LA TRISTE HISTORIA DE LOS CREYENTES FUGACES

 

 

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

“Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; CREEN POR ALGÚN TIEMPO, Y EN EL TIEMPO DE LA PRUEBA SE APARTAN” (Lucas 8:13)

 

En mis años de militancia en el cristianismo me he topado con “creyentes” que recibieron la palabra con mucho gozo, pero que desafortunadamente abandonaron su compromiso con el Señor sucumbiendo ante las pruebas que se les presentaron. Algunos fueron tentados posteriormente con más fuerza y tropezaron frente a las tentaciones: mujeres, drogas, avaricia, vanidades, ostentaciones, ocultismo y cosas como éstas. Sin duda, al principio estas personas sintieron en sus corazones el grandioso amor y misericordia de Cristo para con ellos, y entonces optaron por descargar todo el peso de sus culpas, confesando sus pecados al Señor con fe. Sin embargo, en el fondo de sus corazones, estas personas aún estaban atadas al mundo y a sus placeres carnales. Pareciera que aún estos individuos no se habían convencido de lo malo que es el pecado y de las consecuencias trágicas que éste acarrea a todos aquellos que sucumben impávidamente a su sutil seducción. Estos “creyentes” evidentemente aún discurrían en dos senderos opuestos o antagónicos: Cristo y el mundo (manejado por Satanás).

 

Jesucristo ya había previsto este tipo de personas cuando pronunció su Parábola del Sembrador. De los cuatro tipos de suelos, sólo uno es el que da fruto de verdad, porque es un suelo fértil y profundo, mientras que los 3 suelos restantes son los que no dejan que la semilla crezca hasta que maduren y produzcan. Desafortunadamente, estos suelos (corazones) de “mala calidad” son los que no permiten que la semilla (La Palabra del Reino) fructifique bien en ellos y con el tiempo ésta simplemente muere. Estas personas tienen la Palabra en sus corazones, pero viene el diablo y arrebata lo que se les ha sembrado para que no crean y se salven (Marcos 7:6). El problema de muchos hombres es que gozan por un tiempo de la Palabra de Dios, pero los deseos mundanos son más fuertes y primordiales para ellos, haciendo que posterguen su compromiso con el Señor para más adelante, o quizás, para la jubilación. Otros pueden sentir que la Palabra de Dios es emocionante, pero no tienen un verdadero odio al pecado como para repudiar todo lo malo de manera tajante. Estos ven que la Palabra de Dios es maravillosa y vivificante, pero por otro lado también quieren ser populares en el mundo. Otros simplemente se muestran felices con la Palabra del Reino, pero cuando van aprendiendo más del Señor, y descubren sus exigencias radicales, estas personas se apagan, se enfrían, y terminan por abandonar al Señor. Esto mismo se traslució cuando Jesús se topó con discípulos que dejaron de seguirlo porque no podían asimilar ciertas enseñanzas suyas que les ofenden. En Juan 6 leemos lo siguiente: “…muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? ….Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6:60,61,66).

 

La Renuncia a lo que es vano o basura

 

El apóstol Pablo pudo seguir una vida consecuente con si fe cristiana debido a que él había dejado atrás las cosas que antes consideraba importantes. El simplemente comprendió que aquellas cosas que el hombre común considera valiosas eran en realidad “BASURA”. Él lo expresó de este modo: Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y téngolo por estiércol, para ganar á Cristo” (Fil. 3:8). Aquí está la clave para poder ganar a Cristo: considerar las otras cosas que uno consideraba prioritarias o de importancia como ESTIÉRCOL. Ya el interés apremiante por tener una mansión de príncipes, joyas deslumbrantes, vestidos caros, una educación súper atómica en las más grandes universidades, un rango social alto, un puesto político en el gobierno de turno, y cosas como éstas, eran para Pablo simplemente BASURA o ESTIÉRCOL. Él sabía que estas cosas “mundanas” ahogan la Palabra de fe y debilitan la vida cristiana al punto de destruirla por completo (Mat. 13:22). Recordemos a Demas, un “creyente” y colaborador que acompañó a Pablo en sus viajes, el cual finalmente abandonó su misión por amar más el mundo. Así lo expresó Pablo con estas palabras: “porque Demas me ha desamparado, amando este mundo…” (2 Timoteo 4:10). ¿Descuidará usted al Señor volviendo al mundo como lo hizo Demas? ¡Ojalá que no!

 

Un llamado a la firmeza

 

El apóstol Pablo escribió lo siguiente: “Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin fluctuar; que fiel es el que prometió” (Heb. 10:23) “Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza” (Hebreos 3:14). Y Pedro también nos aconseja: “Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Pedro.1:10). Este es el consejo final para ustedes de parte de Pablo:No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal(Fil. 3:12-19). 

 

Recordemos, hermanos, que la firmeza que tengamos por nuestra profesión de fe es importantísima, pues si somos leales al Señor, también seremos participantes con él de su gloria venidera en el reino de justicia. Aquellos que son tibios, que tienen un pie en el mundo y el otro en el reino de Dios, serán rechazados finalmente (“Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” Apo.3:16).

 

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