¿HABITA “LA PLENITUD DE LA DEIDAD” CORPORALMENTE SÓLO EN JESUCRISTO?

Esto dice Pablo a los colosenses:

Colosenses 2:9: “Porque en él habita corporalmente toda la PLENITUD DE LA DEIDAD”.

Los Trinitarios dicen que este pasaje prueba que Cristo es Dios porque en él solamente habita la plenitud de la Deidad corporalmente. ¿Pero será posible tal conclusión, o es que también pueden haber otros hombres que tienen dicha plenitud de la Deidad habitando corporalmente en ellos? Veamos…

LA PLENITUD DE LA DEIDAD HABITA EN CRISTO

La paz sea con todos.

Decir que en Cristo habita corporalmente la divinidad, no equivale a decir que él es DIOS, el texto mismo indica que en él vive corporalmente DIOS, no dice que él lo sea.

Col 2:9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,

Jesús lo pone de manifiesto claramente:

Jua 14:10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que “el Padre que mora en mí, él hace las obras”.

Lo cual es corroborado por Pedro:

Hch 2:22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

Hch 10:38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque “Dios estaba con él”.

¿De qué modo moraba el Padre en Jesús?

Juan 1:1 indica que el verbo o la palabra es DIOS, una imagen de DIOS, y es esta palabra la que moraba en Jesús.

Jua 12:49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

Jua 14:24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

El hecho indiscutible es que Jesús habló solo esas palabras y obró conforme a esa palabra por ello se puede afirmar que la palabra se hizo carne, pues en Jesús la palabra se convirtió en algo visible, un hombre obrando y hablando conforme a la palabra. Es por ello que él se convierte en el verbo de DIOS.

Lo que sale de la boca de DIOS es su palabra y esta es imagen de lo que él es, por ello se puede decir que la palabra de DIOS es DIOS, del mismo modo, Jesús al hablar la palabra de DIOS se convierte en lo que sale de su boca: la palabra de DIOS, la imagen de DIOS.

2Co 4:4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de “Cristo, el cual es la imagen de Dios”.

Col 1:15 “Él es la imagen del Dios invisible”, el primogénito de toda creación.

Además de esta palabra, en Jesús estaba la unción de DIOS con Espíritu Santo y PODER…

Hch 10:38  cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Efe 1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

Efe 1:17 que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,

Que DIOS los bendiga.

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TRES TEXTOS CITADOS POR LOS TRINITARIOS SON EXPLICADOS AQUÍ Y AHORA…¡IPSO-FACTO!

1 Juan 5:7 quia tres sunt qui testimonium dant (Y tres son los que dan testimonio)

Este versículo fue falsificado por un traductor trinitario; introduciéndolo como una glosa piadosa a copias latinas del África; que del latín se introdujeron sigilosamente en dos o tres códices griegos, y después al texto griego impreso (Una Introducción sencilla al Criticismo del Nuevo Testamento).

1 Timoteo 3:16 et manifeste magnum est pietatis sacramentum quod manifestatum est in carne iustificatum est in spiritu apparuit angelis praedicatum est gentibus creditum est in mundo adsumptum est in gloria.

En la Vulgata no aparece la palabra latina Deum (Dios) lo cual evidencia claramente que Casiodoro de Reina introdujo esta palabra en su versión para favorecer la doctrina de la Trinidad.

Casiodoro de Reina fue firmemente trinitario y, por tanto, no compartía las creencias unitarias

http://es.wikipedia.org/wiki/Casiodoro_de_Reina

Apocalipsis 1:11 dicentis quod vides scribe in libro et mitte septem ecclesiis Ephesum et Zmyrnam et Pergamum et Thyatiram et Sardis et Philadelphiam et Laodiciam (Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea).

En la vulgata latina, específicamente en este versículo, tampoco aparece la expresión:Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Estas palabras fueron añadidas en la versión valera y en la versión del Rey Jaime Pero en las versiones más antiguas no aparece y en las revisones de Biblias modernas tampoco. Incluso, tampoco aparece en la biblia de las Américas, la cual sí tiene la fórmula trinitaria en 1 Juan 5:7.

Jérónimo tradujo fielmente los tres versículos mencionados anteriormente porque no se habían adulterado aún.

JAIMITO NERD PONE EN JAQUE MATE A SU PAPITO TRINOTERCO

Jaimito, hijo mío, no te olvides de la doctrina Católica de la Santísima Trinidad, pues si te apartas de ella irás al infierno para quemarte por toda una eternidadOkey papito, pero sólo respóndeme una dudita que tengo todavía al respecto…¿Cuál es esa, Jaimito de mi corazón?Bueno viejito, si existen 3 Personas distintas en un solo Dios verdadero, las cuales son cosubstanciales y coeternas, ¿cómo explicas Mateo 12:31,32, que dice: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero. Nota, Papito, que dice que uno puede cometer cualquier blasfemia, incluso contra el Hijo de Dios y le será perdonada, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no le será perdonada…así es, Hijito, ¿y cuál es el problema?Bueno,¿pero por qué es imperdonable la blasfemia contra el Espíritu Santo y no contra el Hijo si ambos son iguales, y miembros de la Santísima Trinidad?….esteeeeeeeeee, bueno Jaimito, la Trinidad es un misterio y así debes creerla sin objetar nadaBueno veijito lindo, eso está bien para ti, pero no para mi que soy un Nerd…cuidadito Jaimito que esta semana te quedas sin propinaNo, no, viejito, por supuesto que es un santo misterio este asunto…tienes razón, amén, amén…Ah, bueno, así me gusta Jaimito que seas un devoto trinoterco….¡no me queda otra!…¿qué dijiste, Jaimito?Nada, nada, papi, sólo que ya no me queda ninguna duda …Ah, bueno, ahora sí… ¡de que yo tenía razón!..¡Ahora sí estás castigado sin propina por Uniterco!¡Esto me pasa por revisar el blog de Apologista!

¿POR QUÉ LE DICEN A JESUCRISTO, DIOS?

 

Jesucristo es llamado DIOS pues a él llegó la palabra de DIOS… DIOS le dijo que es lo que debía decir…

Jua 10:34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois. 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), 36 ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

Jua 12:49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.

Y además de eso, Dios lo envió trayendo el mensaje de salvación y DIOS lo santificó, lo ungió con espíritu Santo… también le dio PODER de DIOS… con el cual pudo hacer los milagros,lo cual significa que es el poder de DIOS actuando por medio de Jesucristo.

FINALMENTE: DIOS estaba con él… claramente se entiende que él no es DIOS, pues DIOS está con él…

Hch 10:36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan:38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Hch 2:22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis

Fuente:

http://unicodiosverdadero.blogspot.com

JESÚS COMO HIJO DE DIOS—¿IMPLICA ESTE TÍTULO, DEIDAD?

Por Anthony F. Buzzard (Unitario)

     A pesar de las declaraciones definitivas de Jesús sobre sus credos que le mostraron ser un verdadero hijo de Israel, algunos teólogos del presente día están determinados en justificar el credo muy posterior formulado en el cuarto y quinto siglos. Ellos sostienen que Jesús, después de todo, sí afirmó ser Dios porque él no negó que era el Hijo de Dios”. La ecuación repetida del “Hijo de Dios” con “Dios” en los escritos Trinitarios necesita ser examinada. 

     Klaas Runia es típico de una escuela del pensamiento contemporáneo  quien afirma que el término Hijo de Dios conduce naturalmente al dogma dogma ortodoxo de que Jesús es Dios el Hijo. No obstante, ¿qué significa en la Biblia ser Hijo de Dios?  

     Runia examina el título Hijo de Dios en su libro sobre Cristología y establece categóricamente que para los teólogos tomar el término “Hijo de Dios” en su significado del Antiguo Testamento “va en contra de lo que nos dicen los Evangelios.” El sostiene que el título “Hijo de Dios” como es usado en el Nuevo Testamento, es una clara indicación de que Jesús era una Deidad preexistente.          

      Ninguna evidencia es presentada para mostrar que el Nuevo Testamento abandona sus propias raíces en el Antiguo Testamento y atribuye al título “Hijo de Dios” un significado nunca insinuado en la Biblia Hebrea. El significado de “Hijo de Dios” del Antiguo Testamento es devastador para la causa Trinitaria. “Hijo de Dios” fue usado en varias formas—para describir a la nación de Israel, a su rey, y, en el plural, aun a los ángeles. En ninguna de estas instancias el título implica Divinidad en el sentido Trinitario. Un tratamiento mucho más sensible de esta cuestión aparece en un artículo por otro erudito bíblico, James R. Brady, quien dice:

Cuando la Escritura habla de Jesús como el Mesías, probablemente el más significante título que usaron es “Hijo de Dios.” En pasajes tales como Mateo 16:16 y 26:63 es claro que estos dos títulos—-Mesías e Hijo de Dios—se yuxtaponen (uno define al otro). El título Hijo de Dios indudablemente proviene de los textos del Antiguo Testamento tales como 2 Sam. 7:14 y Sal. 2:7, en su asociación con el rey    Davídico.

     Rumia ofrece Mar. 2:7 y Juan 5:18 como prueba de que las afirmaciones de Jesús de perdonar pecados y de que Dios era su propio Padre significan que él  se creyó ser Dios. Cuando Jesús dijo que él era el “Hijo de Dios” se  nos pide creer que él estaba afirmando ser Dios. En lugar de ponerse del lado con los hostiles Fariseos en sus precipitadas críticas a las afirmaciones de Jesús, sería sabio considerar la propia respuesta de Jesús al cargo de blasfemia. Es críticamente importante no perder de vista el uso del Antiguo Testamento del término “Hijo de Dios.” Sería fatal dejar extraer este título de su contexto bíblico y darle un significado no hallado en la Escritura. Jesús frecuentemente apeló al Antiguo Testamento para sostener su enseñanza. Esta técnica, en otra ocasión, como veremos, demuele los argumentos de los líderes religiosos Judíos, cuando ellos falsamente lo acusaron a él de usurpación de prerrogativas de Dios. Jesús protestó que ellos malinterpretaron sus propias sagradas escrituras.        

Examinemos primero ambos textos adelantados por Runia. De acuerdo a Marcos Jesús dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Algunos de los escribas dijeron para sí mismos: “Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Mar. 2:5,7). La afirmación de Jesús de que es capaz de perdonar pecados parece colocarlo a la par con Dios. A modo de clarificación y para silenciar la crítica, la cual Jesús atribuyó a la intención maliciosa, les dijo a ellos: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados—dijo al paralítico—a ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” (Mar. 2:10,11). La autoridad de perdonar pecados le había sido otorgada a Jesús como el representante de Dios. Esto no le hizo Dios, sino un ser humano investido de extraordinarios poderes como el agente legal de Dios. El punto no estaba perdido en las multitudes. Estas no creyeron que Jesús había afirmado ser Dios, sino que Dios le había dado una autoridad excepcional a un hombre. Mateo informa que “la gente al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres” (Mat. 9:8).     

Nada en el relato sugiere que las multitudes entendieron que Jesús estaba afirmando ser Dios. No hay indicación de que el monoteísmo del Antiguo Testamento estaba de alguna forma perturbado. Verdaderamente, el tema del monoteísmo del Antiguo Testamento no estaba en cuestión. Los oponentes de Jesús se ofendieron ante su afirmación de ser el agente único autorizado de Dios. Lo de él es una igualdad funcional con Dios que no tiene nada que hacer con una afirmación de ser un miembro coigual y coeterno de la Deidad. Jesús fue cuidadoso en señalar que el Hijo no puede hacer nada por si mismo (Juan 5:19). En una ocasión posterior él invistió a sus Apóstoles con el derecho de perdonar pecados—-una responsabilidad que no les incluyó en la Deidad (Juan 20:23).     

Estamos muy animados por la declaración de un distinguido profesor de Teología Sistemática del Seminario Fuller y editor general de la prestigiosa New International Dictionary of the New Testament Theology. En una iluminadora discusión de temas relacionados con la Trinidad, él dice: “El kit del asunto es cómo entendemos el término ‘Hijo de Dios’…el título Hijo de Dios no es en sí mismo una designación de Deidad personal o una expresión de distinciones metafísicas dentro de la Deidad. Verdaderamente, ser un ‘Hijo de Dios’ uno tiene que ser un ser que no es Dios! Es una designación para una criatura indicando una relación especial con Dios. En particular, denota el representante de Dios, el vice-regente de Dios. Es una designación de dignidad real, identificando al rey como el Hijo de Dios.” Los teólogos que sencillamente afirman, sin prueba, que “Hijo de Dios” significa “Dios el Hijo” están, según las declaraciones de Brown, trabajando bajo “una incomprensión sistemática del término ‘Hijo de Dios’ en la Escritura.”

LOS TRINITARIOS CUENTAN CON TAN SÓLO DOS VERSOS DE LAS ESCRITURAS PARA PROBAR LA DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO, Y AÚN ASÍ, ¡ÉSTOS NO SON DEL TODO CONTUNDENTES!

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Los Trinitarios sólo pueden apoyarse en un par de versos para probar la “deidad” del Espíritu Santo, y están en Hechos 5:3,4, que dicen: Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?  Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.

Con este pasaje los Trinitarios creen haber encontrado la única prueba de que el Espíritu Santo es Dios, porque aquí se dice que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios. Sí, mis amigos, y aunque parezca mentira, este es el único pasaje que pueden esgrimir los Trinitarios para “probar” la Deidad del Espíritu Santo, y no tienen otro, ningún otro más que mostrar. Esto es curioso para una Persona que es supuestamente considerada por los “Trinotercos” como “Dios” mismo, o  la Tercera Persona Divina de la Trinidad.

¿Pero qué leemos en esos dos versos en realidad? ¿Acaso que el Espíritu Santo es Dios? No. Simplemente se está diciendo que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios. Ahora bien, Jesús dijo en una ocasión: “El que CREE en mí, no CREE en mí, sino en el que me envió” (Juan 5:3,4). Aquí Jesús dice que aquel que cree en él, en realidad no está creyendo en él, sino en el que le envió (Su Padre).  ¿Estaba aquí Jesús diciendo que él era el Padre, el único Dios verdadero? Pues no! De igual modo, ¿estaba Pedro diciéndole a Ananías que el Espíritu Santo era la Tercera Persona de la Deidad, o que era Dios mismo? No lo creo! Creo que podemos decir también  aquí que el que miente al Espíritu Santo, no miente al Espíritu Santo en sí, sino al que le envió, que es el Padre. Y es que todos sabemos que el Espíritu Santo es DE DIOS EL PADRE, y Dios el Padre habla y obra a través de Su Espíritu. Así que si alguien rechaza el Espíritu que proviene de Dios, lógicamente está rechazando al mismo Dios que lo envió o dio.

Finalmente, reto a cualquiera que me muestre otro pasaje fuera de Hechos 5:3,4 que sirva para probar la Deidad del Espíritu Santo. No es posible que los “Trinotercos” afirmen la supuesta “deidad” del Espíritu Santo por medio de interpretar de manera antojadiza un par de versos que sólo sirven para INFERIR la Deidad del Espíritu santo.

¿ES JESÚS DIOS PORQUE EN ÉL HABITA TODA LA PLENITUD DE LA DEIDAD CORPORALMENTE?

jesusDice Colosenses 2:9, así: Porque en él (Jesús) toda la plenitud de la Deidad (Griego theotees = estado de ser Dios) vive en forma corporal”.

Algunos trinitarios ven en este pasaje la prueba contundente e irrefutable  de que Jesús es Dios, pues se argumenta que toda la plenitud de la Deidad no puede vivir en una persona que no sea Deidad.

Sin embargo, la mayoría de los no Trinitarios ven en Efesios 3:19 el texto que disipa esa noción que a nuestro juicio es errada.

Efesios 3:19, dice: “y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”. 

Si es verdad que toda la plenitud de la Deidad que mora en Jesús hace que éste sea Dios, entonces debemos concluir también que la plenitud de Dios que llena a los creyentes  los debe hacer también Dioses (Efesios 3:19). ¿Pero creerá alguno esto último? Si la respuesta es NO, ¡entonces tampoco la primera propuesta es creíble o aceptable!

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EL REGRESO DEL TEMIDO JAIMITO NERD


“…Ahora sí voy a atrapar a mi hijito Jaimito con esta tremenda prueba de la veracidad de la doctrina de la trinidad…Oye, Jaimito, ven acá un momentito, por favor, que quiero decirte algo…
sí papi, ¿qué deseas decirme?…quiero darte otra prueba de la veracidad de la doctrina de la Trinidad…¿así, papi?¿Y cuál es esa prueba que me quieres mostrar?...Bueno hijito, te quiero preguntar esto: ¿De qué está conformado el hombre?…Bueno, papi, el hombre está compuesto (según la Biblia) de cuerpo, alma y espíritu¡Muy bien contestado, Jaimito!… el hombre efectivamente está compuesto de 3 partes: Cuerpo, alma, y Espíritu…y del mismo modo, Jaimito, Dios está compuesto de 3 partes: Padre, Hijo, y Espíritu Santo…¿Te das cuenta, Jaimito, cómo queda demostrada la Trinidad?…No, papi, no me has demostrado nada en absoluto con esa analogía¿y por qué dices que no, Jaimito?…Pues muy simple, papi. Recuerda que los Trinitarios dicen que las 3 Personas son consustanciales, es decir, las tres “Personas” de la Santísima Trinidad tienen la misma sustanciaajá, ¿y?…Bueno, papi, ¿Tiene el cuerpo la misma sustancia que el alma o el espíritu… Bueno, esteeeeeeee, creo que no, hijito…y seguro tampoco el espíritu y el alma entre sí… entonces, papi, tu prueba, en lugar de probar la Trinidad, la tira abajo, y la destruye…bueno, esteeeeeeee (¡caray, ya me volvió a entrampar Jaimito!)…¿y qué me dices de los tres estados de la materia, Jaimito, es decir, sólido, líquido y gaseoso?¿No prueba este hecho que Dios también puede estar compuesto de tres Personas?…Pero papi, ¡me sorprendes! ¿Es que acaso ahora eres un Modalista y no un Trinitario?…el ejemplo de los 3 estados típicos o clásicos de la materia demuestra las tres formas o modos que se puede manifestar la materia. De manera que este último ejemplo que me presentas haría de Dios UNA PERSONA que se manifiesta de 3 modos: Padre, Hijo, y Espíritu Santo, tal como la herejía Sabeliana enseñaba…así que cuidado con esta “pruebita”, papiesteeeeee…bueno Jaimito, anda nomás que yo me voy a refrescar la cabeza con agua helada porque estoy medio atontadoanda nomás, papi, y no dejes de tomar tu pastilla para la presión que te veo medio sofocado…  (¡caracoles, ese apologista aleccionó bien a mi hijito!) …¿y ahora quién podrá ayudarme?…Yoooo, Pablito Santomauro!!!…NO, ¡MEJOR  EL CHAPULÍN APOLOGISTA!

ES JESÚS DIOS PORQUE EN ÉL HABITA TODA LA PLENITUD DE LA DEIDAD EN FORMA CORPORAL?

jesus_027Texto clave:

Colosenses 2:9

Porque en el Mesías habita toda la plenitud de la Deidad en forma corporal. (NIV)

1. La palabra “Deidad” es una traducción de la palabra griega theotés.  En A Greek English Lexicon, por Liddell y Scott, el léxico clásico del idioma griego antiguo, se traduce como “divinidad, naturaleza divina.”  Al hacer su caso, Liddell y Scott citan los autores griegos Plutarco y Luciano, y también hacen referencia a que Heliodoro y Atanasio usan la frase dia theoteta = “por razones religiosas.”  La palabra griega, que ocurre solo una vez en la Biblia, usada para tratar de construir un caso de modo que signifique “Dios” o “Deidad” (lo cual es un término oscuro en sí mismo) es muy sospechosa ciertamente.  Las normas regulares de interpretación de la Escritura dictarían que la manera en que Pablo usó theotes en Colosenses sería la misma manera en la que los Colosenses estaban acostumbrados a oírla en su cultura.  No hay ninguna razón para creer que Pablo escribió a los colosenses esperando que ellos “redefinieran” el vocabulario que estaban usando. El Mesías fue lleno de espíritu santo “sin medida,” y Elohim le dio autoridad sobre la tierra para curar, expulsar demonios, perdonar pecados, etc.  Así que, hace perfecto sentido que la Escritura diga que el Mesías tuvo la plenitud de la “naturaleza divina” habitando en él.  De hecho, lo mismo se dice acerca de cada creyente (2 Ped. 1:4). 

2. La palabra “plenitud” demuestra que el verso está hablando de algo de lo cual uno puede tener solamente una parte.  No tiene sentido hablar de la “plenitud” de algo que es indivisible.  Elohim es indivisible.  Nunca leemos acerca de “la plenitud de Elohim el Padre” porque, por definición, Elohim es siempre pleno de su propia naturaleza.  Por lo tanto, el verso no está hablando de que el Mesías sea Elohim, sino de que Elohim de alguna manera le proveyó al Mesías una “plenitud.”  Los que este verso está diciendo se hizo claro anteriormente en Colosenses: “A Elohim le plació hacer que toda su plenitud habitara en él” (Col. 1:19).  Eso es cierto.  Juan 3:34 añade una clarificación: “Porque aquel a quien Elohim ha enviado habla las palabras de Elohim, porque Elohim da el espíritu sin límite.”  

3. El hecho de que el Mesías tiene “toda la plenitud” de Elohim no lo hace ser Elohim.  Efesios 3:19 dice que los creyentes deben ser llenados de “toda la plenitud de Elohim”, y nadie creería que eso hace que cada creyente sea “Dios”.   

4. Si él fuera Elohim, no tendría sentido decir que la plenitud de Elohim habitaba en él, porque, siendo Elohim, él siempre tendría la plenitud de Elohim.  El hecho de que el Mesías podía tener la plenitud de Elohim habitando en él en realidad muestra que no era Elohim.  2 Pedro 1:4 dice que por medio de las grandes y preciosas promesas nosotros “podemos participar de la naturaleza divina.”  Tener una “naturaleza divina” no hace que seamos “Dios”, y no hizo que el Mesías fuera Elohim.  La nota sobre 2 Pedro 1:4 en la NIV Study Bible es casi correcta cuando, con referencia a la naturaleza divina, afirma: “Elohim habita en nosotros a través de Su Espíritu Santo” (nosotros diríamos “espíritu santo, con referencia al don de Elohim).  De igual modo el Mesías, quien fue lleno de espíritu santo sin límites, tuvo la plenitud de la “divinidad” habitando en él.

5. El contexto es una clave para la apropiada interpretación del verso.  Los colosenses habían perdido su enfoque en el Mesías (vea Col. 1:15-20 arriba).  Colosenses 2:8 muestra que la gente estaba en peligro de volverse a una “vana y engañosa filosofía” en lugar de estar enfocados en el Mesías.  ¿Qué podían ofrecer la filosofía y las tradiciones que no pudiera ofrecer el Mesías? El siguiente verso es un recordatorio de que no hay un lugar mejor para ir por respuestas y por verdad que el Mesías, en quien habita toda la plenitud de Elohim.  No hay nada en el contexto aquí que garantice el creer que Pablo está escribiendo acerca de la Trinidad.  Él simplemente está diciendo que si uno quiere encontrar a Elohim, mire al Mesías.  El Mesías mismo había dicho que él era “el Camino” y “la Verdad,” y que “nadie puede ir al Padre sino a través de mí.”  

Dana, Letter #23, pp. 137 and 138

Racovian Catechism, pp. 142-144

Snedeker, p. 450

“…IN THE NAME OF THE FATHER, AND THE SON, AND THE HOLY SPIRIT

4ucacuw3qrca0gbmicca0s5mh6caoz6qgwcar354ehca8sv65hcahf3ltqcad31oi5cay6tnfrca6jo6pzcaami972cam6r6bdcappk6xlca93hqeacazkbk1zcascj577

There are, among some Christians and secular scholars alike, questions regarding the authenticity regarding the reading of Mat 28:19, popularly known as the “Great Commission”. These questions have arisen due to what may be seen as contradictory evidence in both NT scripture and secular, historical sources that are currently at hand.


Historical sources:


Hebrew Gospel of Matthew:

There are 3 major biblical manuscripts of the Gospel of Matthew that are written in Hebrew:

  • the Shem Tov Matthew;
  • the DuTillet Matthew;
  • the Munster Matthew.

Some scholars have argued that these Hebrew manuscripts may have been descended (without any intervening translation) from ancient Hebrew manuscripts of Matthew, which were used by early Christians in the 1st-2nd century AD., but were nearly extinct by the time of the biblical scholar Jerome. Jerome was born around A.D. 331 and died in 420. He wrote many exegetical and controversial treatises and letters, as well as the renowned Latin Vulgate translation of the Scriptures, from which the King James Version bible was taken.

The Shem Tov Matthew is preserved within a work named Eben Bohen, which was written by a Jewish physician living in Aragon, Spain, named Shem Tov ben Isaac ben Shaprut (Ibn Shaprut), and after whom the manuscript is named. The text of Eben Bohen is preserved in a number of manuscripts, although the manuscript of Matthew that it quotes is lost, if it ever existed independently.


There are some interesting readings in this manuscript, among them
Mat 28:19-20 which simply reads: “Go and teach them to carry out all the things which I have commanded you forever.” Jerome also makes an interesting statement: “Matthew, who is also Levi…composed a gospel…in the Hebrew language and character. Furthermore, the Hebrew itself is preserved to this day in the library at Caesurae which the martyr Pamphilus so diligently collected.” Catalogue of Ecclesiastical Writers Pamphilus, presbyter of Caesarea (c. 3rd C. – martyred, 309AD.), was chief among Catholic Biblical scholars of his generation. He was the friend and teacher of Eusebius, who recorded details of his career in a three-book Vita that has been lost.


Pamphilus, not unlike the humanists of the , devoted his life to searching out and obtaining copies which he collected in the famous library that Jerome was later to use, and established a school for theological study. In the scriptorium, a necessary adjunct to all libraries of antiquity, he oversaw the production of accurate edited copies of Scripture.


The collections of the library suffered during the persecutions under the Emperor Diocletian that started in 303 AD., but was repaired subsequently by bishops of Caesarea. It was noted in the 6th century, but it probably did not long survive the capture of Caesarea by the Saracens in 638, though some historians attribute the destruction to its previous capture by the Persians.


Among the priceless lost treasures in the library, it seems from the above statement that Jerome knew of a copy of the Aramaic (so-called “Hebrew”) text of the Gospel of Matthew. Eusebius refers to the catalogue of the library that he appended to his biography on Pamphilus.


Eusebius of Caesurae: Eusebius Pamphili (c. 260—c. 340AD.) the Bishop of Caesarea and known as “the Father of Church History”, lived in times of rampant doctrinal change, was a Trinitarian, and in later life assisted in the formation of the Nicene Creed. Although he wrote prolifically, his most celebrated work is his Ecclesiastical History, a history of the Church from the apostolic period until his own time. Today it is still the principal work on the history of the Church at that time.


In about 318 AD., the theological views of Arius, a priest of Alexandria, became the subject of controversy because he taught the subordination of the Son to the Father. Eusebius was soon involved. Expelled from Alexandria for heresy, Arius sought and found sympathy at Caesarea, and, in fact, he proclaimed Eusebius as a leading supporter. Eusebius did not fully support either Arius or Alexander, bishop of Alexandria from 313 to 328, whose views appeared to tend toward Sabellianism (a heresy that taught that God was manifested in progressive modes; flesh>spirit). Eusebius wrote to Alexander, claiming that Arius had been misrepresented, and he also urged Arius to return to communion with his bishop. But events were moving fast, and at a strongly anti-Arian synod at Antioch, c. Jan. 325, Eusebius and two of his allies, Theodotus of Laodicea and Narcissus of Neronias in Cilicia, were provisionally excommunicated for Arian views.


When the Council of Nicaea, called by the Roman Emperor Constantine, met later in the year, Eusebius had to explain himself and was exonerated with the explicit approval of the emperor. In the years following the Council of Nicaea, the emperor was bent on achieving unity within the church, and so the supporters of the Nicene Creed [in its extreme form] soon found themselves forced into the position of dissidents. Eusebius took part in the expulsion of Athanasius of Alexandria (335), Marcellus of Ancyra (c. 336), and Eustathius of Antioch (c. 337).


Eusebius inherited from Pamphilus the famous Library at Caesarea, a library that was commenced by Origen (185-254 A.D.). The wording of the statement from the Catalogue of Ecclesiastical Writers by Jerome points to an original Manuscript of Matthew that was still to be seen in the Library at Caesarea. It could have meant that an early copy of Matthew’s Hebrew writing was there, but the phraseology of Jerome appeared to indicate that it was the actual Manuscript written by Matthew himself.


Eusebius quotes many verses in his writings, and
Mat 28:19 is one of them. He never quotes it as it appears today in modern Bibles, but always finishes the verse with the words “in my name”. For example, in Book 3 of his History, Chapter 5, Section 2, which is about the Jewish persecution of early Christians, we read: “But the rest of the apostles, who had been incessantly plotted against with a view to their destruction, and had been driven out of the land of Judea, went unto all nations to preach the Gospel, relying upon the power of Christ, who had said to them, ‘Go ye and make disciples of all the nations in my name’.”


Again, in his Oration in Praise of Emperor Constantine, Chapter 16, Section 8, we read: “What king or prince in any age of the world, what philosopher, legislator or prophet, in civilized or barbarous lands, has attained so great a height of excellence, I say not after death, but while living still, and full of mighty power, as to fill the ears and tongues of all mankind with the praises of his name? Surely none save our only Savior has done this, when, after his victory over death, he spoke the word to his followers, and fulfilled it by the event, saying to them, ‘Go ye and make disciples of all nations in my name’.”


Eusebius’ writings are older than any of the surviving manuscripts of
Mat 28:19 and he was a staunchly orthodox Christian, writing under the direction of Constantine. It is, therefore, easy to believe that Eusebius’ wording was closer to the original text than what we find in the entire NT since the 4th C. A.D. It is much more difficult to believe that Eusebius or someone else changed the text contrary to liturgy; rather, liturgy certainly could have exerted its influence under Constantine to change the original wording to better suit the very politically charged Nicene Creed of 325 A.D., and the liturgy that was based on that Nicene Creed.


Though readings of
Mat 28:19 have not been found in surviving ante-Nicene NT manuscripts and according to the Ante-Nicene Fathers collection of writings [all either Trinitarians or practicing Gnostics]: Ignatius (35-110 A.D.), Irenaeus (130-202 A.D.), Tertullian (155-250 A.D.), Hippolytus (170-245 A.D.), Cyprian (?-258 A.D.), and others, were already quoting the longer version of Mat 28:19 [with the Trinitarian formula] many years before Eusebius quoted a shorter version [without the Trinitarian formula]. So evidence of Eusebius writings must be cited with these in mind.


It still should be noted that the
Mat 28:19 Trinitarian formula only lists together the Father, the Son, and the Holy Spirit. It does not equate them as comprising one God as does the Nicene Creed. The doctrine of the Trinity states that the Father, Son and “Holy Spirit” together make “1 God.” This verse refers to 3, but never says they are “1”. It should be clear that 3 separate things do not make “1 God.” The scholar Morgridge writes: “No passage of Scripture asserts that God is 3. If it be asked what I intend to qualify by the numeral 3, I answer, anything which the reader pleases. There is no Scripture which asserts that God is 3 persons, 3 agents, 3 beings, 3 Gods, 3 spirits, 3 substances, 3 modes, 3 offices, 3 attributes, 3 divinities, 3 infinite minds, 3 somewhat, 3 opposites, or 3 in any sense whatever. The truth of this has been admitted by every Trinitarian whoever wrote or preached on the subject.”


James Moffett’s New Testament Translation, in a footnote on page 64 about Mat 28:19, makes this statement: “It may be that this (Trinitarian) formula, so far as the fullness of its expression is concerned, is a reflection of the (Catholic) liturgical usage established later in the primitive (Catholic) community. It will be remembered that Acts speaks of baptizing ‘in the name of Jesus’, cf.
Acts 1:5.”


The Bible Commentary 1919 page 723, Dr. Peake makes it clear that: “The command to baptize into the threefold name is a late doctrinal expansion. Instead of the words baptizing them in the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Ghost we should probably read simply-‘into my name’.”

 

NT Sources


If
Mat 28:19 is accurate as it stands in modern versions, then there is no explanation for the apparent disobedience of the apostles, since there is not a single occurrence of them baptizing anyone according to that formula. All the records in the NT show that people were baptized “into the name” of the Lord Jesus, just as the text Eusebius was quoting said to do. In other words, the “name of Jesus Christ,” i.e., all that he represents, is the element, or substance, into which people were figuratively “baptized”: “Peter replied, ‘Repent and be baptized, every one of you, in the name of Jesus Christ for the forgiveness of your sins’” Acts 2:38 “They had simply been baptized into the name of the Lord Jesus” Acts 8:16 “So he ordered that they be baptized in the name of Jesus Christ” Acts 10:48 “On hearing this, they were baptized into the name of the Lord Jesus” Acts 19:5


We cannot imagine any reason for the Apostles and others in Acts to disobey a command of the risen Christ. It seems clear from these verses that Christ said to baptize in his name only, and that was what the early Church did.


Also, it is sometimes stated that in order to be baptized into something, that something has to be God, but that reasoning is false, because Scripture states that the Israelites were “baptized into Moses” (
1 Cor. 10:2).


“In the name of”: It is sometimes stated that the Father, Son and spirit have 1 “name,” so they must be 1. It is a basic tenet of Trinitarian doctrine not to “confound the persons” (Athanasian Creed), and it does indeed confound the persons to call all 3 by 1 “name”, especially since no such “name” is ever given in Scripture (“God” is not a name). If the verse were teaching Trinitarian doctrine and mentioned the 3 “persons,” then it should use the word “names”. There is a much better explanation for why “name” is used in the singular.


A study of the culture and language shows that the word “name” stood for “authority.” Examples are very numerous, but space allows only a small selection.
Deu 18:5, 7 speak of serving in the “name” (authority) of the Lord. Deu 18:22 speaks of prophesying in the “name” (authority) of the Lord. In 1 Sam 17:45, David attacked Goliath in the “name” (authority) of the Lord, and he blessed the people in the “name” (authority) of the Lord. In 2 K 2:24, Elisha cursed troublemakers in the “name” (authority) of the Lord. These scriptures are only a small sample, but they are very clear. If the modern versions of Mat 28:19 are correct, then we would still not see this verse as proving the Trinity. Rather, they would be showing the importance of the 3: the Father who is God, the Son (who was given authority by God; Mat 28:18) and the Holy Spirit, which is the gift of God.


Internal Evidence


“Prove all things; hold fast that which is good.”
1 Thess 5:21 In this verse, the Greek word translated as “prove” is dokimazo, and it means: “to test, examine, prove, scrutinize (to see whether a thing is genuine or not), to recognize as genuine after examination, to approve, deem worthy.”


In our efforts to determine which reading of
Mat 28:19 is original, we will submit both renderings to 10 “tests”. In doing so, we hope to be able to recognize the genuine, and expose the spurious.


1. The Test of Context:


When examining the context, we find that today’s Trinitarian wording lacks logical syntax, that is, the true understanding of the verse is obscured by a failure of the varying concepts to harmonize. If, however, we read as follows, the whole context fits together and the progression of the instructions is comprehensible:


All power is given unto me…go therefore…make disciples in my name, teaching them…whatsoever I have commanded …I am with you… (
Mat 28:18-20)


2. The Test of Frequency:


Is the phrase “in the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit” used elsewhere in scripture? Not once.


Did Jesus use the phrase “in my name” on other occasions? Yes, 17 times to be exact, examples are found in
Mat 18:20; Mar 9:37, 39, 41; 16:17; John 14:14, 26; 15:16 & 16:23.


3. The Test of Doctrine:


Is any doctrine or concept of scripture based on an understanding of a threefold name, or of baptism in the threefold name? None whatsoever; is any statement in scripture based on baptism in the name of Jesus? Yes! This is clarified in
1 Cor 1:13:


“Is Christ divided? Was Paul crucified for you? Or were ye baptized in the name of Paul?”


These words, when carefully analyzed, suggest that believers should be baptized in the name of the one who was crucified for them. The Father, in His unfathomable love, gave us His only Son to die in our stead, Jesus later raised to incorruptibility by the Spirit of God. But it is the Lord Jesus himself who was crucified, and therefore in his name believers must be baptized in water.


The Father did not die, nor the Holy Spirit. Scriptures says we have been “buried with him (Jesus) in baptism”. Not with the Father, the Son, and the Holy Spirit (
Rom 6:3-5). According to Mat 28:19 there are 3 names under heaven whereby we must be saved, in opposition to the apostolic declaration that:


“There is no other name (than the name of Jesus Christ of Nazareth) under heaven given among men whereby we must be saved.’
Acts 4:12; cp. Rom 10:9


This, of course, is the same reasoning offered by Paul. Were ye baptized in the name of Paul? Or in the name of the Father, Son, and Holy Spirit, or in any other name that replaces Christ from His position as the sacrificial Lamb and the only name given to us for salvation?


4. The Test of Analogy:


Does any other scripture make reference to baptism in the Triune name? No. Does any other scripture reference baptism in the name of Jesus? Yes! The Father baptized the disciples with the gift of the Holy Spirit, a promise that came according to Jesus “in his name” (
John 14:26). This is because Jesus is the “common denominator” [literally: name] in both water baptism and baptism of the Holy Spirit, as made apparent by the following scriptures:


“Nevertheless I tell you the truth; it is expedient for you that I go away: for if I go not away, the Comforter will not come unto you; but if I depart, I will send him unto you.”
John 16:7

 

“But the Comforter, which is the Holy Ghost, whom the Father will send in my name, he shall teach you all things, and bring all things to your remembrance, whatsoever I have said unto you.” John 14:26; cf. John 7:39

 

“But when they believed Philip preaching the things concerning the kingdom of God, and the name of Jesus Christ, they were baptized, both men and women.” Acts 8:12


Notice that they were baptized as a result of the preaching of the name of Jesus Christ, not the titles “Father, Son and Holy Ghost.” By analogy, we should therefore be baptized in Jesus’ name, because the invoking of his name is the catalyst of understanding that prepares us for the baptism of the Spirit, which is also given in his name. (
Acts 2:38-39, 19:1-5; John 3:3-5)


5. The Test of Consequence:


When we are baptized, do we “put on” the name of the Father, Son and Holy Ghost? No. Do we put on the name of Jesus? Yes. When we are baptized in the name of Jesus Christ, according to all baptismal accounts recorded in scripture, we are quite literally being baptized “into” the name of Jesus Christ.


“For as many of you as have been baptized into Christ have put on Christ.”
Gal 3:27
No mention is made in scripture of any baptism being related to the titles of Father, Son and Holy Ghost. Every actual account mentions a clear connection with the person of Christ, and his atoning sacrifice.


6. The Test of Practice:


Did the disciples, as they were implementing the “Great Commission”, ever once baptize into the Trinity? Never! Did they baptize in the name of Jesus? Always! (
Acts 2:38; 8:16; 10:48; 19:5, etc.) The argument has been made when defending Triune immersion; “I would rather obey Jesus, than to imitate the Apostles.” This kind of reasoning places the Apostles in rebellion, and makes all apostolic baptisms contrary to the word of God.


If all of God’s Word was inspired, and it was, then we should not try to pit one verse against another, but rather seek to reconcile all of God’s Word in proper context, and rightly apply it to our lives.


It is easier to believe that the disciples followed the final instructions of Christ, than to believe that they immediately disobeyed his command.


7. The Test of Significance:


What significance is mentioned in scripture for baptizing believers in the name of the Father, Son and Holy Ghost? None; what significance is conveyed toward being baptized in the name of Jesus? First, scripture teaches that baptism in the name of Jesus is an act of repentance leading to the forgiveness of sins (
Acts 2:38). Second, baptism in his name alone is associated with the promise of God’s Holy Spirit (Acts 2:38, 19:1-5). Third, baptism in the name of Jesus is compared to our personal willingness to be living sacrifices or even die with Christ. (Rom 6:1-4; Col 2:12). Fourth, being baptized into Christ is how we “put on” Christ (Gal 3:27). Fifth, baptism in his name is called the “circumcision of Christ,” and reflects our “putting off” the man of sin, therefore becoming a “new creature in Christ Jesus” (Col 2:11-12; 2 Cor 5:17).


Baptism in the name of Jesus expresses faith in the physical life of Jesus, the crucifixion of the Son of God for our sins, and the remission of sins through his name. Trinitarian baptism seems to express faith in Catholic theology itself.


8. The Test of Parallel Accounts:


Mat 28 is not the sole record in the gospels of the “Great Commission” of the Church. Luke also recorded this event in great detail. In
Lu 24:46-47, he wrote of Jesus speaking in the third person:


“And that repentance and remission of sins should be preached in his name among all nations.”


This passage alone establishes wording that seems to contradict Mat 28:19, where Jesus spoke in the first person, “in my name”. Further, the Gospel of Mark also records another version of the “Great Commission,” using some of the same patterns of speech:


“Go ye…all the world…preach the gospel…every creature …baptized…in my name…”
Mar 16:15-18


Of course, it is not baptism that “in my name” refers to here, but rather the works that the disciples would do. Yet compared to Matthew, the similarity is striking, for neither is baptism explicitly mentioned there, but that disciples should be made “in my name.”


9. The Test of Complimentary Citation:


While there is no text that offers a complimentary citation of Trinitarian baptism, there is a striking resemblance between the actual wording of Mat 28:18-20 and
Rom 1:4-5.


Matthew contains the Commission of Christ to his Apostles, while the Romans account is Paul’s acceptance of his own commission as an apostle.


10. The Test of Principle:


It is written:


“Whatsoever ye do in word or deed, do all in the name of the Lord Jesus…”
Col 3:17


In this principle laid down by Paul, the implication is clear. The word “whatsoever” would of certain necessity include baptism, which is a command involving both word and deed. The traditional wording of Matthew, containing the Trinitarian wording, is clearly not in accordance with the above principle. The shorter wording, without the falsified insertion, follows this principle. This establishes which of the two wordings the contradictory one is. God’s Word does not contradict itself; rather it compliments and completes itself. Paul not only expressed this principle, but he applied it specifically to the topic of baptism.


In
Acts 19:1-6 there is an account concerning the disciples of John who had been baptized under his ministry. Like baptism in Jesus’ name, John’s baptism was one of repentance for the remission of sins (Mar 1:4; Acts 2:38). John’s message, which accompanied his baptism, was that one would come after him, who would “take away the sins of the world” and “baptize with the Holy Spirit.” Paul introduced these disciples to that one person, and applying the above principle re-baptized them:


“When they heard this, they were baptized into the name of the Lord Jesus. And when Paul laid his hands upon them, the Holy Spirit came upon them…”


And so, applying the test of principle to our two readings in
Mat 28:19, we find very strong support for the phrase “in my name”.

¿PUEDE ALGUIEN ENCONTRAR LA TRINIDAD EN LA BIBLIA?

lupa

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Si hay algo que no encontraremos en las Escrituras es a un Dios Trino tal como la cristiandad cree y enseña sin mayor evidencia. No hay ningún texto en las Escrituras que diga que Dios está compuesto de tres personas distintas, Todopoderosas, coeternas y co-sustanciales. Esto no es sorprendente, ya que Dios desde un comienzo se reveló a Su pueblo como un Dios único, sin ninguno como Él (Sal. 83:18). En realidad La Shema de Israel no admite una pluralidad de personas dentro de la Deidad. Su declaración central: “Oye, Israel, El Señor nuestro Dios, El Señor, uno es” difícilmente podría interpretarse de la forma cómo lo hacen los trinitarios, afirmando que uno significa una “unidad compuesta”, pues claramente “Señor”, “Uno”, y “Dios” están en singular (Deut. 6:4).

Además, tres personas distintas en la Deidad supondrían tres voluntades independientes que podrían no converger necesariamente en una. Sin embargo, siendo que Jesús somete su voluntad a la del Padre, esto por si sólo ya prueba que Jesús está sujeto al Padre, y automáticamente se ubica en una posición de subordinación y sumisión. Lo curioso del caso es que en ninguna parte de las Escrituras el Espíritu Santo subordina su voluntad a la del Padre, un detalle que por sí solo nos induciría a pensar que no es una persona con voluntad propia como sí lo es el Hijo.

Los Trinitarios tienen serias dificultades para probar la doctrina de la Trinidad porque no hay ningún texto que hable de un Dios Trino, y menos, que diga que Dios está compuesto por el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Sostener la Trinidad citando Mateo 28:19 es ir más allá de lo que el texto nos dice. Pero reflexionemos por un instante en este texto en cuestión: ¿Realmente este texto de Mateo 28:19 nos dice que Padre, Hijo, y Espíritu Santo son tres personas distintas que hacen un solo Dios? ¡No! ¡Eso está sólo en las mentes de los católicos y  “evangelicatólicos”, por igual.

Por allí hay otros detractores que citan el pasaje de Isaías 6:3 dónde los ángeles del cielo llaman a Yahweh “Santo, Santo, Santo”. Ajá, exclaman…¡aquí está la prueba del Dios Trino porque aquí se dice que Yahweh es tres veces santo! ¿Pero es válida esa conclusión? ¿Podría alguien afirmar una doctrina Trinitaria simplemente porque acá a Yahweh se le santifica tres veces? ¡Por favor! Ahora bien, en Apocalipsis también leemos de un trío de ayes para los moradores de la tierra (Apocalipsis 8:13). ¿Significa esto que los moradores de la tierra están compuestos por tres personas distintas en un solo hombre? ¿Por qué son tres ayes y no dos o cuatro?

Por allí también aparecen otros Trinitarios que se aferran a la Trinidad argumentando que el Padre y el Hijo son uno. Pero en Juan 10:30 Jesús simplemente dice que Su Padre y él son uno, sin mencionar para nada el Espíritu Santo. Estas personas simples y prejuiciadas no entienden que también el esposo y su esposa son UNO, y no obstante eso no implica que sean iguales, de la misma edad, poder y autoridad, pues ya sabemos que la cabeza de la mujer es siempre el hombre, así como Dios siempre lo será de Cristo.  Pero a pesar de esta reflexión lógica, muchos “trinotercos” aún se apoyarán a Juan 10:30 para decirnos: “Miren: ¡Aquí está la prueba de la Trinidad!” …¡Mentira!

También recibo emails de gente que me dice que Jesús es Dios porque su nombre “Emmanuel” quiere decir: “Dios con nosotros”. Esta cándida argumentación se responde diciendo que “Eliú”, el personaje sacado del libro de Job, y supuesto amigo del fiel atribulado, quiere decir, “Dios es él”. ¿Acaso alguno pensaría que Eliú era Dios mismo porque su nombre significa precisamente “Dios es él”? (Job. 32:2-37:24). ¡Vamos, Trinitarios, usen la sustancia gris!

Es sabido que hay varios textos que han sido trastocados o interpolados en las Escrituras canónicas por partidarios del Trinitarismo, como son Tito 2:13, 1 Timoteo 3:16; 1 Juan 5:7; Romanos 9:5, y otros más, para así poder apoyar su doctrina pagana que no logran descubrir directamente y claramente en las Escrituras. Los llamados eruditos bíblicos trinitarios sólo se limitan a filosofar intrincadamente y a especular la Trinidad con explicaciones o definiciones incomprensibles e insondables que ni ellos mismos las pueden entender. Realmente he llegado a la conclusión de que casi todos los textos citados por los Trinitarios para sustentar su dogma católico de la Trinidad, sencillamente no prueban nada, y los pocos contados con los dedos que podrían “probar” algo como Juan 1:1, 1 Tim. 3:16, Romanos 9:5, y algunos otros más por allí, tampoco son convincentes y poderosos para cambiar nuestra postura unitaria.

La doctrina de la Trinidad “cristiana” prácticamente es una herencia de la “trinidad” de Platón, y además, adopta los términos y conceptos de Heráclito, Filón y otros. La influencia del Helenismo dentro de la iglesia cristiana se consolida con los Gnósticos, quienes también presentan a un Cristo divinizado, fantasmal, y por lo tanto, no humano.

El trinitarismo usa términos Griegos como HOMOIOUSIOS, HIPÓSTASIS, KÉNOSIS, PRÓSOPON, EKPOREUSIS, EK, ARKÉ, etc, para poder dar forma a la Trinidad, pero para los indoctos en el Griego, éstas y otras expresiones usadas por los eruditos Trinitarios resultan ser un dolor de cabeza, pues no les ayudan en absoluto a entender plenamente al Dios único. Nos parece muy extraño que Dios haya querido revelarse a los hombres a través de Su Hijo Unigénito, esperando supuestamente que acepten sin titubear Su Deidad Trina, y sabiendo  de antemano que a muchos potenciales creyentes simplemente se le haría difícil entenderla y aceptarla. Definitivamente nadie puede creer en algo que no entiende y que es presentado simplemente como: “el misterio de la Trinidad”.  Yo creo definitivamente que ningún misterio jamás podrá ser aceptado o creído sin vacilación.

Todo parece indicar que pocos Trinitarios están dispuestos a creerle a Jesús cuando dijo que Su Padre es mayor que él y que todos. He aquí sus palabras:

 Juan 10:29: Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”.

Juan 14:28: “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo”. 

Si un individuo es mayor que otro, entonces es claro que ambos no pueden tener la misma edad. Si nuestro Señor Jesucristo dice que su Padre es mayor que él, lo que está diciendo es que el Padre es mayor en tiempo y en rango. El Padre definitivamente es anterior al Hijo, pues éste es engendrado por aquel en algún momento del tiempo. Pero los Trinitarios insisten sin razón alguna que el Hijo tiene la misma edad que Su Padre, es decir, que ambos son eternos (sin principio ni fin de días). Esto, por si solo, resquebraja el concepto natural del vocablo ‘hijo’, que es alguien que procede del Padre.

Algunos han sugerido que en Juan 14:28 Jesús hablaba como hombre, y como tal, era inferior a Dios. Sin embargo, ¿no se supone que todo hombre es inferior a Dios, el Creador? Entonces me vuelvo a preguntar: ¿Qué de nuevo nos estaría revelando Jesús con sus palabras? ¡Nada!…¡salvo, claro, que nos estuviera diciendo que Su Padre es siempre superior a él en rango y en tiempo de existencia! En buena cuenta, Dios el Padre es eterno, y Su Hijo no.

En otra ocasión alguien se dirigió a Jesús llamándole “Maestro bueno”, a lo que él respondió sin tapujos: “¿Por qué me llamáis bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18). Los Trinitarios hacen oídos sordos a estas palabras de Jesús porque él mismo Jesús aquí está negando implícitamente ser el único Dios. De haberlo sido, él no se hubiera quejado de que lo llamen así, porque aquel hombre habría dicho una verdad.

Es cierto, sin embargo, que Jesús le dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” en Juan 14:9, y muchos han creído que aquí Jesús  está diciendo que el Padre y él son la misma persona. ¿Pero puede Jesús ser el Hijo y el Padre al mismo tiempo? Es decir, ¿Puede el Hijo ser el mismo Padre? Definitivamente No! En la Biblia el Padre y el Hijo son dos seres distintos y separados, y como ya vimos, uno es mayor que el otro.  No obstante, el Hijo puede ser la viva imagen de Su Padre en lo que respecta a la voluntad, valores, y aspiraciones compartidas entre ambos. Es decir, Jesús reflejó el carácter y la voluntad de Su Padre mientras anduvo por este mundo hace dos milenios. E incluso hoy, muchos jóvenes son el vivo reflejo de sus padres, no en el aspecto físico necesariamente, sino en lo que respecta a sus valores y aspiraciones personas.

Se ha dicho que sólo Dios puede perdonar pecados, y que si Cristo perdonó pecados, entonces él debe ser Dios. No obstante, muchos cristianos parecen haber olvidado que Cristo recibió toda autoridad del Padre, incluso para perdonar pecados (Mateo 28:18). Así como Dios el Padre es el Juez Soberano de todos los vivientes (Heb. 12:23), Él ha conferido a Su Hijo con autoridad para ejercer de juez de vivos y muertos en el día de las cuentas (Hechos 10:42, Juan 5:27). Esto no significa que Jesús es el Padre Yahweh (Dios), sino que Él ejerce una función propia de Dios por encargo Suyo. Entonces, si interpretamos con coherencia las Escrituras, creemos que muchos de los textos presentados por amigos  trinitarios y binitarios se tornarán automáticamente en ineficaces.

Necesitamos volvernos como niños para entender las cosas de Dios. Y es justamente a los niños a quienes el Señor ha revelado verdades que se les ha ocultado a los sabios y entendidos de este mundo (Ver Lucas 10:21:Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”). Y seguramente la doctrina de la Trinidad no sería una de esas complicadas doctrinas que el Señor hubiera revelado a los niños, los cuales, aunque puros e inocentes de mente y de cuerpo, serían incapaces de entender.

JESÚS COMO HIJO DE DIOS—¿IMPLICA ESTE TÍTULO DEIDAD?

 

 

Por Anthony F. Buzzard (Unitario)

 

     A pesar de las declaraciones definitivas de Jesús sobre sus credos que le mostraron ser un verdadero hijo de Israel, algunos teólogos del presente día están determinados en justificar el credo muy posterior formulado en el cuarto y quinto siglos. Ellos sostienen que Jesús, después de todo, sí afirmó ser Dios porque él no negó que era el Hijo de Dios”. La ecuación repetida del “Hijo de Dios” con “Dios” en los escritos Trinitarios necesita ser examinada.

 

     Klaas Runia es típico de una escuela del pensamiento contemporáneo  quien afirma que el término Hijo de Dios conduce naturalmente al dogma dogma ortodoxo de que Jesús es Dios el Hijo. No obstante, ¿qué significa en la Biblia ser Hijo de Dios?  

 

     Runia examina el título Hijo de Dios en su libro sobre Cristología y establece categóricamente que para los teólogos tomar el término “Hijo de Dios” en su significado del Antiguo Testamento “va en contra de lo que nos dicen los Evangelios.” El sostiene que el título “Hijo de Dios” como es usado en el Nuevo Testamento, es una clara indicación de que Jesús era una Deidad preexistente.          

 

      Ninguna evidencia es presentada para mostrar que el Nuevo Testamento abandona sus propias raíces en el Antiguo Testamento y atribuye al título “Hijo de Dios” un significado nunca insinuado en la Biblia Hebrea. El significado de “Hijo de Dios” del Antiguo Testamento es devastador para la causa Trinitaria. “Hijo de Dios” fue usado en varias formas—para describir a la nación de Israel, a su rey, y, en el plural, aun a los ángeles. En ninguna de estas instancias el título implica Divinidad en el sentido Trinitario. Un tratamiento mucho más sensible de esta cuestión aparece en un artículo por otro erudito bíblico, James R. Brady, quien dice:

 

Cuando la Escritura habla de Jesús como el Mesías, probablemente el más significante título que usaron es “Hijo de Dios.” En pasajes tales como Mateo 16:16 y 26:63 es claro que estos dos títulos—-Mesías e Hijo de Dios—se yuxtaponen (uno define al otro). El título Hijo de Dios indudablemente proviene de los textos del Antiguo Testamento tales como 2 Sam. 7:14 y Sal. 2:7, en su asociación con el rey    Davídico.

 

     Rumia ofrece Mar. 2:7 y Juan 5:18 como prueba de que las afirmaciones de Jesús de perdonar pecados y de que Dios era su propio Padre significan que él  se creyó ser Dios. Cuando Jesús dijo que él era el “Hijo de Dios” se  nos pide creer que él estaba afirmando ser Dios. En lugar de ponerse del lado con los hostiles Fariseos en sus precipitadas críticas a las afirmaciones de Jesús, sería sabio considerar la propia respuesta de Jesús al cargo de blasfemia.

 

Es críticamente importante no perder de vista el uso del Antiguo Testamento del término “Hijo de Dios.” Sería fatal dejar extraer este título de su contexto bíblico y darle un significado no hallado en la Escritura. Jesús frecuentemente apeló al Antiguo Testamento para sostener su enseñanza. Esta técnica, en otra ocasión, como veremos, demuele los argumentos de los líderes religiosos Judíos, cuando ellos falsamente lo acusaron a él de usurpación de prerrogativas de Dios. Jesús protestó que ellos malinterpretaron sus propias sagradas escrituras.

 

       Examinemos primero ambos textos adelantados por Runia. De acuerdo a Marcos Jesús dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Algunos de los escribas dijeron para sí mismos: “Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Mar. 2:5,7). La afirmación de Jesús de que es capaz de perdonar pecados parece colocarlo a la par con Dios. A modo de clarificación y para silenciar la crítica, la cual Jesús atribuyó a la intención maliciosa, les dijo a ellos: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados—dijo al paralítico—a ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” (Mar. 2:10,11). La autoridad de perdonar pecados le había sido otorgada a Jesús como el representante de Dios. Esto no le hizo Dios, sino un ser humano investido de extraordinarios poderes como el agente legal de Dios. El punto no estaba perdido en las multitudes. Estas no creyeron que Jesús había afirmado ser Dios, sino que Dios le había dado una autoridad excepcional a un hombre. Mateo informa que “la gente al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres” (Mat. 9:8).

 

     Nada en el relato sugiere que las multitudes entendieron que Jesús estaba afirmando ser Dios. No hay indicación de que el monoteísmo del Antiguo Testamento estaba de alguna forma perturbado. Verdaderamente, el tema del monoteísmo del Antiguo Testamento no estaba en cuestión. Los oponentes de Jesús se ofendieron ante su afirmación de ser el agente único autorizado de Dios. Lo de él es una igualdad funcional con Dios que no tiene nada que hacer con una afirmación de ser un miembro coigual y coeterno de la Deidad. Jesús fue cuidadoso en señalar que el Hijo no puede hacer nada por si mismo (Juan 5:19). En una ocasión posterior él invistió a sus Apóstoles con el derecho de perdonar pecados—-una responsabilidad que no les incluyó en la Deidad (Juan 20:23).

 

     Estamos muy animados por la declaración de un distinguido profesor de Teología Sistemática del Seminario Fuller y editor general de la prestigiosa New International Dictionary of the New Testament Theology. En una iluminadora discusión de temas relacionados con la Trinidad, él dice: “El kit del asunto es cómo entendemos el término ‘Hijo de Dios’…el título Hijo de Dios no es en sí mismo una designación de Deidad personal o una expresión de distinciones metafísicas dentro de la Deidad. Verdaderamente, ser un ‘Hijo de Dios’ uno tiene que ser un ser que no es Dios! Es una designación para una criatura indicando una relación especial con Dios. En particular, denota el representante de Dios, el vice-regente de Dios. Es una designación de dignidad real, identificando al rey como el Hijo de Dios.” Los teólogos que sencillamente afirman, sin prueba, que “Hijo de Dios” significa “Dios el Hijo” están, según las declaraciones de Brown, trabajando bajo “una incomprensión sistemática del término ‘Hijo de Dios’ en la Escritura.”

www.yeshuahamashiaj.org

www.elevangeliodelreino.org

JESÚS: ¿DIOS EL HIJO, O EL HIJO DE DIOS?

 

¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA ACERCA DE LA DEIDAD?

 

 

Jesús es Único

 

No hay duda alguna de que el Nuevo Testamento presenta a Jesucristo como una personalidad excepcional. Él da evidencia impresionante de poderes extraordinarios en los milagros que realiza; él hace las observaciones más penetrantes acerca de la vida humana, la fe, y la verdadera adoración a Dios; y sus afirmaciones referentes a sí mismo, como la única fuente de vida venidera, son tales que nadie más se atrevería a hacer. Sus apóstoles dicen de él, después de su ascensión, que fue exaltado a todo poder y autoridad a la diestra de Dios. Y su propia evaluación de la vital trascendencia de su persona se resume como sigue:

 

“Y esta es la vida eterna, que [los seres humanos] te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

 

Claramente, si hemos de tener alguna esperanza de vida venidera, necesitamos saber la verdad acerca de la persona y trascendencia de Jesucristo.

 

El Punto de Vista Popular

 

Ahora bien, la mayoría de aquellos que tienen alguna idea acerca de Jesús, piensan en él como parte de la Deidad; como Dios el Hijo, que existió en el cielo desde el principio del tiempo con Dios el Padre, igual en poder y autoridad que él, pero descendió a la tierra para nacer, como un bebé humano, de una doncella israelita conocida como la Virgen María; luego muere en la cruz como una señal del amor de Dios por el género humano, antes de regresar al cielo a reasumir su anterior exaltada posición. En vista de que el Espíritu Santo también es considerado como parte de la Deidad, esto es el Dios “Tres y Uno” (o Uno en Tres), según se describe en la Doctrina de la Trinidad. Los teólogos eruditos que defienden esta doctrina, entienden la relación entre las tres Personas–Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo–de una manera muy sutil, y la mayoría de aquellos que la aceptan de un modo un tanto vago, la entienden de una forma mucho más elemental.

 

Muchas personas religiosas sinceras sostienen la creencia de que “Jesús es Dios” más bien por razones emocionales. Cualquiera que no acepte ciegamente esta fórmula, se le considera de inmediato como “hereje” y “anticristiano”. Este breve folleto es un ruego para que un examen cordial y sincero de este importantísimo tema. El autor, y todos aquellos que comparten sus opiniones, desean recalcar con toda la vehemencia posible, que creemos que Jesús fue, y es, literalmente el Hijo de Dios. No somos ‘unitarios’, como aquellos que piensan que Jesús no es más que un hombre muy superior; ni somos ‘adopcionistas’, como los que sostienen que Dios “adoptó” a Jesús como su Hijo espiritual.

 

Nosotros creemos que Jesús fue “el Hijo unigénito de Dios” de la manera en que lo describen las Escrituras.

 

No está en la Biblia

 

Ahora bien, es un hecho notable que las ideas contenidas en la doctrina de la Trinidad no se hallen en la Biblia. Este no es un descubrimiento nuevo. Se conoce desde hace muchísimo tiempo, desde el siglo 4º  de nuestra era. Teólogos más recientes lo han dicho claramente. Por ejemplo, el teólogo anglicano J. H. Newman, quien se unió a la Iglesia de Roma en 1845, escribió:

 

“… las doctrinas [es decir, las referentes al Padre, Hijo y Espíritu Santo] nunca se han tomado tan sólo de la Escritura” (The Arians of the 4th Century, [Los Arrianos del Siglo Cuarto], pág. 50).

 

El Dr. W. R. Matthews, quien fuera por muchos años el Decano de la Basílica de San Pablo, en Londres, fue más enfático:

 

“… la doctrina de la Trinidad… no formaba parte del mensaje original. San Pablo no la conocía, y y no habría podido entender el significado de los términos que se usan en la fórmula teológica con la cual concordó la Iglesia finalmente” (God in Christian Thought and Experience [Dios en el Pensamiento y Creencia Cristiana], pág. 180).

 

Muchos sinceros admiradores de Cristo bien pueden sentirse incomodados ante esta directa afirmación de que su gran apóstol Pablo no sabía nada acerca de la doctrina de la Trinidad.

 

¿Cómo surgió, entonces?

 

Para contestar esta pregunta necesitamos saber cuándo surgió. La respuesta es: no hasta 300-400 años después de los días de Jesús y sus apóstoles. Es un hecho notable que los “primeros Padres de la Iglesia” – los teólogos que escribieron en el período 100-300 de nuestra era – no tenían conocimiento alguno de ella, y frecuentemente dieron opiniones que la contradicen. Para la mayoría de ellos no existía la idea de que Jesús es “co-igual  y co-eterno con el Padre”.  Él estaba subordinado a Dios su Padre, y se le consideraba como un “ser creado”. Las enseñanzas que ahora componen la doctrina de la Trinidad fueron las decisiones varios Concilios Generales de la Iglesia. Estos son los más importantes:

 

325 de nuestra era    Primer Concilio General en Nicea, declaró que el Hijo era desde el principio de la misma naturaleza que el Padre.

 

325 de nuestra era – Segundo Concilio General en Constantinopla, declaró que el Espíritu Santo había de ser adorado tal como al Padre y al Hijo.

 

431 de nuestra era – Tercer Concilio General en Éfeso, decretó que Jesús tenía dos naturalezas, una humana y una divina; también que María era la “madre de Dios”, en oposición a aquellos que mantenían que ella era la “madre de Cristo”.

 

451 de nuestra era – Quinto Concilio General en Calcedonia, decretó que las dos naturalezas en Cristo constituían una sola Persona y una sola voluntad.

 

La progresiva formulación de la doctrina de la Trinidad durante un considerable período de tiempo se muestra claramente cuando se comparan los principales credos de la Iglesia:

 

El Credo de los Apóstoles, ciertamente uno de los primeros credos, aunque su fecha exacta se desconoce, expresa la relación entre Cristo y Dios de esta manera:

 

“… Dios el Padre Todopoderoso… Jesucristo su único Hijo… concebido por el Espíritu Santo, nacido de la Virgen María… Después de su resurrección, Cristo “ascendió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios el Padre Todopoderoso, Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos”.

 

Esto está en completo acuerdo con lo que dice la Biblia. Pero credos posteriores muestran muchas adiciones y un punto de vista diferente.

 

El Credo de Nicea, 325 de nuestra era, declara que Jesucristo es

 

“el Hijo unigénito de Dios, engendrado por su Padre antes de todos los siglos… Dios de Dios, Dios  verdadero de Dios verdadero, de la misma naturaleza del Padre… El Espíritu Santo con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria…”.

 

El Credo de Atanasio, de fecha desconocida, pero ciertamente en existencia poco después de 500 años de nuestra era, es aun más enfático:

 

“Nosotros adoramos a un Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad… hay una Persona del Padre, otra del Hijo, y otra del Espíritu Santo. Pero la Divinidad del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, es toda una; la Gloria igual, la Majestad co-eterna. El Padre increado, el Hijo increado, y el Espíritu Santo increado…”. Se declara que todos son eternos, “no obstante, no son tres ternos, sino un eterno”. El Credo concluye con la ominosa declaración: “El que quiera ser salvo ha de pensar de esta manera acerca de la Trinidad”.

 

La nueva enseñanza acerca de la Divinidad levantó mucha oposición de parte de aquellos que afirmaban que sostenían las creencias originales. El resultado fue una enconada controversia durante un siglo entre los líderes eclesiásticos. Las decisiones de los Concilios de la Iglesia en los siglos 4º y 5º fueron las acciones de las autoridades de la Iglesia determinadas a suprimir a todos los “rebeldes”. De este modo se elaboró y proclamó la doctrina oficial de la Trinidad, y su aceptación fue declarada  obligatoria.    

 

¿Qué dice la Biblia?

 

Antes de que apareciera Jesucristo, los escritos del Antiguo Testamento habían sido reverenciados durante siglos por la nación de Israel (los judíos) como la revelación de su Dios que los había liberado de Egipto en el Exodo. ¿Qué impresión habían adquirido ellos acerca de la naturaleza de Dios? La respuesta es clara en la siguiente cita:

 

“Habiendo afirmado la existencia de Dios, el judaísmo en realidad sostiene una sola idea básica acerca de él, la cual es un dogma reconocido–la Unidad de Dios. ‘Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es’. Esta es una inmediata negación del politeísmo del mundo antiguo con sus numerosas deidades. Es un repudio de la idea de que hay dos dioses o dos fuentes creadoras de la existencia, una del bien y la otra del mal. Es también una clara negación de la idea de una trinidad–tres dioses en uno, la cual es una doctrina establecida de la cristiandad. Para el judaísmo no puede haber absolutamente ningún compromiso en este concepto fundamental del Único Dios, que es la fuente creadora definitiva de toda vida y de la muerte, los elementos de la naturaleza y de la historia y el poder que yace detrás de toda fuerza, física y espiritual” (C. Pearl and R. Brookes. A Guide to Jewish Knowledge,  [Guía Para el Conocimiento Judaico] págs. 96-97).

 

En estos días de ideas confusas necesitamos tener presente que el Antiguo Testamento que poseemos es la misma colección de escritos reverenciados en los días de Jesús como la palabra de Dios. Jesús mismo los describió como “la ley, los salmos, y los profetas”, y dijo que en ellos había profecías que hablaban de él. En Salmos 2 leemos:

 

“Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” (vs. 7-8).

 

Ciertas claras conclusiones surgen aquí: Dios ha ungido a uno que ha de gobernar por él (“mi rey”) a todas las naciones de la tierra. Pero él es Hijo de Dios porque ha sido “engendrado”. El gobernante no es Dios; es el Hijo de Dios; y empezó su existencia el día en que fue “engendrado”. Como todos los hijos, su Padre es primero que él. La totalidad de esta enseñanza general se resume en el primer versículo del Nuevo Testamento:

 

“Libro de la genealogía [o nacimiento] de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1).

 

Ahora bien, cuando este “Hijo” apareció por primera vez entre los hombres, ¿cómo se considera a sí mismo? No puede haber duda acerca de la respuesta: Jesús siempre habla de sí mismo como subordinado al Padre, dependiendo de él para todas sus enseñanzas y todas sus obras. Estas son algunas de sus expresiones:

 

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre” (Juan 5:19). “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió” (7:16). “El Padre mayor es que yo” (14:28).

 

Cuando los judíos lo acusaron de que él “se hacía Dios”, él negó los cargos y dice: “Hijo de Dios soy” (Juan 10:34-36). Incluso ni siquiera permite que se le llame “bueno”. Cuando le dicen “Maestro bueno”, él replica:

 

“¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18).

 

En su gran profecía pronunciada poco antes de que fuera crucificado, Jesús habla de su regreso a la tierra para reinar:

 

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria […]. Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:26, 32).

 

Cuando se levantó de la tumba, este fue su mensaje para los discípulos:

 

“Vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).

 

No puede haber duda acerca del punto de vista de Jesús mismo: en todo el Padre era superior; el Hijo dependía de él.

 

Objeción

 

Ahora bien, algunas veces se objeta que los pasajes que hemos citado se refieren todos a Jesús “en los días de su carne”, como un hombre, y no pueden aplicarse a él en su estado exaltado. Investiguemos lo que dice la Escritura. Llegó el momento en que Jesús fue levantado de entre los muertos; su naturaleza mortal fue cambiada a inmortalidad; y él subió al cielo, para sentarse allí en el sitio de honor a la diestra del Padre:

 

“Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte […]. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla […], y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:8-11).

 

La exaltación de Jesús a un sitio de honor en el cielo fue la obra del Padre. Es a él a quien se debe glorificar. Todos los acontecimientos decisivos en al vida de Jesús se adscriben a Dios el Padre. Es Dios quien ha hecho a Jesús “Señor y Cristo”, y que lo ha nombrado como “Juez de vivos y muertos” (Hechos 2:36; 10:42).

 

Muchas veces los apóstoles se refieren a Dios y a Jesús en su actual relación en el cielo. Así es como lo hacen:

 

“Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Romanos 1:7).

 

Esta precisa fraseología se repite en varias de las epístolas. En Efesios se dice:

 

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo […], el Dios de nuestro Señor Jesucristo” (1:3, 17).

 

Cada vez que se hace alusión a Dios y a Jesús en el cielo, siempre se les presenta como dos Personas separadas, y siempre se da prioridad al Padre.

 

De especial interés es el libro del Apocalipsis, dado por medio del apóstol Juan, y casi con certeza se debe fechar alrededor del año 90 de nuestra era, o quizás un poco después. En dicho libro hay casos en que el Señor mismo, resucitado y exaltado, se refiere directamente a su relación con Dios el Padre. Note cómo empieza esta revelación:

 

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas, que deben suceder pronto” (Apocalipsis 1:1).

 

En los primeros capítulos, Jesús se dirige directamente “a las siete iglesias que están en Asia” (v. 4), y se refiere en varias ocasiones a Dios su Padre:

 

“El que venciere […], confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (3:5; véase también vs. 12, 21).

 

Estas son las palabras de Jesús mismo; fueron pronunciadas alrededor de 60 años después de que subió al cielo y ocupó su sitio de honor a la diestra de Dios. Por lo tanto, describen su relación con Dios en su actual estado glorificado. Su sentido general es claro: Dios el Padre es quien tiene la autoridad suprema; es él quien da la revelación a su Hijo; es su trono el que su Hijo comparte; y es él a quien el Hijo reconoce como “mi Dios”. No hay sugerencia de “co-igualdad” en estos tan significativos pronunciamientos.

 

Pero el comentario más notable acerca de la autoridad relativa de Dios el Padre y su Hijo se halla en la descripción del apóstol Pablo acerca del reinado de Cristo, en 1 Corintios 15:

 

“Luego viene el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre […]. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas [a Cristo], entonces también el Hijo mismo se sujetará al [Dios] que le sujetó a él [a Cristo] todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (vs. 24-28).

 

El correcto entendimiento de la autoridad relativa del Padre y el Hijo no podían haberse expresado con más claridad. En el clímax del propósito del Padre para con las naciones de la tierra, el Hijo devolverá la autoridad suprema al Padre. Evaluemos sobriamente ahora lo que significa esto. Hasta ahora Jesús ha estado en el cielo por casi 2.000 años. Él ha de regresar y reinar en la tierra por 1.000 años (Apocalipsis 20:4). Cuando al término de este reinado él pase el reino al Padre, ¡el Hijo habrá estado glorificado en inmortalidad por casi 3.000 años! No obstante, entonces él ¡ha de pasar el reino a su Padre! La subordinación del glorificado Hijo de Dios al Padre no podría expresarse de manera más clara. Porque es Dios el Padre quien, al final, ha de ser “todo en todos”.

 

El Origen del Hijo

 

Cómo llegó Jesús a existir, se explica en el evangelio de Lucas en términos sencillos. A María, una virgen de Israel, temerosa de Dios, y descendiente de David el Rey, se le apareció un ángel con un mensaje extraordinario:

 

“¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo […]. Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS [Salvador]. Este será grande, y será llamado Hijo del altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre […]; y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:28-33).

 

Detengámonos un momento y consideremos la conmoción por la sorpresa, y luego el regocijo que estas palabras le deben haber provocado. Ella conocía muy bien la promesa hecha a David más de 900 años antes. Un descendiente (hijo) de David sería el medio para restaurar la gloria del reino de Israel, y reconciliar a Israel con Dios. Este era el tan esperado Mesías, y en verdad ella iba  a ser su madre. ¡Su hijo había de reinar en el trono de David!

 

Y entonces, la perplejidad. Aunque María estaba desposada a un israelita temeroso de Dios llamado José, todavía no estaban casados, y era inaceptable que naciera un niño hasta que lo estuvieran. ¿Cómo entonces, pregunta María al ángel, puede cumplirse esta promesa? El ángel es muy explícito en su respuesta:

 

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (v. 35).

 

Para completar el cuadro, el evangelio de Mateo nos da el asunto desde el punto de vista de José, su futuro esposo. Antes de que estuviesen casados, “se halló que [María] había concebido del Espíritu santo”. José habría estado totalmente justificado si hubiese repudiado su compromiso de casarse con ella. Pero un ángel tenía para él un mensaje de Dios:

 

“José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:20-21).

 

Por esto José entendería que este niño había de ser el Mesías. El episodio completo concluye con la declaración de Mateo:

 

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (vs. 22-23).

 

Estas declaraciones divinas a María y José contenían las noticias más trascendentales. Un niño había de nacer con un grandioso destino, porque no sólo reinaría en el trono de David para siempre, sino que también “salvaría a su pueblo de sus pecados”. Pero el origen del niño se recalca claramente. María había de ser la madre, pero José no había de ser el padre. El niño sería concebido porque “el poder del altísimo”, “el Espíritu Santo”, se aplicaría a María para llevar a cabo la maravilla. Y así “una virgen concebirá” y su hijo será llamado “Hijo de Dios”. Esta es la clara enseñanza Bíblica acerca del nacimiento virginal de Cristo.

 

Jesús, Hijo del Hombre

 

Algunas veces hay renuencia para aceptar el hecho de que Jesús, el Hijo de Dios, era totalmente un miembro de la raza humana. Algunos estiman que  pensar en él como partícipe de nuestra naturaleza con todas sus debilidades es degradarlo, y arrojar dudas sobre su impecabilidad.

 

Aquí de nuevo debemos acudir a la evidencia de la Biblia. Ya hemos visto el claro relato de su nacimiento: Hijo de Dios, pero también hijo de María. El apóstol Pablo, escribiendo a los gálatas, lo expresó así:

 

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (4:4).

 

 

“Nacido bajo la ley” significa que él era un varón israelita, que vivía bajo la ley de Moisés. Pablo nos dice por qué: “para que redimiese a los que estaban bajo la ley” (v. 5). Los judíos vivían bajo una ley que los condenaba porque no podían obedecerla sin pecar. Jesús nació como uno de ellos, de manera que  podía representarlos plenamente en su obra de redención.

 

La epístola a los hebreos describe cómo Jesús tenía que ser “perfeccionado por aflicciones”, para que pudiera ser “autor de la salvación” de todos aquellos que han de ser hijos [e hijas] de Dios. Por esta razón, “el que santifica [Jesús] y los que son santificados [los fieles], de uno son todos”; es decir, son de la misma naturaleza. Esto es lo que a continuación declara, refiriéndose esta vez a los hijos e hijas como “los hijos”:

 

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo” (Hebreos 2:10-14).

 

Esta es una declaración explícita de que la naturaleza de Jesús era exactamente como la de sus semejantes–“carne y sangre”. El escritor prosigue diciéndonos por qué esto tenía que ser así:

 

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (vs. 17-18).

 

En resumen, Jesús, a fin de llevar a cabo su gran obra de sacrificio por el pecado, tenía que ser de la misma naturaleza que aquellos que él vino a salvar; y a fin de ser un sumo sacerdote misericordioso, tenía que tener experiencia de todas las tentaciones de ellos. El argumento es expresado con igual claridad en el capítulo 4, versículo 15:

 

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.

 

Sin embargo, hay una gran renuencia a aceptar la idea de que Jesús literalmente sufrió todas las tentaciones que nosotros tenemos. Algunos estiman que pensar que él sintió literalmente la tentación, es decir, el impulso por cometer pecado, es degradarlo y hacerlo menor que sin pecado.  Sin embargo, este es un gran error. Hay una tremenda verdad incorporada en la experiencia viva y en la muerte de Jesús, y a esto debemos acudir ahora.

 

¿Por qué nació así el Hijo de Dios?

 

¿Cuál fue el propósito de Dios al traer a su Hijo al mundo de esta manera? Las siguientes declaraciones dejan esto en claro:

 

“Llamarás su nombre JESÚS [Salvador], porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

 

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

 

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros […]. Porque si siendo enemigos [esto es, de Dios], fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:8-10).

 

El claro mensaje que se desprende de estas declaraciones es que la obra de Jesús, bajo la buena mano de Dios su Padre, había de ser un sacrificio de manera que el pecado pudiera ser quitado, hombres y mujeres pudiesen ser salvados y reconciliados con Dios. Esta es la gran obra de redención en Cristo. Necesitamos la redención; necesitamos ser “salvos”, como lo expresa la Biblia. Porque de otro modo nuestra situación es tal como el apóstol Pablo dijo a aquellos efesios que había sido la situación de ellos cuando no conocían aún el evangelio:

 

“En aquel tiempo estabais sin Cristo […], sin esperanza y sin Dios en el mundo” (2:12).

 

¡Qué devastador veredicto! No obstante, ese es nuestro caso también–“sin esperanza”, apartados de la obra de Dios en Cristo. Es por eso que el evangelio de Cristo no es un “extra optativo” agradable, pero vitalmente necesario si hemos de escapar del destino de la muerte eterna.

 

La Obra Vital de Cristo

 

Y ahora llegamos al “problema” (si es que podemos llamarlo así) que es necesario resolver.  El género humano no puede salvarse a sí mismo de las consecuencias del pecado, es decir, de la muerte. No obstante, Dios “no quiere que ninguno perezca”; en realidad, él desea “que todos los hombres sean salvos” (2 Pedro 3:9; 1 Timoteo 2:4). Pero él no puede pasar por alto el pecado, porque eso sería abdicar a su justa autoridad en el mundo. De modo que el pecado se puede reconocer, condenar, y vencer de manera tal que hombres y mujeres de corazones honestos y sinceros puedan ver la lección, y reconocer su verdad por sí mismos. Hombres y mujeres necesitan un Redentor que pueda lograr en sí mismo, y en su beneficio, lo que ellos, en su debilidad, no pueden hacer.

 

Y así Dios manifiesta a su único Hijo, engendrado por el poder de su Espíritu Santo, pero totalmente un miembro de la raza humana. Ese Hijo experimenta todas las tentaciones de la humanidad, pero las rechaza firmemente, y elige hacer, no su voluntad, sino la voluntad del Padre. Es vital para nosotros que entendamos que Jesús tomó esta decisión  enteramente por su propia voluntad. Dios no lo forzó a hacerlo, ni  alguna consciencia preexistente en el cielo lo predispuso a hacerlo inevitablemente. Tal como lo expresa la epístola a los hebreos:

 

“Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros” (1:9).

 

Así, representando a la raza humana, Cristo venció al pecado en esa misma naturaleza de carne y sangre, donde antes había triunfado el pecado; él revertió el fracaso original que condujo a la Caída, y, siendo el mismo sin pecado, pudo ser ofrecido como un sacrificio por el pecado. Su muerte en la cruz fue la expiación por el pecado humano. De modo que Dios, habiendo sostenido su justicia al condenar al pecado, podía ahora en la abundancia de su amor y gracia, extender el perdón de los pecados y la reconciliación consigo mismo a todos aquellos que reconozcan su obra en Cristo.

 

Si Jesús hubiera, como parte de la Trinidad, ya existido en el cielo, es inevitable que habría sido influenciado profundamente por ese conocimiento durante su vida como “Jesús de Nazaret”. Habría sabido que su gloriosa resurrección y exaltación eran certezas. No habría necesitado, ni tampoco habría podido, deliberadamente por su propia voluntad elegir obedecer a Dios ante tantas presiones naturales para que se complaciera a sí mismo. Su gran conquista del pecado, como miembro representativo de la raza humana, no habría sido posible, y la necesaria expiación por el pecado no se habría logrado.

 

Comprender la verdad acerca de la naturaleza y la experiencia de Jesús “en los días de su carne” es absolutamente esencial si hemos de entender la obra de redención de Dios en él.

 

El Espíritu Santo

 

La doctrina de “Dios el Espíritu Santo” surgió mucho después en la teología trinitaria de los siglos 4º y 5º. Fue el último, después del Padre y del Hijo, en ser declarado “Dios”. El Credo de los Apóstoles no la menciona; y, de acuerdo a algunas autoridades,  su inclusión en el Credo de Nicea y en el de Atanasio parece haber sido una idea de último momento.

 

La presentación que hace la Biblia acerca del Espíritu santo es muy diferente. Es el poder y la influencia por el cual Dios lleva a cabo sus propósitos. En el principio “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”, y como resultado se produjeron diversos actos de la Creación. El salmista dice que todos los seres vivientes, hombres y animales, dependen de Dios:

 

“Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Salmos 104:29-30). Por su Espíritu él los mantiene a todos con vida.

 

Los profetas de la antigüedad entregaron sus mensajes dados por Dios, no por invenciones de su propia mente, sino porque eran “santos hombres de Dios […] inspirados por el Espíritu santo” (2 Pedro 1:21). Jesús mismo realizó sus grandes señales y habló sus palabras de vida porque “Dios [lo] ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Hechos 10:38).

 

En ningún pasaje las descripciones de las actividades del Espíritu Santo sugieren que se ha de considerar como persona.

 

ANALISIS DE ALGUNOS PASAJES BÍBLICOS

 

Pero, ¿no sugieren algunos pasajes del Nuevo Testamento que Jesús preexistió en el cielo, y que él bajó del cielo, como lo afirma la doctrina de la Trinidad?

 

Es cierto que hay unos pocos pasajes que generalmente usan aquellos que sostienen tales ideas. Lo sorprendente es que son tan pocos–difícilmente más de media docena que merezcan consideración. En un  trabajo limitado como este, no puede intentarse más de un breve tratamiento de algunos de ellos, pero suficiente para sugerir como se pueden entender en armonía con el resto de la Escritura.

 

1.    “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26).

 

Este es uno de los pasajes del Antiguo Testamento que muy extrañamente algunas veces se presenta en apoyo de la doctrina de la Trinidad. Sin embargo, es un hecho notable que los judíos, que recibieron los escritos del Antiguo Testamento en su propio idioma, en hebreo, nunca dedujeron de ellos ninguna idea trinitaria, sino, en realidad, precisamente lo opuesto–ellos creían firmemente en un solo Dios. La doctrina de la Trinidad  ha sido siempre un tremendo obstáculo para todo judío que examine las doctrinas de la Iglesia.

 

“Dios”, en la cita recién mencionada, es Elohim, una palabra de forma plural, pero que admite tanto un sentido singular como plural. Principalmente se usa para referirse a Dios mismo, pero algunas veces también para aquellos que actúan en su nombre con su autoridad. Así se usó en relación con los jueces de Israel, porque ellos estaban nombrados para pronunciar juicio en su nombre: “No injuriarás a los jueces” (Éxodo 22:28). En Salmos 82 a los gobernantes de la nación se les llama Elohim (vs 1, 6), pero debido a que juzgaban “injustamente” (v. 2) morirían “como hombres” (v. 7). En Salmos 82 se dice que el hombre fue hecho “poco menor que los ángeles [Elohim]” (v. 5; citado en Hebreos 2:7).

 

 

En armonía con este uso, se entiende mejor que la cita de Génesis recién mencionada se refiere a los ángeles. Por supuesto, en ninguno de los casos se hace una referencia clara a la Trinidad. Aunque en el Nuevo Testamento se citan partes del  versículo, nunca se le da un sentido trinitario, ni era común usar este pasaje en los debates acerca del tema en los primeros siglos.

 

2.    “En el principio era el Verbo…” (Juan 1:1).

 

Aquí es vitalmente importante entender en qué sentido está usando el apóstol Juan el término griego logos (Verbo o palabra).  Por lo general se conviene hoy en día que la explicación no debe buscarse en las ideas de los filósofos griegos de la época, sino en el pensamiento hebreo de las Escrituras del Antiguo Testamento.

 

En el pensamiento y escritos religiosos judíos el Verbo y la Sabiduría habían llegado a aplicarse a Dios mismo. En Proverbios, capítulo 8, hay un notable pasaje acerca de la “sabiduría”:

 

“Yo, la sabiduría, habito con la cordura […]. Yo soy la inteligencia […] Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra […]. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo” (vs. 12, 14, 22-23, 27).

 

Añada a eso esta declaración:

 

“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos” (Salmos 33:6).

 

En la versión griega (la Septuaginta) de este salmo, el término “palabra” se ha vertido como logos. En los comentarios arameos de la época la expresión Memra (palabra) se usaba como un nombre de Dios.

 

En vista de que logos era de uso corriente en la filosofía griega de su época, Juan necesitaba darle el verdadero sentido de la revelación bíblica. Así que logos, es primero un pensamiento concebido en la mente, luego demostrado en acción, representa la sabiduría de Dios expresada en su propósito. Por lo tanto, la palabra representa la mente de Dios. Es por eso que “el Verbo [la palabra] era Dios”, o como lo expresa la New English Bible [la Nueva Biblia en Inglés]: “Lo que era Dios, era la palabra”. La verdadera trascendencia de Dios es su mente y su voluntad.

 

De modo que “aquel Verbo fue hecho carne” (Juan 1:14) y nació Jesús, el Hijo de Dios. Este no es el “Hijo encarnado”, sino la “palabra encarnada”. Es totalmente ilógico suponer primero la preexistencia de “Dios el Hijo”, y después interpretar la “palabra” de Juan en ese sentido. Como hemos procurado mostrar, la enseñanza bíblica no da apoyo a semejante doctrina.

 

3. “Porque he descendido del  cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).

 

 ¿En qué sentido descendió Jesús “del cielo”? La narración de su nacimiento nos dice que él llegó a existir porque el “Espíritu Santo [el poder del Altísimo] vino sobre María su madre. Él nació como resultado de la intervención directa del Espíritu Santo de Dios. De una manera excepcional sólo él, de toda la raza humana, podía decir que había “descendido del cielo”.

 

El resultado de esta intervención celestial fue que él podía señalar la gran diferencia entre él y los judíos que estaban rechazando su afirmación. El apóstol Santiago nos da una valiosa pista, cuando declara que hay dos sabidurías: una que pertenece a la tierra, sensual y diabólica; la otra “de lo alto”, pacífica, pura y justa (3:14-18). La primera es el pensamiento natural de la mente humana, que cumple sus propios deseos; la segunda es la mente y pensamiento de Dios. Jesús dice explícitamente que él vino “no para hacer mi voluntad [no para seguir sus propios deseos naturales],  sino la voluntad del que me envió [la sabiduría de lo alto]”. Así él pudo decir a los judíos:

 

“Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba” (Juan 8:23).

 

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (14:9).

 

No que Jesús y Dios fueran la misma persona; sino que el Hijo reflejaba perfectamente la mente y sabiduría del Padre.

 

4. “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese […], porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:5, 24).

 

Nuestra dificultad aquí es entender cómo Jesús pudo haber sido honrado y amado por el Padre antes de que existiera como una persona independiente. El problema surge realmente de nuestro limitado concepto del tiempo.

 

Para nosotros el paso del tiempo es como una línea. Acontecimientos separados son puntos distintos en esa línea. De modo que si fuésemos a indicar los lugares respectivos que ocuparon en el tiempo Abraham, Moisés, David, Daniel, Cristo y los apóstoles, tendríamos algo así:

 

Abraham   Moisés        David           Daniel       Cristo        Apóstoles

 

1800 AC     1400 AC      1000 AC      600 AC       AC/DC       50 DC, etc. 

 

Inevitablemente surge un orden de aparición. No podemos pensar en su lugar en la historia de una manera diferente. Pero esto se debe a que nuestra mente es finita. No tenemos conciencia del pasado distante; y nada en absoluto acerca del futuro.

 

Pero la mente de Dios no está sujeta a estas limitaciones.

 

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