EL REINO MILENARIO DE CRISTO EN EL PENSAMIENTO CRISTIANO

 

Este trabajo pretende, en pocas palabras, relatar la historia de la interpretación milenarista del Reino de Dios, y mostrar cómo esta fue eclipsada por interpretaciones posteriores.

EL REINO MILENARIO EN LA BIBLIA

 La biblia habla claramente de un reinado milenario de Cristo en el cual se restaurarán todas las cosas. Este Reino de Cristo es compartido con los santos o, aquellos que han hecho méritos suficientes en esta vida para que se les conceda “una ciudad”, de acuerdo con la promesa de Cristo en la parábola de los talentos. El libro Apocalipsis muestra que los santos resucitan primero, y reinan con Cristo sobre la Tierra por un período de mil años. (Véase el artículo: “El Reino de Dios”)

Revelación 20 nos muestra una tierra gobernada por Cristo y los santos, libre del Diablo y de su influencia perniciosa.  Durante este tiempo ocurre la resurrección de los injustos, los cuales son juzgados por Cristo y sus santos, y, luego de terminados los mil años, Satanás es soltado, las huestes de Gog de Magog rodean la ciudad amada (Jerusalén terrestre), pero Dios los destruye mediante fuego del cielo. Se prende al Diablo, a la bestia, al profeta falso, y a la muerte misma, y se los arroja al lago de fuego, donde se los atormenta (aprisiona) para siempre jamás.  Esto da paso al descanso de Dios, el nuevo milenio donde existen ya solamente el nuevo cielo y la nueva tierra. En Revelación 21 se describen las condiciones maravillosas de este nuevo Día de Descanso de Dios.

Esta doctrina cristiana es complementaria a todo que Jesucristo prometió a sus discípulos: la restauración del reino de Israel, donde los apóstoles se sentarían para juzgar a las doce tribus de Israel, y la resurrección general.

Este hecho estaba tan presente en la mente de los discípulos, que cuando Jesús resucitó, esto fue lo primero que se les ocurrió preguntar.

Compruébelo usted mismo, la resurrección de los muertos, el re-establecimiento del reino de Israel durante los últimos mil años, la restauración  de todas las cosas o la recreación, la inconsciencia de los muertos, la resurrección terrenal y la vida eterna  en la tierra son doctrinas que el propio Jesús enseñó.  (Juan 5: 28,59; Juan 11:23,24; Lucas 20:34-38; Mateo 5:5; 22:28-30; Hechos 1:6-8)

¿Por qué y cómo sucedió que llegó a enseñarse una doctrina tan diferente dentro de la Iglesia Cristiana?

LOS PADRES DE LA IGLESIA

Justino Martir, un apologista (defensor del cristianismo ortodoxo ante la amenaza de los gnósticos y otras tendencias heréticas, reconocido tanto por católicos como por protestantes) del siglo segundo (110 E.C.), era milenarista ortodoxo tal como lo eran la mayoría de sus contemporáneos.

En su libro “Diálogo con el Judío Trifón” declaró:

“Además hubo entre nosotros un varón por nombre Juan, uno de los apóstoles de Cristo, el cual, en revelación que le fue hecha, profetizó que los que hubieren creído en nuestro Cristo, pasarán mil años en Jerusalén; y que después de esto vendría la resurrección universal y, para decirlo brevemente, la eterna resurrección y juicio de todos unánimemente. Lo mismo vino a decir también nuestro Señor: ‘No se casarán ni serán dadas en matrimonio, sino que serán semejantes a los ángeles, hijos que son del Dios de la resurrección’ (Lucas 20:35-36)” (‘Diálogo con Trifón’ 80-81)

Justino en este documento relacionó Isaías 65 con Revelación 20, lo cual muestra que los primeros cristianos tenían conciencia del cumplimiento literal de las promesas de Dios a los israelitas, y por extensión a todas las naciones.

Otro ejemplo sobresaliente, entre muchísimos otros de este período temprano, es el del Ireneo,  veamos cómo se expresó:

Adversus Haereses V, 32, 1: “El pensamiento de algunos es inducido a error por discursos de herejes, a punto tal que ignoran los designios de la salvación de Dios y el misterio de la resurrección de los justos y del reino que es el principio de la incorrupción. Este reino es el medio por el cual los que habrán sido estimados dignos, poco a poco se acostumbrarán a acoger a Dios. En consecuencia, a propósito de ellos hay que decir que los justos, resucitando los primeros en esta creación que se renueva por la manifestación del Señor, recibirán la herencia prometida por Dios a los padres y reinarán. Sucesivamente habrá el juicio. Tal como es justo, ellos recogen los frutos de su paciencia justamente en la creación en la cual sufrieron o fueron atormentados y puestos a prueba en todas las maneras en su paciencia; reciben la vida justamente en aquella creación en la que fueron muertos por motivo del amor de Dios, y reinan justamente en aquella creación en la que soportaron la esclavitud. Dios efectivamente es rico en todo y todo le pertenece. También la Creación, por lo tanto, restaurada en su condición original, debe ser puesta a servicio de los justos sin ningún obstáculo. El Apóstol Pablo lo declaró en la carta a los Romanos: La Creación fue sometida a la caducidad, no por su voluntad, sino por la voluntad del que la sometió, porque también la Creación será liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios (Rom. 8: 19-21). Así también la promesa que Dios hizo a Abraham dura de manera irrevocable. Dios dijo efectivamente: Mira hacia arriba con tus ojos, y mira desde donde estás ahora hasta el norte, el sur, el oriente y el poniente y el mar: porque toda la tierra que ahora ves, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre (Gen 13, 14-15)”.

Si usted es lector de este sitio, notará el gran parecido entre lo que escribimos y lo que estos primeros cristianos pensaban. De hecho la lectura de la literatura cristiana de los primeros tres siglos, nos lleva a concluir que esta era la doctrina original que los apóstoles enseñaron de parte de Jesús, y que corresponde a la lectura e interpretación llanas de las palabras de Jesús y sus apóstoles.

El mismo Agustín de Hipona (San Agustín: quien es quien definió lo que es la enseñanza católica actual ), fue milenarista en sus comienzos, leamos:

Sermón pronunciado en ocasión de la octava de Pascua (años 393-395): Sermón259, 2:

“Este día octavo representa la vida nueva en el fin del mundo; el séptimo, representa el futuro reposo de los santos en esta tierra (Apoc 20, 4). Efectivamente, reinará el Señor en la tierra con sus santos, como dicen las Escrituras, y tendrá aquí una iglesia a la que ningún inicuo entrará, separada y purificada de todo contagio de iniquidad (Apoc 21, 27).”

Notemos el parecido, o mejor dicho, la armonía del pensamiento agustino temprano, con la doctrina ortodoxa de la iglesia.

No obstante, es el mismo Agustín quien, influenciado por los escritos de Ticonio, cambia su postura ortodoxa y adopta una interpretación alegórica preterista del texto de Revelación. Notemos el cambio de posición de Agustín:

‘De Civitate Dei’, 9:

“El milenio habría comenzado como un estado espiritual que la Iglesia recibió en Pentecostés, y que individualmente cada cristiano disfruta continuamente como una comunión mística con Dios. No espera una intervención directa en la historia que la vuelque de sentido. Su escatología ya está realizada. Dios ya ha triunfado”.

“La Iglesia ya es ahora el reino de Cristo y el reino de los cielos. También ahora reinan con él sus santos, ciertamente de otro modo del que reinarán después; pero no reina con él la cizaña, aunque en la Iglesia crezca como el trigo”.

Agustín se inclinó después por la explicación más “espiritual” de Ticonio y abandonó la enseñanza original.

La iglesia acogió la explicación de Agustín con beneplácito, porque iba más en armonía con los hechos presentes, después de todo, de ser un oscuro movimiento perseguido por los emperadores romanos, el cristianismo era ahora la religión oficial del imperio. De modo que el decir que el milenio había empezado en pentecostés y resultaría en el triunfo de la Iglesia sobre el mal, era muy tentador y conveniente, ya que promovía el prestigio y poder de la Iglesia. Desde aquel momento  los milenaristas  son tratados con desdén dentro de la Iglesia católica, aunque no se los condena definitivamente.

Ahora bien, cuando hubieron pasado mil años desde pentecostés y el mundo continuó sin cambios, entonces los mil años también pasaron a ser simbólicos y a representar una ‘era’ indeterminada.

Además, la explicación de Agustín, iba más en armonía con la noción de que los buenos ya estaban en el cielo con Cristo, una doctrina que tampoco formaba parte de las enseñanzas apostólicas originales; así, se explicaba mejor que el reino de los santos ya había comenzado. A su vez, esto armoniza con la noción griega de que el alma sobrevive al cuerpo después de la muerte.

La resurrección del cuerpo es una doctrina básica del catolicismo y del protestantismo, sin embargo, carece de sentido y es cuasi ignorada por la mayoría de los feligreses, por cuanto no armoniza con la noción de que, despues de morir el cuerpo, un alma inmortal inmediatamente asciende al cielo o baja al infierno. Todas estas doctrinas son corrupciones de la enseñanza sana del catolicismo original, que puede encontrarse en los escritos de los padres de la Iglesia, y, por supuesto en las escrituras; esto es, que los muertos están inconscientes a la espera de la resurrección en el último día, que es cuando Cristo regresa a reinar con sus santos y a restaurar la tierra. (Juan 11:11; 23-26)

Y, por cierto, el creer que los santos ya gobiernan, ha llevado a su veneración idolátrica mediante el uso de imágenes, lo cual está expresamente prohibido por los apóstoles. (1 Juan 5:21)

Los católicos (y protestantes) harían bien en referirse al credo apostólico  y a los escritos de los primeros obispos, para entender lo que es la verdadera enseñanza católica, pura y simple, libre de interpretaciones posteriores e influencias externas al cristianismo ortodoxo. Investigar la enciclopedia católica y leer el catecismo me ha llevado a concluir que gran parte de la verdadera enseñanza apostólica está aún disponible para el católico sincero.

Los líderes católicos y protestantes harían bien en leer la advertencia de Jesús en Lucas 12: 45-48 y Santiago 3:1.

Este no es un sitio anti-católico, ni anti-protestante, de hecho, no repudiamos ninguna religión cristiana a la luz de lo que dijo Pablo en Filipenses 1:15-20 y las palabras de Jesús en Marcos 9:38-40. Lo que si hacemos es conminar a los cristianos a retomar la doctrina sana del cristianismo original y a predicarla dentro de su misma iglesia o congregacion. Influyamos positivamente en el pensamiento cristiano, porque ha llegado el tiempo de “restaurar todas las cosas”. (Marcos 17:11,12)

(Para una consideración más extensa lea el artículo contribuido por David Melon, que ha servido de base para esta consideración.)

 FIN DEL ARTICULO 

LECTURA RECOMENDADA

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EL JUICIO Y LA RESURRECCION SEGUN LOS APOSTOLES

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EL MILENARISMO O QUILIANISMO EN EL PENSAMIENTO JUDEO-CRISTIANO

¿ESTÁ USTED APTO PARA EL REINO DE DIOS?

 

          Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

  

 

El peligro de Mirar en la dirección contraria

 

He aquí una historia bíblica que deseo compartir con ustedes de dos hombres que querían seguir a Jesús. Es como sigue: “Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.  Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:61,62). En este breve relato del encuentro de Jesús con dos hombres que estaban dispuestos a seguirlo, Jesús les dice que los que quieren poner primero los intereses familiares antes que la proclama del reino, no son aptos para dicho reino. En general, lo más grande que tiene el hombre es su familia, y acá vemos a Jesús exhortando a dos potenciales seguidores a que ignoren a sus familias para seguirlo a él. Esto me pareció muy extraño en un principio, y lo debo confesar. Sin embargo, creo que aquí hay una enseñanza que nos dice que el amor por Cristo y su reino deben ser más fuertes que el amor que uno siente por sus seres queridos. Y también el reino de Dios es lo primero y lo más importante que incluso la misma familia. Recordemos que en una ocasión Jesús dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37).

 

Ver imagen en tamaño completoEntonces Jesús está enseñando que el amor por él y su evangelio del reino debe superar al amor que uno tiene por sus seres queridos, e incluso por el que uno tiene por su propia persona. Así que estos dos hombres de la historia evangélica aún estaban mirando hacia atrás, hacia su familia, y no se estaban enfocando hacia la meta suprema. Pablo con claridad pudo Decir: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:13,14). Y además él dijo que quienes no se enfocaban en el “supremo llamamiento” era porque todavía estaban pensando sólo en las cosas mundanas o terrenales (verso 19: “…sólo piensan en lo terrenal”). Pero nuevamente la enseñanza acá de Jesús no es que abandonemos a nuestras familias por completo, porque aquel que no provee para su propia casa ha renegado a la fe y está caminando hacia su perdición (1 Timoteo 5:8: “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”). Tenemos que entender que la enseñanza de Cristo es espiritual. La idea es que uno no debe estar poniendo primero sus intereses personales y los de su familia y relegando los intereses del Reino en un segundo plano. Entonces si ponemos primero a Cristo y su reino de justicia, todo lo demás vendrá por añadidura.

 

El Ejemplo de Lot y Su Familia

 

El fiel Lot fue advertido a tiempo  por los ángeles de Yahweh para escapar a tiempo con su familia de las ciudades pecaminosas de Sodoma y Gomorra porque Dios las iba a destruir totalmente . He aquí la historia:

 

“Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo. Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba. Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos. He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera. He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida. Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado. Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar. El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar. Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.  Aquí hay otra enseñanza profunda y espiritual en esta historia que nos dice que siempre debemos mirar hacia adelante y no volver la vista hacia atrás, hacia nuestro pasado, hacia nuestras posesiones y hacia nuestros amigos y familiares que quedaron atrás. Es semejante a lo que leímos en Lucas 9:62.

 

De modo que se nos manda a no retroceder, a no bajar la velocidad, a no ser indolentes y conformistas, a no estar mirando nuestro pasado y lo bien que lo pasábamos con nuestros familiares y amigos en nuestras mansiones y en nuestros clubes elegantes. Aquí, en la historia de Lot y su familia, la esposa se rezagó por mirar su pasado, lo que estaba dejando atrás, como su casa, sus amistades, sus comodidades, temiendo seguramente deambular por un lugar incierto y desértico para después comenzar todo nuevamente. Pero esa  imprudente decisión de mirar hacia atrás, por su apego a su pasado, le costó su vida. Esta es una realidad que se repite en nuestros propios días, cuando constatamos que muchas mujeres (como ocurrió con la esposa de Lot) aún se resisten a dejarlo todo para obedecer la voz del Señor. Ciertamente ellas, más que los varones, son seducidas por la vanidad de la vida y por los deseos de los ojos. Y todo esto es un impedimento para que ellas puedan alcanzar su salvación y las de sus esposos e hijos. No digo que esto no ocurre con los varones, pero lo cierto es que las damas están mayormente bombardeadas por tanta propaganda materialista, que difícilmente pueden sacudirse de la avaricia y el consumismo que generan estos anuncios. Por eso es que difícilmente podrán los ricos entrar en el reino de Dios. Estos individuos están enredados en los negocios de esta vida porque desean mantener, e incluso mejorar, su estatus de vida cómodo y con excesos. Aparentemente parece inocuo este anhelo, ¡pero está lejos de serlo! (Lucas 8:14: “…son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto”). 

 

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EL REINO DE DIOS DEL CUAL MUY POCOS HABLAN

 

corona del rey

Por Ing° Mario A Olcese

 

   Un estudio concienzudo acerca de la predicación de Jesucristo y sus apóstoles    referente a un nuevo orden mundial que Dios inaugurará en la  nueva tierra.  

 

La Predicación de Jesucristo y sus Apóstoles

 

En el libro del evangelista Marcos (1:1,14,15), y en el de Mateo (4:17) leemos que Jesús comenzó su ministerio en Galilea, predicando “El Evangelio del Reino”, y diciendo: “el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado: arrepentios y creed en el evangelio.” Este evangelio del reino era el CENTRO  de su mensaje y la razón de su venida. En Lucas 4:43 Jesús revela que le era necesario anunciar a otras ciudades el evangelio del reino de Dios, porque para esto fue enviado. Los cuatro evangelistas incluyen en sus escritos o evangelios, más de 60 ocasiones diferentes en las que Jesús se refirió al reino de Dios. Incluso en los Hechos de los Apóstoles, la frase “el Reino de Dios” aparece 6 veces. El apóstol Pablo se refiere 9 veces al reino de Dios. Por tanto, el reino de Dios merece una especial consideración y estudio bíblico profundo, pues es profusamente mentado en toda la Biblia, y en particular, en el Nuevo Testamento.

 

El Reino de los Cielos

 

El evangelista y apóstol Mateo, opta por hablar de: “El Reino de los Cielos, cuando los otros tres evangelistas hablan de: “El Reino de Dios. Solamente en 4 ocasiones Mateo usa la frase “El Reino de Dios(6:33; 12:21,28,31,43), en tanto que la frase “el Reino de los Cielos aparece 32 veces en su evangelio. Generalmente se explica la preferencia de Mateo por esta última frase para denotar el carácter CELESTIAL del reino, vale decir, que proviene de ARRIBA, como un DON DE DIOS  y no como una creación meramente humana y perecible.

 

La lengua nativa de los judíos, en los tiempos de Cristo, era el arameo, un dialecto semítico muy cercano al Hebreo. Jesús habló este dialecto en toda su predicación y enseñanza doctrinal. Sus dichos, tal como están registrados en los evangelios, fueron vertidos del vernáculo al griego, que era el idioma literario de la época. El respeto que tenían los judíos hacia el nombre de Dios hacía que evitaran pronunciarlo. Temían incurrir en alguna frase que pudiera considerarse uso vano del nombre de Dios, y en consecuencia recurrían a substitutos: “Los cielos” era uno de los más empleados. Y es casi seguro que el mismo Señor lo haya usado también para evitar herir las susceptibilidades de sus paisanos. De este modo el evangelista se adapta a la peculiaridad de su público, y así hacer accesible el mensaje entre su propio pueblo.

 

El Significado de “Basileia

 

En su expresión concreta, “basileia” quiere decir “domino”, “territorio”, “reino”, o “el pueblo sobre el cual gobierna el rey.” En su expresión abstracta denota “soberanía” y “poder real”. En términos concretos “baseileia” denota un nuevo orden, material y social, que será establecido mediante Cristo. Abstractamente podría denotar el reino de Cristo “en el corazón de los creyentes” mediante la vida, muerte y resurrección de su rey Jesucristo.

    

El Reino de Dios en el Antiguo Testamento

 

La expresión “el Reino de Dios” no aparece en el Antiguo Testamento aunque sí “El Reino de Jehová”, que es lo mismo, pues Jehová es Dios (ver 1 Crónicas 28:5). Y el salmista David habla de Jehová como un rey que tiene un trono y un reino (103:19). También en el Antiguo Testamento el significado del reino de Jehová se puede entender de dos maneras: Que Dios ya es un rey, y que reina sobre toda la tierra habitada y sus naciones que de alguna manera hacen su voluntad. Segundo: como un gobierno de Dios futuro en donde el mal será totalmente erradicado junto con los enemigos de Dios. Los profetas vislumbraron esa era maravillosa cuando Dios ejecute juicio en la tierra y por fin establezca la paz y la justicia eternas. El mundo, finalmente, será hermoso como en el paraíso edénico, antes de la caída de los primeros padres humanos. Para ese entonces, Israel vivirá en paz con sus vecinos, y las guerras y miserias en la tierra quedarán en el olvido. Jerusalén será el centro del reinado del Mesías, el representante legal de Dios, que educará a las naciones en el conocimiento de Jehová (Isaías 9:6,7; 11:1-12; 24.23; 65:17-25; Miqueas 4:1-5).

 

Los Judíos de la época de Jesús esperaban la venida del reino de Jehová (Dios). Muchos de los escritores apocalípticos esperaban que Dios estableciera su reino de manera espectacular con demostraciones de poder, trayendo la salvación a su pueblo y el castigo de sus enemigos. Los llamados ZELOTES pensaban que el reino vendría más rápidamente si ellos lo precipitaban por acciones políticas violentas. Los FARISEOS, en cambio, creían que el reino vendría cuando el pueblo elegido de Dios obedeciera la ley de Dios fielmente. Todas estas expectativas prepararon la escena para la aparición de Juan el Bautista en el desierto proclamando que el Señor había llegado, y que “el reino de los cielos se había acercado” (Mateo 3:1-6).

 

 La Historia de la Interpretación

 

La Iglesia Cristiana, a lo largo de su historia, ha interpretado el Reino de Dios de dos maneras: Una es la que tiene un carácter escatológico o futurista, y el otro que recalca su naturaleza presente o consumada. Por cierto que en la Iglesia primitiva el concepto futurista fue el que predominó. Los llamados “Padres Apostólicos” contemplaron el reino como un asunto FUTURO de dicha que se consumaría con la segunda venida de Cristo al mundo. Además, algunos de esos “padres” sostuvieron, incluso, que sería un dominio terrestre, aunque otros no se atrevieron a mencionar lugares concretos. El único que no aceptó la interpretación escatológica fue Orígenes. Él creyó que el reino tenía un significado espiritual o simbólico y no literal.

 

Agustín de Hipona escribió en su obra De Civitate Dei’ (La Ciudad de Dios) que la Civitate terrena (La Ciudad del Mundo), la cual se compone de todas las fuerzas y personas malas, encuentra su expresión histórica en la iglesia. En realidad, al identificar Agustín el reino con la iglesia militante, lo que estaba diciendo es que el reino milenario de Dios había sido inaugurado con la primera venida de Cristo, hace dos milenios.

 

Los reformadores hicieron suyo el énfasis espiritual del reino de Agustín llevándolo al “corazón” del creyente. No obstante, los reformadores esperaban igualmente la manifestación visible de dicho reino con la segunda venida de Cristo al mundo.     

 

En el llamado periodo moderno de la historia de la Iglesia, se han producido una serie variada de ideas que desarrollan las diversas líneas anteriormente mencionadas. Johannes Weiss y Albert Schweitzer hicieron frente a un fuerte liberalismo que intentó eliminar el elemento escatológico del reino predicado por Jesús, y el cual era su mero núcleo vital. Según Weiss y Schweitzer, el reino, para Jesús, era una realidad totalmente FUTURA, apocalíptica, que aparecería al final de la historia humana, mediante la acción poderosa y sobrenatural de Dios. Afirmaron que la idea de una presencia actual del reino era un invento de los autores de los evangelios y que no debía considerarse como auténtica enseñanza de Jesús. Su interpretación del reino es conocida como “escatología consistente” o “coherente”.

 

Para Harnack, el reino de Dios era el gobierno divino en “el corazón de los santos”. Para él, el reino es el poder que obra en el interior de la vida humana. Dobschütz, Muirhead, Wellhausen, y Sharman han insistido, del mismo modo, en sostener que la dimensión escatológica NO era esencial en la enseñanza de Jesús, o que francamente se trata de un agregado que sus primeros discípulos o la iglesia primitiva creyeron necesario hacer al mensaje. F.C.Grant también rechazó el factor futurista del reino, afirmando que éste debía entenderse solamente en términos de una “redención social”. A.B. Bruce y James Orr no toman en cuenta el factor futurista del reino, considerándolo más bien sólo simbólico, o “en el corazón de los hombres”, el cual produciría una transformación social radical a medida que aumentara el número de creyentes. Cuando todas las áreas de la vida y el pensamiento hayan sido penetradas y regeneradas mediante el poder del reino, entonces “éste habrá llegado”.

 

Rudolf Otto, en su libro ‘El Reino de Dios y el Hijo del Hombre’, ve el reino como una esperanza futura, pero que de alguna manera ya se ha presentado en la persona y ministerio de Jesús. W.G. Kümmel, igualmente opina que el reino de Dios es presente y también futuro. Emil Brunner sostiene que el fin último de la historia ya comenzó con la iglesia, pero que todavía tenemos que esperar su cumplimiento final en el futuro. R. N. Flew habla del reino como presente y futuro, así: “El reino ha venido en la persona de Jesús, sus bendiciones pueden gozarse ahora mediante a fe. Pero no ha venido del todo. La consumación final aún se tarda.” (Jesús y Su Iglesia, pág.32).

 

Ahora bien, la interpretación contemporánea más discutida es aquella del eminente teólogo inglés C.H.Dodd, y que se conoce como “escatología realizada”. Él la desarrolló en su libro “Las Parábolas del Reino”. El estudio hecho por Dodd de las parábolas de Jesús, y otros dichos colaterales, lo llevó a creer que, para nuestro Señor, el reino ya había venido. El futuro formaba parte, ahora, de la experiencia actual de los hombres. El absoluto ha penetrado la arena histórica. El supuesto Cristo Eterno ha entrado en el tiempo. Él mismo sería el cumplimiento de la esperanza escatológica. Su venida es la venida del reino de Dios. Su reino vino con él y, por tanto, no hay que esperarlo para mañana. El futuro se está realizando en la vida de Cristo y en la vida de su iglesia. Pero para ser justos, Dodd no presta mucha atención a los dichos de Jesús en cuanto a la venida aún futura del reino, y sólo se limita a darles a éstos un sentido meramente simbólico.

 

 El Reino: Presente y Futuro

 

El aspecto del reino presente se encuentra en los textos de Marcos 4:3 ss. En donde el reino presente se compara con una semilla que se siembra en los corazones de los hombres en esta vida. En Marcos 12:34 Jesús le dice a un escriba: “no estás lejos del reino de Dios”. En Mateo 12:28 Jesús dice que: “El reino ciertamente ha llegado a vosotros” por el hecho de expulsar a los demonios de un ciego y sordo. En Mateo 13:44-46 Jesús habla del reino como un tesoro escondido en la tierra, que los hombres pueden descubrir ahora. En Lucas 17:20-21 Jesús declara que “el reino está entre vosotros”.  Es decir, su presencia en la tierra es la presencia del reino de Dios.

 

Si bien es verdad que algunas declaraciones de Jesús muestran un reino presente en su ministerio, también es cierto que hay una dimensión futurista del mismo en otras de sus declaraciones. En primer término, 6 de las Bienaventuranzas sólo podrán cumplirse en el FUTURO (Mateo 5:4-9). En Mateo 25:31,34 Jesús habla de un reino que sólo se podrá heredar cuando él vuelva por segunda vez. En Mateo 26:29, durante la última cena, Jesús les dice a sus discípulos que anticipa el día cuando beberá con sus discípulos del fruto de la vid, en el reino de su Padre.

 

Aunque el apóstol Pablo no suele usar muy a menudo la palabra reino, las veces que lo hace lo hace dando a entender su carácter presente como futuro. En Romanos 4:17 el apóstol Pablo parece indicar que el reino puede ser vivido ahora entre los creyentes. En Colosenses 1:13 él igualmente parece indicar que de alguna manera el creyente está “ahora” trasladado al reino de Cristo. Pero Pablo no pasa por alto el aspecto futuro del reino, porque en 1 Corintios 6:9, 15:50; Gálatas 5:21; y 2 Timoteo 4:1,18; lo que tiene en mente es un reino en la tierra eminentemente FUTURISTA, que exige nuestra previa conversión y transformación física por la resurrección venidera. Estos textos tienen estrecha relación con la PARUSÍA o segunda venida de Cristo. En Hechos 14:22, Pablo recalca el hecho de que para entrar reino se requiere pasar por muchas tribulaciones.

 

El Reino y La Iglesia de Jesucristo

 

Agustín de Hipona creía que el reino de Dios era la iglesia militante. La tardanza de un reino literal hizo que ese ideal se viera reflejado en una sociedad, que llegó a conocerse con el nombre de “iglesia”. E. F. Scott , en su obra “El Reino de Dios en el nuevo Testamento”, página 170 dice: “Jesús había proclamado el reino, pero en su lugar se levantó la iglesia”. Lo que Jesús realmente hacía era buscar un nuevo pueblo a quien se le daría el reino.

 

El Reino de Dios y la iglesia son inseparables, pues a ésta Dios le ha prometido darle su reino (Lucas 12:32). La iglesia es la que recibirá el reino de Dios. Es el pueblo escogido que restaurará el reino davídico en la tierra. El reino está conformado por hombres santos (Judíos y Gentiles) convertidos por el evangelio de Cristo. A estos santos, de todas las épocas, podemos llamarlos como: “La Iglesia de Dios”, “El Cuerpo de Cristo”, “La Novia”, “Los Elegidos”, etc. La iglesia es la heredera del reino (Mateo 25:31,34). Jesús afirmó que el reino es algo que se puede VER y ENTRAR (Juan 3:3,5), y Pablo también dijo que “carne y sangre” (los mortales) no lo pueden heredar (1 Corintios 15:50). En cambio, uno puede ser parte de la iglesia siendo mortal. Esta es la gran diferencia sustancial entre el reino y la iglesia. Por otro lado, uno puede ser parte de la iglesia inmediatamente después del bautismo (Hechos 2:38,41); en cambio, para heredar el reino uno tiene que haber sufrido por Cristo y también haber crecido en la fe y el conocimiento del Señor. Y lo más importante aún es haber recibido la transformación física cuando Cristo regrese nuevamente a este mundo (ver 2 Pedro 1:8-11; Hechos 14:22; 1 Corintios 15:45-50). Aunque en la iglesia se admiten “niños espirituales” ( 1 Corintios 3:1-2) que deben crecer a la estatura de Cristo, en el reino sólo ingresan los “maduros espirituales”, aquellos que han llegado a la “perfección espiritual” (Efesios 4:12,13,15) (2 Pedro 1:3-11). Por otro lado, parece evidente que nuestro Señor consideraba que alguna forma de asociación y organización de carácter comunitario era esencial para a mejor promoción del reino. A lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana, los teólogos de la iglesia han insistido en la íntima relación entre la iglesia y el reino. Pero hay, evidentemente, diferencias entre ellos con respecto a la naturaleza y a los alcances de esta relación. Pero en la medida que la iglesia está verdaderamente sometida al gobierno divino, puede decirse que es el reino de Dios. Pero el orden divino nunca logra realizarse del todo en este orden humano finito; por eso la Iglesia Cristiana espera la consumación final, cuando Dios perfeccione esa fraternidad humana centrada en Cristo. Entonces se podrá decir con plena seguridad que el reino de Dios habrá venido plenamente.

 

 El Reino Futuro y Su Naturaleza Real

 

La Biblia nos habla del reino venidero, pero: ¿Cómo es su naturaleza? No se nos dice si habrá de presentarse como un reino terrenal, que será seguido por un reino celestial, o si hemos de esperar una acción decisiva y final, mediante el cual “cielo y tierra” serán cambiados según los propósitos de Dios. No obstante, sería necio negar que la Biblia sí presenta una naturaleza política y terrena del reino de Dios. El Antiguo Testamento está repleto de profecías que hablan de un reino que se establecerá en esta misma tierra. En la literatura judía, el reino se presenta de 3 formas posibles: 1). El reino producirá una transformación de los cielos y la tierra. 2). El reino será eterno en la tierra. 3). El reino es un orden temporal y terreno, que será seguido por un reino celestial y eterno.

 

En el Nuevo Testamento existen pasajes clarísimos que hablan de un reino terrenal. Jesús, por ejemplo, dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán a tierra” (Mateo 5:5, con referencia al Salmo 37:11). En otra ocasión les enseñó a sus discípulos a que oraran por la venida del reino a la tierra (Mateo 6:10).  Ahora bien, de la Biblia entera se desprende que el reino tiene estos aspectos básicos y muy claros:

 

1.- Dado que el reino futuro tiene relación con la segunda venida de Cristo, su implantación estará acompañado por eventos visibles, sobrenaturales, y catastróficos (1 Tesalonicenses 4:15-17; Marcos 13:24-27).

 

2.- El actual orden de cosas será juzgado (2 Tesalonicenses 1:5-12; 2 pedro 3:4-10; Apocalipsis 19:11-16).

 

3.- Todos los que se oponen serán sometidos a Dios (Filipenses 2:9-10; 1 Corintios 15:20-23).

 

4.- Se cristalizarán todas las promesas hechas a los fieles de todos las épocas (Apocalipsis 21:3,4), las cuales incluyen:

 

a-     El reino se establecerá en Jerusalén.

b-    El Mesías tendrá su trono con sus apóstoles en Jerusalén

c-     El reino será mundial y todos pueblos se someterán a Cristo y a su autoridad: Un solo gobierno.

d-    Habrá paz, justicia, y desarme mundiales.

e-     Los rebeldes e impíos serán destruidos.

f-      Los elegidos recibirán el reino en la segunda venida de Cristo, cuando obtengan su inmortalidad.

g-     El reino durará mil años.

h-    No existirán pobres ni desamparados.

i-       El diablo será atado junto con sus demonios para que no engañen a los pueblos.

j-       Habrá sólo una religión y un solo gobernante mundial con la autoridad de Dios.

k-    La vida será más larga y saludable.

l-       No habrá explotadores ni explotados.

m-  No habrá revueltas, ni protestas, ni descontentos populares.

n-    Los que no quieran servir al Rey Cristo no les irá nada bien, y por tanto, optarán por él de buena gana. Preferirán las bendiciones que las maldiciones de Dios Padre.

 

 

Por tanto, sostener que el reino es sólo presente o futuro, es ignorar las mismísimas palabras de Jesucristo. Los eruditos, en su mayoría hoy, creen en un cumplimiento futuro del reino. No obstante, los amilenialistas (los que no creen en un reino personal y futuro de Cristo en la tierra por mil años), sean católicos o protestantes, sólo ven un reino presente en la iglesia militante.

 

Jean Hearing, en su estudio escatológico sobre “El Reino de Dios y su Venida”, escribe: “Jesús enseñaba que un germen invisible del reino de Dios existía desde el comienzo de su predicación; pero tal es su noción del reino, que ella exige una realización completa visible en el futuro mediante una transformación del orden cósmico.”

 

El teólogo católico Karl Adam reconoce que: “Restringir lo fundamental de su mensaje a esta predicación moral, sería desconocer el contenido religioso, más precisamente, el carácter sobrenatural y escatológico del nuevo reino” (…) su venida está todavía en el futuro, y es preciso decir: Que tu reino venga.”

                                                                                                                                                                  

El Reino de Dios e Israel

 

El reino de Dios es un mensaje que todavía debe ser anunciado al mundo habitado. Jesús dijo que antes que el fin venga, el reino de Dios se habrá anunciado como testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14). Este es un mensaje vivo y actual que el mundo debe oír. Cuando Cristo murió y resucitó al tercer día, todavía permaneció 40 días más entre sus discípulos, predicándoles más sobre la restauración del reino  Israel (Hechos 1:3,6). Tómese nota de la pregunta de los apóstoles en el verso 6. Es obvio que esta pregunta apostólica se hizo como corolario a toda la enseñanza de Jesús. Aquí se deja notar que aún hay un reino judío por establecerse en la tierra. Es un reino eminentemente futuro, para la segunda venida de Cristo. Ahora bien, algunos teólogos amileanilistas sostienen que los discípulos no sabían lo que preguntaban, de que estaban errados y confundidos, y que no habían captado el mensaje de su Maestro correctamente. Pero me pregunto: ¿Fueron todos los discípulos de Jesús torpes para no entender el claro mensaje que Cristo les estaba inculcando? O, ¿Fue Jesús un mal maestro que no se sabía explicar? Pero lo cierto y curioso es que todos los discípulos le preguntaron lo mismo: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Por otro lado, Jesús no los corrige o reprende por semejante pregunta “inoportuna”. Él sólo les dice: “No os toca a vosotros saber os tiempos olas sazones que el Padre puso en su sola potestad.” En buena cuenta, la pregunta era válida y oportuna, pero la respuesta a dicha pregunta sólo el Padre la podía contestar. Está claro que aquí hay un reino que tiene que ver con Israel. Pero los amilenialistas dicen que éste es espiritual, es decir: el cuerpo místico de Cristo, su iglesia. Pero me pregunto nuevamente: ¿Tiene sentido que se le restaure a la iglesia, el reino? ¿Acaso alguna vez la Iglesia de Cristo perdió su reino? La iglesia pura y sin mácula NUNCA ha reinado en este mundo— ¡sólo la Iglesia falsa y apóstata!.

 

Aunque en cierto modo el reino vino con Cristo y sus exorcismos y curaciones milagrosas, lo cierto es que el reino se establecerá plenamente sólo cuando Cristo ate a Satanás y a sus demonios y los lance al abismo (Apocalipsis 20:1-4). Es por eso que es difícil pensar que el reino ya se estableció plenamente hace dos mil años, pues ello implicaría que Satanás ya estuvo encadenado en el abismo sin poder engañar a nadie (Apocalipsis 20:3). Pero: ¿Podría alguno pensar que este mundo es un mundo ideal reinado sólo y únicamente por el buen Cristo y su iglesia? Pero la verdad es que la drogadicción, las pestes, los hogares destruidos, los crímenes, las miserias, y mil males más, son señales de que aún Satanás reina libremente y tiene su maléfico accionar entre los hombres. O ¿Es que Jesús es un mal gobernante? ¡De ningún modo! Cuando Cristo reine, ¡el mundo gozará de justicia, paz, y amor verdaderos! (Isaías 9:6,7). Finalmente, si el reino se estableció en el 33 D.C como dicen los amilenialistas, ¿por qué Juan dice en el año 90 D.C, que “todo el mundo yace bajo el poder el maligno” (no “bajo el poder de Cristo”)? (1 Juan 5:19) ¿no debió estar atado el Diablo y sus demonios para ese entonces? Recuérdese que el reino se establece después de la atadura del Diablo (Apocalipsis 20:1-3). Es evidente que el Diablo no fue atado en el año 33 D.C ni en el 90 D.C, ni tampoco en este siglo XXI. Hay un reino que se establecerá aún en el futuro, y que conlleva la neutralización total del Diablo y sus demonios por un milenio, y el florecimiento de la paz y la justicia por todo el mundo habitado. Estos son algunos puntos que no se pueden pasar por alto obviamente. Desgraciadamente los llamados “Testigos de Jehová” si han pasado por alto estos aspectos señalados anteriormente.

 

 Algunos Testimonios Interesantes

 

 El carácter futurista el reino fue expresado por Padres y Apologistas de la fe. Ireneo (185 D.C, Obispo de Lyon), escribió: “…en su segunda venida les dará a los suyos un lugar en su reino.” (Contra las herejías). Clemente Romano (96 D.C, Segundo obispo de Roma) escribió en su segunda epístola, lo siguiente: “Si entonces hacemos lo que es justo a la vista de Dios, entraremos al reino, y recibiremos las promesas…esperemos cada día y cada hora el reino de Dios en amor y rectitud”. Ignacio (Obispo de Antioquia, siglo II) creyó que el viejo reino del mal sería destruido en la segunda venida de Cristo (Ign. Eph. 16:1). Hermas, un profeta de Roma (siglo II), tenía una clara visión futurista del reino y enfatizó en la conducta moral para entrar en él. (Herm. Sim. 9:16.2-4). Papías de Hierápolis (Siglo II) creyó que la esperanza para un reino milenario en la tierra era real. También Cerinto dice que después de la resurrección la casa real de Cristo estará en la tierra (Gayo de Roma, de la Historia de la Iglesia de Eusebio 3.28.2).

 

Por otro lado, es interesantísimo el testimonio del Apologista Justino Mártir (Siglo II). Él hace uso de la palabra reino frecuentemente en su Diálogo con el Judío Trypo, y en donde se registran los debates más frecuentes entre cristianos y judíos. Justino le asegura al judío Trypo que Cristo volverá al mundo para recompensar a sus seguidores, dándoles entrada en su reino milenario que se establecerá en Jerusalén (Diálogo 80). Además Justino le dijo a Trypo, que aquellos que enseñan sobre la supuesta partida al cielo de las supuestas “almas inmortales”, NO SON CRISTIANOS. Finalmente el movimiento Montanista tenía como una de sus características, la expectación de la inminente aparición del reino

 

Resumen

 

El Reino de Dios fue y es aún interpretado como un asunto presente y futuro. Desde el siglo II el reino tiene un carácter escatológico. Los autores cristianos del segundo Siglo son uniformemente FUTURISTAS. Y para algunos de ellos, dicho reino sería, además, TERRESTRE Y MILENIAL. Tal es el caso de Cerinto, Papías, Justino Mártir, Ireneo, y otros.

 

Es con Orígenes (185-254) que viene el cambio del uso común de la palabra reino por otro “espiritualy “en el corazón de los hombres”. En cierto modo Orígenes fue influenciado por el pensamiento Gnóstico de la época que sostenía un reino en el alma. Se puede decir que él sentó las bases del pensamiento Agustiniano y de otros filósofos cristianos protestantes de los siglos venideros. Orígenes se alejó del pensamiento cristiano post apostólico del siglo II.

 

Más sobre el Reino en:

www.elevangeliodelreino.org

EL PLAN DE DIOS PARA EL MUNDO

 

            Es indiscutible que Dios, el Dios de la Biblia, tiene trazado desde el comienzo de su creación, y que se encuentra delineado en cada página de la Biblia, un plan maestro para este planeta. Una muestra de este plan se halla en las palabras de San Juan en Apocalipsis 13:8 que dicen: “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” Todos sabemos que el Cordero de Dios es Jesucristo y que fue inmolado hace casi dos mil años, y aun mucho antes de la caída de los primeros padres. Así, en los planes de Dios, el Cordero había de ser sacrificado, y todo lo preconoció de antemano Dios, planeándolo cuidadosamente—¡Y desde la misma creación del mundo!

 

            Nada escapa al conocimiento de Dios (Omnisapiencia), por lo que el futuro no le es desconocido para Él. Él supo que el hombre caería en pecado, pero simultáneamente Dios planeó la redención del hombre con muchísima anticipación. Cristo, su Hijo Unigénito, sería quien cumpliría con este propósito y por eso permitió que naciera como hombre para enseñarnos, en suma, el camino para la salvación (Hebreos 5:8,9; 2:10). 

 

            Desde el principio el hombre ha desobedecido a Dios para seguir su propio camino, y ¿cuál ha sido el resultado? ¡La muerte! Dios no ha creado al hombre para que muera, sino para que viva para siempre en este planeta. La muerte, trágicamente, es nuestro peor enemigo que produce mucha tristeza a los vivos. Sin embargo, el sendero andado por la humanidad ha sido el errado, y el que le ha conducido hacia ese fin. Adán, el representante de la raza humana, transmitió el germen del pecado y la muerte a todos sus descendientes, y todos pecaron (Romanos 3:23). Un nuevo Adán, el Hijo de Dios, tomó el lugar del primer Adán y pagó el precio del pecado muriendo en la cruz. Sólo el pecado de un hombre se redime o cancela con la muerte, pero para salvar a toda la humanidad se requería que un nuevo padre que suplantara a Adán y muriera por todos ¡Y esto hizo Jesucristo el Mesías! ( Romanos 5:8, 17-21).

 

            El plan de Dios para el hombre era que este se multiplicara y llenara la tierra y la hiciera un verdadero paraíso, en donde el ser humano, hecho a la misma imagen y semejanza de Dios, disfrutara de toda cosa buena hecha para él y su prole (Génesis 1:28). En consecuencia, Dios no nos destinó para vivir con Él en el cielo o en algún lugar extramundano, o supramundano; sino en esta misma tierra creada para nosotros (Salmo 115:16). Entonces, si ese es el plan de Dios, ¿podría alguien cambiarlo? ¡No! Lo que Dios se ha propuesto hacer de antemano lo cumplirá y no tardará. Adán pecó y perdió aquel estupendo parque o paraíso para luego encontrar una tierra hostíl y dura para vivir. Por lo tanto, la restauración que Dios nos ofrece (Hechos 3:19-21) es aquel paraíso original perdido donde Dios era el Amo Y Señor Absoluto, y los hombres, sus servidores.

 

            Dios se propone recuperar ese paraíso perdido por la desobediencia del hombre, y en esta oportunidad lo llenará con gente mansa y humilde de corazón, dispuesta a servir a Dios incondicionalmente (Mateo 5:5; Salmos 37:9,11,22,29,34; Proverbios 2:21).

 

            Dios tiene sin lugar a dudas, un plan maestro para la raza humana que está oculto para la gran mayoría de Católicos, y aun entre algunos grupos protestantes. Es nuestro propósito darlo a conocer por intermedio de este estudio a nuestros lectores.  

 

La Creación del Mundo

 

            La Biblia comienza diciendo: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Luego nos sigue diciendo que la tierra fue creada para que fuese habitada (Isaías 45:18). La palabra principio no nos dice cuando fue aquel principio, pero sin duda se refiere a un pasado sin fecha, cuando todo fue creado por Dios.

 

            La palabra hebrea para crear es “bara”, y en su propio y primario sentido significa aquel acto divino de la creación absoluta sin el uso de material preexistente. En otras palabras, Dios creó la materia “en el principio”. Creó lo material de la nada con sólo ordenarlo. Lo visible de la creación fue hecho de lo que no se ve (Hebreos 11:3).

 

            El hombre fue creado en el “sexto día” después de los animales. Sin embargo, existen disputas de si fueron días de 24 horas o simplemente períodos indeterminados de tiempo. Las expresiones “Y fue tarde y mañana el día…” sugieren que fueron días de 24 horas. Sin duda que la obra maestra de Dios en su creación fue el ser humano, pues fue hecho a la imagen y semejanza de Su Creador. A éste el Eterno Dios lo puso en la tierra no para que se quedara ocioso sino para que la “guardase”, junto con la mujer a quien  el Eterno llamó “ayuda idónea”, Eva. La orden de Dios era la de procrear y llenar la tierra con hijos y tuvieran dominio sobre las bestias del campo y labraran la tierra.

 

La Primera Ley Divina

 

            De manera clara Dios le prohibió a la primera pareja humana que comieran de cierto árbol de “la ciencia del bien y del mal”. Su violación sería la muerte. ¡Muerte física y espiritual! La primera pareja humana recibió una orden expresa de Dios: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día de que él comiéreis ciertamente morirás.” Esta fue la primera ley divina que debía ser obedecida, porque de eso dependía la vida. La obediencia de esa ley divina traería felicidad y paz con el Creador, y su violación, la ruptura con Él.

 

El Primer Pecado

 

            Habiendo dado una ley suprema, su violación constituiría el pecado. La Biblia dice claramente que “Todo el que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). La Biblia nos dice que Adán y su mujer desobedecieron a Dios y a Su ley, lo que significó su pecado y muerte. De este modo, por la necedad del hombre mismo, la muerte ha seguido reinando. El salario o pago del pecado no es otra cosa que la misma muerte (Romanos 6:23), y por eso todos moriremos algún día (Hebreos 9:27). Se puede decir que aquí finaliza el período de la inocencia a la vista de Dios.

 

La Primera Profecía


            Hasta aquí el diablo sacó ventaja y logró sembrar la desobediencia y la muerte en la raza humana. Sin embargo, Dios prometió no solamente un redentor personal que contendería con Satanás y le vencería, sino que la profecía incluía que habría enemistad perpetua entre las simientes opuestas del mundo, la simiente de la serpiente, o los hijos del maligno, y la simiente de la mujer, los hijos espirituales y obedientes. Esas “simientes” estarían en oposición entre sí en un conflicto continuo. El uno heriría el calcañar (extremidad del pie, por la parte de atrás) de su antagonista, pero el otro finalmente heriría su cabeza, esto es, lo destruiría. Por ende, una guerra continua se desataría entre los buenos y los malos, cuando Jesús dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”, es decir, “la simiente de la serpiente”.

 

El Primer Homicidio

  

            Los primeros padres tuvieron 2 hijos, los cuales fueron representantes de dos simientes opuestas. Abel, según se lee en la Biblia, “era justo”; en cambio Caín “era maligno”, y la Biblia está llena de esta enemistad. El espíritu de Caín nunca termina hasta que regrese “la simiente de la mujer” a establecer su reino en la tierra y luego destruir a su adversario—“aquel maligno”—el diablo (Hebreos 2:14). En el proceso del tiempo, Caín y Abel trajeron sus respectivas ofrendas al Señor. Caín ofrece el fruto de la tierra, en tanto que Abel trajo de los animales de su rebaño (Ofrenda de expiación, hecha con fe…Hebreos 11:4; 12:24).

 

            El camino de Caín desagradó a Dios quien no aceptó su ofrenda, pero el sacrificio de Abel si fue agradable al Señor. Esta evidencia del favor divino enfureció la “enemistad” en el corazón de Caín, por lo cual se levantó y mató a su hermano justo. Aquí Satanás pretendió destruir a la simiente justa que sería de bendición para la humanidad.

 

Renovación de la Simiente justa

 

            Con el tiempo Dios dio a Adán otro hijo, y renovó la simiente justa de Set. Con este nacimiento de Set, al fin, Abel tuvo un sucesor de mente semejante, que anduvo por fe y agradó a Dios. Así, como “la simiente Caín” y la “simiente de Set” el mundo fue aumentando con gente mala y gente buena. La corrupción del mundo había llegado a su colmo en el linaje de Caín, y la maldad del hombre era casi inconcebible, que Dios anunció al fiel Noé su propósito de destruir la tierra para limpiarla de los malvados. Noé era descendiente de Set, y cuya línea genealógica era Set, Enós, Cainán, Mahalalel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé. Para este propósito Dios mandó a Noé a construir un arca para que en ella se salvara él y su familia, y por medio de él a la simiente justa. Durante el tiempo de la construcción del arca ningún hombre quería arrepentirse de su mal camino, por lo que Dios decidió la destrucción del mundo por un diluvio mundial. Sólo 8 personas, Noé y su familia y una pareja de cada especie animal se salvaron. Con este diluvio un mundo cayó en el juicio divino.  

 

La Repoblación de la Tierra

 

            Dios hace un pacto con Noé que ningún otro diluvio destruiría la tierra, y que todas las cosas serían sujetas a Noé y a sus hijos, y les instruyó para que “llenasen la tierra”. Por vez primera la carne de animales fue permitido como alimento, y el concepto sagrado de la vida se hizo notar por la institución de la pena capital. Aquellos que derramaran sangre de hombre su sangre sería derramada. Como señal de las promesas del pacto Dios colocó en el cielo el arco Iris, una señal de su pacto con toda carne “por siglos perpetuos”.

 

            El mundo así tuvo un nuevo inicio, con la institución del gobierno humano, siendo el hombre el responsable de gobernar al mundo para Dios. Los hijos de Noé empezaron a multiplicarse y llenar la tierra. Pero no pasó mucho tiempo antes que ellos vieran abundar la maldad, y a los hombres y naciones en abierta enemistad con Dios. Los 3 hijos de Noé fueron: Sem, Cam, y Jafet. Con estos 3 hombres se volvió s llenar la tierra, la cual, poco después se corrompió, y renació el antagonismo entre las simientes opuestas. Para no ser esparcidos construyeron una torre en el llano de Sinar.

 

            Ante este desafío constante, Dios decidió confundir las lenguas de los edificadores de la torre. Hasta ese momento la tierra sólo habla un idioma, pero ahora los hombres empezaron a hablar muchos idiomas y dialectos lo que les obligó a esparcirse por toda la tierra. Actualmente es un hecho establecido que los varios idiomas existentes pertenecen a 3 grandes grupos: Los Arios, los semitas, y los Turianos, correspondientes a los 3 hijos de Noé: Jafet, Sem, y Cam.

 

El Tiempo de la Promesa

 

            Después de la dispersión, Nimrod, un descendiente de Cam, fundó un imperio a orillas del río Eúfrates, el primitivo imperio babilónico  o caldeo. Mizraim, hijo de Cam, fundó el imperio Egipcio, el otro gran centro de la civilización primitiva. Pero también hubo un progreso en la corrupción y en la idolatría. En cuanto a la idolatría, ésta se esparció rápidamente sobre la tierra, deshonrando a Dios y degradando al hombre. En consecuencia Dios dispuso separar una familia de todas las familias de la tierra, para que por medio de ella, Él pudiera preservar la religión pura y sin mácula. El elegido fue Abraham, que nació en Ur de Caldea, de donde fue llamado por Dios. Las gentes de su época y lugar eran idólatras, aún su propio padre Taré, estaba manchado con la maldición.

 

            Dios mandó a Abraham que dejase su país y su parentela y fuese al lugar que le sería mostrado. El mandato fue acompañado con una promesa y un pacto. El llegaría a ser una gran nación, un gran nombre, la tierra de Canaán sería la posesión eterna de su simiente (Solicite gratis el artículo “Israel en la Profecía”), y por medio de él, todas las familias de la tierra.

 

            Esto indicó un nuevo comienzo para el Reino de Dios, porque el llamado de Abram, Dios comenzó a preparar el mundo para el redentor prometido, “la simiente de la mujer”. Aunque Dios había prometido que la simiente de Abraham sería innumerable, pasaron años de espera sin señal de descendencia. Impaciente por los años que pasaban sin descendencia, Sarai, su esposa, le sugirió que buscara al hijo en la esclava Agar, y de quien luego nació Ismael, quien vino a ser el padre de la raza árabe. Catorce años más tarde, Isaac, el hijo de la promesa nació milagrosamente. este heredó la fe de su padre, y obtuvo una renovación del pacto a Abraham. Tuvo dos hijos: Esaú y Jacob. Esaú fue el progenitor de los edomitas, quienes fueron una fuente constante de dificultad para los israelitas, los descendientes de Jacob.

 

            El nombre de Jacob fue finalmente cambiado a ISRAEL, “Príncipe con Dios”. de sus doce hijos, José, el hijo de su edad avanzada, era el favorito. Fue aborrecido por sus hermanos, por los cuales finalmente fue vendido y llevado a Egipto por los mercaderes medianitas; allá Dios le bendijo y prosperó. Veinte años más tarde una gran hambruna obligó a Jacob, con sus hijos, a viajar y establecerse en Egipto, a la invitación de José. Después de la muerte de Jacob y José, se levantó un rey en Egipto que no conocía a José; alarmado por el crecimiento del pueblo hebreo, determinó aplastarles por medio de una cruel opresión y por la destrucción de todos los hijos varones. Durante esta era oscura de opresión, nació un niño (Moisés) destinado a liberar al pueblo esclavizado. Este, más tarde, obligó a Faraón de Egipto dejar salir al pueblo. En la noche de su liberación de Egipto Dios instituyó la Pascua.

 


La Promulgación de la Ley

 

            En el tercer mes de su salida de Egipto, acamparon en el Sinaí, donde permanecieron un año. Siendo llamado por Dios a la cumbre del monte, Moisés recibe los Diez Mandamientos de Dios, y también las instrucciones para la construcción del tabernáculo o tienda sagrada, que habría de ser la morada de Dios entre ellos.

 

            Durante su estadía en el Sinaí, Israel se organizó como nación, y luego del censo del pueblo y la agrupación de las tribus, se movilizaron hacia la posesión de la tierra prometida. Al llegar a la frontera, Moisés envió a doce hombres para investigar la tierra. Al regresar, dos dijeron que era una buena tierra, pero diez dijeron que no podía ser conquistada. El miedo destruyó la fe, y el pueblo rehusó entrar a su posesión prometida. Como castigo por su incredulidad vagaron por el desierto 40 años.

 

            Al fin, después de 38 años, la nueva generación llegó a Cades, el escenario de la trágica incredulidad de sus padres. Aquí Moisés repitió la ley y repasó las condiciones que acompañaban las promesas y las bendiciones de su entrada a Canaán. Después de su mensaje de despedida, Dios llamó al fiel legislador al descanso, y manos invisibles le sepultaron en el monte desde dónde él había visto la tierra prometida.

 

            Después de la muerte de Moisés, el pueblo fue guiado por Josué a Canaán como sucesor de Moisés, pero después de Josué muerte hubo un apartamiento gradual de la nación. Esta condición se resume en la frecuentemente frase citada: “Israel hizo lo malo en los ojos del Señor” y también “El Señor los entregó en las manos de sus opresores”. En estos períodos críticos, Dios escogía a algún hombre de las tribus, por quien Él pudiera gobernar y ejecutar sus juicios. Estos oficiales eran llamados los “Jueces” de Israel.

 

 

            Después de varios centenares de años de apostasía, servidumbres, y liberaciones, los israelitas se cansaron del gobierno de los Jueces y demandaron un rey. Después de ser amonestados de las consecuencias trágicas de cambiar de gobierno de una teocracia a una monarquía, Dios les concedió su petición. Saúl fue elegido como el primer rey de Israel.

 

            El carácter de Saúl fue marcado por impulsividad y autovoluntad, y su muerte miserable fue una consecuencia espantosa de su vida. Reinó sobre Israel por 40 años. El período del reinado de David, sucesor de Saúl fue la más brillante de todas en la historia de Israel. Este también reinó por 40 años. Pero en cuanto a explendor y magnificencia, ninguno igualó a Salomón, hijo de David. El reino israelita se mantuvo unido con estos 3 reyes hasta que vino la división entre el reino de Israel y el reino de Judá durante el reinado de Roboam y Jeroboam. Jeroboam se había corrompido por la idolatría, por lo que fueron llevados a la cautividad. El Reino del Norte fue llevado a Asiria y el Reino del Sur a Babilonia por 70 años durante el reinado de Sedequías.

 

            Por un decreto de Ciro, el Reino del Sur salió de su cautiverio y con un remanente de Israel regresó a Jerusalén y reconstruyeron el templo y lo dedicaron en el período del profeta Nehemías. Del linaje de David y de la línea semita nació “La simiente prometida” para la bendición de la humanidad., unos 400 años después.

 


La Promesa de Dios a Abraham

 

            Habíamos visto que Dios había elegido a Abraham de entre un mundo corrompido para que mantuviese la pureza de la fe, y de la religión verdadera, y que a través de él nacería “La Simiente Prometida” que aplastaría a Satanás y sus huestes. La promesa que Dios hace con Abraham tenía que ver con la posesión de una tierra y en ella hacer crecer una gran nación.

 

            En Génesis 12;2,3 podemos leer de esa estupenda promesa de esperanza para la humanidad. De allí se lee: “Y haré de ti una gran nación, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” En Génesis 13:15 le sigue diciendo: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre”.

 

            En Génesis 15:18 Dios hace un pacto con Abraham, un pacto que nadie lo invalidaría y que dice: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eúfrates”. Así, Dios hizo a Abraham una promesa y un pacto que pocos hoy han llegado a comprender en su profunda dimensión espiritual como material. Aquí se ve como Dios quiso y quiere la bendición para la humanidad, y de hecho que se cristalizará por la línea de Sem, uno de los tres hijos de Noé, de quien se trazaría la venida de “La Simiente Prometida” para la redención de la humanidad y su posterior bendición perpetua.

 

            Habíamos visto en Génesis 15:18 que Dios hizo un pacto con Abraham, en el sentido que su descendencia (singular) heredaría la tierra prometida. Ahora bien, ¿Quién es la simiente o descendencia de Abraham? Más tarde, el apóstol Pablo revelará que la descendencia de Abraham (singular) es Cristo mismo. Veamos lo que nos dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes como si fueran muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. Pero ahora nos preguntamos, y los cristianos verdaderos, ¿qué heredarán? Pues el verso 29 tiene la respuesta final: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”. He aquí una extraordinaria verdad que sigue siendo ignorada por millones de seguidores de Cristo, y es que la iglesia también recibirá la “tierra prometida” como herencia perpetua. Entonces: ¿Cómo es que hay aún que suponen que irán a heredar el cielo?

 

            No es de extrañarse tampoco que el evangelista Mateo comience su Evangelio sinóptico diciendo de Jesús, el Cristo: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” (Mateo 1:1).

 

La Promesa de Dios con David


            Habíamos explicado en algunas páginas anteriores que el pueblo israelita había pedido un rey en lugar de los jueces que los gobernara. Y cuando esto ocurrió, el primer rey Saúl, del linaje de Sem y también descendiente de Abraham, se corrompió y fue destituido de su cargo. Éste fue destituído y reemplazado por un pastorcito de ovejas: el rey David, quien también era del linaje de Sem. Dios igualmente hace un pacto con David, diciéndole: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.” ( 2 Samuel 7:12,13). Además le prometió lo siguiente: “Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda el alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.” ( 1 Reyes 2:4; 2 Crónicas 7:18).

 

            Siendo igualmente hijo de David, es el indicado para heredar el trono de su padre David (Leer Lucas 1:32,33; Hechos 2:29,30). Sin duda hoy Israel no posee una monarquía, pero llegará el tiempo para restaurar el reino o la monarquía David en Israel.

 

            Sedequías fue el último rey semita que desvió al pueblo hacia la idolatría, razón por la cual Dios permitió que fuera desterrado con la mayor parte de su pueblo por siete décadas, después del cual fue liberado, aunque sólo un remanente regresó a Jerusalén para reedificar el templo. Sin embargo, desde su salida de Babilonia no ha habido un rey semita que los gobierne. Pero llegará el día cuando las profecías concernientes a la restauración del reino se cumplan, en la persona del Mesías Jesucristo. Lea Amós 9:11; Ezequiel 21:26,27; 37:22,24,25; Oseas 3:4,5; Hechos 2:29,30.

 

            Jesucristo es el hijo de Abraham que heredará la tierra, y es hijo de David para heredar el trono de su reino en Israel. Este es el personaje noble que solucionará todos los problemas de la humanidad, restaurando todas las cosas que fueron destruídas por el opositor, el diablo.

 

El Reino de Dios

 

            El Reino de Dios se inauguró cuando los israelitas sustituyeron a los Jueces por los reyes semitas, siendo el primero, Saúl. La primera vez que encontramos la frase “Reino de Dios” es en 1 Crónicas 28:5 y que dice: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel”.

 

            Por intermedio de los reyes semitas, Dios gobernaba al pueblo, pero por sus rebeliones, Él decidió suspender la monarquía Davídica HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, pronunciadas por los profetas antiguos (Hechos 3:19-21).

 

El Evangelio de Jesucristo

 

            Muchísimos cristianos no han llegado a saber exactamente para qué Cristo vino hace dos milenios. En primer lugar, San Pablo nos dice: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres.” Sí, Jesús vino a decirnos que Su Padre cumplirá todas las promesas tarde o temprano (Romanos 15:8).

 

            Como segundo punto, Jesús nos dice para qué Dios le envió a este mundo malo. En Lucas 4:43 encontramos una clara confesión de Jesús que debemos grabar todos los creyentes en nuestra mente: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado.” Sí, Jesús vino a cumplir con una ordenanza del Padre, y ésta era, la de proclamar las Buenas Nuevas del Reino de Dios. Por cierto que para poder participar de ese reino, el hombre tenía que convertirse, y para ello debería de aceptar el sacrificio de Cristo por él. Por tanto, Jesús también vino a morir por los hombres para abrirles el camino al reino de Dios (Marcos 1:1,15,16).

 

            La palabra reino viene del griego Baseileia, que implica autoridad, domino, rey, leyes, y súbditos. Los discípulos hebreos sabían vienen que el reino de David sería restaurado por el Mesías esperado. En Hechos 1:6 se deja ver que los discípulos sabían que Cristo era el nombrado Mesías para restaurar el reino, y por eso creían que ya estaba cerca su restauración.

 

            En Lucas 19:11 leemos que los discípulos hebreos estaban seguros que el reino sería restaurado brevemente, porque veían a su Mesías entrar en Jerusalén, la sede del antiguo reino de David y de sus hijos.    

                        

            En diferentes pasajes de la Escritura, el Reino de Dios y su restauración conforman el Evangelio de Jesucristo. Usted verá que Jesús usa la expresión: “El evangelio del reino” en distintos pasajes de su vida. Vea Lucas 4:43, y Mateo 24:14, por citar dos textos bíblicos. Recuerde que “evangelio” significa “Buenas Noticias”. Entonces Jesús vino a proclamar “Las Buenas noticias de su reino en la tierra.” Pero millones de Católicos y Protestantes NO suelen decir que el evangelio es el reino de Dios, sino Cristo mismo. Afirman que el evangelio es la persona de Cristo, y su sacrificio por los pecadores. Esta es sin duda, media verdad. La otra media verdad es lo que sigue al sacrificio de Cristo. Es decir, su glorioso reino en la tierra con los salvos.

 

El Evangelio del Reino y la salvación

 

            ¿Cuál es la importancia del evangelio del reino? La respuesta es que trae SALVACIÓN a los hombres. En Romanos 1:16 Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que lo cree, sea Judío o no Judío.

 

            No sólo fue Jesús quien se dedicó a la evangelización, enseñando el reino de Dios, sino también todos sus discípulos. Uno podrá leer por los diferentes libros del Nuevo Testamento, que el reino de Dios fue el mensaje central de Cristo y sus seguidores. El Evangelista Marcos habla que Cristo empezó su ministerio anunciando el evangelio del reino de Dios. Igual lo hicieron sus apóstoles (Lucas 8:1; 9:1,2). Posteriormente Pablo hará lo mismo en su evangelización internacional (Hechos 19:7; 20:25; 28:23,30,31).  Y Jesús afirma que ese mismo evangelio del reino será predicado por su iglesia hasta su regreso en gloria (Mateo 24:14).

 

El Evangelio del Reino no es la iglesia

 

            El Evangelio del Reino ha sido objeto de variadas interpretaciones que no se ajustan al contexto bíblico. Agustín de Hipona, de la escuela de Orígenes, sostenía que la iglesia era el Reino de Dios, y Cristo, el Rey de esa iglesia Universal.

          

            Para la iglesia Católica en particular, no existe un reino político y monárquico para Israel. Es más bien un “reino de sacerdotes” (la curia romana o clero sacerdotal Católico), con el Papa a la cabeza. Pero contrario a lo propuesto por Orígenes, y luego Por “San Agustín”, Jesucristo enseñó que la “manada pequeña” heredará un reino, sólo cuando Cristo regrese a este mundo nuevamente (Lucas 12:32; Mateo 25:31,34). En otra ocasión Pablo dijo que “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). Esto es significativo, pues la iglesia está compuesta precisamente por hombres de carne y sangre. Hay, pues un reino diferente, en el cual es imposible heredarlo con cuerpos humanos mortales de “carne y sangre”. 

 

El Reino tiene que ver Con Jerusalén

 

            Aunque ya hemos explicado que el reino estaba relacionado con Jerusalén, sería oportuno añadir que Jesús afirmó que “Jerusalén ES (no “ERA”) LA CIUDAD DEL GRAN REY” (Mateo 5:33-35). Estas palabras de Jesús son significativas, pues Dios sigue amando a Jerusalén, y sigue siendo Su ciudad. No es la ciudad de los árabes, ni de los Judíos, ni de los gentiles. ¡Es la ciudad de Dios!

 

            Jerusalén será llamada “Trono de Jehová”, así lo afirma Jeremías, el profeta (3:17). En Marcos 11:1-11 se halla la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Los versos 9-11 dicen: “Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén…”. Ahora bien, es fácil ver aquí en estos versos, la esperanza Judía de la restauración del reino davídico en Jerusalén cuando entraba Jesús en la ciudad capital de Jerusalén. Y en Hechos 1:6 se deja notar la inquietud de los discípulos por saber si ya era inminente la restauración del reino por muchos siglos esperada.

 

El Reino, La Iglesia, y Las Naciones

 

            Hemos visto que Jesús vendrá a restaurar el reino en su segunda venida (Hechos 1:7; 3:19-21; Mateo 25:31,34). ¿Qué pasará luego? Bueno, Jesús depondrá al diablo y lo arrojará al abismo para que no siga engañando a las naciones, y poder así reanudar el reino de su padre David en su persona (Apocalipsis 20:1-4).

 

            La Iglesia, junto con él como su Rey, dominarán a las naciones y las regirán con “vara de hierro”. La Iglesia está siendo llamada hoy precisamente para conformar todo el equipo gubernamental del Mesías. En Apocalipsis 2:26 leemos una promesa de Jesús: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, YO LE DARÉ AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES.” ¡Esta es una fantástica noticia! La iglesia no estará tocando el arpa en el cielo, sino gobernando con Cristo en su reino, en puestos de confianza. En la famosa parábola llamada “De las Diez Minas” en Lucas 19, Jesús revela que, al volver como el “hombre noble”, dará a sus seguidores leales, “AUTORIDAD SOBRE CIUDADES”. Usted leerá eso en los versos 15, y l6. Y en Apocalipsis 5:10 claramente se nos dice dónde reinaremos: ¡En la tierra!

Si el reino de Cristo será mundial, pues todas las naciones de la tierra le estarán sujetas a su autoridad real (Salmos 72:7,8,11,19).             

 

El Milenio de Paz

              

            En Apocalipsis 20:4 se nos dice que l reino de Cristo tendrá una larga duración, en este caso, mil años. Los gobiernos de los líderes no llegan a durar tanto. Hitler quiso inaugurar su “reich” (reino) de mil años, pero sólo duró 12 años. En cambio, el reino de Cristo no tendrá problemas, ni conflictos, ni amenazas de otras naciones, y la razón es que estarán dominadas por Cristo con la autoridad divina. Será realmente un “reino de los cielos” o “el Reino de Dios”.

 

            En este milenio de paz, las armas de guerra habrán desaparecido. Los hambrientos serán saciados, los ríos no se secarán y no se contaminarán. Los desiertos se convertirán en huertos fructíferos, y los animales vivirán en armonía y en paz. Esta utopía se hará realidad sólo cuando regrese el “Deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7).

¡EL CRISTO REINARA MIL AÑOS!

           Una Puntual Refutación a la Tesis de Tito Martínez

 

 

 

Por  Ing°.Mario A Olcese (Apologista)

 

El Milenio Apocalíptico

 

 

     Las Santas Escrituras nos hablan de una era o edad venidera de justicia, en donde el mal y los malhechores serán historia. La Biblia es clara al decirnos que se restaurará el reino de Dios en la tierra en la persona de Su Hijo Yahsúa ha Mashiaj, el cual “no tendrá fin” (Lucas 1:31-33). Este insigne personaje fue profetizado por los santos profetas del Antiguo Testamento. Isaías habla de él como “el príncipe de paz” que traerá la justicia y la paz sin límites y “para siempre” a la tierra (9:6,7).

 

¿Cuánto durará el reino de Cristo?

 

     Con respecto a la duración del tiempo del reinado de Cristo, hay quienes vienen enseñando que Jesús el Mesías reinará ETERNAMENTE, y por tanto su reino mesiánico no será MILENARIO. Estos falsos maestros tuercen las Escrituras para su propio beneficio y condenación. Por ejemplo, existe una página web de la “Verdadera Doctrina  Cristiana” de un tal teólogo bíblico, Sr. Tito Martínez, y que viene propagando la falsa esperanza de un reino ETERNO del Cristo, y que coloca al Hijo en el mismo NIVEL que Dios el Padre. Este Señor ignora textos clave de las Escrituras que afirman sin rodeos que el reinado de Cristo durará un tiempo limitado prefijado por el Padre. Estas son las palabras del Sr. Tito Martínez con respecto a su teoría del Reino de Cristo:

 

          “Quiero dejar claro también que yo NO CREO EN NINGUN FUTURO REINO “MILENARIO” DEL CRISTO. Me explico: Yo creo en el futuro Milenio literal DESPUES de la Segunda Venida del Cristo, ¡Pero rechazo rotundamente esa falsa doctrina de que el Cristo reinará solamente MIL años! La Biblia jamás enseña esa doctrina de un futuro “reino de mil años” de Cristo Yahúshua, ¡y  esto lo dice un Premilenario! Esa falsa doctrina del Reino milenario del Cristo la enseña la secta del Jehovismo Atalayado, y otros “Cristianos”, sin embargo, esta es una doctrina absolutamente anticristiana, porque el evangelio dice bien claro que el Cristo se sentará en el trono de David, y su reinado no tendrá fin (Luc. 1:32), y el propio Apocalipsis dice bien claro que el trono de Dios y del Cristo estará en la Nueva Jerusalén que descenderá del cielo DESPUES del milenio (Apo. 22:1-3).

 

          Por consiguiente, puesto que el trono significa reinado o gobierno, y el trono de Cristo seguirá existiendo después del milenio, ¡esto demuestra que Cristo seguirá reinando  después del milenio! Así que esa doctrina de que el Cristo reinará sólo mil años es totalmente falsa.

 

          El Milenio mencionado en Apo. 20:1-7 será solamente los primeros mil años del reinado SIN FIN  de Cristo sobre las naciones de la tierra….de modo que enseñar que el reinado del Cristro tendrá fin y que durará sólo mil años es una doctrina ridícula, falsa, demencial, y antibíblica.

 

           Si leemos atentamente Apo. 20:4-6 veremos que ese pasaje no dice por ninguna parte que el Cristo reinará   sólo mil años, lo que dice es que los santos mártires resucitarán y reinarán con el Cristo durante mil años, es decir, esos mil años es periodo de tiempo que los santos mártires reinarán con el Cristo sobre las naciones de esta tierra ¡Pero no es el tiempo que durará el reinado de Cristo!”

 

     Como se puede ver, el Señor Tito Martínez ignora deportivamente lo que San Pablo les dijo a los Corintios con respecto al reinado del Cristo. En 1 Corintios 15:24-27 Pablo escribió claramente y sin rodeos:

 

          “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre,  cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y   potencia. Porque preciso es que él (Cristo) reine HASTA que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido será es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Yb cuando dice que todas las cosas han sido sujetas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas”.

 

     Aquí claramente dice Pablo que Cristo reinará HASTA  que haya puesto a sus enemigos bajo sus pies. Luego entregará el reino a su Padre para que el Eterno sea sobre todos y en todos. Esta verdad es pasada por alto por personas como Tito Martínez.

 

     El Sr. Martínez sostiene que durante los primeros mil años del reino, el Cristo reinará con su iglesia lado a lado, pero que después de ese periodo milenario él y Su Padre reinarán sobre todos los redimidos. Es decir, la iglesia, que primero gobernaba con Cristo a su lado, estará en la eternidad bajo  Cristo y Su Padre. Pero el Sr. Martínez, insisto, ignora lo que enseñó Pablo sobre el reino cuando reveló que éste pasará a manos del Padre quien será el soberano en la eternidad.

 

El Significado de “Eterno” y “para Siempre” (Isaías 9:7)

 

     En Isaías 9:7 el profeta dice del reino del Cristo, así:

 

          “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David…desde ahora y para siempre.

 

     Y en 2 Pedro 1:11 el apóstol Pedro se refiere al reino del Cristo como el reino eterno.

 

     Es verdad que Isaías y Pedro hablan que el reino del Cristo será “para siempre” y “eterno” respectivamente. Pero ¿qué significa “para siempre” y “eterno”? ¿Son éstas acaso expresiones que indican en todos los casos una duración sin fin, cuantitativamente hablando?

 

     Cuando los esposos se juran “amor eterno” suelen decir que se amarán “por siempre y para siempre”, pero sabemos que la muerte termina ese juramento. De modo que acá tenemos un ejemplo de la aplicación de las frases “amor eterno” y “para siempre” que no implican necesariamente un tiempo sin final, cuantitativamente hablando.

 

     En la Biblia tenemos casos parecidos e interesantes en donde “eterno” y “para siempre” no implican tiempo sin final. Por ejemplo, el rociamiento de la sangre en la Pascua fue una “ordenanza eterna” (Exodo 12:24). Igualmente el sacerdocio Aarónico (Exodo 29:9; 40:15; Levítico 3:17). También la herencia de Caleb (Josué 24:9). El templo de Salomón (1 Reyes 8:12,13). El periodo de la vida del esclavo (Deuteronomio 15:7), la lepra de Giezi (2 Reyes 5:27). Indudablemente todas estas cosas NO duraron para siempre o eternamente, aunque se dijo que serían “para siempre” o “eternas”.

 

     Otro caso interesante es el del profeta Jonás, a quien Dios castigó por su desobediencia dentro del vientre de un gran pez por espacio de 3 días y 3 noches. Tomemos nota lo que Jonás dijo en esa ocasión:

 

          “Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el  

          seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Me echaste a los

          profundo, en medio de los mares, y me rodeó la

          corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mi.

          Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos;

          mas aún veré tu santo templo. Las aguas me rodearon

          hasta el alma, rodeóme el abismo; el alga se enredó en

          mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; la

          tierra echó sobre mi sus cerrojos PARA SIEMPRE

          (eternamente); más tú sacaste mi vida de la sepultura, oh

          Jehová Dios mío.” (Jonas 2:1-6).

 

     ¿Le pregunto a las personas como Tito Martínez si acá la palabra “para siempre” implica eternidad? Por supuesto que No. Jonás no estuvo eternamente en el vientre del pez, sino sólo 3 días y 3 noches.

 

     ¿Y qué diremos del sacerdocio del Cristo? La Biblia dice:

 

           “Tú eres sacerdote PARA SIEMPRE según la orden de

            Melquisedec” (Hebreos 5:6; también ver 6:20;

            7:17,21,24,28)

 

     Sin duda alguna, los efectos del sacerdocio de Cristo son eternos (cuantitativamente), pero: ¿Es su sacerdocio “eterno”?¿Va Cristo a continuar funcionando como sacerdote para siempre (eternamente)? ¿Acaso la iglesia glorificada va a necesitar un sacerdote para siempre? Pues, no.

 

Con respecto al llamado “propósito eterno de Dios”  la Biblia dice:

 

          “A fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada

          a conocer por medio de la iglesia a los principados y

          potestades en los lugares celestiales, conforme al

          PROPÓSITO ETERNO que llevó a cabo en Cristo Jesús

          nuestro Señor.” (Efesios 3:10-11).

 

     Si (Gr.“aiónios”) significa “eterno” cuantitativamente hablando, entonces estamos creando un problema en vez de hallar una solución. Si el propósito es “eterno” (cuantitativamente) entonces obviamente nunca será cumplido.

 

     Otro caso interesante es el referido a la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. ¿Que nos informa Judas 7? Dice:

 

          “Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las

          cuales de la misma manera que aquellos, habiendo

          fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza,

          fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del

          fuego eterno.

 

     Aquí viene otra pregunta: ¿Están Sodoma y Gomorra sufriendo hoy el castigo del “fuego eterno”? La respuesta es que NO. Hoy no existen esas ciudades y menos el fuego que las consumió. Pero, ¿cómo entonces se entiende que estén sufriendo el castigo del “fuego eterno”? El simbolismo es claro: quiere decir que las consecuencias del castigo son eternas e irreversibles. Su destrucción se efectuó una vez y para siempre.

 

     En Hebreos encontramos las siguientes expresiones o sustantivos que significan ACTOS o PROCESOS como distintos a personas o cosas: “salvación eterna” (5:9), “juicio eterno” (6:2), “redención eterna” (9:12). En Marcos 3:29 encontramos “pecado eterno”, en Mateo 25:46 “castigo eterno” y en 2 Tesalonicenses 1:9 “destrucción eterna”.

 

     La salvación “eterna” no quiere decir que Cristo nos estará salvando todos los días hasta la eternidad. Su salvación es única y sus efectos son imperecederos. Igual ocurre con el “juicio eterno”, el cual no se efectuará todos los días hasta la eternidad, sino que se efectuará una vez, y sus resultados son eternos. La “redención eterna” no es una que se efectuará todos los días hasta la eternidad, pues Cristo nos redimió una vez y para siempre, y sus resultados son para siempre. El “castigo eterno” no es un castigo diario y por la eternidad, sino que será una vez y los resultados serán eternos: “Eterna destrucción” (2 Tes. 1:9). ¿y qué diremos del “pecado eterno”? ¿Habrá pecados que se cometerán todos los días y por la eternidad? Claro que no. El “pecado eterno” es aquel que no recibe perdón, uno que no puede ser pagado.

 

De modo que todo este testimonio Escriturario nos guían hacia un mejor y más exacto entendimiento de las expresiones  “eterno” y “para siempre”. Tomar la palabra Griega “Aion” siempre literalmente nos podrá conducir a problemas  hermenéuticos o exegéticos muy serios. Todo esto parece ignorar el Sr. Tito Martínez.

 

“Y su reino no tendrá Fin” (Lucas 1:33)

 

     En Lucas leemos que:

 

          “Y reinará (Cristo) sobre la casa de Jacob para siempre,

           y su reino no tendrá fin.

 

     Hemos ya visto que la frase “para siempre” no siempre implica eternidad en el tiempo, sino que implica una característica cualitativa del Reino de Cristo. No obstante, alguno podría preguntar: ¿no escribe Lucas que el reino de Cristo NO TENDRÁ FIN?¿No prueba esto que  el reino nunca acabará y que será eterno? Pues No. Ya vimos que para siempre no implica en todos los casos eternidad, como tampoco la frase “NO TENDRA FIN”. Me explicaré:

 

    Veamos lo que nos dice el profeta Daniel con respecto al Imperio Babilónico para entender la frase “NO TENDRA FIN”. Este imperio estaba profanando los utensilios del templo de Yahweh en un bacanal impío. Dios sentencia una condena contra Babilonia en el capítulo 5 versos 26-28 Así:

 

          “Esta es la interpretación del asunto: Mene: Contó Dios

          tu reino, y LE HA PUESTO FIN. Tekel: Pesado has sido

          en balanza, Y FUISTE HALLADO FALTO. Peres: Tu reino  

          ha sido roto, Y DADO A LOS MEDOS Y A LOS PERSAS”.

 

 

    Examinemos un poco y preguntémonos: ¿por qué PUSO FIN  Dios al reino de Babilonia? Sin duda fue porque fue hallado FALTO y por eso fue entregado a otro imperio invasor, el Imperio Medo-Persa. Según la visión de Daniel 2, antes que se establezca el Reino de Cristo, vendrían reinos humanos que se desmoronarían a manos de invasores. Babilonia cayó en las manos de los Medos y Persas. Los Medos y Persas cayeron bajo Alejandro Magno, y su imperio Greco-Macedonio. Este último a su vez cayó a manos de los Romanos. Todos tuvieron su fin porque fueron hallados corruptos y viles a los ojos de Dios. Sin embargo, el reino de Cristo “NO TENDRÁ FINporque nadie lo interrumpirá violentamente y finalizará felizmente su periodo estipulado de mil años sin revueltas ni apostasías. Por tanto, cuando las Escrituras nos dicen que el reino de Cristo NO TENDRA FIN no quiere decir que será eterno cuantitativamente hablando, sino que será un gobierno o reinado cualitativamente perfecto que no sufrirá el derrocamiento de su rey por incapacidad moral. Será un reino temporal, pero perfecto, justo, y recto que no será interrumpido violentamente. Será un reino que no será dejado a otro imperio invasor, ni su rey será castigado y olvidado. Los mil años de reinado milenario se cumplirán sin que el Cristo haya sido depuesto por otro invasor enemigo. Más bien los enemigos del Cristo serán subyugados por el rey mesiánico y éste dominará de mar a mar hasta los confines de la tierra sin agitación política y social.

 

     Repito una vez más lo que dije arriba: Cuando se dice que el reino de Cristo NO TENDRA FIN lo que se quiere decir es que este reino no será interrumpido por el derrocamiento de su rey a manos de algún invasor impío, y que cumplirá su periodo de 1000 años como Dios lo determinó. No será un reino como el Babilónico al cual se le PUSO FIN POR SUS FALTAS MORALES. Este punto debe quedar bien establecido.

 

¿Cuándo bajará la Nueva Jerusalén?

 

     El Sr. Tito Martínez afirma que la Nueva Jerusalén bajará después del Milenio, y que el trono de Dios y del Cordero estará en esa Nueva Jerusalén post milenaria (Apo.22:1-3). El deduce que ésta es una “evidencia” de que Jesús seguirá reinando por la eternidad sobre todas las criaturas redimidas y los ángeles ¿Pero es exacta la afirmación de Tito Martínez? Bajará la Nueva Jerusalén en realidad DESPUÉS DEL MILENIO? Veamos los hechos reales:

 

Apo. 21:1-4                                                             Isaías 65:1,2,25

 

Vi un cielo nuevo y una tierra            Porque he aquí que yo cre-

Nueva; porque el primer cielo          aré nuevos cielos y nueva

Y la primera tierra pasaron, y           tierra; y de lo primero no

El mar ya no existía más.                    Habrá memoria, ni más ven    

                                                                    -drán al pensamiento.

Y yo Juan vi la santa ciudad,

La  nueva Jerusalén, descen-            …yo traigo a Jerusalén ale

der del cielo, de Dios, dispu-             -gría, y a su pueblo gozo.

esta como una esposa atavia-           Y me alegraré con Jerusa-

da para su marido.                                 lén, y me gozaré con mi

                                                                      pueblo; y nunca más se

Y oí una gran voz del cielo                   oirán voz de lloro, ni voz

Que decía: He aquí el taber-               de clamor.

náculo de Dios con los hom-

bres, y él morará con ellos                  El lobo y el cordero serán

como su Dios; y ellos serán                 apacentados juntos, y el   

su pueblo, y Dios mismo es-                león comerá paja como el

tará con ellos como su Dios.               Buey.

 

Enjugará Dios toda lágrima                           Ezequiel 37:27

de los ojos de ellos; y ya no

habrá más muerte, ni habrá                Estará en medio de ellos   

más llanto, ni clamor, ni dolor;           mi tabernáculo, y seré a

porque las primeras cosas                  ellos por Dios, y ellos me

pasaron”.                                                 Serán por pueblo. Y sabrán

                                                                    las naciones que yo santifi- 

                                                                    co a Israel, estando mi san-

                                                                    tuario en medio de ellos pa-

                                                                    ra siempre.

    

     Cuando leemos Apocalipsis 21:1 nos encontramos con un cielo nuevo y una tierra nueva. En estos “nuevos cielos y nueva tierra” desciende la Nueva Jerusalén. Esto se parece a lo dicho por Isaías 65:17 (un capítulo mesiánico milenario, ya que habla de niños que vivirán hasta los 100 años y lobos y corderos viviendo juntos!). En este mismo libro de Isaías 65, después de revelar la intención de Dios de crear nuevos cielos y nueva tierra, el verso 18 dice que Dios traerá alegría a Jerusalén, y a su pueblo gozo. El verso 19 de Isaías 65 dice que ya no se oirán voz de lloro, ni voz de clamor”¡exactamente como dice Apocalipsis 21:4! En Ezequiel 37:27 encontramos una declaración similar a la de Apocalipsis 21:3 (“He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, Y Dios mismo estará con ellos como su Dios). Pero Ezequiel 37:1-28  tiene un fuerte sabor milenario…¡no post-milenario!

 

Hay, pues, muchos indicios que apuntarían a que la “Nueva Jerusalén” descenderá a la tierra en el periodo milenario, y no en el post milenario. Este puede ser un tema de agotadores debates, sin duda.

 

El Sr. Tito Martínez sostiene que Cristo seguirá reinando con su Padre después del milenio, y para ello se respalda en Apocalipsis 22:1-3. Los versos 1 y 3 dicen: “…que salía del trono de Dios y del Cordero…y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.”

 

Lo primero es que acá yo no leo que hayan dos tronos: Uno para el Padre y el otro para el Hijo. Si observamos bien, el texto NO dice que “el trono de Dios y del cordero ESTARAN  (plural) en ella” como se esperaría en el caso de que hubiesen DOS TRONOS. En realidad lo que dice el texto es que “El trono de Dios y del Cordero ESTARA (singular) en ella, y sus siervos LE (no, “les”) servirán”. Lo segundo es que tampoco veo que esta escena es post-milenaria. Me pregunto: ¿A quién LE sirven los siervos y quién está sentado en ese singular trono? Meditemos en esto.

 

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JESUCRISTO: EL REY DEL REINO DE LUZ QUE RIGIRÁ A TODAS LAS NACIONES

 Book of Revelation gift to us from Jesus Christ

Por Dr. Javier Rivas Martínez.

 

Cristo Jesús, la vara del tronco de Isaí (Is.11:1), el Hijo de David (Lc.1:32), el Hijo del Dios Altísimo (Mr.1:1; Lc.1:32)  que está sentado a la diestra del poder de Dios (Hech.7:55), el único mediador que existe entre Dios y los hombres (2 Tim.2:5), el Mesías Ungido que vendrá al mundo en gloria esplendorosa (Mr.13:26), en terrible ira para destruir a sus enemigos en la batalla de Armagedón (Ap.6:16; 16:16: cap.19), el que todo ojo terreno mirará majestuosamente, y los pueblos y naciones que le negaron harán lamentación por él (Ap.1:7), que habrá de sentarse  en el trono de David para juzgar a las naciones del mundo (Mt.25:31-33), para condenar a los rebeldes al evangelio e incrédulos que no conocieron a Dios (2 Ts.1:7-8), y por otra parte, para dar vida eterna (Jn.3:16; 17:3) a quienes lo oyeron y se sujetaron a la voluntad del Padre (Mt.7:21) y que por tal causa recibirán el Reino de luz, de paz, de justicia, de misericordia, de bendición, y de amor incalculable (Is.1:26; 4:2; 9:7; 11:1-10; 16:5; 35:1, 7-10; 61:3-11; Zac.8:12-13; Mt.25:34; Ap.20:6).

 

Cristo Dijo que era el camino, y la verdad y la vida, nunca sostuvo ser una alternativa religiosa para llegar al Padre y Dios (Jn.14:6), porque las que existen no proporcionan  salvación alguna (Hech.4:12). Quien  cree en Cristo, verá la vida, pero quien lo rechace su condenación será indefectiblemente segura (Jn.3:36).

 

Amigos que nos visitan y no conocen al único y verdadero  Redentor del mundo: Si creen en el Hijo de Dios como Señor y Salvador y creen además con sinceridad que Dios le levantó de los muertos, serán salvos. Sigan y amen a Dios y preparen sus vidas bajo los estatutos divinos de la Palabra Santa para que puedan ser merecedores  del Reino venidero que se establecerá en  la Tierra.

 

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt.5:5).

 

«Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado» (Ro.10:8-11).

 

Amén.

 

LUZ ANTIGUA

 

Letal celeste de grandes penas,

Lucero Antiguo que Dios creó,

Protervo ente que impone reglas

De muerte y duda, de puro hedor.

 

Criatura blanca, azahar y estrella,

Querube insigne de gran honor,

Sirvió gustoso en la Alta Esfera,

Al Dios glorioso que tanto amó.

 

Ahora mora en esta Tierra,

Lanzado fue en rojo ardor

Del pulcro cielo con huestes secas,

Cayó maldito por el error.

 

El es el dios que mentes llena

De vana escoria y vil pasión,

El día viene, con él la quema

De aquel demonio que ruina dio.

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LA PROMESA MILENARIA DE DIOS DE UN REINO DE JUSTICIA EN LA NUEVA TIERRA

¡El Mensaje central de Cristo que muy poco se predica y conoce!

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (M.D)

El alcance de la promesa del Reino  Dios en la Tierra que fue dada en un principio a Abraham es de largo alcance que abarca todas las naciones del mundo (Gn.12:2-3; 15:5, 7; 17:4-6) y que inicia con Israel (Gn.13:15-17; 15:18; Gn.17:8). Dios le dijo a Abraham que su descendencia estaría en Tierra ajena como esclava y oprimida por un período de cuatrocientos años, bajo la autoridad tiránica del Señor de la Casa en Egipto (Gn.15:13; Ex.1, 13). De Egipto, Israel fue liberado por el terrible poder de Dios en manos de Moisés (Ex. caps.7-14) y por medio de Josué fue introducido a la Tierra de Canaán. Después de un éxodo de cuarenta largos años por el desierto, Israel se establece como nación territorial (Ex.16:35; ver libro de Josué). Posteriormente, en el Israel teocrático, Dios promete en un pacto hecho con el rey David que su casa sería afirmada para siempre y su Reino eterno, entendiéndose como «eterno» en este sentido: de largo tiempo pero limitado: en griego, aionios (1 Co.15:24-28) o sea, de Mil años literales (Ap.20:4-6) y el Señor Jesucristo, del linaje del David, su Hijo (Mt.1:1; Lc.1:31-32),  se encargará  de gobernarlo (Lc.1:33).

 «La simiente de la mujer» que habla Ge. 3:15, es la misma «simiente»  que Dios promete a Abraham en el tiempo de su salida de Ur de los Caldeos (Gn.11:31; 15:7) la cual es Cristo (Ga.3:16), para que la bendición de Abraham alcanzará a los gentiles, «a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu» (Ga.3:14), ya que «el justo por la fe vivirá» (Hab.2:4; Ga.3:11) y que este por este hecho podrá obtener la manifestación de la promesa antiquísima que es la herencia del Reino de Dios (Hech.1:3) en la Tierra (Sal.2:8-9; Mt.5:5; Ga.3:29; Stg.2:5; Ap.2:25-27), por la justicia de la fe, como se comentó ya (Ef.2:8), y no por la Ley  (Ro.4:13-14; Ga.3:18). De esa manera, la justicia de Dios es imputada en aquellos que han creído en Cristo como el Salvador del mundo (Fil.3:20), viniendo a ser hijos de Dios  por potestad y por adopción (Jn.1:12; Ef.1:5). Por  tal cosa,  la barrera de la separación entre judíos y gentiles queda derribaba por Cristo para hacer un solo pueblo de los dos. Esta barrera de separación corresponde a la ley mosaica, y simbólicamente hablando corresponde también al muro del templo que separaba el atrio de los gentiles del atrio de los judíos,  donde había una prohibición  escrita en hebreo y en griego en la piedra para que ningún gentil se atreviera a desobedecerla ya que se castigaba con la muerte (Ef.2:14). Con Cristo, tenemos entrada, tanto judíos como gentiles, por un mismo Espíritu, al Padre (Ef.2:18), para ser conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef.2:19), herederos de Dios y coherederos de Cristo cuando seamos glorificados para recibir la  bendición del mundo regenerado en la segunda venida del Señor Jesucristo (Mt.19:28; Lc.8:17-23; 21:27-28). 

La principal promesa de Dios se centra en la herencia del reino apocalíptico y terreno para quienes son suyos. Por infortunio, los maestros de la prosperidad nunca hablan de esta herencia prometida y milenaria, e incitan apasionadamente, en una doctrina ya formalizada por ellos mismos y herética a más no poder y que recibe el nombre de «Súper Fe», a las ovejas ignorantes en las Escrituras de sus congregaciones a buscar primeramente las cosas materiales del mundo depravado y adverso a Dios, y que habrán de perecer  con él y también los que las busquen con desenfreno insano, hágase llamar cristiano, o no (Pr.11:28; 27:24; Ec.5:10; Mt.6:24; 13:22; Mr.10:23; 2 Co. 4:18; 1 Tim. 6:17; 1 Jn.2:15-17). Uno de los trucos más exitosos de los maestros de la prosperidad para hacerse ricos, es obligar a los creyentes «tapados» (porque así quieren estar, por no hacer caso al  buen consejo bíblico) a dar para lo obra de Dios para que él les multiplique los que han dado de «corazón» (yo le llamo corazón convenenciero: «doy y más me das», muy lejos de: «Más bienaventurado dar que recibir», según Hech.20:35). No pocos toda vía esperan el «milagrito verde», y lo esperarán vanamente  hasta el día en que el Señor les diga: «Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mt.7:23). 

Los creyentes en Cristo tendrán que convencerse que el Reino de Dios no es la búsqueda primera de las cosas materiales (comida ni bebida), sino uno de justicia, paz y gozo (Mt. 6:33; Ro.14:17), y que será fundado en la era venidera, en la renovación del mundo, y que no es «el tercer cielo» en el que habita Dios (2 Co.12:2), la Eternidad (Is.57:15 ), como han creído con engaño los cristianos pálidos en la fe: «que van a morar allá con Dios y su Hijo Jesucristo al morir», idea que se desprendió en la antigüedad del platonismo pagano y que se introdujo en la Iglesia de Cristo inmediatamente después de su establecimiento. De lamentable manera,  muy pocos de ellos hablan de esperar en la resurrección de los muertos para vida eterna (Jn.5:29a), tal como lo declaró Marta, un poco antes del evento milagroso de parte del Señor, cuando levantó a su hermano Lázaro del los muertos, del oscuro y silente sepulcro (Jn.11:24). Tan importante la resurrección futura de los salvos,  porque a través de ella será consumada su salvación, por medio de un cuerpo glorificado, es decir, trasformado para ser apto para el tiempo milenario (Mt.24:31; 1 Co.15:51; 1 Ts.4:17), porque «la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios» (1 Co.15.50).

En estos tiempos de la apostasía postrera (1Tim.4:1), doctrinas torcidas como la  inmortalidad del alma,  han hecho creer y esperanzar falsamente a los cristianos profesantes en una vida literal en la misma gloria del Dios Creador (y dicen unos que no son soberbios) y en forma almática. Esto no es más que una herejía de alto calibre y condenación, una blasfemia  que pone en tela de juicio el carácter verdadero de la resurrección de los muertos y que define absolutamente para vida eterna o para muerte eterna (Dn. 12:27; Jn.5:25, 28-29; Ap.20:4-6).  

Concluimos, pues, diciendo, que las promesas del pacto de Dios con Abraham tendrá cumplimiento en la futura Tierra regenerada para con su descendencia, en la era milenaria (Is.10:21-22; 19:25; 43:1; Jer.30:22; Ex.34:24; Mi.7:19-20; Zac. 13:9; Mal.3:16-18). 

Cristo, el Renuevo de Jehová (Is.4:2), Cristo como Emmanuel, «Dios con nosotros» (Is.7:14), se manifestará físicamente a los naciones  cuando regresé nuevamente al mundo (Dn.7:13-14, 27; Zac.14:4; Mr.16:26-27) para juzgarlo en el valle de Josafat (Jl.3:2, 12; Mt.25:31-46), y para gobernarlo como Rey de reyes y Señores de señores (Ap.19:16), como el Soberano de los reyes de la Tierra (Ap.1:5), con sus fieles súbditos en justicia y en amor por Mil años (Sal. 2:8; Is. 9:7; 11:5, 10, 12; Zac.14:16; Mt.25:34; Ap.20:4-6). 

Y si muchos aún siguen en la terquedad de «ir a morar en el cielo de Jehová algún día», déjenme decirles con certidumbre bíblica (porque todo lo que está escrito aquí, así como los demás artículos que se encuentran en los blogs nuestros, se encuentran sustentados con la Palabra de Dios, con la Biblia en la mano; nada hay mentalmente elucubrado con seguridad. ¡Líbrenos Dios de caer en herejías y blasfemias!, porque se pagará caro el conciliarlos), que la Ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén, descenderá preciosa y ataviada del cielo (Ap.21:2), para que los Hijos del Dios Altísimo en la era post milenaria, es decir, cuando se manifieste el Reino Eterno, después de que Cristo haya entregado el poder al Dios Padre (1 Co.15:24) moren en ella: «en la casa de mi Padre muchas moradas hay» (Jn.14:2-3). Cuando la Nueva Jerusalén  descienda del cielo, quedará establecida  en la Tierra Nueva (Ap.21:1), donde la justica de Dios morará eternamente,  para siempre (2 P.2:13).  

Dios les bendiga mis hermanos y amigos de buen entender y que nos visitan con gusto.    

Los dejo con este precioso texto, uno de mis favoritos:

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt.5:5).

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¿REINARÁ EL SEÑOR JESÚS MIL AÑOS O POR TODA LA ETERNIDAD?

 

“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1 Corintios 15:24,25). 

 

Lo que Tito Martínez ignora por el desconocimiento del idioma Griego

 

El Sr. Tito Martínez (de la “Verdadera Doctrina Cristiana”) sostiene que Cristo reinará para siempre o sin fin, y no tan solo 1000 años. Para esto él se basa en Lucas 1:32,33:Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

 

Eterno, para siempre, por los siglos de los Siglos

 

En la mayoría de las traducciones de la Biblia encontramos las palabras eterno, para siempre y por los siglos de los siglos.

Judas 13 habla de ‘… fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas’.  En el griego, la palabra que se traduce aquí como ‘eternamente’ es (eis aiona), que literalmente significa ‘a través de la época o era’. Es a su vez una traducción del hebreo  le-olam que significa  por/ durante la era/ época. La duración del tiempo aquí implicado parece variar.

Apocalipsis 14:10,11 habla de aquellos que serán atormentados ‘con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos…’ El mismo lenguaje se emplea para describir la destrucción de Babilonia en Apocalipsis 19:3. La frase en griego dice así: eis tous aionas ton aionon, que literalmente significa por los siglos de los siglos. Es una cita directa de Isaías 34:10, donde en el hebreo se emplea la palabra le-olam, para referirse a la destrucción de Babilonia. La ciudad de Babilonia no arde hoy día. Estas palabras no pueden significar eternamente.

En Lucas 1:32,33 leemos:Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. ¿Pero se han de tomar literalmente los términos “para siempre” y “no tendrá fin”? No necesariamente, pues Jonás dice que fue tragado para siempre por el gran pez, y sólo estuvo 3 días dentro del cetáceo. “Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: “…Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío” (Jonás 2:1,6). Aquí vemos que “para siempre” no encierra indefectiblemente la idea de eternidad o tiempo sin fin.

En salmo 100:5 leemos: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia”. Aquí se nos dice que la misericordia de Jehová es para siempre, ¿pero es verdad eso? ¿Y qué hay de los pecadores?¿Tendrá Dios siempre misericordia por los pecadores? Hoy Dios tiene “misericordia eterna” o “misericordia para siempre” por los pecadores, pero si no se arrepienten de sus pecados, Dios ya no tendrá “para siempre” misericordia de ellos. Aquí para siempre no implica necesariamente eternidad. Esta está condicionada a la obediencia.

En Éxodo 12:24 leemos: “Guardaréis esto (sangre de ovino en los dinteles de las puertas) por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre”. Si tomamos literalmente las palabras “para siempre” aquí registradas, entonces para siempre los judíos tendrán que pintar con sangre ovina los dinteles de sus casas como ocurrió en Egipto.

Y en cuanto a la locución “no tendrá fin”, ésta puede muy bien ser una expresión que denota que el reino de Cristo no será derrocado durante los 1000 años programados por una invasión de algún reino advenedizo que pretenda tomar su lugar y sus dominios como ocurrió con los cuatro anteriores (Babilonia, Media y Persia, Grecia, y Roma). También puede denotar un tiempo enorme y grande. Por ejemplo, en Isaías 2:7 leemos: “Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin”. ¿No tienen fin los tesoros? Lo que quiere decir es que sus tesoros son enormes. Entonces esta frase no implica “sin fin”, literalmente hablando. En Eclesiastés 4:16 leemos: No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía”. Sin duda nadie pensará que la muchedumbre era infinita o que no tenía fin, literalmente hablando.

¿Y qué diremos del llamado “Reino eterno“?¿significa que éste durará para siempre?¿Es posible que Cristo reine para siempre cuando la Biblia dice que él reinará HASTA que ponga a sus enemigos debajo de sus pies? En realidad, como en los casos anteriores, el reino es “eterno” (aionios) porque pertenece a una edad o era en particular, la Era Venidera de justicia. Por ejemplo, “castigo eterno”. ¿Es acaso un castigo que se aplicará todos los días y por la eternidad?¿Estará lanzando Cristo a los pecadores al gehena todos los días por los siglos de los siglos?¿ No será, más bien, que los resultados son eternos? Es decir, que una vez aplicado el castigo, éste (cualquiera que sea) permanecerá y no será revocado? Se dice en Judas 7 que Sodoma y Gomorra están sufriendo el castigo del “fuego eterno”. ¿Pero están acaso ambas ciudades aún quemándose al pie del mar muerto? Y si es así, ¿por qué nadie los puede ubicar con exactitud? ¿Realmente están ambas ciudades bajo fuego eterno aún hoy? ¡Tenemos que reexaminar el significado de la palabra “eterno” y no tomarla tan literalmente!

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