad” son los que no permiten que la semilla (La Palabra del Reino) fructifique bien en ellos y con el tiempo ésta simplemente muere. Estas personas tienen la Palabra en sus corazones, pero viene el diablo y arrebata lo que se les ha sembrado para que no crean y se salven (Marcos 7:6). El problema de muchos hombres es que gozan por un tiempo de la Palabra de Dios, pero los deseos mundanos son más fuertes y primordiales para ellos, haciendo que posterguen su compromiso con el Señor para más adelante, o quizás, para la jubilación. Otros pueden sentir que la Palabra de Dios es emocionante, pero no tienen un verdadero odio al pecado como para repudiar todo lo malo de manera tajante. Estos ven que la Palabra de Dios es maravillosa y vivificante, pero por otro lado también quieren ser populares en el mundo. Otros simplemente se muestran felices con la Palabra del Reino, pero cuando van aprendiendo más del Señor, y descubren sus exigencias radicales, estas personas se apagan, se enfrían, y terminan por abandonar al Señor. Esto mismo se traslució cuando Jesús se topó con discípulos que dejaron de seguirlo porque no podían asimilar ciertas enseñanzas suyas que les ofenden. En Juan 6 leemos lo siguiente: “…muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? ….Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6:60,61,66).

 

La Renuncia a lo que es vano o basura

 

El apóstol Pablo pudo seguir una vida consecuente con si fe cristiana debido a que él había dejado atrás las cosas que antes consideraba importantes. El simplemente comprendió que aquellas cosas que el hombre común considera valiosas eran en realidad “BASURA”. Él lo expresó de este modo: Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y téngolo por estiércol, para ganar á Cristo” (Fil. 3:8). Aquí está la clave para poder ganar a Cristo: considerar las otras cosas que uno consideraba prioritarias o de importancia como ESTIÉRCOL. Ya el interés apremiante por tener una mansión de príncipes, joyas deslumbrantes, vestidos caros, una educación súper atómica en las más grandes universidades, un rango social alto, un puesto político en el gobierno de turno, y cosas como éstas, eran para Pablo simplemente BASURA o ESTIÉRCOL. Él sabía que estas cosas “mundanas” ahogan la Palabra de fe y debilitan la vida cristiana al punto de destruirla por completo (Mat. 13:22). Recordemos a Demas, un “creyente” y colaborador que acompañó a Pablo en sus viajes, el cual finalmente abandonó su misión por amar más el mundo. Así lo expresó Pablo con estas palabras: “porque Demas me ha desamparado, amando este mundo…” (2 Timoteo 4:10). ¿Descuidará usted al Señor volviendo al mundo como lo hizo Demas? ¡Ojalá que no!

 

Un llamado a la firmeza

 

El apóstol Pablo escribió lo siguiente: “Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin fluctuar; que fiel es el que prometió” (Heb. 10:23) “Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza” (Hebreos 3:14). Y Pedro también nos aconseja: “Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Pedro.1:10). Este es el consejo final para ustedes de parte de Pablo:No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal(Fil. 3:12-19). 

 

Recordemos, hermanos, que la firmeza que tengamos por nuestra profesión de fe es importantísima, pues si somos leales al Señor, también seremos participantes con él de su gloria venidera en el reino de justicia. Aquellos que son tibios, que tienen un pie en el mundo y el otro en el reino de Dios, serán rechazados finalmente (“Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” Apo.3:16).

 

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LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO: ¡TAREA DE TODOS LOS CREYENTES!

 

Jesús predicando. 

Por Ing° Mario A Olcese

 

“Porque no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación, al judío primeramente y luego al Griego” (Romanos 1:16)

 

La Predicación del evangelio

Se ha supuesto siempre que la tarea de evangelizar a los “paganos” recae sobre los obispos o pastores ordenados, quienes han recibido un título de los seminarios después de haber estudiado varios años teología y filosofía. En el catolicismo, por ejemplo, la separación entre el clero y los laicos ha hecho suponer a los feligreses de esta denominación que es el clero el que debe difundir la palabra y enseñarla en las iglesias, conventos, seminarios, escuelas, en los congresos y en concilios. Sin embargo, podemos demostrar con toda seguridad que esa división laico-clerical es totalmente anti escrituraria y peligrosa para los intereses del evangelio.

Para entender con claridad el tema que nos ocupa, es importante investigar qué más dicen las Escrituras sobre la tarea de la evangelización ordenada por Cristo en Marcos 16:15,16.

¿Mandó Jesús que solamente los ministros ordenados predicaran el evangelio?

Una de las primeras preguntas que debemos contestarnos es si Cristo ordenó sólo a los llamados ministros ordenados a predicar la Palabra, y no la feligresía en general como suponen muchos. Y esto es importante, porque el evangelio tiene poder para salvar, no sólo al que lo oye y recibe, sino también al que lo difunde. Esto tiene que quedar bien en claro (Romanos 1:16, 1 Cor. 9:16).

Cuando Jesús comenzó su ministerio, él reclutó a doce hombres para que lo siguieran a todas partes. Estos eran hombres de distintas profesiones y de diferentes niveles sociales y educativos. Pablo fue un fariseo y docto en la ley, pero Pedro fue un pescador, por citar dos de los apóstoles del Señor. Seguramente Pedro no era un docto de la ley como su correligionario, el apóstol Pablo, pero aún así el Señor le dijo que lo siguiera para ser “pescador de hombres”. Mientras Pablo había sido educado por Gamaliel, un erudito doctor Judío de las leyes, Pedro simplemente se dedicaba a la pesca sin tener mayor erudición escrituraria. El hecho de que Jesús los haya elegido a ambos que eran abismalmente opuestos en lo que ha educación se refiere, indica que Jesús no exigía ni pretendía que sus potenciales predicadores o seguidores fueran necesariamente teólogos egresados de universidades o de  seminarios bíblicos de renombre.

El joven que quería seguir a Jesús

Cuando el Señor Jesús caminaba en su terruño predicando el mensaje del reino, se le acercó a un joven, y a él le dice: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:59,60). En esta historia Jesús llama a un joven, de quien nada sabemos de sus antecedentes, para que le siguiera. Seguramente éste no era un docto de la ley siendo aún joven, y menos, un miembro del Sanedrín, pero aún así Jesús lo llama para que lo siga— ¿para qué?— para que anuncie el reino de Dios, que es el evangelio verdadero y único. Nótese, además, que en los versos citados arriba he subrayado tres palabras claves: Sígueme, ve, y anuncia. Esto significa que ser un seguidor de Cristo es anunciar su evangelio, el evangelio del reino de Dios.  Lo curioso del caso es que Jesús llama a este joven para que lo siga, pero vemos que enseguida le ordena a que vaya a predicar el evangelio por otros lugares. Es decir, Jesús no pretendía que el joven literalmente lo siguiera por todo su periplo evangelizador, sino que lo envía a predicar a otros lugares, alejado de su persona.  Así que un seguidor de Cristo en la Biblia no era necesariamente un apóstol de Jesucristo, sino cualquiera que predicase su evangelio cerca o lejos de él.

Lo que el libro de Hechos nos revela

El libro de los Hechos es prácticamente el libro de la historia de la primera iglesia y de sus actividades misioneras apostólicas entre los judíos y gentiles. En Hechos 8:1-4 leeremos sobre la persecución de Saulo contra la iglesia de Jerusalén, lo siguiente: Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”. Observemos que los hermanos que fueron esparcidos a causa de la persecución de Saulo iban por todas partes anunciando el evangelio”. Así que tenemos que los esparcidos iban a todas partes predicando el evangelio, y entre ellos no estaban los apóstoles por cierto (8:1), sino sólo la feligresía que logró escapar, pues un buen número de ellos fueron capturados y llevados a la cárcel (8:3). Así que no encontramos en este relato que los que predicaron el evangelio en el exilio fueron sólo los líderes de las iglesias, o los llamados “religiosos”, sino que se nos habla en forma general, de “los esparcidos”.

El Apóstol Pablo le dijo en una ocasión al joven y novato Timoteo que predicara el evangelio a tiempo y fuera de tiempo. Estas son sus palabras: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina… Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Tim. 4:2,5). Este Timoteo no era un hombre experto, sino un seguidor novato que podía ser considerado no apto para el ministerio de la predicación debido a su juventud. Esto se desprende de las siguientes palabras de Pablo: Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:12-16).

Sin duda no todos tenemos los dones para ser maestros, pero todos debemos hablar de nuestra fe a otros como embajadores del reino. Es nuestro deber dar testimonio de nuestra fe a los demás, pues de lo contrario seríamos siervos inútiles que no hacemos nuestra parte correspondiente por la difusión del evangelio.

 

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www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y español)

¡El Evangelio Prístino que ha sido Ocultado de los Potenciales Creyentes!

 

 

 

                                     Por Ing°. Mario A Olcese

 

Un Craso Olvido:

 

Millones de llamados cristianos dicen creer en el evangelio de Jesucristo, y no obstante, cuando uno les pregunta qué es eso que la Biblia llama “evangelio”, no saben qué responder. Esto resulta  sorprendente, inaudito, y trágico. Sí, en la Biblia aparece la palabra “evangelio” como algo de uso común entre los cristianos del primer siglo. Los apóstoles se encargaron de hacerlo conocer a los judíos, y más adelante los gentíles oirían de él también. Ellos se esmeraron en cumplir con la gran comisión dejada por Jesucristo antes de partir al cielo, la cual decía: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

 

Si señor, millones de cristianos dicen haber creído en el evangelio de Cristo sin saber en qué consiste éste exactamente. Me permito preguntarle: ¿Qué es para usted el evangelio de Jesucristo? ¿Lo puede probar con la Biblia? Las opiniones personales en cuestiones de fe no son seguras si no están basadas en la Biblia. Esto debe entenderlo usted muy bien, pues puede terminar desviándose de la verdad que salva (Romanos 1:16).

 

Un Evangelio Mutilado:

 

Otro grupo de cristianos, un poco más entendido, sostiene que el evangelio está definido claramente en 1 Corintios 15:1-6, donde San Pablo dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis… porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros  pecados, conforme  a las Escrituras;  y que  fue sepultado, y que  resucitó al tercer  día  según  las Escrituras ; y que apareció a Cefas,  y después a los  doce.   Después apareció a quinientos hermanos… después apareció a Jacobo;  después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi”.

 

Aquí hay una interesante definición paulina de lo que es el evangelio de Jesucristo: Que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó glorioso al tercer día, siendo visto por muchos testigos. Si, este es parte del evangelio de Jesucristo, pues no sólo Jesús anunció su muerte para la redención de los pecadores, y su resurrección gloriosa, sino también algo más antes que eso. En este punto muchos cristianos se pierden en lo etéreo.

 

El Evangelio Completo:

 

He aquí ahora la clara definición del verdadero evangelio de Jesucristo que millones aún ignoran, pero que usted ahora tiene el privilegio de conocer por primera vez en su vida. El que tiene oídos para oír, que oiga. En primer lugar, debemos comenzar diciendo que Jesús no inició su predicación anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Veamos el Evangelio de San Marcos capítulo 1 y versos 1, 14 y 15. Aquí se lee lo siguiente: Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el evangelio. 

 

Nótese que el principio del evangelio de Jesucristo no era su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, sino: ‘el Reino de Dios. Sí, Jesús trajo su evangelio, el cual comenzaba con el anuncio del reino de Dios. De modo que el reino de Dios es parte del evangelio de Jesucristo. Ahora bien, si leemos nuevamente el Evangelio de Marcos, capítulo 8 y verso 31, veremos que Jesús completa su evangelio anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. El verso dice: “Y comenzó (Jesús) a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.

 

Entonces el evangelio completo de Jesucristo—sin mutilaciones— es este: El anuncio del reino de Dios en la tierra, y la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día para asegurarnos el ingreso a dicho reino por la fe. En buena cuenta, Jesús vino a ofrecernos algo maravilloso llamado “el reino de Dios”. Pero para participar de él, uno tiene que ser redimido por la muerte de Cristo en la cruz. Y la seguridad que se tiene de que todo lo prometido por Cristo será una realidad se confirmó con su propia resurrección de entre los muertos (1 Corintios 15:12-20). Si él resucitó para recibir un reino de su Padre (Lucas 19:12), entonces también nosotros resucitaremos para recibir dicho reino de Dios cuando Cristo vuelva nuevamente a este mundo en persona (Mateo 25:31,34). En resumen: Jesús trajo el “Qué”  (la herencia del Reino de Dios) y el “Cómo” (por la fe en su muerte y resurrección al tercer día, y de lo que esto significa para todo pecador arrepentido). Entonces, el “QUÉ y el “CÓMO” constituyen el evangelio de Jesucristo. El “FIN” y el “MEDIO”.

 

La Definición Original del Evangelio del Reino de Dios:

 

En primer término, debemos de definir lo que quiere decir “evangelio”. Esta palabra viene del Griego “evangelon” que quiere decir: “Buenas Nuevas” o “Buenas Noticias”. De modo que Cristo fue el Portador de buenas noticias para un mundo sin esperanza y sin rumbo. Él predicó las buenas noticias del reino de Dios y también su muerte y resurrección al tercer día para nuestra redención, para hacer posible nuestra herencia de dicho reino.

 

Algunas religiones “cristianas” sostienen que el reino de Dios no es otra cosa que “Cristo reinando en nuestros corazones”. Otras conocidas iglesias o   denominaciones cristianas sostienen que el reino de Dios es la iglesia que Cristo fundó hace dos milenios”. No obstante, el reino de Dios no es ninguna de esas dos definiciones que se están propagando en el mundo cristiano. La Biblia enseña que un reino es un forma de gobierno como lo es el reino de Inglaterra, de España, de Jordania, etc. Este implica un rey o una monarquía, súbditos, leyes, y territorio. De modo que el reino de Dios es la monarquía de Dios, con un rey soberano, súbditos, leyes, y territorio.

 

En el Antiguo Testamento encontramos reyes y reinos. El reino de Babilonia, con su rey Nabuconodosor; el reino de Grecia, con su rey Alejandro el Grande; el reino de Persia, con su rey Ciro; el reino de Israel, con su rey David, sólo por citar los más importantes. Ahora bien, Israel tenía una monarquía real que formalmente comenzó con David. Este reino de David y de sus descendientes fue llamado: “el Reino de Dios” (1 Crónicas 28:5). Cuando David murió, su hijo Salomón lo reemplazó, y así sucesivamente, hasta que en el año 587 A.C, el rey de turno de Israel—Sedequías—fue derrocado por Nabuconodosor. Desde esa fecha, Israel no ha tenido más reyes. Pero el reino de Dios significará que Dios restaurará nuevamente la línea real de los reyes judíos en la persona de otro judío noble, descendiente de David (Ezequiel 21:25-27).

 

Sí, el reino de Yahweh (Jehová) será restaurado nuevamente en Israel a través de un descendiente de David, el rey (Hechos 1:6). ¿Quién podría ser ese personaje? La respuesta está en Mateo 1:1 que dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Aquí tenemos un hecho irrefutable, y es que Jesucristo desciende de un rey famosísimo de Israel. En buena cuenta, Jesús es de “sangre azul” y con el derecho legítimo de tomar nuevamente el territorio israelita, y el trono de su ancestro David. En efecto, en Lucas 1:31-33 leemos: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Esto es clarísimo. Cristo reinará en el trono de su padre en la carne, David. Su territorio y sus súbditos serán las naciones. Recuerde que Dios le cambió a Jacob de nombre. Ese nuevo nombre fue: Israel. Entonces Cristo reinará sobre la casa de Israel, y Jerusalén será la ciudad capital del reino de Cristo o también llamado: El Reino de Dios (Jeremías 3:17; Mateo 5:33-35). Los discípulos de Cristo sabían que su Maestro era aquel que restauraría el reino caído o suspendido del rey David. En Hechos 1:6 los discípulos le preguntaron a Jesús si ya era inminente la restauración del reino de Dios en Israel, a lo cual Jesús sólo se limitó a decirles que únicamente Dios sabía la fecha de esa crucial restauración del reino de David en Israel.

 

El Cielo no es el Destino Final de los Salvos:

 

Siendo que la promesa de Dios es la restauración del reino de Dios en la tierra en la persona del Mesías Jesús, ¿por qué los católicos y protestantes enseñan que iremos a vivir eternamente en el cielo, y que la tierra desaparecerá por completo?¿De dónde salió esa idea con respecto al cielo?  Lo cierto es que en muchos pasajes de la vida de Jesús encontramos a nuestro amado Señor prometiendo la tierra y su reino a sus seguidores (Mateo 5:3,5; 6:33). Además, será en la segunda venida de Cristo cuando la iglesia heredará las promesas del reino, y no en la hora de nuestra muerte.

 

La Tierra será como un Paraíso:

 

Es sorprendente escuchar, muy a menudo, de que el “fin del mundo está cerca en estos días. Millones viven asustados pensando en que este planeta volará en pedazos, y la sociedad humana desaparecerá por completo. Pero: ¿Es acaso ese sentir de muchos, el de Dios? ¿Creó Dios la tierra y a los hombres para que más tarde los destruya por completo?¿Tiene esto sentido? ¡Por supuesto que no lo tiene! Sin embargo, desde el mismo comienzo de la vida humana, el diablo ha pretendido estropear la creación de Dios, sembrando la mentira, el odio, la confusión, la discordia, el temor, la desconfianza, la duda, la rebelión, la contradicción, la desesperanza, etc. Sólo Satanás ha querido destruir la Creación—¡No Dios!

 

En muchísimos pasajes de la Biblia encontramos promesas muy concretas de un “mundo nuevo”, con “hombres nuevos” en armonía con Dios y Su creación. Dios ha prometido una “nueva tierra y nuevos cielos” donde morará la justicia (2 Pedro 3:13,14). Él no requiere destruir el planeta mismo para traer esa justicia añorada, sino más bien, a todos los impíos e impenitentes; a aquellos que se mofan de Dios y de Sus leyes. Esto está revelado en el Salmo 37. Allí el lector bíblico descubrirá que los justos permanecerán en la tierra, en tanto que los malvados serán erradicados de ella. Esta es la solución a todos los males de nuestra sociedad, cuando los malvados e incorregibles hayan sido exterminados por Dios mismo. Finalmente: ¿Qué culpa tiene el planeta por los pecados y maldades de los hombres? Al contrario, en Apocalipsis 11:18 se nos dice que Dios destruirá a aquellos que están destruyendo Su tierra o planeta. Para Dios, el planeta tierra es sagrado, y este es un motivo por el cual castigará a los que lo están destruyendo con su seudo ciencia. Si Dios va a castigar a los que destruyen su planeta tierra: ¿Cómo va a ser posible que Él Mismo lo destruya sin razón aparente? Quienes verdaderamente serán destruidos serán los perversos, los incorregibles, los rebeldes, los ateos, los que no se arrepintieron cuando hubo tiempo para hacerlo.

 

Cuando el diablo y sus seguidores angélicos y humanos hayan sido exterminados, entonces se hará realidad “la nueva tierra de justicia”. Habrá un ambiente de paz, seguridad, orden, obediencia y amor verdaderos. El paraíso edénico habrá vuelto a la tierra. No habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, pues las primeras cosas pasaron (Apocalipsis 21:3,4).

 

El Evangelio del Reino Será Predicado Mundialmente por Su Iglesia Leal:

 

En Mateo 24:14 Jesús revela que el verdadero evangelio que será predicado en todo el planeta tierra antes de su regreso personal, glorioso, y visible, es el Reino de Dios. Dice él así: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Este es el evangelio verdadero que también predicará la iglesia de Dios. Lamentablemente cuán poco se predica acerca del reino de Dios en las iglesias, que cuando se lo predica eventualmente, resulta en una extrañeza, y pocos entienden su significado. Otros creen que el reino de Dios es  sinónimo del cielo mismo, o de un lugar hermoso en la gloria celestial. ¡Nada más inexacto!

 

Aun las iglesias evangélicas han olvidado este evangelio del reino, y lo han cambiado por un reino en el corazón de los creyentes, dándole así un significado etéreo o alegórico. Ni el predicador de moda guatemalteco Carlos “cash money” Luna lo predica en sus disertaciones, ni Palau, ni Benny Hinn, ni Billy Graham y familia, por mencionar algunos sujetos. Pero los verdaderos cristianos de hoy saben que los primeros cristianos de los tres primeros siglos de la Era Cristiana, creyeron en un reino en la tierra liderado por Jesucristo desde la ciudad amada de Jerusalén. Basta leer los escritos de Papías, San Justino Mártir, San Ireneo, San Policarpo, y otros cristianos de los primeros siglos, para descubrir lo que creyeron sobre la vida futura. En ninguno de ellos se encuentra alguna creencia de una partida al cielo para estar con Dios a través de sus supuestas almas inmortales. Al contrario, Justino Mártir, en su “Diálogo con el Judío Trypo” ataca a los que, llamándose cristianos, enseñaban que el alma inmortal partía al cielo después de la muerte. 

 

La Creencia En el Evangelio Trae Salvación Eterna:

 

Alguno pensará que cualquier doctrina bien llevada o practicada salva. No obstante, eso no es lo que la Biblia enseña. El apóstol Pablo reconoció que el evangelio predicado por Jesucristo tenía (…y tiene) poder para salvar a todo aquel que lo cree de todo corazón. Él fue claro al decir: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

 

Muchos hoy se niegan a creer en nuestro evangelio, pues no lo pueden aceptar por la fe. Ellos creen que son cuentos o fábulas bíblicas que no tienen ninguna trascendencia o veracidad para el mundo occidental, sino sólo para los hebreos. Aun la Iglesia Católica lo ha rechazado, al inventar, vía Agustín de Hipona, un reino de corte eclesiástico. Es decir, el romanismo supone erradamente que el reino no es otra cosa que la jerarquía Católica o el Clero. ¿De dónde sacó eso “San Agustín”? No lo sabemos en realidad, pero todo parece apuntar que se originó de su imaginación. Y los evangélicos no se quedan atrás. Ellos mismos siguen predicando evangélios falsos como el de la prosperidad, o simplemente “el evangelio de Cristo” pero sin mencionar para nada el reino de Dios. Si usted es evangélico o católico pregúntese cuándo fue la última vez que escuchó un sermón u homilia sobre el Reino de Dios, y se sorprenderá que nunca casi nunca lo ha escuchado en labios de su pastor u obispo.

 

Para conocer más sobre el reino vea mi sitio web:

 

www.elevangeliodelreino.org