VENIDA O PRESENCIA DE CRISTO? —LO QUE DICEN LAS ESCRITURAS

El énfasis puesto en “presencia” como el único significado Bíblico correcto deparousía, parece tener muy poco apoyo entre los traductores de la Biblia. De hecho, exceptuando una pequeñísima cantidad de ellos, la mayoría prefiere las traducciones “venida”, “advenimiento”, “llegada” o términos similares en lugar de “presencia”. William J. Chamberlin, un Testigo investigador y coleccionista de Biblias de Clawson (Michigan, U.S.A.), comprobó cuidadosamente cómo la palabra parousía se vertía en los versículos 3, 27, 37 y 39 del capítulo veinticuatro de Mateo en cientos de diferentes traducciones de la Biblia, desde el Nuevo Testamento de William Tyndale de 1534, hasta traducciones publicadas en los años 80, y preparó una extensa lista de traducciones de 137 versiones de este periodo. Un examen de esta lista nos lleva a conclusiones muy interesantes.

                         “Parousía” en las traducciones de la Biblia

Antes de la mitad del siglo diecinueve, parece que pocos traductores de la Biblia se inclinaron a verter parousía como “presencia”. De las traducciones inglesas del Nuevo testamento que se produjeron desde el Nuevo Testamento de Tyndale en el siglo dieciséis hasta la traducción de Robert Young en 1862, Chamberlin encontró sólo un traductor, Wakefield, que en su Nuevo Testamento de 1975 usó “presencia” para traducir la palabra parousía en el versículo 39 del capítulo veinticuatro de Mateo. Pero aún así Wakefield prefirió traducirla “venida” en los versículos 3, 27 y 37 del mismo capítulo. Además, Daniel Scott, en su traducción de Mateo publicada en 1741 (New Version of St. Matthew’s Gospel), da “presencia” en las notas, pero retiene la traducción “venida” en el texto principal.

El primer traductor del siglo diecinueve que tradujo parousía como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo, probablemente fue el Dr. Robert Young en su Literal Translation of the Holy Bible (1862), y la razón de esto, como el título indica, fue que él intentó presentar los significados estrictamente literales de las palabras griegas en lugar de expresarlos en idioma moderno. Dos años después, Benjamin Wilson, un antiguo dirigente de un pequeño grupo religioso
conocido en la actualidad como la Conferencia General de la Iglesia de Dios, publicó en 1864 The Emphatic Diaglott, que tradujo igualmente parousíacomo “presencia” las 24 ocasiones que esta palabra aparece en el Nuevo Testamento.

Después, en 1868–1872, Joseph B. Rotherham publicó The Emphasized New Testament. Pero no fue hasta la tercera edición revisada, publicada en 1897, que Rotherdam cambió su traducción de parousía de “llegada” a “presencia”. ¿Por qué? La razón que él da en el Apéndice de la tercera edición indica que, al menos en parte, había llegado a aceptar la idea de la “venida en dos etapas”. Él explica que es posible que la parousía de Cristo sea, no sólo un evento, sino “un periodo más o menos extenso durante el cual sucederán ciertas cosas”. Indudablemente, la estrecha asociación que mantuvo con algunos de los colaboradores de la revista The Rainbow, de la cual el propio Rotherdam llegó a ser el director durante sus últimos tres años de existencia, influyó en su forma de pensar sobre este asunto.

Otros traductores del siglo diecinueve que usaron “presencia” para parousía en el capítulo veinticuatro de Mateo fueron W.B. Crickmer (The Greek Testament Englished, 1881), J.W. Hanson (The New Covenant, 1884) y Ferrar Fenton, que comenzó a publicar las primeras partes de su traducción,The Bible in Modern English, en la década de los ochenta.

Entre las traducciones del siglo veinte que vertieron parousía como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo están: A Concordant Version (1926), de A.E. Knoch; Bible Numerics, de Ivan Panin (2ª edición, 1935); la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas (1950), de la Sociedad Watch Tower; New Testament (1958), de James L. Tomanek; la versión Restoration of Original Holy Name Bible (1968); Today’s English New Testament (1972), de Donald Klingensmith; y New Testament (1972; sólo en forma manuscrita), del Dr. Dymond. Otras traducciones dan a veces “presencia” como significado literal de parousía en las notas a pie de página, pero prefieren “venida”, “llegada” o términos similares en el texto principal.

Así pues, exceptuando una relativamente pequeña cantidad de ellos, la mayoría de traductores antiguos y modernos prefieren traducir parousía como “venida”, “advenimiento”, “llegada”, o algún término similar en lugar de “presencia” en aquellos textos que tratan de la segunda venida de Cristo. Hacen esto a pesar de que todos ellos concuerdan en que el significado principal de la palabra es “presencia”. ¿Por qué? ¿Es lógico creer que tantos expertos en la lengua original del Nuevo Testamento hayan fallado de alguna manera a la hora de captar el verdadero significado de este término Griego?.

¿Qué hay de las versiones más antiguas del Nuevo Testamento como las versiones Latina, Siriaca, Cóptica y Gótica que fueron producidas mientras el Griego Koiné original del Nuevo Testamento era todavía una lengua viva? ¿Qué revelan estas versiones antiguas en cuanto a la forma en que sus traductores entendieron la palabra parousía?

       “Parousía” en las versiones más antiguas del Nuevo Testamento

Como es bien conocido, la Vulgata Latina fue producida por el gran erudito del siglo cuarto Hieronymus, más conocido en la actualidad como San Jerónimo. Él llevó a cabo su obra de traducción hacia el final del siglo cuarto, comenzando con los evangelios, que publicó en 383 d.C. Es interesante que Jerónimo, en 20 de las 24 ocasiones en las que la palabra parousía aparece en el Nuevo Testamento, escogió la palabra latina para “venida”, adventus, de la cual se deriva la palabra española “advenimiento”. Las cuatro excepciones son 1 Corintios 16:17; 2 Corintios 10:10, Filipenses 2:12 y 2 Pedro 1:16. En estos lugares la Vulgata usa praesentia, la palabra latina para “presencia”. Merece notarse que sólo el último de estos cuatro versículos trata de la parousía de Cristo. En las dieciséis apariciones restantes, donde parousía se refiere a la venida de Cristo, Jerónimo prefirió la palabra latina adventus. ¿Por qué? Evidentemente porque él entendió que en los versículos que trataban de laparousía de Jesucristo la palabra significaba “venida” en lugar de “presencia”. ¿Fue erróneo su entendimiento?

La Vulgata Latina, en realidad, no fue la versión latina más antigua de la Biblia. Otras numerosas traducciones latinas la precedieron, algunas de las cuales se produjeron en tiempos tan tempranos como el siglo II. De hecho, la Vulgata de Jerónimo no fue una traducción, sino una revisión de estas versiones antiguas (aunque cotejándolas con los textos Hebreo, Arameo y Griego originales) que se hizo con el fin de crear una versión autorizada de la Biblia que destacase de la gran variedad de antiguas versiones latinas existentes. Estas versiones antiguas se conocen con el nombre común de Biblia Latina Antigua o, en latín, Vetus Latina. Al igual que la Vulgata, ellas también tradujeron normalmente parousía por adventus. Entre las cinco excepciones (2 Corintios 10:10; Filipenses 2:12; 2 Tesalonicenses 2:9; 2 Pedro 3:4, 12), hay sólo dos pasajes que se refieren a la parousía de Cristo. Así, al igual que la Vulgata, las antiguas versiones latinas prefirieron traducir parousía por la palabra adventus, haciendo esto en 15 de los 17 versículos que tratan de la parousía de Cristo.

La palabra latina adventus significa literalmente “un venir a”, aunque a veces se podía usar también en el sentido de “presencia”. Sin embargo, en las mencionadas versiones latinas, adventus se usa claramente en el sentido de “venida” en contraste con praesentia, la palabra latina para “presencia”.

La versión Peshitta siriaca fue producida en el siglo quinto, pero al igual que la Vulgata latina fue precedida por otras versiones más antiguas, como muestran, por ejemplo, los manuscritos Curetoniano y Sinaítico siriaco. Si, como generalmente se cree, el lenguaje nativo de Jesús y sus apóstoles fue el Arameo, es posible que estas versiones siriacas reflejen palabras usadas por Jesús y los apóstoles mismos, incluyendo la palabra siriaca que se usa para parousía en el capítulo veinticuatro de Mateo, me’thithá. Al igual que la palabra latinaadventusme’thithá literalmente significa “venida”, pues se deriva de un verbo que significa “venir”.

La Versión Gótica fue producida por Wulfila a mediados del siglo cuarto, y por lo tanto es un poco anterior a la Vulgata Latina. Esta versión traduceparousía por el sustantivo cums, un término relacionado con la palabra inglesa “come” (venir). Como es natural, esta palabra significa “venida”.

La conclusión de todo esto, pues, es que las versiones más antiguas del Nuevo Testamento, —producidas cuando el Griego Koiné era todavía una lengua viva por traductores entre los cuales había algunos que conocían en profundidad esa lengua desde su niñez— prefirieron traducir el sustantivo griego parousía por palabras que significaban “venida” en lugar de “presencia” en los pasajes que se referían a la segunda venida de Cristo. Hicieron esto a pesar de que la palabraparousía significa principalmente “presencia” y fue traducida así en otros lugares. La pregunta es: ¿Por qué tradujeron ellos la palabra parousía como “venida” cuando ésta se refería a la parousía de Jesucristo, pero como “presencia” cuando ésta se refería a la presencia de, por ejemplo, el apóstol Pablo (2 Corintios 10:10; Filipenses 2:12)? Durante siglos esto permaneció en cierto modo como un misterio, hasta que a principios del siglo veinte nuevos descubrimientos permitieron a los expertos modernos en el Griego del Nuevo Testamento hallar la respuesta a este enigma.

                                 El uso técnico de “parousía”

Durante las excavaciones efectuadas en el siglo diecinueve en los antiguos emplazamientos de las colonias del mundo grecorromano, salieron a la luzcientos de miles de inscripciones en piedra y metal, y textos escritos en papiro, pergamino y fragmentos de cerámica.

Estos nuevos descubrimientos revolucionaron el estudio de la lengua griega original del Nuevo Testamento. Se descubrió que el Griego del Nuevo Testamento no era ni un “Griego Bíblico” especial, como algunos creían, ni tampoco el griego literario y arcaico que usaron los autores contemporáneos, sino un griego influenciado en gran parte por el Griego vernáculo usado por la gente corriente en sus casas y en otros lugares, el lenguaje común de la vida diaria, la forma hablada del Griego Koiné.

Las consecuencias que este descubrimiento tuvo en la comprensión de la lengua Griega original de la Biblia fueron examinadas por vez primera en detalle por Adolf Deissmann, que más tarde llegó a ser profesor de la Universidad de Heidelberg (y posteriormente también de la Universidad de Berlín), y que comenzó a publicar sus hallazgos en 1895. Otros eruditos, que se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento, pronto tomaron parte en examinar los nuevos textos. Nueva luz se arrojó sobre la forma en que muchas palabras griegas se usaban y entendían en el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento.

Una de las palabras cuyo significado fue iluminado por los nuevos textos fue la palabra parousía. Esta nueva luz fue resumida por el Profesor Deissmann en 1908 en su ahora clásica obra Licht vom Osten (Luz del Este). Su consideración de la palabra parousía, que abarca varias páginas, comienza con la siguiente declaración:

Pero hay otra idea central de la antigua adoración Cristiana que recibe luz de los nuevos textos, a saber, parousia [parousía], ‘advenimiento, venida’, una palabra que expresa las más ardientes esperanzas de San Pablo. Podemos decir ahora que la mejor interpretación de la esperanza cristiana primitiva de laparousía es el antiguo texto del advenimiento, ‘He aquí, tu Rey viene a ti’ [Mateo 21:5]. Desde el periodo Tolemaico hasta el siglo II d.C., podemos trazar el uso de esta palabra en Oriente como una expresión técnica para designar la llegada o la visita del Rey o del emperador.

A continuación el profesor Deissmann pasa a dar muchos ejemplos de este uso del término. Con motivo de una de estas visitas reales oficiales, como por ejemplo aquella en la que el emperador Romano hizo una parousía a las provincias del Este, “las calles fueron reparadas, las multitudes se congregaron para rendir homenaje, hubieron procesiones de súbditos vestidos de blanco, toques de trompeta, aclamaciones, discursos, regalos y festejos”. A menudo una nueva era se computaba a partir de la parousía del rey o del emperador, y se acuñaban monedas para conmemorarla. En la visita o parousía del emperador Nerón, por ejemplo, en cuyo reinado Pablo escribió sus cartas a Corinto, las ciudades de Corinto y Patras acuñaron “monedas conmemorativas”. Estas monedas llevan la inscripción Adventus Aug(usti) Cor(inthi), lo cual demuestra
que la palabra latina adventus se usaba como equivalente del término griegoparousía en estas ocasiones.

Desde entonces, investigación adicional llevada a cabo por numerosos eruditos, como los Profesores George Milligan, James Hope Moulton y otros, han confirmado las conclusiones de Deissmann, que fue el primero en demostrar este uso técnico de parousía. Este uso explica claramente por qué las primeras versiones del Nuevo testamento tradujeron el término por palabras que significaban “venida” en los pasajes que tratan de la parousía de Jesucristo. Todos los léxicos y diccionarios de Griego actuales señalan a este sentido de la palabra además de su significado principal (“presencia”), y existe un consenso general entre los eruditos modernos en el sentido de que parousía, cuando se usa en el Nuevo Testamento en relación con la segunda venida de Cristo, se usa en el sentido técnico de una visita real.

¿Será la venida de Cristo “la visita de un Rey”? Sin duda que sí. La Biblia presenta repetidamente la parousía de Cristo como una venida “con poder y gran gloria”, en la que él se sentará “sobre su glorioso trono” y vendrá acompañado de “todos sus ángeles” (Mateo 24.30; 25:31). Una fuerte “voz de arcángel”, “un gran sonido de trompeta”, y otras notables señales, contribuyen a la descripción de la parousía de Cristo como una visita real y oficial, percibida por todos y resultando en que “todas las tribus de la tierra se golpeen en lamento” a su vista. De ninguna manera se presenta su venida como una presencia secreta e invisible que pase desapercibida para la mayor parte de la humanidad.—Mateo 24:27, 29–31; 1 Tesalonicenses 4:15, 16; Revelación 1:7.

Es el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento de W. E. Vine, que define el término parousía de la siguiente manera:

PAROUSÍA […] denota tanto una llegada como una consiguiente presencia con. […] Cuando se usa del retorno de Cristo, en el Arrebatamiento de la Iglesia, significa no meramente Su llegada momentánea a por Sus santos, sino su presencia con ellos desde aquel momento hasta Su revelación y manifestación al mundo.

Lo que sí puede sorprender a algunos es saber que Vine fue uno de los más firmes defensores de la doctrina de “rapto secreto” del siglo veinte. Esto, al parecer, provocó que él definiese la palabra parousía de una manera que apoyase sus puntos de vista teológicos. Sin embargo, esto sólo sirvió para ponerle en conflicto con los resultados de la erudición moderna.

Como se ha señalado anteriormente, la idea del “rapto secreto” encontró sus defensores más celosos entre los seguidores de John Nelson Darby, losHermanos. En 1847, un cisma entre Darby y George Müller, el dirigente de un grupo de Hermanos de Bristol, Inglaterra, provocó la escisión del movimiento en dos grupos: los Hermanos Exclusivos, encabezados por Darby, y losHermanos Abiertos, que se situaron en el bando de Müller. Aunque Müller mismo rechazó el concepto del “rapto secreto”, el movimiento de los Hermanos Abiertos se aferró a esta idea y continuó predicándola. W.E. Vine, que nació en 1873, estuvo asociado con los Hermanos Abiertos y al parecer lo estuvo desde su juventud. Él fue un gran erudito, y su Diccionario es de un valor incalculable como manual para el estudio del Nuevo Testamento. Su definición de la palabra parousía, sin embargo, fue claramente influenciada por su adherencia a la doctrina del “rapto secreto”, una doctrina que posiblemente fue muy querida por él desde su juventud. Él la defendió en varios libros escritos con un correligionario suyo, C.F. Hogg, tales como The Epistles of Paul and the Apostle to the Thessalonians (1914), Touching the Coming of the Lord(1919), y The Church and the Tribulation (1938). El último de estos libros fue publicado como respuesta al ataque del Reverendo Alexander Reese en contra de la idea del “rapto secreto”, The Approaching Advent of Christ, publicado el año anterior (1937). El conocido exegeta y comentarista Bíblico F.F. Bruce, aunque del mismo trasfondo religioso que el Dr. Vine, hace los siguientes comentarios críticos sobre el uso de Vine y Hogg de la palabraparousía en su sistema escatológico:

Quizás el rasgo más distintivo de Touching the Coming fue su tratamiento de la palabra parousía. Los autores insistieron en el significado principal de ‘presencia’ y entendieron que la palabra en su uso escatológico significaba la presencia de Cristo con su Iglesia arrebatada en el intervalo que precedería a su manifestación en gloria …

Se podría cuestionar si esta interpretación de parousía hace justicia al sentido que la palabra tiene en el Griego Helenístico. Es cierto que los escritores apelan al léxico de Cremer en apoyo de su punto de vista; pero Cremer escribió mucho tiempo antes de que el estudio de los papiros vernaculares revolucionasen nuestro conocimiento del habla común Helenística.

                              ¿Qué muestra el contexto Bíblico?

Cuando una palabra tiene más de un significado, siempre debe considerarse el contexto para determinar como debe entenderse. ¿Indica el contexto de Mateo 24:3 que Pablo usó parousía en su sentido técnico o en su sentido principal?

El hecho de que la llegada o la visita de un Rey o de un emperador fuese uno de los significados técnicos de parousía, no niega ni refuta el hecho de que en las Santas Escrituras tenga el significado de presencia cuando se usa con relación a Cristo Jesús. Para determinar el sentido de la palabra, el contexto Bíblico es más importante que cualquier uso técnico de la palabra en papiros externos.

Estamos de acuerdo en que el contexto Bíblico es más importante en estos casos. La pregunta es: ¿muestra realmente el contexto de Mateo 24:3 que los discípulos preguntaron por una señal que indicaría que Cristo estaba presente, y no por una señal que indicaría que iba a venir? ¿Hay alguna razón para creer que ellos realmente pensaban en la venida de Cristo como una “presencia invisible” que sólo podría reconocerse por medio de una señal visible?.

Los discípulos “no tenían idea alguna de que él [Cristo] gobernaría como espíritu glorioso desde los cielos y por lo tanto no sabían que su segunda presencia sería invisible”. Si los discípulos no sabían que Cristo vendría en el futuro para estar presente invisiblemente, ¿cómo podían preguntarle acerca de una señal de dicha “presencia invisible”? Sólo esto ya probaría que Mateo no pudo haber usado parousía en el sentido de “presencia”. Evidentemente lo que ellos pidieron a Jesús fue una señal que anunciase que su prometida venida o llegada era inminente. Ellos deseaban una señal, no que les informase de algo que ya estaba sucediendo, sino una señal que les diera aviso previo de que el deseado suceso estaba a punto de ocurrir, que de hecho estaba cerca. El lenguaje y las palabras que usaron para expresar su pregunta estarían en armonía con ese deseo.

Que éste es el entendimiento correcto, se demuestra claramente por la forma en que Marcos registró la pregunta de los discípulos. En la versión de Marcos, la pregunta acerca de una “señal” se refiere sólo a la destrucción del templo. Desde luego no sería posible pensar que los discípulos necesitasen alguna “señal” que les convenciese de que el templo había sido destruido o de que su destrucción estaba teniendo lugar. ¡Lo que ellos querían era alguna indicaciónpor adelantado de ese acontecimiento!

A primera vista se podría concluir que la pregunta “¿Qué será la señal de tu venida (parousía)? de Mateo 24:3, no tiene un paralelo claro en el evangelio de Lucas. La pregunta de los discípulos, como se reproduce en Lucas 21:7, parece referirse sólo a la destrucción del templo: “¿Qué será la señal cuando estas cosas [la destrucción del templo, versículos 5 y 6] estén destinadas a suceder?”. Sin embargo, uno de los manuscritos más importantes del texto primitivo de los evangelios, el Códice D (Códice de Beza Cantabrigense), formula la pregunta de forma diferente, poniéndola en estrecha armonía con la lectura de Mateo 24:3, con una importante diferencia:

Mateo 24:3: “¿Qué será la señal de tu venida [parousía]?”

Lucas 21:7: “¿Qué será la señal de tu venida [eleuseos]?”

Como se ve, la única diferencia es que Lucas, según este manuscrito, no usaparousía, sino éleusis, la palabra Griega que normalmente se usa para “venida”. El Dr. Schoonheim, después de un examen detallado de estos paralelos, concluye incluso que “Lucas 21:7, según D, presenta una tradición más original”, pues es una traducción de la palabra Siriaca y Arameame’thitha’ (“venida”).

El contexto Bíblico, pues, no da ningún apoyo a la afirmación de que parousíatiene que traducirse como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo. El hecho de que los discípulos no imaginaban la venida de Cristo como una “presencia invisible”, la manera en que Jesús respondió a su pregunta, y los textos paralelos en el Evangelio de Lucas, demuestran que esta traducción es insostenible. En Lucas, se habla de la parousía de Cristo como el “día” de Cristo o como “el día en que el Hijo del hombre sea revelado”. Y, como muestra el Códice D, la palabra parousía también es intercambiable por el sustantivo normalmente usado en Griego para “venida”, éleusis. Paralelos similares se pueden hallar en otros textos que tratan de la parousía de Cristo en los que se emplean términos relativos a la manifestación o revelación de Cristo. Así, el apóstol Juan, en 1 Juan 2:28, exhorta a los Cristianos a “permanecer en él, para que cuando se manifieste [Griego: phaneróo] tengamos confianza, para que en su venida [Griego: parousía] no nos avergoncemos delante de él”. Aquí Juan establece claramente un paralelo entre la parousía de Cristo y el día de su aparición o manifestación. De forma similar, el apóstol Pablo ora a favor de los Cristianos de Tesalónica para que sus corazones estén firmes, “irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida [Griego: parousía] de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:13). De esta venida del Señor con todos sus santos o ángeles se habla también en Judas 14 y en Mateo 16:27, 28, pero en lugar de parousía, Judas y Mateo usan formas del verbo érchomai, el verbo que con más frecuencia se usa en griego para “venir”, un verbo emparentado con el sustantivo éleusis. Los tres versículos se refieren a una misma ocasión, a la venida del Señor con todos sus santos para ejecutar juicio, y traducir parousía por “presencia” en 1 Tesalonicenses 3:13, como hacen algunos es ignorar esta interrelación con otros pasajes paralelos.

En las parábolas de Jesús en las que él enfatiza la necesidad de que sus siervos estén alerta y vigilantes, podemos notar que él presenta su juicio como algo que sigue al regreso del amo a su casa. Lo que él describe en esas parábolas es lavenida o llegada del amo, no una “presencia invisible”. No dice que el amo entre desapercibido en el área e invisiblemente proceda a emitir juicio sobre lo que están haciendo sus siervos, dejándoselo saber después a ellos. Por el contrario, el regreso del amo, aunque inesperado, es rápidamente evidente para todos sus siervos, fieles e infieles, manifiesto desde el principio, y su juicio no se lleva a cabo desde algún lugar oculto e invisible, sino de la manera más abierta.—Compárese con Mateo 24:45-51; 25:14-30; Marcos 13:32-37; Lucas 12:35-48; 19:12-27.

La evidencia, pues, tanto de las traducciones más antiguas, como de traducciones y léxicos del Griego modernos, y particularmente del contexto y de pasajes relacionados, testifica que el uso de parousía en Mateo 24:3 no puede referirse a una “presencia invisible” de una “venida en dos etapas”, sino que se refiere a la futura llegada y aparición de Cristo para ejecutar juicio como Rey, “con poder y gran gloria”, y acompañado de sus santos ángeles.

AUMENTA PRESENCIA MILITAR DE EE.UU CERCA DE IRÁN

Nuevos portaaviones de combate estadounidenses se dirigen al mar Arábigo, según informa el Mando Central del Ejército de Estados Unidos.

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El grupo de combate de la Quinta Flota de la Marina norteamericana está encabezado por el portaaviones Carl Vinson, con 90 aeronaves a bordo.

Washington anuncia que el objetivo de la aparición de las naves militares en el mar Arábigo será apoyar al Ejército de la OTAN en Afganistán y participar en las maniobras internacionales en la región. Sin embargo, algunos especialistas avisan de que el aumento de los buques de EE. UU. cerca de las costas de Irán podría agravar la tensión entre los dos países.

A finales de diciembre, otro grupo de buques de guerra estadounidenses ya había entrado en el estrecho de Ormuz, un angosto brazo de agua que separa el Mar de Omán y el Golfo de Adén y por donde circula el 40% del tráfico de petróleo mundial. De momento, el portaaviones John C. Stennis, del primer grupo, tampoco volverá al golfo Pérsico, del que había llegado, para seguir vigilando allí la actividad de la Marina iraní.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL VOCABLO GRIEGO ‘PARUSÍA’

 

Los Testigos de Jehová afirman que la palabra griega parusía significa, “presencia invisible” y que Cristo cumplió con esta parusía anunciada en el año 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Además, Ellos dicen que desde ese año él está presente y reinando en los cielos con sus ungidos. ¿Pero será cierto que el vocablo Griego “parusía” significa “presencia invisible”? He aquí el verdadero testimonio de las Escrituras.

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EXTRACTO CORTO EXTRAÍDO DE “LA PRESENCIA DEL FUTURO” DE G.E. LADD

G.E. LADDSOBRE EL REINO DE DIOS

Por G.E. Ladd

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El carácter sobrenatural del Reino presente es confirmado por las palabras encontradas conjuntamente con él. Varios verbos son usados con el Reino mismo como el tema.

El Reino puede acercarse a los hombres (Mat. 3:2; 4:17; Mar. 1:15; etc.); éste puede venir (Mat. 6:10; Luc. 17:20; etc.), llegar (Mat. 12:28), aparecer (Luc. 19:11), ser activo (Mat. 11:12). Dios puede dar el Reino a los hombres (Mat. 21:43; Luc. 12:32), pero los hombres no dan el Reino el uno al otro. Además, Dios puede tomar el Reino de los hombres (Mat. 21:43), pero los hombres no se lo llevan el uno del otro, aunque ellos pueden impedir a otros entrar en él. Los hombres pueden entrar en el Reino (Mat. 5:20; 7:21; Mar. 9:47; 10:23; etc.), pero nunca se dice que ellos lo erigen o lo construyen. Los hombres pueden recibir el Reino (Mar. 10:15; Luc. 18:17), heredarlo (Mat. 25:34), y poseerlo (Mat. 5:4), pero nunca se dice que ellos lo establecen. Los hombres pueden rechazar el Reino, es decir, rechazar recibirlo (Luc. 10:11) o entrar en él (Mat. 23:13), pero ellos no pueden destruirlo. Ellos pueden buscarlo (Luc. 23:51), orar para su venida (Mat. 6), y buscarlo (Mat. 6:33; Luc. 12:31), pero ellos no pueden traerlo. Los hombres pueden estar en el Reino (Mat. 5:19; 8:11; Luc. 13:29; etc.), pero no nos dicen que el Reino crece. Los hombres pueden hacer cosas por el Reino (Mat. 19:12; Luc. 18:29) pero no se dice que ellos actúan sobre el Reino mismo. Los hombres pueden predicar el Reino (Mat. 10:7; Luc. 10:9), pero sólo Dios puede darlo a hombres (Luc. 12:32).

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La Presencia del Futuro. George Eldon Ladd. Compañía de Publicación de Wm. B.  Eerdmans. Grand Rapids, MI. página 193.

ISRAEL Y SU PRESENCIA EN EL MUNDO

http://ugoolcese.wordpress.com/israel-y-su-presencia-en-el-mundo/

Israel, es uno de los 100 países más pequeños del mundo, con menos de 1/1000 % de la población mundial, puede sentirse orgulloso por lo siguiente:

El teléfono móvil de Motorola ha sido desarrollado en Israel por israelíes que trabajaban para la sucursal israelí de Motorola, uno de los centros de investigación de alta tecnología más grandes de Israel.

La mayor parte de los sistemas operativos Windows NT y XP han sido desarrollados por Microsoft-Israel.

La tecnología del Pentium MMX fue diseñada en Israel por Intel-Israel. Tanto que el Pentium 4 como el Centrino han sido diseñados, desarrollados, y producidos completamente en Israel. El Pentium que tienes en tu ordenador es muy posible que haya sido fabricado en Israel.

La tecnología de Voz ha sido desarrollada en Israel. Tanto Microsoft como Cisco han elegido para montar sus Centros de Investigación y Desarrollo fuera de EE.UU. a Israel.

El famoso ICQ fue desarrollado en el 1996 por tres jóvenes ingenieros israelíes junto con el padre de uno de ellos.

Israel tiene la tercera fuerza aérea más grande del mundo (después de la de EE.UU., Rusia y China).

Aparte de una gran variedad de otro tipo de aviones de guerra, Israel mantiene un arsenal de más de 250 F-16. Es la flota más grande de estos aparatos fuera de los EE.UU.

De acuerdo con personalidades de la industria aeronáutica, Israel dispone del más impenetrable protocolo de seguridad de vuelos del mundo. Oficiales internacionales ahora buscan en Israel sistemas de seguridad en vuelo.

La economía de Israel de más de 100 mil millones de dólares, es más alta que las de todos sus vecinos juntos, a pesar de su pequeña población. Israel tiene el porcentaje más alto de computadoras de hogar por habitante en el mundo.

Israel tiene el más alto promedio de universitarios por habitante del mundo. Israel produce más documentos científicos por habitante que ninguna otra nación por un amplio margen – 109 por cada 10.000 habitantes – al igual que tiene uno de los más altos números de patentes del mundo. En proporción a su población, Israel tiene el número más alto de start-ups (nuevas compañías de alta tecnología) en el mundo. En números absolutos, Israel tiene el número más alto de start-ups del mundo, después de los EE.UU.

Con más de 3000 compañías de alta tecnología y start-ups, Israel tiene la más alta concentración de compañías de alta tecnología en el mundo – después de Silicon Valley en California. Solamente EE.UU. gana a Israel en las inversiones en alta tecnología. Fuera de EE.UU. y Canadá, Israel tiene registradas el mayor número de compañías en el NASDAQ de Nueva York.

Israel tiene el nivel de vida más alto del Medio Oriente. Su PIB ha sido en el 2000 más de $17.500, excediendo el de la propia Inglaterra El 24% de la fuerza laboral israelí tiene título universitario, el porcentaje más alto del mundo después de EE.UU. y Holanda. Es más. El 12% tiene título de Doctor. Esto a pesar de los tres años que todo joven israelí tiene que servir en el ejército, y la costumbre de ellos de viajar durante un año por el extranjero (a países de bajo costo) después de terminar su servicio militar. Israel tiene el tercer puesto mundial en empresarios – y el más alto entre las mujeres de más de 50 años.

Israel fue el primer país del mundo en adoptar el proceso Kimberly, que es un estándar internacional que certifica los diamantes como “libres de conflicto”.

Israel es el segundo país del mundo en lectura de libros por habitante.

Israel es el único país del mundo que ha entrado en el siglo 21 con ganancia neta en el número de árboles, y que es más extraordinario porque ésto se ha alcanzado en un área considerada principalmente como desierto. En el momento actual, los bosques de Israel están creciendo.

Israel es el país que tiene más museos por habitante del mundo.
Medicina…

Los científicos israelíes han desarrollado un instrumento de diagnosis para el cáncer de mama, que es totalmente computarizado y libre de radiaciones. Una compañía israelí ha desarrollado un sistema computarizado para asegurar la más apropiada administración de medicinas, eliminando el error humano en los tratamientos médicos.

Israel ha desarrollado la primera cámara de video tragable, tan pequeña que cabe dentro de una píldora. Se utiliza para observar el intestino delgado desde dentro, y ayuda en el diagnóstico del cáncer y otros desórdenes digestivos.

Los investigadores israelíes han desarrollado un nuevo aparato que ayuda al corazón a bombear sangre, una innovación con el potencial de salvar muchas vidas humanas entre los que padecen enfermedades cardíacas avanzadas. Este nuevo aparato está sincronizado con el trabajo mecánico del corazón a través de un sofisticado sistema de sensores.

Israel lidera el mundo en número de científicos y técnicos dentro de su población laboral, con 145 por 10.000, mientras que EE.UU. tiene 85, el Japón 70 y Alemania 60. Y más del 25% de su fuerza laboral está empleada en puestos técnicos. En esta categoría Israel es la primera también.

Un nuevo aparato para el tratamiento del acné en Israel, el Clear Light, produce una luz de alta intensidad, libre de rayos ultravioletas, de banda estrecha, que causa que las bacterias del acné desaparezcan – todo ello sin destruir el tejido cutáneo colindante.

Una compañía israelí ha sido la primera en desarrollar e instalar una Planta que funciona con energía solar para producir electricidad en grandes cantidades en el desierto de Mojave en California.

Todo lo descrito arriba mientras Israel está implicada por enemigos que solo buscan su destrucción, y una economía continuamente estresada por el gasto por habitante para la seguridad nacional, la que más gasta en este apartado en el mundo, sin mencionar los problemas sociales y la separación de los religiosos de los laicos. En un país que tiene solamente 50 años de existencia.

www.yeshuahamashiaj.org 

 

Parusía: ¿”Venida” o “Presencia”?

¿Hay alguna razón para creer que los discípulos de Jesús realmente pensaban en su venida como una “presencia invisible” que sólo podría reconocerse por medio de una señal visible?

En la pregunta planteada a Jesús en el versículo 3 del capítulo 24 de Mateo, “¿Qué será la señal de tu venida?”, la palabra “venida” se traduce de la palabra griega parousía. Parousía significa principalmente “presencia”, pero actualmente es un hecho bien establecido que en el tiempo de Jesús se usaba en un sentido diferente. A pesar de esto, la Sociedad Watch Tower insiste en “presencia” como el único significado bíblico correcto del término. En esto tienen claramente un “interés personal”.

La afirmación de la Sociedad Watch Tower de que la parousía de Cristo comenzó en 1914 y que desde ese año hemos visto la señal de este acontecimiento en los sucesos mundiales, implica que los discípulos de Jesús preguntaron por una señal que indicaría que Cristo había venido y estaba presente invisiblemente, no por una señal que precedería a su venida e indicaría que ésta era inminente. Por consiguiente, la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras de la Sociedad, vierte la pregunta de Mateo capítulo veinticuatro, versículo tres, así:

Dinos: ¿Cuándo serán estas cosas, y qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?

La idea que subyace en esta traducción es que la segunda venida de Cristo consta de dos etapas, siendo la primera etapa una presencia invisible que se extiende hasta la segunda, que es aquella en la que Jesús revela finalmente su presencia al mundo en la batalla de Armagedón. Esta idea no se originó con la Sociedad Watch Tower. Su origen se remonta a los años 20 del siglo diecinueve, cuando fue sugerida por primera vez por el conocido banquero Londinense y comentarista Bíblico Henry Drummond, que más tarde llegó a ser uno de los fundadores de la Iglesia Católica Apostólica de Edward Irving. La teoría de la “presencia invisible” o de la “venida en dos etapas”, más conocida en la actualidad como la teoría del “rapto secreto”, fue rápidamente adoptada por otros comentaristas de las profecías. Fue adoptada no sólo por los seguidores de Irving, sino también por los seguidores de John Nelson Darby, los Hermanos de Plymouth, a través de los cuales se extendió ampliamente en Inglaterra, Estados Unidos, y otros países. Se hizo especialmente popular entre los milenaristas, cristianos que creían en un futuro milenio literal en la tierra.

Para muchos de los defensores de la idea de la “venida en dos etapas”, la palabra griega parousía se convirtió en un punto crucial del debate. Generalmente se sostenía que esta palabra se refería a la primera etapa de la venida de Cristo, a su presencia invisible “en el aire”. Por otro lado, se decía que las palabras griegas ephiphánia (“aparición”) y apokálypsis (“revelación”), aplicaban a la segunda etapa de la venida, a la intervención de Cristo en los sucesos mundiales en la batalla de Armagedón. Cambiar la traducción de parousía de “venida” a “presencia”, altera radicalmente el sentido, no sólo de la pregunta de los discípulos, sino también de la respuesta de Jesús. Esto se ilustra por los argumentos que expuso en 1866 el Reverendo Robert Govett, el defensor más importante de la idea del rapto secreto en el siglo diecinueve:

Si decimos: ‘¿Cuál es la señal de tu venida?’ (Mateo xxiv. 3), entonces … estamos preguntando acerca de una señal del futuro desplazamiento del Salvador desde el cielo. Si decimos: ‘¿Cuál es la señal de tu presencia?’, estamos preguntando acerca de una prueba de la
existencia secreta de Jesús en el aire, donde permanece por algún tiempo después de su
desplazamiento a la tierra.

La pregunta de los discípulos fue: ‘¿Cuál será la señal de tu Presencia?’ (versículo 3). Esto, pues, nos asegura que ellos imaginaban que Jesús estaría presente en secreto. No necesitamos una señal de aquello que está expuesto abiertamente.

Estos argumentos elaborados en 1866 fueron adoptados por otros muchos comentaristas, entre ellos Charles Taze Russell. En 1876, bajo la influencia del Adventista Nelson H. Barbour y sus asociados, Russell había adoptado “presencia” como el único significado aceptable de parousía para explicar cómo Cristo podría haber venido en 1874 (como predijo Barbour) sin que nadie lo notase. La adopción de este punto de vista, pues, se debió a una predicción fallida, y se usó como medio para justificar el fracaso de 1874. Esta explicación fue retenida por los seguidores de Russell hasta principios de los años 30 del siglo pasado, ¡cuando se “descubrió” súbitamente que la “presencia invisible” de Cristo había comenzado, no en 1874, sino en 1914!.

Sin embargo, el énfasis puesto en “presencia” como el único significado Bíblico correcto de parousía, parece tener muy poco apoyo entre los traductores de la Biblia. De hecho, exceptuando una pequeñísima cantidad de ellos, la mayoría prefiere las traducciones “venida”, “advenimiento”, “llegada” o términos similares en lugar de “presencia”. William J. Chamberlin, un Testigo investigador y coleccionista de Biblias de Clawson (Michigan, U.S.A.), comprobó cuidadosamente cómo la palabra parousía se vertía en los versículos 3, 27, 37 y 39 del capítulo veinticuatro de Mateo en cientos de diferentes traducciones de la Biblia, desde el Nuevo Testamento de William Tyndale de 1534, hasta traducciones publicadas en los años 80, y preparó una extensa lista de traducciones de 137 versiones de este periodo. Un examen de esta lista nos lleva a conclusiones muy interesantes.

“Parousía” en las traducciones de la Biblia

Antes de la mitad del siglo diecinueve, parece que pocos traductores de la Biblia se inclinaron a verter parousía como “presencia”. De las traducciones inglesas del Nuevo testamento que se produjeron desde el Nuevo Testamento de Tyndale en el siglo dieciséis hasta la traducción de Robert Young en 1862, Chamberlin encontró sólo un traductor, Wakefield, que en su Nuevo Testamento de 1975 usó “presencia” para traducir la palabra parousía en el versículo 39 del capítulo veinticuatro de Mateo. Pero aún así Wakefield prefirió traducirla “venida” en los versículos 3, 27 y 37 del mismo capítulo. Además, Daniel Scott, en su traducción de Mateo publicada en 1741 (New Version of St. Matthew’s Gospel), da “presencia” en las notas, pero retiene la traducción “venida” en el texto principal.

El primer traductor del siglo diecinueve que tradujo parousía como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo, probablemente fue el Dr. Robert Young en su Literal Translation of the Holy Bible (1862), y la razón de esto, como el título indica, fue que él intentó presentar los significados estrictamente literales de las palabras griegas en lugar de expresarlos en idioma moderno. Dos años después, Benjamin Wilson, un antiguo dirigente de un pequeño grupo religioso
conocido en la actualidad como la Conferencia General de la Iglesia de Dios, publicó en 1864 The Emphatic Diaglott, que tradujo igualmente parousía como “presencia” las 24 ocasiones que esta palabra aparece en el Nuevo Testamento.

Después, en 1868–1872, Joseph B. Rotherham publicó The Emphasized New Testament. Pero no fue hasta la tercera edición revisada, publicada en 1897, que Rotherdam cambió su traducción de parousía de “llegada” a “presencia”. ¿Por qué? La razón que él da en el Apéndice de la tercera edición indica que, al menos en parte, había llegado a aceptar la idea de la “venida en dos etapas”. Él explica que es posible que la parousía de Cristo sea, no sólo un evento, sino “un periodo más o menos extenso durante el cual sucederán ciertas cosas”. Indudablemente, la estrecha asociación que mantuvo con algunos de los colaboradores de la revista The Rainbow, de la cual el propio Rotherdam llegó a ser el director durante sus últimos tres años de existencia, influyó en su forma de pensar sobre este asunto.

Otros traductores del siglo diecinueve que usaron “presencia” para parousía en el capítulo veinticuatro de Mateo fueron W.B. Crickmer (The Greek Testament Englished, 1881), J.W. Hanson (The New Covenant, 1884) y Ferrar Fenton, que comenzó a publicar las primeras partes de su traducción, The Bible in Modern English, en la década de los ochenta.

Entre las traducciones del siglo veinte que vertieron parousía como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo están: A Concordant Version (1926), de A.E. Knoch; Bible Numerics, de Ivan Panin (2ª edición, 1935); la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas (1950), de la Sociedad Watch Tower; New Testament (1958), de James L. Tomanek; la versión Restoration of Original Holy Name Bible (1968); Today’s English New Testament (1972), de Donald Klingensmith; y New Testament (1972; sólo en forma manuscrita), del Dr. Dymond. Otras traducciones dan a veces “presencia” como significado literal de parousía en las notas a pie de página, pero prefieren “venida”, “llegada” o términos similares en el texto principal.

Así pues, exceptuando una relativamente pequeña cantidad de ellos, la mayoría de traductores antiguos y modernos prefieren traducir parousía como “venida”, “advenimiento”, “llegada”, o algún término similar en lugar de “presencia” en aquellos textos que tratan de la segunda venida de Cristo. Hacen esto a pesar de que todos ellos concuerdan en que el significado principal de la palabra es “presencia”. ¿Por qué? ¿Es lógico creer que tantos expertos en la lengua original del Nuevo Testamento hayan fallado de alguna manera a la hora de captar el verdadero significado de este término Griego?.

¿Qué hay de las versiones más antiguas del Nuevo Testamento como las versiones Latina, Siriaca, Cóptica y Gótica que fueron producidas mientras el Griego Koiné original del Nuevo Testamento era todavía una lengua viva? ¿Qué revelan estas versiones antiguas en cuanto a la forma en que sus traductores entendieron la palabra parousía?

“Parousía” en las versiones más antiguas del Nuevo Testamento

Como es bien conocido, la Vulgata Latina fue producida por el gran erudito del siglo cuarto Hieronymus, más conocido en la actualidad como San Jerónimo. Él llevó a cabo su obra de traducción hacia el final del siglo cuarto, comenzando con los evangelios, que publicó en 383 d.C. Es interesante que Jerónimo, en 20 de las 24 ocasiones en las que la palabra parousía aparece en el Nuevo Testamento, escogió la palabra latina para “venida”, adventus, de la cual se deriva la palabra española “advenimiento”. Las cuatro excepciones son 1 Corintios 16:17; 2 Corintios 10:10, Filipenses 2:12 y 2 Pedro 1:16. En estos lugares la Vulgata usa praesentia, la palabra latina para “presencia”. Merece notarse que sólo el último de estos cuatro versículos trata de la parousía de Cristo. En las dieciséis apariciones restantes, donde parousía se refiere a la venida de Cristo, Jerónimo prefirió la palabra latina adventus. ¿Por qué? Evidentemente porque él entendió que en los versículos que trataban de la parousía de Jesucristo la palabra significaba “venida” en lugar de “presencia”. ¿Fue erróneo su entendimiento?

La Vulgata Latina, en realidad, no fue la versión latina más antigua de la Biblia. Otras numerosas traducciones latinas la precedieron, algunas de las cuales se produjeron en tiempos tan tempranos como el siglo II. De hecho, la Vulgata de Jerónimo no fue una traducción, sino una revisión de estas versiones antiguas (aunque cotejándolas con los textos Hebreo, Arameo y Griego originales) que se hizo con el fin de crear una versión autorizada de la Biblia que destacase de la gran variedad de antiguas versiones latinas existentes. Estas versiones antiguas se conocen con el nombre común de Biblia Latina Antigua o, en latín, Vetus Latina. Al igual que la Vulgata, ellas también tradujeron normalmente parousía por adventus. Entre las cinco excepciones (2 Corintios 10:10; Filipenses 2:12; 2 Tesalonicenses 2:9; 2 Pedro 3:4, 12), hay sólo dos pasajes que se refieren a la parousía de Cristo. Así, al igual que la Vulgata, las antiguas versiones latinas prefirieron traducir parousía por la palabra adventus, haciendo esto en 15 de los 17 versículos que tratan de la parousía de Cristo.

La palabra latina adventus significa literalmente “un venir a”, aunque a veces se podía usar también en el sentido de “presencia”. Sin embargo, en las mencionadas versiones latinas, adventus se usa claramente en el sentido de “venida” en contraste con praesentia, la palabra latina para “presencia”.

La versión Peshitta siriaca fue producida en el siglo quinto, pero al igual que la Vulgata latina fue precedida por otras versiones más antiguas, como muestran, por ejemplo, los manuscritos Curetoniano y Sinaítico siriaco. Si, como generalmente se cree, el lenguaje nativo de Jesús y sus apóstoles fue el Arameo, es posible que estas versiones siriacas reflejen palabras usadas por Jesús y los apóstoles mismos, incluyendo la palabra siriaca que se usa para parousía en el capítulo veinticuatro de Mateo, me’thithá. Al igual que la palabra latina adventus, me’thithá literalmente significa “venida”, pues se deriva de un verbo que significa “venir”.

La Versión Gótica fue producida por Wulfila a mediados del siglo cuarto, y por lo tanto es un poco anterior a la Vulgata Latina. Esta versión traduce parousía por el sustantivo cums, un término relacionado con la palabra inglesa “come” (venir). Como es natural, esta palabra significa “venida”.

La conclusión de todo esto, pues, es que las versiones más antiguas del Nuevo Testamento, —producidas cuando el Griego Koiné era todavía una lengua viva por traductores entre los cuales había algunos que conocían en profundidad esa lengua desde su niñez— prefirieron traducir el sustantivo griego parousía por palabras que significaban “venida” en lugar de “presencia” en los pasajes que se referían a la segunda venida de Cristo. Hicieron esto a pesar de que la palabra parousía significa principalmente “presencia” y fue traducida así en otros lugares. La pregunta es: ¿Por qué tradujeron ellos la palabra parousía como “venida” cuando ésta se refería a la
parousía de Jesucristo, pero como “presencia” cuando ésta se refería a la presencia de, por ejemplo, el apóstol Pablo (2 Corintios 10:10; Filipenses 2:12)? Durante siglos esto permaneció en cierto modo como un misterio, hasta que a principios del siglo veinte nuevos descubrimientos permitieron a los expertos modernos en el Griego del Nuevo Testamento hallar la respuesta a este enigma.

El uso técnico de “parousía”

Durante las excavaciones efectuadas en el siglo diecinueve en los antiguos emplazamientos de las colonias del mundo grecorromano, salieron a la luz cientos de miles de inscripciones en piedra y metal, y textos escritos en papiro, pergamino y fragmentos de cerámica.

Estos nuevos descubrimientos revolucionaron el estudio de la lengua griega original del Nuevo Testamento. Se descubrió que el Griego del Nuevo Testamento no era ni un “Griego Bíblico” especial, como algunos creían, ni tampoco el griego literario y arcaico que usaron los autores contemporáneos, sino un griego influenciado en gran parte por el Griego vernáculo usado por la gente corriente en sus casas y en otros lugares, el lenguaje común de la vida diaria, la forma hablada del Griego Koiné.

Las consecuencias que este descubrimiento tuvo en la comprensión de la lengua Griega original de la Biblia fueron examinadas por vez primera en detalle por Adolf Deissmann, que más tarde llegó a ser profesor de la Universidad de Heidelberg (y posteriormente también de la Universidad de Berlín), y que comenzó a publicar sus hallazgos en 1895. Otros eruditos, que se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento, pronto tomaron parte en examinar los nuevos textos. Nueva luz se arrojó sobre la forma en que muchas palabras griegas se usaban y entendían en el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento.

Una de las palabras cuyo significado fue iluminado por los nuevos textos fue la palabra parousía. Esta nueva luz fue resumida por el Profesor Deissmann en 1908 en su ahora clásica obra Licht vom Osten (Luz del Este). Su consideración de la palabra parousía, que abarca varias páginas, comienza con la siguiente declaración:

Pero hay otra idea central de la antigua adoración Cristiana que recibe luz de los nuevos textos, a saber, parous« a [parousía], ‘advenimiento, venida’, una palabra que expresa las más ardientes esperanzas de San Pablo. Podemos decir ahora que la mejor interpretación de la esperanza cristiana primitiva de la parousía es el antiguo texto del advenimiento, ‘He aquí, tu Rey viene a ti’ [Mateo 21:5]. Desde el periodo Tolemaico hasta el siglo II d.C., podemos trazar el uso de esta palabra en Oriente como una expresión técnica para designar la llegada o la visita del Rey o del emperador.

A continuación el profesor Deissmann pasa a dar muchos ejemplos de este uso del término. Con motivo de una de estas visitas reales oficiales, como por ejemplo aquella en la que el emperador Romano hizo una parousía a las provincias del Este, “las calles fueron reparadas, las multitudes se congregaron para rendir homenaje, hubieron procesiones de súbditos vestidos de blanco, toques de trompeta, aclamaciones, discursos, regalos y festejos”. A menudo una nueva era se computaba a partir de la parousía del rey o del emperador, y se acuñaban monedas para conmemorarla. En la visita o parousía del emperador Nerón, por ejemplo, en cuyo reinado Pablo escribió sus cartas a Corinto, las ciudades de Corinto y Patras acuñaron “monedas conmemorativas”. Estas monedas llevan la inscripción Adventus Aug(usti) Cor(inthi), lo cual demuestra
que la palabra latina adventus se usaba como equivalente del término griego parousía en estas ocasiones.

Desde entonces, investigación adicional llevada a cabo por numerosos eruditos, como los Profesores George Milligan, James Hope Moulton y otros, han confirmado las conclusiones de Deissmann, que fue el primero en demostrar este uso técnico de parousía. Este uso explica claramente por qué las primeras versiones del Nuevo testamento tradujeron el término por palabras que significaban “venida” en los pasajes que tratan de la parousía de Jesucristo. Todos los léxicos y diccionarios de Griego actuales señalan a este sentido de la palabra además de su significado principal (“presencia”), y existe un consenso general entre los eruditos modernos en el sentido de que parousía, cuando se usa en el Nuevo Testamento en relación con la segunda venida de Cristo, se usa en el sentido técnico de una visita real.

¿Será la venida de Cristo “la visita de un Rey”? Sin duda que sí. La Biblia presenta repetidamente la parousía de Cristo como una venida “con poder y gran gloria”, en la que él se sentará “sobre su glorioso trono” y vendrá acompañado de “todos sus ángeles” (Mateo 24.30; 25:31). Una fuerte “voz de arcángel”, “un gran sonido de trompeta”, y otras notables señales, contribuyen a la descripción de la parousía de Cristo como una visita real y oficial, percibida por todos y resultando en que “todas las tribus de la tierra se golpeen en lamento” a su vista. De ninguna manera se presenta su venida como una presencia secreta e invisible que pase desapercibida para la mayor parte de la humanidad.—Mateo 24:27, 29–31; 1 Tesalonicenses 4:15, 16; Revelación 1:7.

Supuesto apoyo erudito

En apoyo de su insistencia sobre “presencia” como el único significado aceptable de parousía en la Biblia, la Sociedad Watch Tower cita a veces algunas traducciones de la Biblia y también un erudito del Griego. Es significativo, no obstante, el hecho de que la mayoría de estas referencias son obsoletas, pues datan de una fecha en la cual el uso técnico del término se desconocía aún.

Así, la más reciente consideración de la palabra parousía, publicada en 1984 en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras con Referencias, páginas 1576 y 1577, apéndice 5b (edición en inglés), comienza citando cuatro traducciones de la Biblia que vierten parousía como “presencia” en el versículo tres del capítulo veinticuatro de Mateo, tres de las cuales (The Emphatic Diaglott de Wilson, The Emphasized Bible de Rotherdam, y The Holy Bible in Modern English de Fenton) fueron producidas antes del descubrimiento de Deissmann y sus colegas. ¡La cuarta es la propia Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras de la Sociedad de 1950! El artículo que sigue es en su mayor parte una cita de la obra The Parousía escrita por el Dr. Israel P. Warren, que argumenta en defensa de “presencia” como el significado Bíblico correcto de parousía. ¡Desafortunadamente, la obra del Dr. Warren data de 1879!.

El artículo, sin embargo, también hace referencia a tres léxicos modernos del Griego. Señala que tanto A Greek-English Lexicon, de Liddell y Scott, como el TDNT (Theological Dictionary of the New Testament), de Kittel/Friedrich, dan “presencia” como significado de parousía. Pero, ¿por qué no se dice a los lectores que estos mismos léxicos a continuación explican que parousía también se usaba en el sentido técnico de “la visita de un Rey”? ¿Por qué no se les dice que estos mismos léxicos enfatizan que es así como la palabra se usa en el Nuevo Testamento cuando se refiere a la parousía de Jesucristo?. El último de los dos léxicos, de hecho, dedica sólo

algunas frases al significado principal de la palabra (presencia). ¡El resto del artículo, que abarca un total de 14 páginas, es una consideración del uso técnico del término, demostrando que es así como se usa la palabra en los versículos del Nuevo Testamento que tratan de la parousía de Jesucristo!. El lector de la publicación de la Watch Tower probablemente nunca sabrá esto, y difícilmente dispondrá alguna vez de los medios que le permitan descubrirlo. Una argumentación que necesita de un uso tan obviamente sesgado de la evidencia ciertamente tiene poco de recomendable.

Finalmente, se cita el léxico de Bauer diciendo que parousía “llegó a ser el término oficial para una visita de una persona de alto rango, esp[ecialmente] de reyes y emperadores que visitaban una provincia”. Curiosamente, esta declaración se cita como si diera apoyo adicional a la afirmación de que la Biblia usa parousía sólo en el sentido de “presencia”, a pesar de que aquí el léxico de Bauer está dando el uso técnico del término, la visita oficial de un rey o de un emperador (o de una persona de alto rango).

Sin embargo, hay un moderno diccionario Griego-Inglés que parece prestar algún apoyo a la idea de la Sociedad Watch Tower de que la parousía de Cristo es un periodo de una “presencia invisible” seguido de una “revelación” final de esa presencia en la batalla de Armagedón. Es el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento de W. E. Vine, que define el término parousía de la siguiente manera:

PAROUSÍA […] denota tanto una llegada como una consiguiente presencia con. […] Cuando se usa del retorno de Cristo, en el Arrebatamiento de la Iglesia, significa no meramente Su llegada momentánea a por Sus santos, sino su presencia con ellos desde aquel momento hasta Su revelación y manifestación al mundo.

Esta descripción de parousía suena mucho como la de la Sociedad Watch Tower. No es sorprendente, por lo tanto, hallar una extensa cita de la definición de Vine de esta palabra en la página 710 del diccionario Bíblico de la Sociedad Perspicacia para comprender las Escrituras (tomo II). Lo que sí puede sorprender a algunos es saber que Vine fue uno de los más firmes defensores de la doctrina de “rapto secreto” del siglo veinte. Esto, al parecer, provocó que él definiese la palabra parousía de una manera que apoyase sus puntos de vista teológicos. Sin embargo, esto sólo sirvió para ponerle en conflicto con los resultados de la erudición moderna.

Como se ha señalado anteriormente, la idea del “rapto secreto” encontró sus defensores más celosos entre los seguidores de John Nelson Darby, los Hermanos. En 1847, un cisma entre
Darby y George Müller, el dirigente de un grupo de Hermanos de Bristol, Inglaterra, provocó la escisión del movimiento en dos grupos: los Hermanos Exclusivos, encabezados por Darby, y los Hermanos Abiertos, que se situaron en el bando de Müller. Aunque Müller mismo rechazó el concepto del “rapto secreto”, el movimiento de los Hermanos Abiertos se aferró a esta idea y continuó predicándola. W.E. Vine, que nació en 1873, estuvo asociado con los Hermanos Abiertos y al parecer lo estuvo desde su juventud. Él fue un gran erudito, y su Diccionario es de un valor incalculable como manual para el estudio del Nuevo Testamento. Su definición de la palabra parousía, sin embargo, fue claramente influenciada por su adherencia a la doctrina del “rapto secreto”, una doctrina que posiblemente fue muy querida por él desde su juventud.
Él la defendió en varios libros escritos con un correligionario suyo, C.F. Hogg, tales como The Epistles of Paul and the Apostle to the Thessalonians (1914), Touching the Coming of the Lord (1919), y The Church and the Tribulation (1938). El último de estos libros fue publicado como respuesta al ataque del Reverendo Alexander Reese en contra de la idea del “rapto secreto”, The Approaching Advent of Christ, publicado el año anterior (1937). El conocido exegeta y comentarista Bíblico F.F. Bruce, aunque del mismo trasfondo religioso que el Dr. Vine, hace los siguientes comentarios críticos sobre el uso de Vine y Hogg de la palabra parousía en su sistema escatológico:

Quizás el rasgo más distintivo de Touching the Coming fue su tratamiento de la palabra parousía. Los autores insistieron en el significado principal de ‘presencia’ y entendieron que la palabra en su uso escatológico significaba la presencia de Cristo con su Iglesia arrebatada en el intervalo que precedería a su manifestación en gloria …Se podría cuestionar si esta interpretación de parousía hace justicia al sentido que la palabra tiene en el Griego Helenístico. Es cierto que los escritores apelan al léxico de Cremer en apoyo de su punto de vista; pero Cremer escribió mucho tiempo antes de que el estudio de los papiros vernaculares revolucionasen nuestro conocimiento del habla común Helenística.

 

La referencia de la Sociedad Watch Tower a la definición de parousía del Dr. Vine, por lo tanto, no tiene mucho peso. Cuando se examina más de cerca, demuestra ser básicamente tan obsoleta como sus otras referencias.

¿Qué muestra el contexto Bíblico?

Cuando una palabra tiene más de un significado, siempre debe considerarse el contexto para determinar como debe entenderse. ¿Indica el contexto de Mateo 24:3 que Pablo usó parousía en su sentido técnico o en su sentido principal? La Sociedad Watch Tower afirma que el contexto apunta hacia el último sentido, “presencia”. La Atalaya del 1 de julio de 1949, en la página 197, dice:

El hecho de que la llegada o la visita de un Rey o de un emperador fuese uno de los significados técnicos de parousía, no niega ni refuta el hecho de que en las Santas Escrituras tenga el significado de presencia cuando se usa con relación a Cristo Jesús. Para determinar el sentido de la palabra, el contexto Bíblico es más importante que cualquier uso técnico de la palabra en papiros externos.

Estamos de acuerdo en que el contexto Bíblico es más importante en estos casos. La pregunta es: ¿muestra realmente el contexto de Mateo 24:3 que los discípulos preguntaron por una señal que indicaría que Cristo estaba presente, y no por una señal que indicaría que iba a venir? ¿Hay alguna razón para creer que ellos realmente pensaban en la venida de Cristo como una “presencia invisible” que sólo podría reconocerse por medio de una señal visible?

Cuando se le hizo esta pregunta a la Sociedad Watch Tower, ésta tuvo que admitir que los discípulos “no tenían idea alguna de que él [Cristo] gobernaría como espíritu glorioso desde los cielos y por lo tanto no sabían que su segunda presencia sería invisible“. Si los discípulos no sabían que Cristo vendría en el futuro para estar presente invisiblemente, ¿cómo podían preguntarle acerca de una señal de dicha “presencia invisible”? Sólo esto ya probaría que Mateo no pudo haber usado parousía en el sentido de “presencia”. Evidentemente lo que ellos pidieron a Jesús fue una señal que anunciase que su prometida venida o llegada era inminente. Ellos deseaban una señal, no que les informase de algo que ya estaba sucediendo, sino una señal que les diera aviso previo de que el deseado suceso estaba a punto de ocurrir, que de hecho estaba cerca. El lenguaje y las palabras que usaron para expresar su pregunta estarían en armonía con ese deseo.

Que éste es el entendimiento correcto, se demuestra claramente por la forma en que Marcos registró la pregunta de los discípulos. En la versión de Marcos, la pregunta acerca de una “señal” se refiere sólo a la destrucción del templo. Desde luego no sería posible pensar que los discípulos necesitasen alguna “señal” que les convenciese de que el templo había sido destruido o de que su destrucción estaba teniendo lugar. ¡Lo que ellos querían era alguna indicación por adelantado de ese acontecimiento!

La manera en que Jesús respondió a su pregunta confirma plenamente esto. Después de su descripción acerca de algunos acontecimientos futuros, entre los cuales estaba también la destrucción de Jerusalén, él, en los versículos 29 y 30, describió la señal que acompañaría a su futura venida “en las nubes”, y añadió:

Ahora bien, aprendan de la higuera como ilustración este punto: Luego que su rama nueva se pone tierna y brota hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Asimismo también, ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas.—Mateo 24:32-33

Debe notarse que Jesús no dice que cuando ellos vieran las ramas nuevas de la higuera ponerse tiernas y brotar hojas sabrían que “el verano estaba presente“. Dichas señales precederían al verano y probarían que estaba cerca. De forma similar, la señal de la venida del Hijo del hombre probaría que “él estaba cerca, a las puertas“, no presente invisiblemente. La comparación es entre la cercanía del verano y la cercanía de Cristo. Es evidente que Jesús les dijo a sus discípulos que esperasen una señal que precedería a su llegada o “visita real”, no una señal que seguiría a su venida y mostraría que él estaba presente invisiblemente. El contexto de Mateo 24:3, por lo tanto, evidencia claramente que los discípulos preguntaron por la señal de la venida inminente de Cristo, no por una señal de su presencia. El contexto, por lo tanto, apoya fuertemente la conclusión de que Mateo usó la palabra parousía en su sentido técnico, dando a entender la llegada o la visita de un Rey o de un alto dignatario.

Es significativo, además, el hecho de que de los cuatro evangelistas, sólo Mateo usa la palabra parousía, y sólo en el capítulo veinticuatro. Los cuatro versículos que contienen el término (3, 27, 37 y 39) tienen paralelos en Lucas, pero en lugar de parousía Lucas normalmente dice “día” o “días”. Cuando Jesús compara su venida al relámpago, que alumbra inmediatamente todo el cielo desde Oriente hasta Occidente, y añade, según el versículo 27, “así será la venida (parousía) del Hijo del hombre”, Lucas, en el capítulo 17, versículo 24, dice en su lugar: “así será el Hijo del hombre en su día”. Así, las expresiones ‘la parousía de Cristo’ y ‘el día (heméra) de Cristo’ se usan de forma intercambiable para designar el tiempo de la aparición o revelación de Cristo. Esto se deja ver aún más claramente por la comparación que hace Cristo entre su venida y la venida del diluvio en los días de Noé, cuando los hombres “no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos”. Inmediatamente después de estas palabras Jesús añadió: “así será la venida [parousía] del Hijo del hombre” (Mateo 24:37, 39). La versión de Lucas añade también la destrucción de Sodoma en los días de Lot y dice: “De la misma manera será en aquel día en que el Hijo del hombre sea revelado“.—Lucas 17:26-30.

Es evidente que aquí Jesús no está comparando su parousía con los periodos que precedieron al Diluvio y a la destrucción de Sodoma. Así es como explica estos versículos la Sociedad Watch Tower, refiriéndose a la expresión “los días del Hijo del hombre” de Lucas 17:26. Por el contrario, Jesús compara claramente su futura venida con la sorprendente venida del diluvio y con la repentina destrucción de Sodoma. Al igual que aquellos dos eventos, su parousía será un acontecimiento revolucionario, una intervención divina que cambiará inmediatamente la situación para toda la humanidad de una forma sumamente perceptible. La comparación entre Mateo 24:39 y Lucas 17:30 muestra claramente que la parousía se refiere al “día en que el Hijo del hombre sea revelado”. La conexión que se hace en Lucas 17:26 entre los “días de Noé” y “los días del Hijo del hombre”, por lo tanto, simplemente significa que, de la misma manera que en los días de Noé los hombres fueron repentinamente cogidos por sorpresa en mitad de sus ocupaciones diarias, así será también en los días en que el Hijo del hombre sea revelado. Su repentina intervención vendrá de forma totalmente inesperada, sorprendiendo a la gente en la realidad de la situación.

A primera vista se podría concluir que la pregunta “¿Qué será la señal de tu venida (parousía)? de Mateo 24:3, no tiene un paralelo claro en el evangelio de Lucas. La pregunta de los discípulos, como se reproduce en Lucas 21:7, parece referirse sólo a la destrucción del templo: “¿Qué será la señal cuando estas cosas [la destrucción del templo, versículos 5 y 6] estén destinadas a suceder?”. Sin embargo, uno de los manuscritos más importantes del texto primitivo de los evangelios, el Códice D (Códice de Beza Cantabrigense), formula la pregunta de forma diferente, poniéndola en estrecha armonía con la lectura de Mateo 24:3, con una importante diferencia:

Mateo 24:3: “¿Qué será la señal de tu venida [parousía]?”

Lucas 21:7: “¿Qué será la señal de tu venida [eleuseos]?”

Como se ve, la única diferencia es que Lucas, según este manuscrito, no usa parousía, sino éleusis, la palabra Griega que normalmente se usa para “venida”. El Dr. Schoonheim, después de un examen detallado de estos paralelos, concluye incluso que “Lucas 21:7, según D, presenta una tradición más original”, pues es una traducción de la palabra Siriaca y Aramea me’thitha’ (“venida”).

El contexto Bíblico, pues, no da ningún apoyo a la afirmación de que parousía tiene que traducirse como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo. El hecho de que los discípulos no imaginaban la venida de Cristo como una “presencia invisible”, la manera en que Jesús respondió a su pregunta, y los textos paralelos en el Evangelio de Lucas, demuestran que esta traducción es insostenible. En Lucas, se habla de la parousía de Cristo como el “día” de Cristo o como “el día en que el Hijo del hombre sea revelado”. Y, como muestra el Códice D, la palabra parousía también es intercambiable por el sustantivo normalmente usado en Griego para “venida”, éleusis. Paralelos similares se pueden hallar en otros textos que tratan de la parousía de Cristo en los que se emplean términos relativos a la manifestación o revelación de Cristo. Así, el apóstol Juan, en
1 Juan 2:28, exhorta a los Cristianos a “permanecer en él, para que cuando se manifieste [Griego: phaneróo] tengamos confianza, para que en su venida [Griego: parousía] no nos avergoncemos delante de él”. Aquí Juan establece claramente un paralelo entre la parousía de Cristo y el día de su aparición o manifestación. De forma similar, el apóstol Pablo ora a favor de los Cristianos de Tesalónica para que sus corazones estén firmes, “irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida [Griego: parousía] de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:13). De esta venida del Señor con todos sus santos o ángeles se habla también en Judas 14 y en Mateo 16:27, 28, pero en lugar de parousía, Judas y Mateo usan formas del verbo érchomai, el verbo que con más frecuencia se usa en griego para “venir”, un verbo emparentado con el sustantivo éleusis. Los tres versículos se refieren a una misma ocasión, a la venida del Señor con todos sus santos para ejecutar juicio, y traducir parousía por “presencia” en 1 Tesalonicenses 3:13, como hace la Sociedad Watch Tower, ignora esta interrelación con otros pasajes paralelos.

En las parábolas de Jesús en las que él enfatiza la necesidad de que sus siervos estén alerta y vigilantes, podemos notar que él presenta su juicio como algo que sigue al regreso del amo a su casa. Lo que él describe en esas parábolas es la venida o llegada del amo, no una “presencia invisible”. No dice que el amo entre desapercibido en el área e invisiblemente proceda a emitir juicio sobre lo que están haciendo sus siervos, dejándoselo saber después a ellos. Por el contrario, el regreso del amo, aunque inesperado, es rápidamente evidente para todos sus siervos, fieles e infieles, manifiesto desde el principio, y su juicio no se lleva a cabo desde algún lugar oculto e invisible, sino de la manera más abierta.—Compárese con Mateo 24:45-51; 25:14-30; Marcos 13:32-37; Lucas 12:35-48; 19:12-27.

La evidencia, pues, tanto de las traducciones más antiguas, como de traducciones y léxicos del Griego modernos, y particularmente del contexto y de pasajes relacionados, testifica que el uso de parousía en Mateo 24:3 no puede referirse a una “presencia invisible” de una “venida en dos etapas”, sino que se refiere a la futura llegada y aparición de Cristo para ejecutar juicio como Rey, “con poder y gran gloria”, y acompañado de sus santos ángeles.

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Parusía: “Venida” o “Presencia” ¿qué revelan los hechos?

  

¡Lo que Muchos “Testigos de Jehová” Ignoran!

  

 

 

¿Hay alguna razón para creer que los discípulos de Jesús realmente pensaban en su venida como una “presencia invisible” que sólo podría reconocerse por medio de una señal visible?

 

En la pregunta planteada a Jesús en el versículo 3 del capítulo 24 de Mateo, “¿Qué será la señal de tu venida?”, la palabra “venida” se traduce de la palabra griega parousía. Parousía significa principalmente “presencia”, pero actualmente es un hecho bien establecido que en el tiempo de Jesús se usaba en un sentido diferente. A pesar de esto, la Sociedad Watch Tower insiste en “presencia” como el único significado bíblico correcto del término. En esto tienen claramente un “interés personal”.

 

La afirmación de la Sociedad Watch Tower de que la parousía de Cristo comenzó en 1914 y que desde ese año hemos visto la señal de este acontecimiento en los sucesos mundiales, implica que los discípulos de Jesús preguntaron por una señal que indicaría que Cristo había venido y estaba presente invisiblemente, no por una señal que precedería a su venida e indicaría que ésta era inminente. Por consiguiente, la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras de la Sociedad, vierte la pregunta de Mateo capítulo veinticuatro, versículo tres, así:

 

Dinos: ¿Cuándo serán estas cosas, y qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?

La idea que subyace en esta traducción es que la segunda venida de Cristo consta de dos etapas, siendo la primera etapa una presencia invisible que se extiende hasta la segunda, que es aquella en la que Jesús revela finalmente su presencia al mundo en la batalla de Armagedón. Esta idea no se originó con la Sociedad Watch Tower. Su origen se remonta a los años 20 del siglo diecinueve, cuando fue sugerida por primera vez por el conocido banquero Londinense y comentarista Bíblico Henry Drummond, que más tarde llegó a ser uno de los fundadores de la Iglesia Católica Apostólica de Edward Irving. La teoría de la “presencia invisible” o de la “venida en dos etapas”, más conocida en la actualidad como la teoría del “rapto secreto”, fue rápidamente adoptada por otros comentaristas de las profecías. Fue adoptada no sólo por los seguidores de Irving, sino también por los seguidores de John Nelson Darby, los Hermanos de Plymouth, a través de los cuales se extendió ampliamente en Inglaterra, Estados Unidos, y otros países. Se hizo especialmente popular entre los milenaristas, cristianos que creían en un futuro milenio literal en la tierra.

 

Para muchos de los defensores de la idea de la “venida en dos etapas”, la palabra griega parousía se convirtió en un punto crucial del debate. Generalmente se sostenía que esta palabra se refería a la primera etapa de la venida de Cristo, a su presencia invisible “en el aire”. Por otro lado, se decía que las palabras griegas ephiphánia (“aparición”) y apokálypsis (“revelación”), aplicaban a la segunda etapa de la venida, a la intervención de Cristo en los sucesos mundiales en la batalla de Armagedón. Cambiar la traducción de parousía de “venida” a “presencia”, altera radicalmente el sentido, no sólo de la pregunta de los discípulos, sino también de la respuesta de Jesús. Esto se ilustra por los argumentos que expuso en 1866 el Reverendo Robert Govett, el defensor más importante de la idea del rapto secreto en el siglo diecinueve:

 

Si decimos: ‘¿Cuál es la señal de tu venida?’ (Mateo xxiv. 3), entonces … estamos preguntando acerca de una señal del futuro desplazamiento del Salvador desde el cielo. Si decimos: ‘¿Cuál es la señal de tu presencia?’, estamos preguntando acerca de una prueba de la existencia secreta de Jesús en el aire, donde permanece por algún tiempo después de su desplazamiento a la tierra.

 

La pregunta de los discípulos fue: ‘¿Cuál será la señal de tu Presencia?’ (versículo 3). Esto, pues, nos asegura que ellos imaginaban que Jesús estaría presente en secreto. No necesitamos una señal de aquello que está expuesto abiertamente.

 

Estos argumentos elaborados en 1866 fueron adoptados por otros muchos comentaristas, entre ellos Charles Taze Russell. En 1876, bajo la influencia del Adventista Nelson H. Barbour y sus asociados, Russell había adoptado “presencia” como el único significado aceptable de parousía para explicar cómo Cristo podría haber venido en 1874 (como predijo Barbour) sin que nadie lo notase. La adopción de este punto de vista, pues, se debió a una predicción fallida, y se usó como medio para justificar el fracaso de 1874. Esta explicación fue retenida por los seguidores de Russell hasta principios de los años 30 del siglo pasado, ¡cuando se “descubrió” súbitamente que la “presencia invisible” de Cristo había comenzado, no en 1874, sino en 1914!.

Sin embargo, el énfasis puesto en “presencia” como el único significado Bíblico correcto de parousía, parece tener muy poco apoyo entre los traductores de la Biblia. De hecho, exceptuando una pequeñísima cantidad de ellos, la mayoría prefiere las traducciones “venida”, “advenimiento”, “llegada” o términos similares en lugar de “presencia”. William J. Chamberlin, un Testigo investigador y coleccionista de Biblias de Clawson (Michigan, U.S.A.), comprobó cuidadosamente cómo la palabra parousía se vertía en los versículos 3, 27, 37 y 39 del capítulo veinticuatro de Mateo en cientos de diferentes traducciones de la Biblia, desde el Nuevo Testamento de William Tyndale de 1534, hasta traducciones publicadas en los años 80, y preparó una extensa lista de traducciones de 137 versiones de este periodo. Un examen de esta lista nos lleva a conclusiones muy interesantes.

 

“Parousía” en las traducciones de la Biblia

 

Antes de la mitad del siglo diecinueve, parece que pocos traductores de la Biblia se inclinaron a verter parousía como “presencia”. De las traducciones inglesas del Nuevo testamento que se produjeron desde el Nuevo Testamento de Tyndale en el siglo dieciséis hasta la traducción de Robert Young en 1862, Chamberlin encontró sólo un traductor, Wakefield, que en su Nuevo Testamento de 1975 usó “presencia” para traducir la palabra parousía en el versículo 39 del capítulo veinticuatro de Mateo. Pero aún así Wakefield prefirió traducirla “venida” en los versículos 3, 27 y 37 del mismo capítulo. Además, Daniel Scott, en su traducción de Mateo publicada en 1741 (New Version of St. Matthew’s Gospel), da “presencia” en las notas, pero retiene la traducción “venida” en el texto principal.

 

El primer traductor del siglo diecinueve que tradujo parousía como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo, probablemente fue el Dr. Robert Young en su Literal Translation of the Holy Bible (1862), y la razón de esto, como el título indica, fue que él intentó presentar los significados estrictamente literales de las palabras griegas en lugar de expresarlos en idioma moderno. Dos años después, Benjamin Wilson, un antiguo dirigente de un pequeño grupo religioso conocido en la actualidad como la Conferencia General de la Iglesia de Dios, publicó en 1864 The Emphatic Diaglott, que tradujo igualmente parousía como “presencia” las 24 ocasiones que esta palabra aparece en el Nuevo Testamento.

 

Después, en 1868–1872, Joseph B. Rotherham publicó The Emphasized New Testament. Pero no fue hasta la tercera edición revisada, publicada en 1897, que Rotherdam cambió su traducción de parousía de “llegada” a “presencia”. ¿Por qué? La razón que él da en el Apéndice de la tercera edición indica que, al menos en parte, había llegado a aceptar la idea de la “venida en dos etapas”. Él explica que es posible que la parousía de Cristo sea, no sólo un evento, sino “un periodo más o menos extenso durante el cual sucederán ciertas cosas”. Indudablemente, la estrecha asociación que mantuvo con algunos de los colaboradores de la revista The Rainbow, de la cual el propio Rotherdam llegó a ser el director durante sus últimos tres años de existencia, influyó en su forma de pensar sobre este asunto.

 

Otros traductores del siglo diecinueve que usaron “presencia” para parousía en el capítulo veinticuatro de Mateo fueron W.B. Crickmer (The Greek Testament Englished, 1881), J.W. Hanson (The New Covenant, 1884) y Ferrar Fenton, que comenzó a publicar las primeras partes de su traducción, The Bible in Modern English, en la década de los ochenta.

 

 

Entre las traducciones del siglo veinte que vertieron parousía como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo están: A Concordant Version (1926), de A.E. Knoch; Bible Numerics, de Ivan Panin (2ª edición, 1935); la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas (1950), de la Sociedad Watch Tower; New Testament (1958), de James L. Tomanek; la versión Restoration of Original Holy Name Bible (1968); Today’s English New Testament (1972), de Donald Klingensmith; y New Testament (1972; sólo en forma manuscrita), del Dr. Dymond. Otras traducciones dan a veces “presencia” como significado literal de parousía en las notas a pie de página, pero prefieren “venida”, “llegada” o términos similares en el texto principal.

 

Así pues, exceptuando una relativamente pequeña cantidad de ellos, la mayoría de traductores antiguos y modernos prefieren traducir parousía como “venida”, “advenimiento”, “llegada”, o algún término similar en lugar de “presencia” en aquellos textos que tratan de la segunda venida de Cristo. Hacen esto a pesar de que todos ellos concuerdan en que el significado principal de la palabra es “presencia”. ¿Por qué? ¿Es lógico creer que tantos expertos en la lengua original del Nuevo Testamento hayan fallado de alguna manera a la hora de captar el verdadero significado de este término Griego?.

 

¿Qué hay de las versiones más antiguas del Nuevo Testamento como las versiones Latina, Siriaca, Cóptica y Gótica que fueron producidas mientras el Griego Koiné original del Nuevo Testamento era todavía una lengua viva? ¿Qué revelan estas versiones antiguas en cuanto a la forma en que sus traductores entendieron la palabra parousía?

 

“Parousía” en las versiones más antiguas del Nuevo Testamento

 

Como es bien conocido, la Vulgata Latina fue producida por el gran erudito del siglo cuarto Hieronymus, más conocido en la actualidad como San Jerónimo. Él llevó a cabo su obra de traducción hacia el final del siglo cuarto, comenzando con los evangelios, que publicó en 383 d.C. Es interesante que Jerónimo, en 20 de las 24 ocasiones en las que la palabra parousía aparece en el Nuevo Testamento, escogió la palabra latina para “venida”, adventus, de la cual se deriva la palabra española “advenimiento”. Las cuatro excepciones son 1 Corintios 16:17; 2 Corintios 10:10, Filipenses 2:12 y 2 Pedro 1:16. En estos lugares la Vulgata usa praesentia, la palabra latina para “presencia”. Merece notarse que sólo el último de estos cuatro versículos trata de la parousía de Cristo. En las dieciséis apariciones restantes, donde parousía se refiere a la venida de Cristo, Jerónimo prefirió la palabra latina adventus. ¿Por qué? Evidentemente porque él entendió que en los versículos que trataban de la parousía de Jesucristo la palabra significaba “venida” en lugar de “presencia”. ¿Fue erróneo su entendimiento?

 

La Vulgata Latina, en realidad, no fue la versión latina más antigua de la Biblia. Otras numerosas traducciones latinas la precedieron, algunas de las cuales se produjeron en tiempos tan tempranos como el siglo II. De hecho, la Vulgata de Jerónimo no fue una traducción, sino una revisión de estas versiones antiguas (aunque cotejándolas con los textos Hebreo, Arameo y Griego originales) que se hizo con el fin de crear una versión autorizada de la Biblia que destacase de la gran variedad de antiguas versiones latinas existentes. Estas versiones antiguas se conocen con el nombre común de Biblia Latina Antigua o, en latín, Vetus Latina. Al igual que la Vulgata, ellas también tradujeron normalmente parousía por adventus. Entre las cinco excepciones (2 Corintios 10:10; Filipenses 2:12; 2 Tesalonicenses 2:9; 2 Pedro 3:4, 12), hay sólo dos pasajes que se refieren a la parousía de Cristo. Así, al igual que la Vulgata, las antiguas versiones latinas prefirieron traducir parousía por la palabra adventus, haciendo esto en 15 de los 17 versículos que tratan de la parousía de Cristo.

 

La palabra latina adventus significa literalmente “un venir a”, aunque a veces se podía usar también en el sentido de “presencia”. Sin embargo, en las mencionadas versiones latinas, adventus se usa claramente en el sentido de “venida” en contraste con praesentia, la palabra latina para “presencia”.

 

La versión Peshitta siriaca fue producida en el siglo quinto, pero al igual que la Vulgata latina fue precedida por otras versiones más antiguas, como muestran, por ejemplo, los manuscritos Curetoniano y Sinaítico siriaco. Si, como generalmente se cree, el lenguaje nativo de Jesús y sus apóstoles fue el Arameo, es posible que estas versiones siriacas reflejen palabras usadas por Jesús y los apóstoles mismos, incluyendo la palabra siriaca que se usa para parousía en el capítulo veinticuatro de Mateo, me’thithá. Al igual que la palabra latina adventus, me’thithá literalmente significa “venida”, pues se deriva de un verbo que significa “venir”.

 

La Versión Gótica fue producida por Wulfila a mediados del siglo cuarto, y por lo tanto es un poco anterior a la Vulgata Latina. Esta versión traduce parousía por el sustantivo cums, un término relacionado con la palabra inglesa “come” (venir). Como es natural, esta palabra significa “venida”.

 

La conclusión de todo esto, pues, es que las versiones más antiguas del Nuevo Testamento, —producidas cuando el Griego Koiné era todavía una lengua viva por traductores entre los cuales había algunos que conocían en profundidad esa lengua desde su niñez— prefirieron traducir el sustantivo griego parousía por palabras que significaban “venida” en lugar de “presencia” en los pasajes que se referían a la segunda venida de Cristo. Hicieron esto a pesar de que la palabra parousía significa principalmente “presencia” y fue traducida así en otros lugares. La pregunta es: ¿Por qué tradujeron ellos la palabra parousía como “venida” cuando ésta se refería a la parousía de Jesucristo, pero como “presencia” cuando ésta se refería a la presencia de, por ejemplo, el apóstol Pablo (2 Corintios 10:10; Filipenses 2:12)? Durante siglos esto permaneció en cierto modo como un misterio, hasta que a principios del siglo veinte nuevos descubrimientos permitieron a los expertos modernos en el Griego del Nuevo Testamento hallar la respuesta a este enigma.

 

El uso técnico de “parousía”

 

Durante las excavaciones efectuadas en el siglo diecinueve en los antiguos emplazamientos de las colonias del mundo grecorromano, salieron a la luz cientos de miles de inscripciones en piedra y metal, y textos escritos en papiro, pergamino y fragmentos de cerámica.

 

Estos nuevos descubrimientos revolucionaron el estudio de la lengua griega original del Nuevo Testamento. Se descubrió que el Griego del Nuevo Testamento no era ni un “Griego Bíblico” especial, como algunos creían, ni tampoco el griego literario y arcaico que usaron los autores contemporáneos, sino un griego influenciado en gran parte por el Griego vernáculo usado por la gente corriente en sus casas y en otros lugares, el lenguaje común de la vida diaria, la forma hablada del Griego Koiné.

 

Las consecuencias que este descubrimiento tuvo en la comprensión de la lengua Griega original de la Biblia fueron examinadas por vez primera en detalle por Adolf Deissmann, que más tarde llegó a ser profesor de la Universidad de Heidelberg (y posteriormente también de la Universidad de Berlín), y que comenzó a publicar sus hallazgos en 1895. Otros eruditos, que se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento, pronto tomaron parte en examinar los nuevos textos. Nueva luz se arrojó sobre la forma en que muchas palabras griegas se usaban y entendían en el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento.

 

Una de las palabras cuyo significado fue iluminado por los nuevos textos fue la palabra parousía. Esta nueva luz fue resumida por el Profesor Deissmann en 1908 en su ahora clásica obra Licht vom Osten (Luz del Este). Su consideración de la palabra parousía, que abarca varias páginas, comienza con la siguiente declaración:

 

Pero hay otra idea central de la antigua adoración Cristiana que recibe luz de los nuevos textos, a saber, parous« a [parousía], ‘advenimiento, venida’, una palabra que expresa las más ardientes esperanzas de San Pablo. Podemos decir ahora que la mejor interpretación de la esperanza cristiana primitiva de la parousía es el antiguo texto del advenimiento, ‘He aquí, tu Rey viene a ti’ [Mateo 21:5]. Desde el periodo Tolemaico hasta el siglo II d.C., podemos trazar el uso de esta palabra en Oriente como una expresión técnica para designar la llegada o la visita del Rey o del emperador.

A continuación el profesor Deissmann pasa a dar muchos ejemplos de este uso del término. Con motivo de una de estas visitas reales oficiales, como por ejemplo aquella en la que el emperador Romano hizo una parousía a las provincias del Este, “las calles fueron reparadas, las multitudes se congregaron para rendir homenaje, hubieron procesiones de súbditos vestidos de blanco, toques de trompeta, aclamaciones, discursos, regalos y festejos”. A menudo una nueva era se computaba a partir de la parousía del rey o del emperador, y se acuñaban monedas para conmemorarla. En la visita o parousía del emperador Nerón, por ejemplo, en cuyo reinado Pablo escribió sus cartas a Corinto, las ciudades de Corinto y Patras acuñaron “monedas conmemorativas”. Estas monedas llevan la inscripción Adventus Aug(usti) Cor(inthi), lo cual demuestra
que la palabra latina adventus se usaba como equivalente del término griego parousía en estas ocasiones.

 

Desde entonces, investigación adicional llevada a cabo por numerosos eruditos, como los Profesores George Milligan, James Hope Moulton y otros, han confirmado las conclusiones de Deissmann, que fue el primero en demostrar este uso técnico de parousía. Este uso explica claramente por qué las primeras versiones del Nuevo testamento tradujeron el término por palabras que significaban “venida” en los pasajes que tratan de la parousía de Jesucristo. Todos los léxicos y diccionarios de Griego actuales señalan a este sentido de la palabra además de su significado principal (“presencia”), y existe un consenso general entre los eruditos modernos en el sentido de que parousía, cuando se usa en el Nuevo Testamento en relación con la segunda venida de Cristo, se usa en el sentido técnico de una visita real.

 

¿Será la venida de Cristo “la visita de un Rey”? Sin duda que sí. La Biblia presenta repetidamente la parousía de Cristo como una venida “con poder y gran gloria”, en la que él se sentará “sobre su glorioso trono” y vendrá acompañado de “todos sus ángeles” (Mateo 24.30; 25:31). Una fuerte “voz de arcángel”, “un gran sonido de trompeta”, y otras notables señales, contribuyen a la descripción de la parousía de Cristo como una visita real y oficial, percibida por todos y resultando en que “todas las tribus de la tierra se golpeen en lamento” a su vista. De ninguna manera se presenta su venida como una presencia secreta e invisible que pase desapercibida para la mayor parte de la humanidad.—Mateo 24:27, 29–31; 1 Tesalonicenses 4:15, 16; Revelación 1:7.

 

Supuesto apoyo erudito

 

En apoyo de su insistencia sobre “presencia” como el único significado aceptable de parousía en la Biblia, la Sociedad Watch Tower cita a veces algunas traducciones de la Biblia y también un erudito del Griego. Es significativo, no obstante, el hecho de que la mayoría de estas referencias son obsoletas, pues datan de una fecha en la cual el uso técnico del término se desconocía aún.

 

Así, la más reciente consideración de la palabra parousía, publicada en 1984 en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras con Referencias, páginas 1576 y 1577, apéndice 5b (edición en inglés), comienza citando cuatro traducciones de la Biblia que vierten parousía como “presencia” en el versículo tres del capítulo veinticuatro de Mateo, tres de las cuales (The Emphatic Diaglott de Wilson, The Emphasized Bible de Rotherdam, y The Holy Bible in Modern English de Fenton) fueron producidas antes del descubrimiento de Deissmann y sus colegas. ¡La cuarta es la propia Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras de la Sociedad de 1950! El artículo que sigue es en su mayor parte una cita de la obra The Parousía escrita por el Dr. Israel P. Warren, que argumenta en defensa de “presencia” como el significado Bíblico correcto de parousía. ¡Desafortunadamente, la obra del Dr. Warren data de 1879!.

 

El artículo, sin embargo, también hace referencia a tres léxicos modernos del Griego. Señala que tanto A Greek-English Lexicon, de Liddell y Scott, como el TDNT (Theological Dictionary of the New Testament), de Kittel/Friedrich, dan “presencia” como significado de parousía. Pero, ¿por qué no se dice a los lectores que estos mismos léxicos a continuación explican que parousía también se usaba en el sentido técnico de “la visita de un Rey”? ¿Por qué no se les dice que estos mismos léxicos enfatizan que es así como la palabra se usa en el Nuevo Testamento cuando se refiere a la parousía de Jesucristo?. El último de los dos léxicos, de hecho, dedica sólo algunas frases al significado principal de la palabra (presencia). ¡El resto del artículo, que abarca un total de 14 páginas, es una consideración del uso técnico del término, demostrando que es así como se usa la palabra en los versículos del Nuevo Testamento que tratan de la parousía de Jesucristo!. El lector de la publicación de la Watch Tower probablemente nunca sabrá esto, y difícilmente dispondrá alguna vez de los medios que le permitan descubrirlo. Una argumentación que necesita de un uso tan obviamente sesgado de la evidencia ciertamente tiene poco de recomendable.

 

Finalmente, se cita el léxico de Bauer diciendo que parousía “llegó a ser el término oficial para una visita de una persona de alto rango, esp[ecialmente] de reyes y emperadores que visitaban una provincia”. Curiosamente, esta declaración se cita como si diera apoyo adicional a la afirmación de que la Biblia usa parousía sólo en el sentido de “presencia”, a pesar de que aquí el léxico de Bauer está dando el uso técnico del término, la visita oficial de un rey o de un emperador (o de una persona de alto rango).

 

Sin embargo, hay un moderno diccionario Griego-Inglés que parece prestar algún apoyo a la idea de la Sociedad Watch Tower de que la parousía de Cristo es un periodo de una “presencia invisible” seguido de una “revelación” final de esa presencia en la batalla de Armagedón. Es el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento de W. E. Vine, que define el término parousía de la siguiente manera:

PAROUSÍA […] denota tanto una llegada como una consiguiente presencia con. […] Cuando se usa del retorno de Cristo, en el Arrebatamiento de la Iglesia, significa no meramente Su llegada momentánea a por Sus santos, sino su presencia con ellos desde aquel momento hasta Su revelación y manifestación al mundo.

Esta descripción de parousía suena mucho como la de la Sociedad Watch Tower. No es sorprendente, por lo tanto, hallar una extensa cita de la definición de Vine de esta palabra en la página 710 del diccionario Bíblico de la Sociedad Perspicacia para comprender las Escrituras (tomo II). Lo que sí puede sorprender a algunos es saber que Vine fue uno de los más firmes defensores de la doctrina de “rapto secreto” del siglo veinte. Esto, al parecer, provocó que él definiese la palabra parousía de una manera que apoyase sus puntos de vista teológicos. Sin embargo, esto sólo sirvió para ponerle en conflicto con los resultados de la erudición moderna.

 

Como se ha señalado anteriormente, la idea del “rapto secreto” encontró sus defensores más celosos entre los seguidores de John Nelson Darby, los Hermanos. En 1847, un cisma entre Darby y George Müller, el dirigente de un grupo de Hermanos de Bristol, Inglaterra, provocó la escisión del movimiento en dos grupos: los Hermanos Exclusivos, encabezados por Darby, y los Hermanos Abiertos, que se situaron en el bando de Müller. Aunque Müller mismo rechazó el concepto del “rapto secreto”, el movimiento de los Hermanos Abiertos se aferró a esta idea y continuó predicándola. W.E. Vine, que nació en 1873, estuvo asociado con los Hermanos Abiertos y al parecer lo estuvo desde su juventud. Él fue un gran erudito, y su Diccionario es de un valor incalculable como manual para el estudio del Nuevo Testamento. Su definición de la palabra parousía, sin embargo, fue claramente influenciada por su adherencia a la doctrina del “rapto secreto”, una doctrina que posiblemente fue muy querida por él desde su juventud. Él la defendió en varios libros escritos con un correligionario suyo, C.F. Hogg, tales como The Epistles of Paul and the Apostle to the Thessalonians (1914), Touching the Coming of the Lord (1919), y The Church and the Tribulation (1938). El último de estos libros fue publicado como respuesta al ataque del Reverendo Alexander Reese en contra de la idea del “rapto secreto”, The Approaching Advent of Christ, publicado el año anterior (1937). El conocido exegeta y comentarista Bíblico F.F. Bruce, aunque del mismo trasfondo religioso que el Dr. Vine, hace los siguientes comentarios críticos sobre el uso de Vine y Hogg de la palabra parousía en su sistema escatológico:

Quizás el rasgo más distintivo de Touching the Coming fue su tratamiento de la palabra parousía. Los autores insistieron en el significado principal de ‘presencia’ y entendieron que la palabra en su uso escatológico significaba la presencia de Cristo con su Iglesia arrebatada en el intervalo que precedería a su manifestación en gloria …Se podría cuestionar si esta interpretación de parousía hace justicia al sentido que la palabra tiene en el Griego Helenístico. Es cierto que los escritores apelan al léxico de Cremer en apoyo de su punto de vista; pero Cremer escribió mucho tiempo antes de que el estudio de los papiros vernaculares revolucionasen nuestro conocimiento del habla común Helenística.

 

La referencia de la Sociedad Watch Tower a la definición de parousía del Dr. Vine, por lo tanto, no tiene mucho peso. Cuando se examina más de cerca, demuestra ser básicamente tan obsoleta como sus otras referencias.

 

¿Qué muestra el contexto Bíblico?

 

Cuando una palabra tiene más de un significado, siempre debe considerarse el contexto para determinar como debe entenderse. ¿Indica el contexto de Mateo 24:3 que Pablo usó parousía en su sentido técnico o en su sentido principal? La Sociedad Watch Tower afirma que el contexto apunta hacia el último sentido, “presencia”. La Atalaya del 1 de julio de 1949, en la página 197, dice:

El hecho de que la llegada o la visita de un Rey o de un emperador fuese uno de los significados técnicos de parousía, no niega ni refuta el hecho de que en las Santas Escrituras tenga el significado de presencia cuando se usa con relación a Cristo Jesús. Para determinar el sentido de la palabra, el contexto Bíblico es más importante que cualquier uso técnico de la palabra en papiros externos.

Estamos de acuerdo en que el contexto Bíblico es más importante en estos casos. La pregunta es: ¿muestra realmente el contexto de Mateo 24:3 que los discípulos preguntaron por una señal que indicaría que Cristo estaba presente, y no por una señal que indicaría que iba a venir? ¿Hay alguna razón para creer que ellos realmente pensaban en la venida de Cristo como una “presencia invisible” que sólo podría reconocerse por medio de una señal visible?

 

Cuando se le hizo esta pregunta a la Sociedad Watch Tower, ésta tuvo que admitir que los discípulos “no tenían idea alguna de que él [Cristo] gobernaría como espíritu glorioso desde los cielos y por lo tanto no sabían que su segunda presencia sería invisible“. Si los discípulos no sabían que Cristo vendría en el futuro para estar presente invisiblemente, ¿cómo podían preguntarle acerca de una señal de dicha “presencia invisible”? Sólo esto ya probaría que Mateo no pudo haber usado parousía en el sentido de “presencia”. Evidentemente lo que ellos pidieron a Jesús fue una señal que anunciase que su prometida venida o llegada era inminente. Ellos deseaban una señal, no que les informase de algo que ya estaba sucediendo, sino una señal que les diera aviso previo de que el deseado suceso estaba a punto de ocurrir, que de hecho estaba cerca. El lenguaje y las palabras que usaron para expresar su pregunta estarían en armonía con ese deseo.

 

Que éste es el entendimiento correcto, se demuestra claramente por la forma en que Marcos registró la pregunta de los discípulos. En la versión de Marcos, la pregunta acerca de una “señal” se refiere sólo a la destrucción del templo. Desde luego no sería posible pensar que los discípulos necesitasen alguna “señal” que les convenciese de que el templo había sido destruido o de que su destrucción estaba teniendo lugar. ¡Lo que ellos querían era alguna indicación por adelantado de ese acontecimiento!

 

La manera en que Jesús respondió a su pregunta confirma plenamente esto. Después de su descripción acerca de algunos acontecimientos futuros, entre los cuales estaba también la destrucción de Jerusalén, él, en los versículos 29 y 30, describió la señal que acompañaría a su futura venida “en las nubes”, y añadió:

Ahora bien, aprendan de la higuera como ilustración este punto: Luego que su rama nueva se pone tierna y brota hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Asimismo también, ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas.—Mateo 24:32-33

Debe notarse que Jesús no dice que cuando ellos vieran las ramas nuevas de la higuera ponerse tiernas y brotar hojas sabrían que “el verano estaba presente“. Dichas señales precederían al verano y probarían que estaba cerca. De forma similar, la señal de la venida del Hijo del hombre probaría que “él estaba cerca, a las puertas“, no presente invisiblemente. La comparación es entre la cercanía del verano y la cercanía de Cristo. Es evidente que Jesús les dijo a sus discípulos que esperasen una señal que precedería a su llegada o “visita real”, no una señal que seguiría a su venida y mostraría que él estaba presente invisiblemente. El contexto de Mateo 24:3, por lo tanto, evidencia claramente que los discípulos preguntaron por la señal de la venida inminente de Cristo, no por una señal de su presencia. El contexto, por lo tanto, apoya fuertemente la conclusión de que Mateo usó la palabra parousía en su sentido técnico, dando a entender la llegada o la visita de un Rey o de un alto dignatario.

 

Es significativo, además, el hecho de que de los cuatro evangelistas, sólo Mateo usa la palabra parousía, y sólo en el capítulo veinticuatro. Los cuatro versículos que contienen el término (3, 27, 37 y 39) tienen paralelos en Lucas, pero en lugar de parousía Lucas normalmente dice “día” o “días”. Cuando Jesús compara su venida al relámpago, que alumbra inmediatamente todo el cielo desde Oriente hasta Occidente, y añade, según el versículo 27, “así será la venida (parousía) del Hijo del hombre”, Lucas, en el capítulo 17, versículo 24, dice en su lugar: “así será el Hijo del hombre en su día”. Así, las expresiones ‘la parousía de Cristo’ y ‘el día (heméra) de Cristo’ se usan de forma intercambiable para designar el tiempo de la aparición o revelación de Cristo. Esto se deja ver aún más claramente por la comparación que hace Cristo entre su venida y la venida del diluvio en los días de Noé, cuando los hombres “no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos”. Inmediatamente después de estas palabras Jesús añadió: “así será la venida [parousía] del Hijo del hombre” (Mateo 24:37, 39). La versión de Lucas añade también la destrucción de Sodoma en los días de Lot y dice: “De la misma manera será en aquel día en que el Hijo del hombre sea revelado“.—Lucas 17:26-30.

 

Es evidente que aquí Jesús no está comparando su parousía con los periodos que precedieron al Diluvio y a la destrucción de Sodoma. Así es como explica estos versículos la Sociedad Watch Tower, refiriéndose a la expresión “los días del Hijo del hombre” de Lucas 17:26. Por el contrario, Jesús compara claramente su futura venida con la sorprendente venida del diluvio y con la repentina destrucción de Sodoma. Al igual que aquellos dos eventos, su parousía será un acontecimiento revolucionario, una intervención divina que cambiará inmediatamente la situación para toda la humanidad de una forma sumamente perceptible. La comparación entre Mateo 24:39 y Lucas 17:30 muestra claramente que la parousía se refiere al “día en que el Hijo del hombre sea revelado”. La conexión que se hace en Lucas 17:26 entre los “días de Noé” y “los días del Hijo del hombre”, por lo tanto, simplemente significa que, de la misma manera que en los días de Noé los hombres fueron repentinamente cogidos por sorpresa en mitad de sus ocupaciones diarias, así será también en los días en que el Hijo del hombre sea revelado. Su repentina intervención vendrá de forma totalmente inesperada, sorprendiendo a la gente en la realidad de la situación.

 

A primera vista se podría concluir que la pregunta “¿Qué será la señal de tu venida (parousía)? de Mateo 24:3, no tiene un paralelo claro en el evangelio de Lucas. La pregunta de los discípulos, como se reproduce en Lucas 21:7, parece referirse sólo a la destrucción del templo: “¿Qué será la señal cuando estas cosas [la destrucción del templo, versículos 5 y 6] estén destinadas a suceder?”. Sin embargo, uno de los manuscritos más importantes del texto primitivo de los evangelios, el Códice D (Códice de Beza Cantabrigense), formula la pregunta de forma diferente, poniéndola en estrecha armonía con la lectura de Mateo 24:3, con una importante diferencia:

 

Mateo 24:3: “¿Qué será la señal de tu venida [parousía]?”

 

Lucas 21:7: “¿Qué será la señal de tu venida [eleuseos]?”

 

Como se ve, la única diferencia es que Lucas, según este manuscrito, no usa parousía, sino éleusis, la palabra Griega que normalmente se usa para “venida”. El Dr. Schoonheim, después de un examen detallado de estos paralelos, concluye incluso que “Lucas 21:7, según D, presenta una tradición más original”, pues es una traducción de la palabra Siriaca y Aramea me’thitha’ (“venida”).

 

El contexto Bíblico, pues, no da ningún apoyo a la afirmación de que parousía tiene que traducirse como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo. El hecho de que los discípulos no imaginaban la venida de Cristo como una “presencia invisible”, la manera en que Jesús respondió a su pregunta, y los textos paralelos en el Evangelio de Lucas, demuestran que esta traducción es insostenible. En Lucas, se habla de la parousía de Cristo como el “día” de Cristo o como “el día en que el Hijo del hombre sea revelado”. Y, como muestra el Códice D, la palabra parousía también es intercambiable por el sustantivo normalmente usado en Griego para “venida”, éleusis. Paralelos similares se pueden hallar en otros textos que tratan de la parousía de Cristo en los que se emplean términos relativos a la manifestación o revelación de Cristo. Así, el apóstol Juan, en 1 Juan 2:28, exhorta a los Cristianos a “permanecer en él, para que cuando se manifieste [Griego: phaneróo] tengamos confianza, para que en su venida [Griego: parousía] no nos avergoncemos delante de él”. Aquí Juan establece claramente un paralelo entre la parousía de Cristo y el día de su aparición o manifestación. De forma similar, el apóstol Pablo ora a favor de los Cristianos de Tesalónica para que sus corazones estén firmes, “irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida [Griego: parousía] de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:13). De esta venida del Señor con todos sus santos o ángeles se habla también en Judas 14 y en Mateo 16:27, 28, pero en lugar de parousía, Judas y Mateo usan formas del verbo érchomai, el verbo que con más frecuencia se usa en griego para “venir”, un verbo emparentado con el sustantivo éleusis. Los tres versículos se refieren a una misma ocasión, a la venida del Señor con todos sus santos para ejecutar juicio, y traducir parousía por “presencia” en 1 Tesalonicenses 3:13, como hace la Sociedad Watch Tower, ignora esta interrelación con otros pasajes paralelos.

 

En las parábolas de Jesús en las que él enfatiza la necesidad de que sus siervos estén alerta y vigilantes, podemos notar que él presenta su juicio como algo que sigue al regreso del amo a su casa. Lo que él describe en esas parábolas es la venida o llegada del amo, no una “presencia invisible”. No dice que el amo entre desapercibido en el área e invisiblemente proceda a emitir juicio sobre lo que están haciendo sus siervos, dejándoselo saber después a ellos. Por el contrario, el regreso del amo, aunque inesperado, es rápidamente evidente para todos sus siervos, fieles e infieles, manifiesto desde el principio, y su juicio no se lleva a cabo desde algún lugar oculto e invisible, sino de la manera más abierta.—Compárese con Mateo 24:45-51; 25:14-30; Marcos 13:32-37; Lucas 12:35-48; 19:12-27.

 

La evidencia, pues, tanto de las traducciones más antiguas, como de traducciones y léxicos del Griego modernos, y particularmente del contexto y de pasajes relacionados, testifica que el uso de parousía en Mateo 24:3 no puede referirse a una “presencia invisible” de una “venida en dos etapas”, sino que se refiere a la futura llegada y aparición de Cristo para ejecutar juicio como Rey, “con poder y gran gloria”, y acompañado de sus santos ángeles.

 

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LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO: LO QUE DICE CLARAMENTE LA BIBLIA

Por ING°. MARIO A OLCESE, Lima Perú


 


La más grande y bendita esperanza que tiene la iglesia de Cristo es el regreso de su Señor al mundo. El apóstol Pablo habla de este magno evento con estas palabras: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y (del) Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). De modo que podemos afirmar que el segundo advenimiento de Cristo y el establecimiento de su reino, son dos de los temas más importantes de la Biblia.

 

De los 260 capítulos del Nuevo Testamento, la segunda venida de Cristo es mencionada no menos de 318 veces. Esto significa un promedio de más de una vez por capítulo. Y en el Antiguo Testamento, profetas tales como Isaías (9:6,7; 66:15), Jeremías (23:5), Ezequiel (21:25,27), Daniel (7:27), Joel (3:16,17), Abdías (21), Miqueas (4:3,4), Zacarías (14:4,5,9), Habacuc (2:2.3), Sofonías (1:14; 3:15), Hageo (2:7) y Malaquías (4:2,5,6,); hablaron claramente de esa venida que aún no se ha cumplido.

 

La Evidencia del Nuevo Testamento

 

Cristo mismo habló de su regreso al mundo en sus parábolas del reino. El se representó como el novio que recibe a su novia en la parábola de las Diez Vírgenes; en la parábola de las Diez Minas él se presenta como el hombre noble que se fue a un país lejano para recibir un reino y regresar (Mateo 25; Lucas 19).

 

Juan registró estas palabras de Jesús, “Vendré otra vez”, en su Evangelio, y en sus últimas epístolas él habló del regreso de Cristo con confianza diciendo: “Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES.” (Juan 14:3; 1 Juan 3:2).

 

Pedro también habló con confianza del regreso de Cristo. En su segundo sermón después de Pentecostés, él dijo proféticamente: “Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hechos 3:20,21).

 

Pablo también habló mucho del regreso de Cristo en sus epístolas. A los Romanos les dice: “En el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Romanos 2:16), confirmando el hecho por medio de citar el Profeta, quien dijo: “Vendrá de Sión el libertador, Que apartará de Jacob la impiedad.” (Romanos 11:26).A los Corintios Pablo les dice que Cristo es “PRIMICIAS”, y luego añadió la esperanza de cada creyente: “Luego los que son de Cristo, en su venida.” (1 Corintios 15:23).

 

A los Filipenses también Pablo les expresa su confianza en el regreso de Cristo desde los cielos (3:20-21). Y a los Colosenses también Cristo expresa esa misma confianza o seguridad diciéndoles: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” (3:4).

 

Y cuando le escribe al joven Timoteo le dice, entre otras cosas, “Guarde el mandamiento sin mácula ni reprensión hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo” (1 Timoteo 6:14). Y en su segunda carta a Timoteo, nuevamente le escribe: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”(2 Timoteo 4:7,8).

 

Otros escritores del Nuevo Testamento son igualmente explícitos al hablar de la segunda venida, como por ejemplo, Santiago. Él dice: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor…porque la venida del Señor está cerca.” (Santiago 5:7,8).

 

¿Para Qué Regresa Jesucristo?

 

Muchos cristianos no tienen una idea realista y bíblica de la razón del retorno de Cristo y de los eventos que le siguen. Los “dispensacionarios” sostienen que la segunda venida de Cristo tiene 2 fases: Una invisible y secreta para su iglesia, a fin de “raptarla al cielo” para que no pase por la “gran tribulación” que acaecerá a la tierra; y otra, visible, audible, y abierta (con su iglesia “raptada”) para castigar a los impíos y restaurar su reino milenario en la tierra.

 

Lamentablemente, esta creencia moderna no tiene asidero en las Escrituras, aunque se hagan todos los esfuerzos posibles para encontrarle base bíblica coherente. Lo cierto es que es una fábula pretender enseñar que la iglesia no sufrirá la gran tribulación final, ya que si examinamos Mateo 24:29 descubriremos que esa teoría se viene abajo. El texto dice enfáticamente: “E inmediatamente DESPUÉS DE LA TRIBULACIÓN DE AQUELLOS DÍAS…APARECERÁ LA SEÑAL DEL HIJO DEL HOMBRE EN EL CIELO; Y ENTONCES LAMENTARÁN TODAS LAS TRIBUS DE LA TIERRA, Y VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE VINIENDO SOBRE LAS NUBES DEL CIELO, CON PODER Y GRAN GLORIA.”

 

Es claro que Cristo enseñó que su venida es “pos-tribulacionalario”, y “pre-milenario”. Es decir, Jesús viene después de la grande tribulación, y antes del inicio de su reinado en la tierra. En Apocalipsis 20:4,5 se nos dice que Cristo, al volver, atará al diablo y a sus ángeles, y comenzará inmediatamente su reinado milenial en la tierra, y con su iglesia.

 

Notemos, además, que al volver Cristo al mundo, las naciones le verán y se lamentarán por su presencia. Por tanto, su única segunda venida es audible, visible, y terrorífica para los malvados. No encontramos ningún texto donde se diga que Cristo vendrá en dos fases, como sostienen muchos “evangélicos”. Esto es torcer las Escrituras, interpretándolas de forma caprichosa, y privada. Es que muchos cristianos le temen a la “gran tribulación” que vendrá sobre la tierra. Ellos quieren “escapar” antes que caigan las plagas del Señor. Pero: ¿Acaso es necesario escapar al cielo para evitar las plagas de Dios? ¿Acaso no nos acordamos de los israelitas en Egipto? ¿Acaso no bajaron las diez plagas de parte de Jehová, y ningún Israelita fiel murió? ¡Dios no arrebató a los israelitas al cielo para salvarlos de sus plagas!. Y, ¿Qué diremos de Lot y su familia? ¿Acaso bajaron los ángeles de Dios para llevárselos al cielo a fin de que no murieran en Sodoma y Gomorra? Claro que No. Ellos fueron sacados a tiempo de tales ciudades y punto. Simplemente escaparon a otro lugar de la tierra.

 

En Mateo 24:16,17 Jesús da una salida a su pueblo para cuando se presente la gran tribulación, diciendo: “Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes…y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.” Tal vez Dios ya tenga lugares de “refugio” para los suyos, cuando venga el tiempo de espanto.

 

Y finalmente, ¿Acaso no vamos a creer en las promesas de Dios dadas en Salmo 91:7? Este texto dice: “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; MAS A TI NO LLEGARÁ.” Sí, Dios puede protegernos aunque caigan miles de malvados a nuestra derecha e izquierda. Dios puede hacer maravillas y portentos que parecen imposibles hoy.

 

Es lamentable que por la falta de fe millones de cristianos no crean que Dios puede proteger a su pueblo aunque se encuentren en medio de las pruebas. El escape al cielo no es la solución para nuestros temores. ¡Está la confianza en las promesas divinas!

 

La Segunda Venida: el Juicio y la Retribución

 

La Segunda Venida tiene como fin el juicio sobre los que ahora se resisten a creer y servir a Cristo. En Hechos 17:31 leemos: “Por cuando ha establecido un día en que JUZGARÁ al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” Y Pablo les dice a los creyentes de Corinto: “Porque es necesario que todos nosotros compadezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2 Corintios 5:10). Y al joven Timoteo le dice Pablo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino.” (2 Timoteo 4:1).

 

¿Qué recibirán los justos e injustos? La respuesta es clara e indiscutible. El Señor Jesús lo dice enfáticamente así: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron los malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28,29).

 

Hay un glorioso comienzo para los creyentes, pero un trágico destino final para los que rehusaron obedecer a Cristo. Es claro que con la muerte no se acaba todo, pues todavía falta el juicio y la retribución por las obras hechas, sean buenas o malas. Dice el escritor de Hebreos, de este modo: “Pues si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.” (10:26,27).

 

También se nos dice que los fieles y creyentes heredarán, por fin, el reino de Cristo. En Mateo 25:31,34 leemos: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” Obsérvese que hay un reino futuro que se heredará sólo en la segunda venida de Cristo. 

 

Como un anticipo diremos que cuando Jesús venga CONQUISTARÁ a todos las naciones y estarán bajo su poder y mando. Él, y su iglesia, reinarán este mundo por mil años. La conquista de Cristo empezará con el derrocamiento de Satanás y sus demonios, a fin de que no engañe más a las naciones; y pueda dar inicio a su gobierno mundial desde la ciudad de Jerusalén (Israel). En esa fecha de su regreso se cumplirá la profecía de Lucas 1:31-33, la cual señala que Cristo será el rey del Reino de Dios en el trono de David, su padre en la carne. Por ejemplo, el profeta Isaías habla de Cristo y su futuro reino milenario, así: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo DILATADO DE SU IMPERIO y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El Dios de los ejércitos hará esto.”

 

¿Cuándo Regresará Jesucristo?

 

Jesús fue contundente al afirmar que nadie puede saber el día y la hora. Esto nos permite estar en guardia y alerta cada año, cada mes, cada día, y cada hora de nuestras vidas. Jesús dijo: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el hijo, sino el Padre. Velad, pues, porque no sabéis cuando vendrá el Señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo” (Marcos 13:32,35,36). Y cuando los discípulos querían saber el tiempo del establecimiento del reino, Jesús les contestó: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.” (Hechos 1:7). Pretender, pues, decir que una iglesia o persona sabe cuál es la fecha del regreso de Cristo, y del fin del mundo es una falacia mayúscula.

 

Y en Apocalipsis 16:15 Jesús dice: He aquí, yo vengo como LADRÓN. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.” Sí, Jesús viene como ladrón en la noche, es decir, por sorpresa, cuando todos duermen. No es que Cristo vaya a venir necesariamente de noche, sino que se está refiriendo al elemento sorpresa.

 

¿Cómo Regresará Jesús

 

La Biblia afirma que Cristo volverá VISIBLEMENTE, una sola vez, y que todo ojo le verá. En Apocalipsis 1:7 leemos: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” Es muy claro que todo ojo le verá, incluso los malos e incorregibles. El vendrá de la misma forma en que se fue hace dos milenios. En Hechos 1:10,11, leemos que dos ángeles de Dios se les aparecen a los discípulos, mientras éstos iban viendo ascender a Jesús al cielo. Y, ¿qué les dicen los ángeles a los discípulos? Veamos: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas. Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASÍ VENDRÁ COMO LE HABÉIS VISTO IR AL CIELO”.

 

Jesús regresará con poder, y gloria, y en la compañía de millares de ángeles. El mismo Jesús lo revela en Mateo 16:27 con estas palabras solemnes: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre CON SUS ÁNGELES, entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” Usted no encontrará, ni un solo texto, en que se diga que Cristo volverá acompañado de su iglesia, supuestamente arrebatada siete años antes por él al cielo.

 

También se nos revela que vendrá en un tiempo difícil en donde la fe en él y en sus promesas se ponen en duda, y son objeto de mofa. El apóstol Pedro lo dice con estas palabras: “Sabiendo esto primero, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3,4). Y Jesús se pregunta: “…Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8).

 

¿Será silenciosa y secreta su venida? No. Ya hemos visto que todos le verán. Pero además de eso será “bulliciosa”, pues viene con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios. Dice Pablo a los Tesalonicenses enfáticamente: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.” (1 Tesalonisenses 4:16).

 

También Jesús habla de su propia segunda venida, así: “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27). Pues bien, ¿acaso los relámpagos no hacen ruido cuando aparecen en el cielo nocturno? Por cierto que sí. Del mismo modo, cuando Cristo regrese al mundo en persona, se presencia será como el relámpago que brilla, que hace ruido, y que atemoriza. Es obvio que todo este testimonio bíblico no da cabida a un regreso invisible, y secreto como lo proponen los “evangélicos” y “Testigos de Jehová”. Recordemos que este último grupo religioso sostiene que Cristo vino invisiblemente y secretamente en 1914 D.C. ¡Contundentemente están en el error!

 

Definitivamente Cristo vendrá cuando menos lo esperemos, súbitamente, y sin aviso. No será necesariamente el 2,000 D.C. o cualquier fecha que pueda dar algún “psíquico”. Lo cierto es que vendrá en el momento que menos esperamos.

 

¿Volverá Jesús en esta Generación?

 

¿Será esta generación la que vea venir a Jesús en gloria para establecer su reino en la tierra? Durante casi dos milenios la iglesia cristiana ha estado a la espera del Señor Jesús. A los Romanos Pablo les expresa su seguridad que Cristo (nuestra salvación) está cada vez más cerca (13:11). Y Santiago, escribiéndoles a judíos cristianos en la dispersión, les dice: “…Porque la venida del Señor ESTÁ CERCA.” (5:8). Sí, la venida de Cristo era “inminente” para los primeros cristianos, y la sigue siendo hoy. Siempre, desde los albores del cristianismo, se han podido aplicar las profecías de Jesús registradas en Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21, a las distintas edades pos- cristianas; o al menos, a casi todas. En cierto grado, siempre hubo guerras, hambres, terremotos, falsos profetas, pestes, persecución, etc, en la tierra. No obstante, hay eventos dados por Jesús en sus profecías del fin, que difícilmente pudieron cumplirse antes de la segunda mitad de este siglo XX o un poco antes. Vamos a ver tres eventos predichos por Cristo que se cumplirán en la última generación predicha, y en la cual él volverá personalmente a la tierra.

 

1.- La Predicación del Evangelio del Reino. En Mateo 24:14 Jesús profetizó que antes de su regreso, su evangelio del reino sería predicado al mundo entero como testimonio. Ahora, esto difícilmente pudo cumplirse en los siglos pasados. Por ejemplo, la imprenta fue inventada por Gutenberg, en la Edad Media. En esa época, la impresión de un solo ejemplar era costosísima, y sólo podía comprarlo un rico. Hoy, millones de libros salen de las imprentas cada mes. Aun la Biblia tiene un tiraje que no es superado por ningún otro libro en el mundo. Uno puede conseguir un ejemplar de la Biblia, o parte de ella, a un precio módico. Ha sido traducida a más de mil lenguas e idiomas como ningún otro libro. Además, la radio, la televisión, la internet, y otros inventos de este último siglo, han ayudado grandemente a que el evangelio llegue a millones de hogares por todo el mundo.

 

2.- La Amenaza de la Extinción Humana. En Mateo 24:21,22 encontramos una escalofriante revelación de la “energía nuclear” o también de la “desintegración del átomo”, y de la invención y el empleo de bombas atómicas en una guerra nuclear. Jesús dijo de esta espantosa realidad, así: “Porque habrá entonces GRAN TRIBULACIÓN, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen ACORTADOS, NADIE SERÍA SALVO; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.”

 

3.- El Retorno de los Judíos a Palestina. En Lucas 21:24 Jesús predijo que Jerusalén sería dominada por los no Judíos, HASTA que los tiempos de los no judíos se terminaran o cumplan. Esto es tan cierto como que el fuego quema. Por más de dos mil quinientos años la ciudad de Jerusalén ha sido invadida y dominada por los gentiles (Babilonia, Grecia, Roma, los árabes, los turcos, y los ingleses). Pero en la “Guerra de los Seis Días (1967 D.C)”, el ejército israelí arrebata a los jordanos el control de Jerusalén y es anexada a su territorio nuevamente.

 

Sin embargo, aún le espera a Jerusalén otra nueva y final invasión por parte de naciones confederadas en torno al anticristo. Por un tiempo relativamente corto parecerá que Jerusalén ya no tiene esperanza, hasta que aparece Jesucristo para defender a su pueblo de sus enemigos que se han reunido en el valle de Meguido o de Jezreel (Zacarías 14:1-4,16).

 

Estos 3 sucesos, repito, difícilmente pudieron cumplirse antes de la mitad de este siglo XX. Ahora nos preguntamos: ¿Será esta la última generación predicha por nuestro Señor Jesucristo en Mateo 24:34? ¡Todo parece que sí…eso espero!

 

 

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