LAURENT BAGBO SE NIEGA A RENDIRSE

El expresidente de Costa de Marfil Laurent Gbagbo niega que vaya a rendirse a pesar de que Naciones Unidas haya asegurado que estaba dispuesto a dejar el poder.

Tras el ataque francés a algunas posiciones estratégicas para forzar al expresidente a abandonar el poder, Gbagbo asegura que tan sólo está negociando un alto el fuego con Francia y la ONU, y que no tiene intención de reconocer la victoria de su rival Ouattara.

¿POR QUÉ NADIE QUIERE OÍR DE UNA SALVACIÓN FUTURA?

Por Ing Mario A Olcese (Apologista)

¿Se ha dado cuenta, usted, estimado amigo, que los predicadores de hoy siempre sostienen en los púlpitos que todos los que creen en Cristo ya alcanzaron la salvación por su conversión y que ya no necesitan buscarla para el futuro? ¿Acaso no escuchamos la harta conocida frase, “una vez salvos, siempre salvos”? Parece que los más de los evangelistas quisieran asegurarse la salvación diciendo que ellos ya son salvos ahora y que nadie se los podrá arrebatar de sus vidas por más caídas que puedan sufrir en su derrotero cristiano. Estos maestros de la Palabra suelen citar los siguientes textos para probarnos que ya somos salvos ahora desde nuestra conversión a Cristo:

Marcos 15:31: De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros SALVÓ, a sí mismo no se puede salvar.

1 Corintios 15:2: por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois SALVOS, si no creísteis en vano.

Efesios 2:8: Porque por gracia sois SALVOS por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

 2 Timoteo 1:9: Quien NOS SALVÓ y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,

Tito 3:5: NOS SALVÓ, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

¿Pero qué sucede con los otros textos que nos hablan de una salvación futura, y que curiosamente estos predicadores pasan por alto como si no existieran en las Escrituras? Una posible razón por la que ellos los ignoran es porque desmoronan su tesis que dice “una vez salvos, siempre salvos”. Definitivamente estos pasajes “incómodos” de una salvación futura no son mencionados en sus prédicas dominicales porque dejan fuera su “salvación imperdible”.

Esta inobjetable verdad de una salvación aún pendiente y que sigue siendo esperada ardientemente por los creyentes de todas las épocas, la encontramos en los siguientes textos:

Mateo 24:13: Mas el que persevere hasta el fin, éste será SALVO.

Hechos 2:47: alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser SALVOS.

Hebreos 9:28: así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para SALVAR a los que le esperan.

Romanos 13:11: Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra SALVACIÓN que cuando creímos.

Filipenses 2:12: Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra SALVACIÓN con temor y temblor,

1 Tesalonicenses 5:8: Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de SALVACIÓN como yelmo.

1 Tesalonicenses 5:9: Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar SALVACIÓN por medio de nuestro Señor Jesucristo,

Hebreos 1:14: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la SALVACIÓN?

1 Pedro 1:5: Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la SALVACIÓN que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

1 Pedro 1:9: Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la SALVACIÓN de vuestras almas.

1 Pedro 2:2: Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para SALVACIÓN,

Estos pasajes no dejan duda alguna que ningún cristiano hoy puede creerse salvo y seguro de entrar en el reino de Dios porque definitivamente debe perseverar en la fe y ser constantes en todo.

La salvación futura y el Reino de Dios

Muchos no entienden aún que cuando la Biblia habla de que Cristo vendrá a salvar a los que le esperan, lo que está diciendo es que todavía falta completar nuestra redención. Dice Hebreos 9:28 muy claramente, así: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para SALVAR a los que le esperan”.

Pues bien, esta salvación futura que coincide con su parusía o segunda venida tiene que ver con la herencia del Reino de Dios, pues en Mateo 25:31,34, Jesús dice: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Así queda demostrado que la salvación total y definitiva se cristalizará cuando entremos en su reino milenial, el cual ha sido preparado para nosotros desde la fundación del mundo. Por eso en Apocalipsis el apóstol Juan ve que la salvación, el poder y el reino vienen juntos en el día postrero: Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: “Ahora ha venido la SALVACIÓN, el poder, y el REINO de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Apo. 12:10).

Conclusión:

Los predicadores de hoy no quieren hablarnos de la salvación futura o escatológica porque ello significaría admitir que existe aún un reino de Dios por heredar, y que se hará realidad sólo en la segunda venida de Cristo. La Iglesia católica obviamente tampoco quiere saber nada de una herencia futura de un reino de Cristo porque ella misma sostiene ser el reino de Cristo en la tierra. Tampoco los evangélicos que buscan establecer por sus propios esfuerzos el “reino ahora” antes de la parusía les conviene hablar de la salvación futura, porque esta salvación futura tiene que ver con Cristo, su parusía, y su reino milenial que será establecido por él mismo en la tierra cuando regrese en gloria.

LOS “BASILEFÓBICOS” EN LAS IGLESIAS CONTEMPORÁNEAS

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

El Reino de Dios o El Reinado de Dios (Griego Βασιλεία τοῦ Θεοῦ – Basileia Tou Theou es un concepto fundamental en las tres fes Abrahámicas, y más notablemente, dentro del Cristianismo, donde constituye el tema central de Jesús de Nazaret en los evangelios sinópticos. La frase ocurre en el NT más de 100 veces, y se define casi enteramente en las parábolas.

Ahora bien, tomen nota que la palabra Griega para reino es Βασιλεία (Basileia),  e implica un gobierno monárquico, con un rey soberano, súbditos, territorio y leyes. Pero a los que les disgusta este tipo de reino o gobierno los llamaré “Basilefóbicos”, y de éstos hay millones en las iglesias llamadas “cristianas” de hoy. Los católicos romanos son abiertamente “basilefóbicos”, y también la gran mayoría de protestantes y evangélicos. Así, pues,  cada católico y cada protestante que no cree que Jesús será Rey en un reino como el que tuvo David, Salomón, etc, es un “basilefóbico”. Y es nuestra intención que estos “basilefóbicos” se conviertan en “basilefans” y nos ayuden a difundir el verdadero reino de Dios tal como está presentado en toda la Biblia, y no sólo en el NT. Si lo limitamos al NT solamente, tendremos un reino a medias, mutilado, y sacado de su contexto original. De modo que si queremos entender lo que es verdaderamente el reino de Dios, nosotros debemos saber qué entendieron sobre éste los Judíos pre cristianos y los que siguieron en toda la  era Cristiana.

Cuando Jesús apareció en la historia, él comenzó su ministerio anunciando un mensaje que no era suyo, sino de Dios, su Padre. Era ciertamente un mensaje divino, poderoso, transformador y salvador para todo aquel que lo abrazara con fe. Jesús Dijo que todo aquel que se arrepintiera y creyera en su mensaje, sería salvo de la condenación (Marcos 1:1,14,15). Este mensaje sólo exigía que la persona lo creyera… ¡y lo creyera bien! Sin embargo, pocos tienen el interés de creer en el mensaje tal como lo creyeron los judíos a quienes Jesús les trajo primeramente el anuncio extraordinario.

Es interesante observar, además, que Jesús no se detuvo para predicarles en qué consistía ese reino, ya que él dio por sentado que sus interlocutores paisanos sabían perfectamente lo que era. Así que si queremos saber qué era ese reino de Dios, debemos empezar por averiguar qué tipo de reino esperaban los judíos y que ya estaba cerca. Sin duda, ese reino debía anunciarse primero a los herederos originales, a los que descendían directamente del linaje de Abraham en la carne, puesto que a ellos se les daría en principio. Y la predicación dio su primeros frutos con la conversión de aquellos que vinieron por la proclama de Juan el Bautista, luego la conversión de los apóstoles que siguieron a Jesús a donde quiera que él iba, luego vinieron muchos otros discípulos, aquellos miles de Judíos que se reunieron en Jerusalén para la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, y los 3,000 que fueron bautizados y añadidos a la congregación mesiánica o cristiana por la predicación de Pedro (Hechos 2:38-47).

Estos Judíos convertidos habían reconocido que Jesús era aquel a quien Dios había resucitado glorioso, y haciéndolo por ello Señor y Cristo, el rey venidero del reino davídico por restaurarse (Hechos 2:30,36,37). Ese mensaje petrino era el evangelio de Cristo, el mensaje del Padre para su pueblo y para el mundo en general. Sin duda Pedro no desligó la muerte, resurrección y ascensión de Cristo de su condición de futuro rey del mundo. El vio en la resurrección gloriosa de Cristo su exaltación como rey del venidero reino de Dios. Si Cristo no hubiera resucitado glorioso, de ningún modo ni él, ni nosotros, hubiéramos tenido esperanza para heredar ese maravilloso reino de Dios o reino de los cielos (1 Corintios 15:17). Por eso el evangelio completo de Jesús es que él y los suyos reinarán en la tierra en el reino de Dios, y que su muerte, sepultura,  y resurrección al tercer día garantizan que esa promesa se hará realidad algún día no muy lejano. Pero este mensaje no es creído o entendido por los “basilefóbicos” de las iglesias de hoy.  

 

VIDEO: JOHN HAGEE NIEGA A JESÚS COMO EL MESÍAS EN SI LIBRO ‘IN DEFENSE OF ISRAEL’


 


Refutación a la doctrina de John Hagee

El pastor John Hagee en su libro: “En defensa de Israel” niega que Jesús es el Mesías.Este hombre expone que Jesús nunca dijo ser el Mesías a los judíos, y que no vino a la tierra para demostrarlo.

Esto es una abierta herejía, ya que Jesucristo declaro ser el Mesías esperado por Israel:

Palabras de Jesús a los fariseos

Mt.23:10
 Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
Jesús y la mujer samaritana
Jn.4:25-26
  25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. 
Video: John Hagee niega a Jesús como el Mesías

http://www.youtube.com/watch?v=_G3vD2HjcAY

En Cristo se cumplieron más de 300 profecías mesíanicas. ¿Cómo este “teólogo” expone estas falsedades?

Es una ironía que pretendiendo defender al pueblo de Israel de su rechazo a Jesús, se menosprecie al mismo Señor.

 Una característica del anticristo será negar a Jesús como el Cristo (Mesías), la Biblia llama a todos los que niegan esta verdad anticristos:

1 Jn.2:18-23

 18 Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.

    19 Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

    20 Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

    21 No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

    22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.

    23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.

Apostasía, Falsas doctrinas Mt.24:4-6

Mt.24:4-5- “Mirad que nadie os engañe”

Este hombre pastorea una iglesia con 19,000 miembros, además es el fundador del ministerio “Cristianos Unidos Por Israel”.Es una desgracia que sus enseñanzas lleguen a muchas personas.

No importa cuan reconocido sea este hombre y los logros que haya alcanzado es un falso profeta según la Palabra de Dios.

Aquí un artículo de la Wikipedia en inglés sobre John Hagee.

¡Escudriñad las Escrituras!

Angel Luis González
cristoestaalaspuertas.blogspot.com

LA ABNEGACIÓN DE TODO CRISTIANO AUTÉNTICO

 

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” (Lucas 9.23–24).

Parece ser una contradicción, pero según nos dicen las escrituras para salvar la vida hay que perderla; y para perderla sólo hay que tratar de salvarla. A los que están vivos espiritualmente se dice: “Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3.3). La vida eterna es sólo para aquellos que se niegan a sí mismos, crucificando al primer Adán (el hombre viejo) para que el segundo Adán (Cristo) reine en su vida (Mateo 10.39; 16.25; Marcos 8.34–38; Lucas 17.33; Juan 12.25).

¿Por qué negarse a sí mismo?

1.  Es esencial para vivir en Cristo

Esta es la razón principal por la cual debemos abnegarnos. Lea Marcos 8.34–35; Lucas 9.23–24; 14.27. Para experimentar la vida del Cristo resucitado tenemos que participar en su muerte. Es decir, que para nacer de nuevo la vieja vida tiene que morir, y para andar en vida nueva hay que vivir negándose a sí mismo diariamente.

La carne y el Espíritu Santo son enemigos. No podemos vivir en los dos a la misma vez (Romanos 8.1–2; Gálatas 5.17–23; 6.7–8). Es inútil pensar que uno puede vivir una vida agradable a Dios sin tener al cuerpo bajo sujeción, o sea, crucificado.

2.  Satisfacer los deseos de la carne corrompe a uno mismo y a otros

Siguiendo las concupiscencias de la carne, los hombres se han hecho borrachos, glotones, adúlteros, mentirosos, ladrones, asesinos y esclavos a toda forma de pecado. Satanás llega a los hombres y les tienta a ceder a “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2.16). Aunque el pecado les parece deseable, su fin es corrupción. El mismo destruye a los que lo cometen, a sus hogares y a sus comunidades. Por nuestro propio bien y por el bien de los que están a nuestro alrededor, tenemos que negarnos a nosotros mismos a diario.

3.  Sólo así podemos vivir en victoria

Los apetitos legítimos del cuerpo son de Dios, son esenciales a la vida y son puros y sanos. Pero cuando uno permite que ellos reinen en nuestras vidas entonces Satanás entra al alma por medio de ellos y logra arruinarla. Entre estos apetitos están el anhelo de comer, el deseo de descansar o permanecer en el ocio y el apetito sexual. Si estos apetitos no se controlan producen toda clase de desenfreno y pecado.

Cristo “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4.15). ¿Por qué? Él practicaba la abnegación; controlaba su cuerpo y nunca cedió a la tentación. Si usted da rienda suelta a los impulsos de la carne caerá en el pecado. Pero si usted por medio del poder del Espíritu Santo mantiene su cuerpo en sujeción entonces vivirá una vida victoriosa. El secreto de la vida victoriosa es mantener cada deseo corporal en el lugar que Dios le ha asignado.

4.  Los que se abniegan por causa de Cristo encuentran bendiciones

Los que practican la abnegación pueden gozarse aun en medio del sufrimiento. Pablo dijo: “Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8.18). Por lo general, ¿quiénes gozan de la mejor salud? ¿Los que controlan sus apetitos o los que se entregan al desenfreno? ¿Quiénes son los más libres? ¿Los que dominan sus pasiones o los libertinos? ¿Quiénes son los más prósperos materialmente? ¿Los que se niegan a sí mismos o los que compran lo que les dé la gana? ¿Quiénes son los más felices? ¿Los que se niegan a los placeres pecaminosos de esta vida o los que gratifican la carne y siguen el placer y la vanidad? Satisfacerse a sí mismo gratifica por el momento, mas al fin trae la derrota y los problemas.

5.  El que se niega a sí mismo para seguir a Cristo es útil para Dios

La obra de Cristo avanza porque hay hombres y mujeres que se han consagrado a Dios. Esta gente domina su cuerpo y vive una vida que “está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3.3). Su corazón, sus planes, su dinero, están sobre el altar del Señor. La salvación de nuestras almas fue hecha posible por el sacrificio de Jesucristo. De la misma manera, la obra de Dios avanza y se extiende por el sacrificio de hombres y mujeres cuyas vidas están sobre el altar del Señor.

6.  La abnegación rinde fruto eterna

Sin duda Esaú disfrutó su guisado (Génesis 25.34). Pero, ¿qué fue eso en comparación con la pérdida de la primogenitura? El hombre rico disfrutó sus banquetes espléndidos; pero, ¡qué clamores en el infierno! Los placeres del pecado son temporales, mientras que las bendiciones de la abnegación por causa de Cristo son eternas. No olvidemos que el desenfreno termina en el infierno, mientras que la abnegación por causa de Cristo marca el camino que termina en la gloria eterna.

Lo que se debe negar

1.                 A sí mismo

Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9.23). Los que reciben a Cristo tienen que entregarse por completo a él. “Ya no viven para sí… De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5.15, 17). Negarnos muchas cosas sin negarnos a nosotros mismos puede resultar una vida ordenada, pero no una vida nueva. Este tipo de vida no vale nada para Dios.

2.                 El pecado

“Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Proverbios 1.10). “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3.5–6). Asegúrese de decir NO a la carne cada vez que sea tentado a cometer algún pecado, sea cosa grande o chica, cosa popular o cosa despreciada (Gálatas 5.24; 1 Pedro 2.11; 4.3–4).

3.                 Cosas dudosas

Muchas veces nos enfrentamos con cosas que no sabemos si son buenas o malas. Antes de participar en algo dudoso, busque la voluntad de Dios acerca del asunto. Cuando somos tentados a hacer algo sólo porque otros lo hacen, es mejor no hacerlo sin antes buscar la voluntad de Dios para saber si es bueno o malo. Luego, actúe conforme a lo que Dios le revela. “El que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14.23).

4.                 Cosas lícitas que hacen tropezar a otra persona

A Pablo no le molestaba en la conciencia comer carne porque él sabía que las normas de la ley en cuanto a comer carne fueron todas anuladas en el evangelio de Cristo. Sin embargo, Pablo estaba dispuesto a renunciar a este privilegio si era una ofensa a otros. Él dijo que “bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite” (Romanos 14.21). Dijo que “si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás” (1 Corintios 8.13). Cualquier privilegio deja de ser privilegio cuando llega a ser tropiezo a otros (Romanos 14.15). La palabra “comida” que se menciona en este versículo se puede sustituir por cualquier privilegio que usted insiste en practicar aunque sepa que, al hacerlo, otros van a perderse.

5.                 Cosas que impiden nuestra más alta utilidad

Dios lo ha llamado a usted a una obra. Por eso usted debe dejar cualquier cosa en su vida que impida su más alta utilidad a Dios. ¿Por qué fue llamado Abraham de su hogar y parentela para llegar a ser un peregrino? Dios tenía un propósito: convertirlo en el padre de los fieles; convertirlo en cabeza de una gran nación; hacer que en su simiente todas las naciones de la tierra fueran benditas. ¿Por qué el misionero debe abandonar las amistades, su país de origen, y pasar su vida en tierras lejanas? Él lo hace para obedecer la gran comisión dada a la iglesia por Cristo. Pablo se quedó sin casarse no porque le fuera incorrecto “traer (…) una hermana por mujer” (1 Corintios 9.5), sino porque la obra en que se encontraba era tal que este privilegio hubiera sido un obstáculo para su utilidad a Cristo y a los hermanos. El negarse a sí mismo abarca más que sólo decir NO a las tentaciones de la carne y abstenerse de ciertos privilegios que pudieran llegar a ser tropiezo a otro. Más bien, el negarse a sí mismo incluye dejar cosas lícitas, agradables y bellas por servir a Dios.

Ejemplos notables de la abnegación

1.                 Cristo

Lea Filipenses 2.5–11. Cristo “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo”. La comodidad, la popularidad, las riquezas y la gloria; él lo sacrificó todo. Su vida entera fue sacrificada para hacer la obra a la cual Dios lo había llamado. Al ver los resultados de su abnegación nos percatamos de que él no sólo libró a millones de almas de la cautividad del pecado, sino que, además “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2.9).

2.                 Abraham

Cuando Dios llamó a Abraham él dejó su hogar, su parentela y sus amigos. Pasó el resto de su vida en el extranjero, y murió sin recibir lo que le fue prometido. Abraham hasta estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo cuando Dios se lo pidió. Por fe él se abnegó y llegó a ser “el padre de los fieles”, y en su simiente son bienaventuradas todas las naciones de la tierra (Gálatas 3.8).

3.                 Moisés

Moisés sacrificó una buena carrera (Hebreos 11.24–26) a fin de cumplir el propósito de Dios para su vida. Él dejó la gloria y las riquezas pasajeras de la tierra, ganando así la gloria y las riquezas eternas.

4.                 Los pescadores de Galilea

Lea Marcos 1.18; Lucas 5.10–11. Cuando Cristo llamó a los pescadores de Galilea ellos dejaron todo y lo siguieron. Al dejar sus redes, estos pescadores estaban dejando su medio de ganarse la vida. No conocían el futuro, pero lo dejaron todo para seguir a Jesús.

5.                 Saulo de Tarso

Cuando vemos la posición que Saulo había logrado en su carrera religiosa (Filipenses 3.1–10) entonces comprendemos lo que le costó a él dejar esa carrera prometedora para servir al Dios vivo. ¿Acaso esto valió la pena? ¡Claro que sí! Pablo mismo da su testimonio en 2 Timoteo 4.5–8.

De estos y otros ejemplos aprendemos que aunque negarse a sí mismo es un sacrificio es la única manera de recibir las ricas bendiciones de Dios. Y es la única manera en que podemos serle útiles a Dios en su reino.

Las recompensas

Negarse a sí mismo no termina en sufrimiento y derrota. Más bien, es la liberación del señorío de nuestro ego para vivir en Cristo y tenerle a él viviendo en nosotros. Al dejar los goces pasajeros de la vida pecaminosa recibimos el gozo del Señor y finalmente obtendremos las realidades eternas del cielo mismo (Salmo 16.11). Al renunciar a nuestra propia justicia, Dios nos justifica gratuitamente. Al negarnos las riquezas terrenales, las cambiamos por las riquezas eternas del cielo. Y así es con toda cosa que sacrificamos por Cristo: es un cambio de cosas deseadas por la carne por algo de mucho más valor. Jesús fue un ejemplo perfecto de cómo negarse a sí mismo. Él se entregó a la muerte en la cruz. Por eso “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2.9). No tema usted seguir sus pasos. Algún día Dios lo recompensará por abnegarse y usted verá que negarse a sí mismo es en realidad cambiar el mundo por el reino del cielo.

EL COMPLOT PARA NEGAR EL HOLOCAUSTO JUDÍO

 

Negación del Holocausto:

¿Qué es, y por qué los estudiosos cristianos deben rechazarlo categóricamente?

 

 

Richard V. Pierard

 

 

El Holocausto, el intento de los nazis alemanes de eliminar a toda la población judía europea, es la mayor tragedia que debió enfrentar el pueblo judío en su historia. Es también un problema cristiano, porque la mayoría de los perpetradores del Holocausto eran miembros bautizados de las Iglesias, y los espectadores, los que no hicieron nada para impedirlo, ni siquiera para ayudar a sus vecinos judíos perseguidos, también eran reputados miembros de las Iglesias protestante y católica. Desgraciadamente, hay gente que afirma que el Holocausto jamás existió. Dicen que los judíos inventaron su tragedia, en la más maliciosa y virulenta forma imaginable de antisemitismo. Esto niega la experiencia compartida de la comunidad judía actual, y constituye un terreno propicio para la posibilidad de otra tentativa de destrucción total. Aunque los negadores del Holocausto pueden intentar infiltrarse en nuestra filas, como creyentes cristianos debemos hacer oír un firme y deliberado NO a todos los intentos de los negacionistas por difundir sus perniciosas ideas entre nosotros.

 

Introducción

 

Me gustaría comenzar con tres ejemplos: el primero es el general Dwight Eisenhower, quien, en sus memorias, Crusade in Europe (p. 409), relató su visita al campo de concentración de Buchenwald, el 13 de abril de 1945.

 

“Visité cada rincón del campo porque sentí que, desde ese momento, era mi obligación estar en condiciones de dar un testimonio de primera mano sobre esas cosas, en caso de que en mi país aumentara la presunción de que “las historias de la brutalidad nazi eran sólo propaganda”. Algunos miembros del grupo de visitantes fueron incapaces de atravesar esa experiencia. Envié comunicaciones tanto a Washington como a Londres, exhortando a ambos gobiernos a que mandaran en el acto a Alemania a diferentes editores de periódicos y grupos representativos de las legislaturas nacionales. Sentí que la evidencia debía ser presentada inmediatamente a los públicos norteamericano y británico de una manera que no dejara ningún lugar a dudas cínicas”.

El segundo ejemplo proviene de un artículo de fondo del escritor John Sack titulado “Daniel in the Denial Den” (“Daniel en la caverna de los negadores”), en la revista Esquire, febrero de 2001. En él, describe sus experiencias en una “conferencia internacional” del Institute for Historical Review, en un hotel de Orange, California. Allí cenó con un hombre de Alabama, el Dr. Robert Countess, ministro presbiteriano y profesor de griego clásico y hebreo que se dice evangélico. Enseñó brevemente en el Covenant College de Tennessee, y es un miembro prominente de la Sociedad Teológica Evangélica. Countess usaba una camiseta con esta inscripción: ¿NINGÚN AGUJERO? ¡NINGÚN HOLOCAUSTO! (Esto se refiere a la afirmación de un negacionista francés, Paul Faurisson, que examinó los techos en ruinas de las infames cámaras de gas del campo de concentración de Auschwitz, y no encontró los agujeros por los cuales se habría introducido el gas ciánido para matar a las personas allí encerradas. Entonces llegó a la conclusión de que el Holocausto era un mito). Con anterioridad, Countess había declarado en una carta al editor del número de marzo de 1988 de la revista de libertad religiosa Liberty, de los Adventistas del Séptimo Día, que “las investigaciones académicas actuales” sobre la era nazi revelaban “las extremas exageraciones” de las muertes de judíos. El número de judíos “desaparecidos durante el período de guerra está a lo suma entre 300.000 y 1.500.000”.

 

El tercer ejemplo es un artículo de Herman Otten en su revista Christian News, del 7 de mayo de 1990. El muy sincero fundamentalista luterano proclamaba: “Llegó el momento de que los cristianos dejemos de creer y promocionar una de las mayores mentiras y calumnias del siglo XX”. Es la idea de que los alemanes exterminaron a seis millones de judíos durante la segunda guerra mundial, y planeaban matar a todos los judíos de Europa. Decía que estaba desafiando a “una de las doctrinas más sagradas del mundo”, la “religión del Holocausto”. Promocionar esta “farsa” como verdad, era mentir, y constituía una violación al mandamiento de no levantar falso testimonio.

 

Estos ejemplos ponen al descubierto el problema que enfrentamos. El líder militar norteamericano quería asegurarse de que ese pueblo jamás llegara a considerar los horrores de los campos de concentración nazis como mitos de propaganda, mientras que los dos escritores evangélicos, un educador y un periodista, ya estaban restando importando y minimizando lo que habían hecho los nazis.

 

Controversias históricas

 

El Holocausto puede definirse como el acontecimiento histórico en el cual aproximadamente seis millones de judíos fueron asesinados, en una forma intencional, sistemática y burocráticamente organizada, por los nazis y sus colaboradores, por medio de diferentes tecnologías, incluyendo cámaras de gas. Esta concisa definición fue elaborada por Michael Shermer y Alex Grobman en Denying History: Who Says that the Holocaust Never Happened and Why Do They Say it? (Berkeley: University of California Press, 2000), p. XV. Durante los años 60, se aceptó universalmente la palabra Holocausto para definir este proceso. El significado griego de la palabra es “destrucción por el fuego”, y su significado original era el sacrificio en el fuego de un animal en un altar. El término hebreo es Shoah.

 

Indudablemente, existen controversias legítimas alrededor de este tema. Los historiadores han debatido diversos detalles del Holocausto, y se buscaron diferentes figuras de mortalidad según las situaciones. Algunas cuestiones se rechazaron como mitos –por ejemplo, el hecho de producir jabón con cadáveres de judíos se considera ahora un rumor infundado–, y algunos relatos de sobrevivientes fueron considerados inapropiados e incluso espurios, como el libro Fragments de Binjamin Wilkomirski, de 1996, que pretende relatar experiencias infantiles del autor en Auschwitz, aunque en realidad, él nunca estuvo allí.

 

Otras cuestiones suscitaron interrogantes sobre la explotación política y cultural del Holocausto, como por ejemplo, los libros de Peter Novick, The Holocaust in American Life (Boston: Houghton Mifflin, 1999), Hilene Flanzbaum, ed., The Americanization of the Holocaust (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1999); Tim Cole, Selling the Holocaust: From Auschwitz to Schindler, How History Is Bought, Packaged, and Sold (New York: Routledge, 1999), y Norman G. Finkelstein, The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering (New York: Verso, 2001). Los temas incluidos en estas obras son: los museos que no muestran los sufrimientosde las víctimas no-judías del nazismo, como los gitanos (roma y sinti) y los homosexuales; la propagación de programas educacionales sobre el Holocausto que sacan el tema de la historia a la que pertenece y lo llevan a esferas de misticismo y definiciones de identidad; la distorsión del Holocausto mediante su transformación en una experiencia “norteamericana” que glorifica a los liberadores de los campos, pasa por alto la falta de voluntad de los Estados Unidos para ayudar a los judíos antes y durante la guerra, e ignora los sufrimientos de los demás grupos de “víctimas”, como los norteamericanos africanos y los norteamericanos nativos; los voceros y escritores del Holocausto que aprovechan los importantes honorarios por conferencias o derechos de autor; y varias presiones económicas: las reparaciones recibidas de Alemania, el apoyo financiero de los Estados Unidos a Israel, y la entrega de cuentas inactivas de los bancos suizos de víctimas judías de la segunda guerra mundial. En el mismo sentido, el estudioso judío Marc H. Ellis, Beyond Innocence and Redemption: Confronting the Holocaust and Israeli Power (San Francisco: Harper & Row, 1990) sugiere que Israel siguió un camino equivocado al utilizar el Holocausto para justificar el poder del Estado sin reconocer el costo moral que eso implica.

 

Una controversia importante es la de la “singularidad” del Holocausto, una cuestión que fue analizada por varios colaboradores en el simposio editado por Alan S. Rosenbaum, Is the Holocaust Unique? Perspectives on Comparative Genocide (Boulder, CO: Westview Press, 2001). “¿Es este genocidio tan único que sólo puede ser la experiencia del pueblo judío, y no puede analizarse ni explicarse, sino sólo ser considerado como lo Tremendum, algo tan imponente y terrible que los no-judíos no pueden identificarse con él? ¿Puede considerarse a otros genocidios, como los de Armenia, Camboya o Ruanda-Burundi, como holocaustos? Si así fuera, ¿relativiza o trivializa esto al Holocausto judío? ¿Se trivializa este término cuando es usado por los movimientos pro-vida (anti-aborto) de los Estados Unidos, que se refieren al holocausto que se perpetra contra los “no nacidos”, y cuando los afroamericanos definen la esclavitud como “nuestro holocausto”? Si fuera relativizado en alguna forma, ¿perdería así su fuerza para frenar la larga tradición de antisemitismo que acosó de tal forma a la humanidad?

 

Existe una antigua disputa entre los funcionalistas y los intencionalistas. La cuestión principal es: ¿el Holocausto fue un resultado de la intención de Hitler de matar a todos los judíos, apoyado desde el principio de su gobierno por el profundamente arraigado antisemitismo del pueblo alemán? ¿O evolucionó de una manera gradual a través del tiempo, en una forma lógica, a partir del antisemitismo del nacionalsocialismo y a través del entusiasmo de los cómplices de Hitler, especialmente Goering, Goebbels, Heydrich, Himmler, Bormann, entre otros, que llevaron a cabo lo que creían que eran los deseos del Führer, y así el régimen nazi implementó las políticas de destrucción de una manera no planeada, pero burocrática y a veces desafortunada? Esta controversia recibió un nuevo impulso del desvergonzado intencionalista Daniel J. Goldhagen en Hitler’s Willing Executioners: Ordinary Germans and the Holocaust (New York: Random House, 1996), y su trabajo fue refutado en el simposio editado por Franklin H. Littell, Hyping the Holocaust: Scholars Answer Goldhagen (East Rockaway, NY: Cummings & Hathaway, 1997), y Norman G. Finkelstein y Ruth Bettina Birn, A Nation on Trial: The Goldhagen Thesis and Historical Truth (New York: Henry Holt, 1998).

 

Pero en todos estos debates, absolutamente ninguno de los protagonistas niega que el Holocausto realmente tuvo lugar. Hay historiadores que, hundidos en una montaña de documentos sobre la segunda guerra mundial, quizá retocan algunos detalles del Holocausto, por ejemplo, reduciendo el número total de víctimas de las cámaras de gas, aunque al mismo tiempo aumentan el número de muertes provocadas por las unidades móviles asesinas de las SS que operaban en el frente oriental. Pero ningún historiador responsable de la segunda guerra mundial sostiene que el Holocausto es un mito, o dice que nunca ocurrió.

 

¿Qué es la “revisión” o, más bien, la “negación” del Holocausto?

 

Los llamados “revisionistas” del Holocausto” son en realidad “negadores del Holocausto”, ya que niegan los tres componentes claves que hemos mencionado antes: 1) la matanza de los seis millones; 2) el uso de las cámaras de gas; y 3) las acciones directas y sistemáticas de los nazis para llevar a cabo el proceso. Un ejemplo de este punto es el comentario que hizo, en 1992, Bradley Smith, el autodesignado jefe del Comité para un Debate Abierto sobre el Holocausto: “Los revisionistas niegan que el Estado alemán tuviera una política de exterminio del pueblo judío (o de ningún otro), matándolos en cámaras de gas o mediante abuso o negligencia” (Shermer and Grobman, Denying History, p. xv).

 

Los auténticos revisionistas históricos son personas que trabajan con documentos y fuentes originales, y, a través de ellos, analizan y reinterpretan algún hecho histórico. Revisan nuestra interpretación del acontecimiento sobre la base de nuevas fuentes y nuevas perspectivas aplicadas a fuentes existentes. Cambian detalles del conocimiento que tenemos de un acontecimiento, pero difícilmente niegan que ocurrió. Es la modificación de la historia basada en hechos nuevos o nuevas interpretaciones de hechos antiguos. Los verdaderos investigadores se ajustan a las reglas de la lógica y la razón. Presentan sus afirmaciones como hipótesis comprobables que otros pueden cotejar con la evidencia, y aceptar o rechazar con relación a otras interpretaciones.

 

El revisionismo del Holocausto, por el contrario, es en realidad, una negación del Holocausto. Es pseudo-historia, la negación del pasado o la reescritura del pasado por motivos polìticos e ideológicos del presente. Este uso indebido de la historia ocurre con mucha frecuencia, por ejemplo, en los libros de textos japoneses que omiten cualquier discusión sobre la “violación de Nanking” de 1937 en China, o los historiadores afrocéntricos que aseguran que Aristóteles robó sus ideas, que constituyen las bases de la filosofía occidental, de la biblioteca de Alejandría, donde los africanos depositaron sus obras filosóficas. No importa el hecho de que muchos periodistas y otras personas presenciaron los horrores de Nanking, o que la biblioteca de Alejandría haya sido creada después de la época de Aristóteles. Las ideologías determinan qué es cierto o falso.

 

Los negadores del Holocausto forman una vasta y densa red. Tienen una fuerte presencia en Internet, y sus sitios remiten unos a otros. Esto puede verse en una conocida historia sobre un profesor de secundaria que encargó a sus alumnos que escribieran un trabajo para el trimestre usando la World Wide Web. Un joven eligió el Holocausto, y redactó un horrible trabajo que negaba su validez histórica, con material sacado de los sitios negacionistas. El profesor había olvidado explicar que no todo lo que se encuentra en Internet es confiable.

 

La negación del Holocausto es utilizada por el Ku Klux Klan, los neonazis, los skinheads, y los movimientos de identidad de algunas Iglesias, y también se la encuentra en grupos negros de odio, como la Nación del Islam de Louis Farrakhan, en algunos escritores afrocentristas, y en la retórica árabe anti-israelí. El elemento común de todas estas manifestaciones es el antisemitismo, es decir, el odio o la aversión a los judíos. También hay una cofradía internacional de negacionistas, pero en muchos países, como Canadá, Austria y Alemania, hay leyes que impiden la expresión abierta de esas ideas, sea en forma oral, escrita o en Internet. Algunos negacionistas que buscan respetabilidad evitan frecuentar a grupos sectarios.

 

El grupo más conocido de los Estados Unidos que defiende la causa de la negación del Holocausto es el Institute for Historical Review, un organismo fundado en California en 1978 por Willis Carto. Nacido en 1926, Carto es el líder de un grupo ultraderechista llamado “The Liberty Lobby”, quizá la principal organización antisemita del país. Según su declaración de propósitos, el Institute for Historical Review sería una “voz para la verdad histórica” y un “defensor del conocimiento histórico”. Empezó publicando lo que se proponía ser un periódico académico, el Journal of Historical Review, y en 1980, tomó la lista de suscriptores del prestigioso Journal of American History y les envió copias gratuitas de la revista, una acción que incomodó mucho al patrocinador de esta importante revista, la Organización de Historiadores Norteamericanos, que publicó una disculpa, y adoptó una nueva política para el uso de las listas de sus miembros.

 

El IHR afirmaba ser un instituto de investigación con una amplia agenda histórica, e incluso publicaba artículos revisionistas sobre temas que no tenían relación con la segunda guerra mundial. Sin embargo, un análisis del contenido de la revista en Shermer and Grobman, Denying History (pp. 76-80), muestra que su centro de interés estaba puesto en los judíos, en cualquier período histórico que fuera, y los tratamientos eran invariablemente negativos. Los escritores del IHR llamaban al Holocausto “la mayor mentira” de toda la historia, y calificaban a quienes creían en él como “exterminacionistas”. Ésa era la razón fundamental de la “devoción genuflexa de los Estados Unidos hacia el ilegal Estado de Israel”. Una figura del IHR, Tom Marcellus, dijo que la mentira del Holocausto no sólo sirvió como “justificación” para que Israel cometiera genocidio, sino que también afectó los derechos de los ciudadanos norteamericanos en su propio país. Las garantías constitucionales de libertad de expresión de los norteamericanos fueron suprimidas para proteger los intereses de quienes ponen en primer lugar al Estado de Israel.

 

El IHR obtuvo una gran notoriedad cuando, en 1980, ofreció una recompensa de 50.000 dólares para quien pudiera demostrar fehacientemente que se habían gaseado judíos en Auschwitz. Mel Mermelstein, un sobreviviente que vivía en Long Beach, California, respondió al desafío y presentó voluminosos materiales, así como su propio testimonio como testigo presencial. Cuando el IHR rechazó su evidencia, Mermelstein lo demandó. En el juicio, presentó la misma evidencia que había entregado al IHR, y en 1985, después de un prolongado litigio y un fallo previo a su favor en 1981, un juez de la Corte Suprema de Los Angeles declaró que la muerte de judíos en las cámaras de gas de Auschwitz no estaba “sujeta a discusión” sino que era “simplemente un hecho”. Ordenó al IHR a pagar los $50.000, y otros $40.000 por dolor y sufrimiento. El acusado también debió enviar una carta formal de disculpa a Mermelstein por el sufrimiento emocional que le habían causado a él y a todos los demás sobrevivientes de Auschwitz. En 1990, su historia se utilizó para hacer una pelìcula de televisión, protagonizada por Leonard Nimoy.

 

Después de la derrota inicial en 1981, Carto despidió al director, William McCalden, y lo reemplazó por Tom Marcellus, que había sido un miembro directivo de la Iglesia de Cientología. En 1993, como resultado de una lucha interna sobre finanzas (que incluía la disposición de una herencia de $15.000.000 de la nieta de Thomas Edison), Carto fue echado del IHR. En 1995, Marcellus dejó el instituto, y Mark Weber, editor del Journal of Historical Review, asumió como director. Actualmente es su figura principal, junto con su socio, Greg Raven.

 

En años recientes, el IHR, junto con varios otros negacionistas, intentaron volverse más respetables, y se distanciaron de los mercaderes del odio extremistas. Un resultado de esto es su esfuerzo por producir libros y monografías de aspecto profesional, con notas al pie, fotos y bibliografía. Éste es ciertamente el caso del gurú de la historiografía negacionista, el historiador autodidacta británico David Irving, que generó una larga lista de libros sobre la segunda guerra mundial, incluyendo biografías de Churchill, Rommel, Goering y Goebbels, relatos sobre el programa atómico y los bombardeos de Dresde, y un libro de dos tomos sobre la guerra de Hitler. En abril de 2000, perdió un célebre caso en la corte, en Londres: había demandado a la escritora norteamericana Deborah Lipstadt, por llamarlo negacionista en su libro Denying the Holocaust. Aunque los libros de Irving están llenos de referencias a cartas y documentos no publicados, muchos de los cuales asegura haber descubierto por sí mismo a través de su trabajo, y a pesar de que algunos de sus libros incluso obtuvieron críticas favorables, los investigadores que los analizaron cuidadosamente sostienen que están plagados de errores e inconsistencias.

 

Unos pocos académicos otorgaron de una pequeña dosis de respetabilidad al movimiento. Uno fue el fallecido Dr. Austin J. App, un oscuro profesor de literatura medieval inglesa en el colegio La Salle de Filadelfia. Publicó un tratado, La estafa de los seis millones (The Six Million Swindle, 1973), que sostenía que el Holocausto fue un complot conjunto inspirado y alimentado por comunistas y judíos para chantajear a Alemania. Más significativo es Arthur R. Butz, un graduado del MIT, que posee un Ph.D. de la Universidad de Minnesota y es profesor asociado de ingeniería eléctrica en la prestigiosa Northwestern University de Evanson, Illinois. En 1976, escribió un extenso libro, The Hoax of the Twentieth Century (La farsa del siglo XX), que afirmaba que el Holocausto había sido una farsa de propaganda judía destinada a desacreditar a Alemania. El libro atrajo una considerable atención de la prensa, y provocó una gran molestia en la Northwestern University. La administración recibió presiones para despedir a Butz, pero él era un miembro titular de la facultad, y los riesgos de una acción de esa clase mezclada con las cuestiones de libertad académica eran demasiado grandes. Otra luminaria es Fred Leuchter, un así llamado “ingeniero de ejecuciones” de Massachusetts, que hacía y vendía equipamientos para ejecuciones. Él viajó a Auschwitz para ver si podía encontrar alguna evidencia de que allí se había usado gas ciánido en las ejecuciones. Por supuesto, no encontró nada.

 

Bradley Smith, el librero de California que mencionamos antes, ganó notoriedad por poner anuncios en periódicos estudiantiles llamando a un “debate abierto” sobre el Holocausto, y despotricó contra la “censura” cuando le rechazaron los anuncios. Habló de corrección política en el debate, y dijo que la historia del Holocausto había sido declarada zona vedada por la policía de pensamiento norteamericana”. Afirmaba que esto iba en contra de todo lo que sostenía la universidad: libre investigación, debate abierto, enfrentar tabúes intelectuales. Hay muchos otros nombres que podrían mencionarse: los negacionistas canadienses James Keegstra, Malcolm Ross, y especialmente Ernst Zündel; franceses como Paul Rassinier, Henri Roques, y Robert Faurisson; el político de Louisiana David Duke; el neonazi norteamericano Gary Lauck; el autoproclamado judío ateo David Cole, que trabajó con el IHR (y aparentemente se retractó hace poco de sus ideas negacionistas); el ultraderechista británico Richard Verrall (que escribió bajo el seudónimo de Richard Harwood); y una variedad de alemanes, entre ellos, Wilhelm Stäglich, Ditlieb Felderer y Udo Walendy. Pero dejamos los nombres, pues la lista podría seguir indefinidamente.

 

Los argumentos de los negacionistas

 

El espacio nos impide revisar todos los argumentos de los negacionistas, y refutarlos sistemáticamente, y además, ya lo hicieron muchos de los que escribieron sobre la negación del Holocausto (véase el apéndice bibliográfico). Sin embargo, es útil destacar la naturaleza de la argumentación negacionista. Esta gente utiliza diferentes enfoques para negar los claros hechos de esta increíble tragedia. Uno es explicar las muertes de los judíos en los campos como consecuencia del tiempo de guerra: los bombardeos aliados, las epidemias, la escasez de comida, la superpoblación y el trabajo excesivamente agotador de los prisioneros. En cuanto a las cámaras de gas y los crematorios, estaban para desinfectar la ropa de los prisioneros y disponer de los que morían de muerte natural, y éstos eran muchos a causa de las difíciles condiciones de la guerra y la no prevista superpoblación de los campos. Seguramente, muchos judíos murieron en los campos por esas causas, pero su tasa de mortalidad era proporcional a la de otras personas allí encarceladas, y la capacidad de los crematorios no podía ser suficiente para la cantidad de cadáveres de judíos de la que se habla. Después de la guerra, la mayoría de los judíos fueron a Israel y a los Estados Unidos, y esto explica por qué quedaron tan pocos en Europa. Los negacionistas se dedican a señalar algunas incoherencias en los relatos de los testigos oculares para desacreditarlos, y explotan errores de algunos investigadores e historiadores para sugerir que todas sus conclusiones son falsas. Deforman los debates entre investigadores sobre cuestiones interpretativas específicas del Holocausto, para poner en tela de juicio la veracidad total del Holocausto. En todos los casos, utilizan selectivamente los hechos en sus argumentos, e ignoran cualquier información que pueda contradecirlos. Otro enfoque es el de la equivalencia moral. Algunos negacionistas sostienen que lo que los nazis hicieron a los judíos no es diferente a lo que otras naciones hicieron con sus enemigos. Los Estados Unidos arrojaron bombas sobre dos ciudades japonesas y encerraron a norteamericanos de origen japonés en campos de concentración. Los británicos destruyeron sistemáticamente ciudades alemanas con sus bombardeos. Stalin y los comunistas chinos mataron a mucha más gente que los alemanes. Si el relato proviene de una figura nazi, dicen que el testimonio fue extraído mediante torturas, o que la persona lo inventó para escapar al castigo. Descartan documentos escritos nazis por ser demasiado vagos o completas falsificaciones. Algunos insinúan incluso que los judíos y otros fueron encerrados en campos de concentración para protegerlos de la cólera popular o para permitir su rehabilitación.

 

Los historiadores serios saben que los miles de piezas de evidencia reunidos, de miles de hechos que ocurrieron en miles de lugares a través de la Europa continental entre 1933 y 1945, nos proporcionan un cuadro completo e irrefutable de lo que sucedió. (Shermer and Grobman, Denying History, p. 256). No necesitamos ninguna fuente especial, ni encontrar “el arma homicida” (por ejemplo, una orden directa, escrita, de Hitler, algo improbable de hallar, pues Hitler solía dar las órdenes en forma oral, o expresar lo que quería que sucediera), para demostrar que el Holocausto tuvo lugar. El conjunto de la evidencia es simplemente abrumador. Por eso, la negación del Holocausto es una cruel burla a la historia.

 

Sería esclarecedor reflexionar sobre lo que sucedería si se usara la misma metodología para evaluar la Bilbia. Esa gente relegaría rápidamente la Escritura a la condición de cualquier otro documento antiguo que reflejara el poder y los intereses de clase de sus autores, y estaría lleno de errores e incoherencias. Eso no podría ser, evidentemente, la única, inerrante y autorizada Palabra de Dios. O ¿cómo tratarían la resurrección de Cristo? Obviamente, la evidencia es contradictoria, los testimonios directos son parciales, y esa clase de milagro posiblemente no podría haber pasado en el mundo real.

 

Por qué el “revisionismo” del Holocausto no es una opción aceptable para estudiosos cristianos

 

Sostengo que el “revisionismo” o la “negación” del Holocausto no es una opción aceptable para nosotros, como estudiosos cristianos, y, de hecho, es algo absolutamente peligroso incluso en un sentido más general.

 

1) lleva a la gente a confundirse sobre lo que realmente pasó, y propaga dudas en las mentes. Hace unos años (1992), el Comité Judío Norteamericano encargó una encuesta a la Roper Organización. Entre los encuestados, el 22% contestó afirmativamente a la pregunta: “¿Le parece posible que el exterminio nazi de los judíos nunca haya existido?, y el 12% respondió que “no sabía”. Las peores cifras aparecieron en la franja de 18 a 29 años (el 24% contestó afirmativamente y el 17% no sabía) y entre los que no habían completado estudios secundarios (20 % y 27%). Además, 23% de los que se definían a sí mismos como “conservadores” aceptaba la posibilidad de que el exterminio de los judíos podía no haber ocurrido. Sin duda, se efectuaron serios cuestionamientos metodológicos sobre este sondeo, y las conclusiones podrían ser más pesimistas de lo que justifica la evidencia (véase Novick, Holocaust in American Life, pp. 271-72).

 

Pero el nivel de ignorancia pública posibilita que los negacionaistas más “respetables” insistan en sus engaños. Debajo de la superficie, los negacionistas son fanáticos que odian a los judíos, a las minorías raciales y a la democracia en general. Pero han adoptado una apariencia exterior de racionalistas, y evitan la de extremistas. Dan la impresión de estar comprometidos con los valores que en realidad desprecian: la razón, la precisión, las reglas críticas de la evidencia, la honesta búsqueda de la verdad histórica. En un llamamiento dirigido a intelectuales cristianos, George Brewer escribió en el primer número de The Revisionist: A Journal of Independent Thought (November 1999): “Que podamos terminar con la ideología hegemónica del humanismo secular liberal depende de que seamos capaces de defender el derecho a pensar diferente sobre la catástrofe judía, o sobre cualquier otra cosa”.

 

2) En su esencia, la negación del Holocausto es una amenaza para todos los que creen que el conocimiento y la memoria son piedras basales de nuestra civilización. El Holocausto no es meramente una tragedia de los judíos, sino una tragedia de la civilización en la que las víctimas fueron judíos. Fue llevado a cabo por una sociedad tecnológicamente muy avanzada, por personas que eran productos de uno de los mejores sistemas educacionales del mundo. Por lo tanto, negar su realidad no sólo constituye una amenaza para la historia judía, sino una amenaza a todos los que creen en el poder de la razón. La negación del Holocausto repudia la discusión razonada del mismo modo en que el Holocausto repudió los valores civilizados. Es la glorificación definitiva del irracionalismo.

 

3) La negación del Holocausto refleja la dirección que tomó el ambiente intelectual en el último cuarto de siglo. Los negacionistas hacen su negocio en un tiempo en que atacar la tradición racionalista occidental en la historia, se volvió algo corriente. No hay verdades objetivas; no hay una versión del mundo que es necesariamente cierta, mientras que otra es errada. Todos los sistemas conceptuales son igualmente buenos. No se pueden desechar ni siquiera los conceptos más inverosímiles, por el solo hecho de ser absurdos.

 

El pensamiento deconstruccionista moderno sostiene que la experiencia es relativa y nada está establecido. Este clima de permisividad intelectual dificulta que una persona pueda afirmar que algo es falso. ¿Cómo se puede decir que la negación del Holocausto es un movimiento sin ninguna validez académica, intelectual o racional? Después de todo, ningún hecho, ningún acontecimiento, ningún aspecto de la historia tiene ningún significado o contenido establecido. Toda verdad puede ser replanteada. Todo hecho puede ser reformulado. No hay realidades históricas definitivas. El conocimiento se disuelve en la nada.

 

4) La negación del Holocausto rehabilita al antisemitismo en el mundo moderno. Como escribió Walter Reich, ex director del Holocaust Memorial Museum de los Estados Unidos, en el New York Times, el 11 de julio de 1993: los negacionistas, “al convencer al mundo de que el gran crimen por el que se culpa al antisemitismo, simplemente nunca ocurrió, que sólo fue una trampa inventada por los judíos, y propagada por ellos a través del control de los medios de comunicación”, hacen que los argumentos antisemitas parezcan otra vez respetables en el discurso civilizado, e incluso parece aceptable que los gobiernos implementen políticas antisemitas. La negación del Holocausto convierte al mundo en un lugar seguro para el antisemitismo, y, en efecto, como le oí decir al historiador Yehuda Bauer, crea las precondiciones que le negarían al pueblo judío el derecho de vivir en el mundo del post-Holocausto. O, como lo expresó el historiador literario francés Pierre Vidal-Naquet: “Es un intento de exterminio sobre el papel, que continúa en otro registro el verdadero trabajo de exterminio. Reviven a los muertos para atacar mejor a los vivos” (Assassins of Memory, p. 24).

 

5) Por último, la negación del Holocausto es un arma disuasiva que revela los profundos efectos del pecado en la sociedad humana. Historiadores, teólogos, filósofos, sociólogos y psicólogos intentaron explicar el Holocausto planteando la pregunta fundamental sobre la condición humana: “¿Por qué ocurrió?” Al analizar este tema, nosotros, como académicos cristianos, estamos preparados para incluir al pecado humano como una causa de raíz. Pero los negacionistas responden: “No ocurrió”. De este modo, no necesitamos plantear esta pregunta última sobre la falla humana. Pero como estudiosos cristianos, ¿no deberíamos empezar por aquí nuestro análisis?

 

Bibliografía seleccionada sobre la negación del Holocausto

 

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Richard V. Pierard, Ph.D., profesor emérito de Historia, de la Universidad de Indiana, es académico residente y profesor invitado en el Gordon College, Wenham, Massachusetts, U.S.A.

 

 


USTED DEBE NEGARSE A SÍ MISMO PARA TENER ÉXITO EN LA VIDA

                                                                    Por Ing. Mario A Olcese

 

Jesús nos manda a negarnos a nosotros mismos

 

En una ocasión Jesús les dijo a sus discípulos lo siguiente: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.24 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.25 Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:24,25). En este pasaje Jesús demanda a sus discípulos que se nieguen a sí mismos para llegar a ser salvos. ¿A qué se refiere Jesús por “niéguese a sí mismo”? El contexto parece indicar que se refiere a aquel que aún persiste en conservar su vida presente, dándole la espalda a Cristo y así poder obtener lo que el mundo le ofrece: comodidades, lujos, placeres, y todos deseos de los ojos y de la carne. Pero, ¿qué es lo que vemos en el mundo hoy? La mayoría de la gente NO está dispuesta a renunciar a las cosas carnales y materiales por causa de Cristo y su evangelio del Reino. Otros se engañan a sí mimos queriendo seguir a Cristo sin renunciar a las cosas materiales, y a los placeres de la carne. Pero el Señor Jesucristo nos pide que renunciemos a nuestro “Yo” para seguirlo a él a fin de ganar la salvación.

 

Cómo consideró Pablo las cosas de este mundo?

 

En Filipenses 3:8, Pablo expresa claramente lo siguiente: Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a CristoAquí Pablo puso en práctica la recomendación de Jesucristo y optó por estimar todo lo material, y probablemente muchas de sus creencias pasadas erradas, como pérdidas y como basura para ganar a Cristo. En su vida pasada probablemente él se sentía atraído por las cosas de este mundo, por su rango social,  por su dinero, o por sus comodidades, etc, pero después de su conversión él se negó a todo eso para ganar a Cristo.

 

En 1 Pedro 1:18 Pedro entiende que como cristianos hemos sido rescatados de un modo de vida vano y sin sentido heredado de nuestros padres. El dice: sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres…”. Hoy más que nunca los padres quieren todo lo mejor para sus hijos. Desean que sus hijos sean hombres exitosos, famosos, adinerados, y aceptados por la alta sociedad. Se esmeran duro para darles una educación universitaria (lo cual no es malo) para que puedan labrarse un porvenir venturoso que les pueda proveer de todas las cosas que ellos, como padres, no lograron. Pero estos valores de muchos padres no se ajustan a los valores cristianos totalmente, pues Pedro los cataloga como “vana manera de vivir”. El verdadero éxito que puede lograr todo hombre, según Cristo, no está en ganar todo lo que el mundo presente ofrece, sino en ganar todo lo que el mundo venidero de justicia nos ofrece! El hombre sabio sabrá negarse a sí mismo todos los ofrecimientos insanos de este mundo para poder ganar lo que Cristo ofrece para sus seguidores, que es un reino de justicia en la nueva tierra, el cual él inaugurará en su parusía. Recordemos que al joven rico Jesús le dijo que si quería ganar la vida eterna tenía primero que vender todo lo que había obtenido en este mundo, y dárselo a los pobres, y entonces, y sólo entonces,  tendría ganada su vida en el mundo venidero de justicia (Mat. 19:11-25).

 

Negarse a la seducción o a la tentación

 

Jesús se negó a sí mismo cuando el diablo le ofreció todos los reinos de este mundo impío. El pudo ceder a la tentación satánica de llegar ser un rey de manera inmediata de este mundo o siglo malo, y olvidarse de su futura difícil misión con todos sus problemas y sufrimientos predichos para él como el Cordero de Dios. Sin embargo, él no dudó ni por un instante de su misión y optó por la causa de Su Padre. Claramente él se negó a sí mismo, y rechazó al diablo con las Santas Escrituras.

 

Muchos hombres en el transcurrir de sus vidas tienen que afrontar situaciones similares o no muy similares. Vendrá el enemigo que pretenderá que usted se fije en los “encantos” de una mujer joven y bella que se le acercará sutilmente para seducirlo y apartarlo de Dios y de su familia. El enemigo astutamente le nublará el entendimiento y le hará creer que una aventurita pasajera no le hará daño a nadie con tal que quede en secreto. Total, todos los hombres se mandan una “canita al aire”, y nada ha pasado. Sin embargo, muchas de estas relaciones furtivas no sólo han terminado en simples aventuritas, sino también en tremendos enredos y en hogares destruidos. Sí, mis amigos, muchos de estos “avispados caballeros” han perdido la cabeza por estas jovencitas y han terminado totalmente desacreditados, desplumados, y abandonados por sus familiares, amigos, y por la misma amante. Todo como resultado de no haber sabido decirle NO a la tentación…por no haberse negado a sí mismos a tiempo.

 

Negarse a todo lo que es injusto o incorrecto debe ser la norma de todo cristiano por la causa del reino y la justicia. Muchos hombres que no supieron negarse a sí  mismos a tiempo terminaron involucrados en negocios sucios para enriquecerse rápidamente y terminaron  condenados a prisión con condenadas enormes que los dejarán muertos en vida o pudriéndose en la cárcel. Otro grupo de personas dedican todos sus esfuerzos y energías para acumular tesoros en la tierra, pero perdiendo de vista los tesoros que vienen de arriba y que son imperecederos. El saber negarse a sí mismos el deseo de obtener cosas que no valen o son vanas es de sabios. Y aunque el mundo nos llame “perdedores”, para Dios somos ganadores, porque hemos creído en Su Hijo, y hemos optado por los tesoros imperecederos que vienen del cielo. ¡No somos necios para hipotecar lo eterno por lo temporal!

 

Somos ricos porque somos los herederos de las riquezas de Dios

 

Santiago dice que Dios ha escogido a los pobres y despreciados de este mundo para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha preparado para los que le aman. He aquí sus palabras: Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5)Tenemos gozo porque nuestra verdadera riqueza está en nuestra fe, fe que envidian los ricos, porque ellos viven sin fe, y sin esperanza en este mundo. Mientras muchos de ellos lloran y se lamentan, los fieles ríen y gozan dentro de sus carencias, pues saben que su situación no será eterna.

 

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