CIENTÍFICOS ALERTAN DE QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO PUEDE ALCANZAR “UN PUNTO DE NO RETORNO”

 Según un grupo de científicos, varios de ellos españoles, en la revista Nature.

Proponen medidas como reducir la tasa de crecimiento de la población y el consumo de los recursos.

Si la población sigue creciendo al ritmo actual, las consecuencias se verán hacia el 2025, y los recursos entrarán en un momento crítico en 2045.

Está en manos de la humanidad, advierten, decidir si quiere guiar los cambios del planeta o simplemente dejar que las cosas sucedan.

Un grupo de científicos, entre ellos varios españoles, describe en la revista Nature los cinco cambios climáticos ocurridos en la Tierra y trazan un “plan de emergencia” para el actual, que pasa por la implicación de todos, con medidas como reducir la tasa de crecimiento de la población y el consumo de los recursos.

Estas son algunas de las medidas propuestas por los científicos en este trabajo que analiza la posibilidad de alcanzar “un punto de no retorno” a causa del impacto humano, ha informado el CSIC.

Está en manos de la humanidad, advierten, decidir si quiere guiar los cambios del planeta o simplemente dejar que las cosas sucedan.

Además de la población y los recursos, los investigadores apuestan por sustituir el gasto energético por fuentes renovables, aumentar la eficiencia en la producción de alimentos y mejorar la gestión de las zonas de la Tierra que aún no han sido dominadas por humanos.

En el citado artículo de revisión, se precisa que los cambios climáticos pasados, además de causar extinciones masivas como la de los dinosaurios, han ido modificando las características del planeta.

Cambios climáticos pasados

El último gran cambio tuvo lugar hace unos 14.000 años, cuando el treinta por cierto de la superficie terrestre perdió la capa de hielo que la cubrió durante el último periodo glacial. Esa edad de hielo había durado unos 100.000 años y el periodo de transición se prolongó unos 3.300 años.

Desde entonces, el planeta ha mantenido unas características más o menos estables hasta la aparición y desarrollo de la humanidad.

Sin embargo, actualmente, las personas están provocando una serie de cambios que podrían conducir “a un nuevo estado planetario”, advierte el investigador de la Estación Biológica de Doñana Jordi Bascompte. Dichos cambios, alteran la química de la atmósfera y de los océanos, y causan grandes trastornos en los flujos de energía que van “desde el principio hasta el final de la cadena alimentaria”, puntualiza.

El origen de todos esos cambios es el aumento de la población que conlleva un mayor consumo de recursos y energía, y la transformación y fragmentación del paisaje, unas alteraciones que modifican las condiciones atmosféricas, oceánicas y terrestres y que amenazan la supervivencia de la biodiversidad actual.

Crecimiento de la población mundial

La tasa de crecimiento anual de la población es de unos 77 millones de personas, casi mil veces más que la experimentada hace entre 10.000 años y 400 años, cuando rondaba las 67.000 personas. Ese aumento poblacional ha transformado casi la mitad (43%) de la superficie terrestre en áreas urbanas y agrícolas.

Además, los humanos acaparan el uso de hasta el 40 por ciento de la producción primaria mundial (limitando el acceso de otras especies a este recurso) y consume combustibles fósiles, lo que ha elevado la concentración de CO2 atmosférico un 35 por ciento y ha rebajado el pH oceánico el 0,05.

“Si estos impactos superan el 50 por ciento, incluso las áreas inalteradas del planeta sufrirán las consecuencias”, avisa Eloy Revilla, de la Estación Biológica de Doñana.

Si la población sigue creciendo al ritmo actual, las consecuencias se verán hacia el 2025, y los recursos entrarán en un momento crítico en 2045. Lo que sucederá cuando se llegue a tal situación todavía es incierto, pero es algo que “debería preocuparnos muy seriamente”.

La pérdida de productividad en las tierras de cultivo, la reducción de la capacidad de almacenamiento de CO2 de los bosques y océanos y el colapso del stock pesquero son tres factores seguros.

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EL CAMBIO CLIMÁTICO AFECTA EL DESARROLLO

Cuando aumentan la tasa de crecimiento, la población y el ingreso “per cápita”, también lo hacen los gases de efecto invernadero. Según el Pnud, los esquemas de producción y consumo, especialmente en los países ricos, parecen ser insostenibles desde el punto de vista ambiental.

El aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, tales como sequías, tormentas e inundaciones, es cada vez más preocupante. El promedio anual de desastres se duplicó en 25 años, al pasar de 132 casos entre 1980 y 1985 a 357 entre 2005 y 2009.

Se prevé que un aumento de 50 centímetros en el nivel de mar durante los próximos 40 años podría inundar las zonas costeras de 31 naciones de América latina y el Caribe.

Estas cifras no son una mera anécdota. De cómo enfrentemos esta realidad dependerá la suerte de buena parte de los siete mil millones de habitantes del planeta. En otras palabras, el deterioro del medio ambiente pone en duda las proyecciones de progreso y desarrollo.

Para cuantificar los niveles de bienestar, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) elabora el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que mide indicadores nacionales de salud, educación e ingresos.

Entre 1972 y 2010, esos indicadores mejoraron un 40 por ciento, es decir millones de personas se alfabetizaron, viven más años y aumentaron sus ingresos.

De continuar la tendencia, la brecha que separa los niveles de desarrollo humano de los habitantes de los países desarrollados y los países en vía de desarrollo se reducirá. Tanto es así que se estima una mejora del índice global de desarrollo humano en el orden del 19 por ciento.

Está claro que la situación no será la misma si se consigue enfrentar los riesgos del cambio climático que si, por el contrario, el deterioro se profundiza.

En el primer caso, que el último informe del Pnud denomina “escenario base”, se verificarían mejoras que beneficiarían a millones de personas.

Por el contrario, se calcula que para el año 2050, el IDH podría haber bajado un ocho por ciento (12 por ciento en Asia meridional y África subsahariana), en un escenario de “desafío medioambiental” que mantenga o aumente los efectos adversos del calentamiento global sobre la producción agrícola, el acceso a agua potable y saneamiento y la contaminación.

“En un marco hipotético de ‘desastre ambiental’ más adverso, que prevé deforestación generalizada y degradación del suelo, drástica reducción de la biodiversidad y aumento fuerte y sostenido de fenómenos climáticos extremos, el IDH mundial podría ubicarse alrededor de 15 por ciento debajo del nivel de referencia proyectado”, consigna el documento.

Alta temperatura. El aumento de la temperatura del planeta es acaso el principal desafío asociado al cambio climático.

El Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC), organismo asesor que nuclea a científicos de varios países, proyectó un incremento de 2,4° a 4,6° centígrados hacia 2100, si todo sigue igual.

Las consecuencias de un aumento de la temperatura de ese orden serían severas, sostienen los expertos. “Los climatólogos creen que el umbral climático que acarrearía la licuación de la capa de hielo de Groenlandia se sitúa entre 1° y 3°, que de concretarse haría subir la superficie de los océanos siete metros, modificando drásticamente la geografía de la Tierra”, plantea Clive Hamilton, autor de Réquiem para un especie.

Para no traspasar ese punto crítico, será necesaria una marcada reducción de los gases de efecto invernadero (GEI), causantes del calentamiento global.

El principal contaminante es el dióxido de carbono, producido por la combustión de energías fósiles (petróleo, gas y carbón vegetal), seguido por el metano y el óxido nitroso, generados en actividades relacionadas con la producción de alimentos.

Parte de estos gases son absorbidos por la tierra y los océanos, y el resto queda en la atmósfera durante siglos, reteniendo el calor del planeta e incrementando la temperatura promedio.

Actualmente, las temperaturas mundiales son superiores en un promedio de 0,75° centígrado respecto de principios del siglo 20. Pero lo más preocupante es que el ritmo de calentamiento del planeta se ha acelerado por las emisiones de dióxido de carbono, que se elevaron globalmente un 112 por ciento desde 1970.

Como resume Hamilton, los factores que determinan incremento de los GEI son la tasa de crecimiento o ingreso per cápita, el aumento de la población y la tecnología para generar energía.

Demasiada riqueza. La relación entre crecimiento económico y aumento de emisiones de GEI es directa. De ahí que el Pnud sostenga la urgencia de cambios drásticos en los patrones económicos. “Los esquemas de producción y consumo, especialmente en los países ricos, parecen ser insostenibles. Se precisa un cambio hacia modelos de desarrollo más sostenibles”, advierte.

La huella ecológica (superficie terrestre y marítima productiva que un país necesita para generar los recursos que consume y para absorber los desechos que genera) muestra que el mundo está superando su capacidad de generar recursos y absorber desechos.

“Si todos los habitantes del mundo –continúa el Pnud– tuvieran el mismo patrón de consumo que quienes viven en los países con IDH muy alto, y el nivel tecnológico actual, necesitaríamos más de tres planetas Tierra para soportar la presión que se ejerce sobre el medio ambiente”.

Los países con IDH muy alto, donde habita la sexta parte de la población mundial, emitieron casi dos terceras partes (64 por ciento) del dióxido de carbono entre 1850 y 2005, de acuerdo con el informe del Pnud. Desde 1859, sólo Estados Unidos ha producido alrededor de 30 por ciento del total de las emisiones acumuladas.

Precisamente la falta de voluntad de los países ricos para reducir los GEI ha sido la principal traba a la instrumentación de medidas para mitigar el cambio climático. Una acción eficaz en ese sentido implicaría reconvertir las economías avanzadas, fuertemente sustentadas en la expansión del consumo y el uso intensivo de energías fósiles, costo que por ahora nadie parece dispuesto a afrontar.

Puesto que el cambio de las fuentes energéticas tradicionales a energías limpias podría demorar años, incluso décadas, algunos científicos sostienen que sólo una drástica reestructuración de las actividades industriales de las economías avanzadas permitiría reducir las emisiones de C02 a niveles seguros y en un lapso más breve.

Emergentes y contaminantes. Pero ese no es el único escollo. En la última década, el explosivo ascenso de las economías emergentes, con China a la cabeza, seguida de países como la India, Brasil y Sudáfrica, aparejó cambios en el mapa de las emisiones de GEI.

Mientras que la tasa de emanaciones crece a razón del 11 al 12 por ciento anual, en los países ricos ha caído por debajo del uno por ciento. De mantenerse esta tendencia, en el próximo siglo más del 90 por ciento de las emanaciones tendrán lugar en los países en desarrollo.

Sin embargo, la desigual contribución de las naciones ricas y aquellas en vías de desarrollo al calentamiento global, así como las diferencias en cuanto a desarrollo humano entre ambos bloques, fundamenta la postura de quienes sostienen que el mayor costo por la adopción de medidas para mitigar el cambio climático debería recaer en las economías avanzadas (en definitiva, responsables del 70 por ciento de las emisiones acumuladas de GEI).

De cualquier modo, una acción eficaz requerirá el compromiso de las principales economías emergentes.

La investigación remarca que los factores ambientales adversos, como las sequías, aumentarán los precios mundiales de los alimentos en 30 por ciento a 50 por ciento en las próximas décadas e intensificarán la volatilidad de los costos.

Aunque la producción agrícola se duplicó en los últimos 50 años, la superficie de tierra cultivada sólo aumentó 10 por ciento.

Paralelamente, la degradación del suelo y los recursos hídricos está empeorando: casi 40 por ciento de las tierras cultivables sufre erosión, pérdida de fertilidad y pastoreo excesivo. En los países ricos ese porcentaje supera más de la mitad de la superficie agrícola; América latina y el Caribe tienen, en cambio, la menor proporción de tierra degradada, pero la explotación excesiva que se experimenta actualmente puede convertir tierras fértiles en desiertos, alerta el Pnud.

El difícil equilibrio entre la producción de alimentos y los recursos naturales se manifiesta también en el alto consumo de agua que demandan las actividades agrícolas: consumen entre 7 a 8,5 litros de cada 10 de las reservas hídricas. Cerca del 20 por ciento de la producción mundial de cereales utiliza este recurso de manera insostenible. Y las proyecciones apuntan a una duplicación en el uso del agua para producir alimentos antes del año 2050.

Actualmente, la cantidad sacada de los acuíferos es superior al volumen natural de restitución. El informe consigna que “la destrucción de los humedales y las cuencas hidrográficas para dar lugar a explotaciones agrícolas e industriales” está alcanzando un punto crítico.

Peligro de eclipse. El informe pondera la reducción de la desigualdad evidenciada en América latina y el Caribe, pero advierte que la deforestación y otras amenazas ambientales podrían “eclipsar los logros regionales y obstruir los avances”.

La deforestación ha disminuido su avance en América latina y el Caribe, y si bien algunos países de la región siguen explotando sus reservas forestales a un ritmo insostenible –con pérdidas que llegan a casi un millón de kilómetros cuadrados de bosques entre 1990 y 2010– también hay resultados muy positivos, como las medidas destinadas a combatir la deforestación en el Amazonas, que consiguieron reducir la tala en un 70 por ciento en 2009.

Se estima que con el cambio climático, en la región disminuirá la población de peces, se reducirán las precipitaciones y aumentarán las temperaturas.

“A largo plazo, la deforestación y la sobreexplotación de la tierra y los cursos de agua pueden amenazar la disponibilidad de agua dulce y los recursos renovables esenciales, como la pesca”, advierten los autores del documento del Pnud.

 

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EL CAMBIO CLIMÁTICO ESTÁ ADELANTANDO LA PRIMAVERA EN DOS DÍAS

imagenUn estudio elaborado por ungrupo internacional de expertos ha calculado por primera vez de forma global lavelocidad del cambio climático. Los datos muestran, entre otras cosas, quetanto en tierra como en el mar, la primavera se adelanta dos días cada 10 añosy que las especies, además de desplazarse “continuamente” utilizan otrastécnicas para adaptarse.

Una investigación en la quehan participado científicos de todo el mundo ha medido el ritmo al que se estáproduciendo el cambio climático global y cómo estas variaciones afectan alrango de distribución de las especies y a la llegada de las estaciones.

El trabajo, publicado estasemana en Science, analiza los regímenes térmicos y muestra que se desplazanhacia latitudes más altas 27 kilómetros cada diez años. “Este hecho se reflejaen la variación en la distribución de las especies”, explica Carlos Duarte,investigador del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA,CSIC-UIB). También añade que la señal térmica que marca el comienzo de laestación primaveral se adelanta unos dos días cada diez años, tanto en loscontinentes como en los océanos.

 

En ecosistemas terrestres, elcalentamiento se ha producido tres veces más rápido que en los océanos, lo queha obligado a sus poblaciones a cambiar su distribución continuamente paramantenerse en el mismo régimen térmico. Además de desplazarse, las especies hanmodificado el momento de la reproducción o la puesta de huevos.

Sobre los océanos, loscientíficos han trazado los mapas de todas estas transformaciones y hanobservado que las áreas donde las especies están más afectadas son también lasmás ricas en biodiversidad. El mayor impacto se produce en torno al ecuador,donde existen puntos calientes de biodiversidad marina. La rapidez del cambioclimático en estas zonas supera los 200 kilómetros por decenio.

“Cuando la velocidad delcambio climático supera la velocidad de dispersión de los organismos, o cuandoexisten barreras que la impiden, las especies solo pueden adaptarse oextinguirse”, agrega Duarte.

En sus continuas ‘mudanzas’hacia climas más propicios, algunas especies marinas encuentran esas barreras.Mike Burrows, de la Asociación Escocesa de Ciencias Marinas y coordinador delestudio, señala que “asumimos que las poblaciones simplemente necesitan moversepara escapar al cambio climático, pero en el océano las rutas de escape son máscomplejas y a veces inexistentes”.

Johnna Holding, investigadoraen el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados de Baleares, explica elproblema de algunas especies “como las del Mediterráneo, que no puedendesplazarse hacia el norte porque el mar está cerrado por Europa o las delÁrtico, que no tienen sitios más fríos a los que migrar”.

El estudio, que ha medido loscambios térmicos a partir del análisis de las temperaturas superficialesglobales de los últimos 50 años, forma parte de un programa internacional paraevaluar los impactos del cambio climático sobre los ecosistemas marinos. Estáfinanciado por el Centro Nacional de Síntesis y Análisis Ecológicos, de laNational Science Foundation y la Universidad de California en Santa Bárbara (EEUU).

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CAMBIO CLIMÁTICO DESTRUYE LA CAPA DE OZONO, PERO TAMBIÉN LA ECONOMÍA Y LA SALUD

El cambio climático es una “realidad científica” que, además de destruir la capa de ozono, también tiene repercusiones económicas y para la salud, según un compendio de estudios recogidos por el proyecto Clamer.

“Hemos acumulado pruebas convincentes e inquietantes”, asegura el doctor Carlo Heip, director del Royal Netherlands Institute of Sea Research y coordinador del Proyecto Clamer.

En una entrevista con Efe, Heip advirtió sobre las consecuencias que el calentamiento global tendrá en un plazo medio de unos 30 años y de los cambios que ya está experimentando nuestro planeta, como el calentamiento de los mares y los océanos con el impacto que tiene en otros aspectos de la vida cotidiana del hombre como la salud.

“Todos tenemos que prestar atención a las claras advertencias de los peligros que enfrentamos”, en particular respecto al medio marino, cuyos cambios físicos, químicos y biológicos tienen “grave consecuencias”.

La subida del nivel del mar, la erosión costera, el deshielo, la frecuencia de tormentas y su intensidad, los cambios físicos y los cambios en los patrones de la vida marina son algunos de ellos que como impacto último tienen a los seres humanos.

“Si la temperaturas del mar aumenta, esto puede traer consigo más bacterias que pueden afectar a la salud”, advirtió Heip, quien subrayó la necesidad que tiene la comunidad científica de comunicar mejor estas “evidencias” para crear más conciencia entre el publico.

El estudio señala, por ejemplo, los altos costes para los sistemas sanitarios que puede tener una intoxicación masiva por ingerir productos de mar contaminados por agentes patógenos transmitidos por el agua.

“Las condiciones climáticas juegan un papel cada vez más importante en el transmisión de estas enfermedades”, advierte el estudio, que señala también el incremento de infecciones respiratorias que se han detectado de un tiempo a esta parte.

El mensaje que quieren transmitir los científicos a los políticos es que tienen que tomar acciones ya para evitar consecuencias peores dentro de unos años.

No creemos que la gente no esté preocupada, pero es algo que no se nota a diario, los cambios van poco a poco, por eso es necesario poner mucha más atención ahora para poder evitar efectos más dañinos”, señaló.

La promoción de las energías verdes y la reducción de las emisiones de CO2 están entre las soluciones. Heip dijo que países como China e India, que están envueltos en un desarrollo industrial sin precedentes, no tienen la conciencia medioambiental suficiente.

Las consecuencias se verán dentro de 30 ó 40 años”. Por eso, hay que “tratar de parar ahora (las emisiones) antes de que se nos vaya por completo de las manos”.

Estados Unidos también podría hacer más, según Heip, quien señaló que a pesar de que el presidente Barack Obama ha tratado de legislar en este sentido no ha tenido mucho éxito.

En cuanto a aquellos que todavía dudan de que el cambio climático exista, Heip aseguró que hay hechos científicos que lo prueban y también que, aunque hay otros factores como las manchas solares que afectan a la capa de ozono, el 95 por ciento es causa del hombre.

El proyecto Clamer, que llevan a cabo 17 institutos marinos europeos, ha recopilado y sintetizado más de 100 estudios financiados por la Unión Europea en los últimos 10 años sobre el cambio climático y sus efectos sobre los océanos y mares europeos.

La síntesis de 200 páginas se divulgará en una reunión que mantendrán entre el 14 y el 15 de septiembre en Bruselas, donde además presentarán un documental sobre el cambio climático.

CAMBIO CLIMÁTICO AFECTA A LA SALUD

Un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece y recomienda que se realicen inversiones en políticas que favorezcan al medio ambiente, sobre todo en lo que se refiere a transporte, vivienda y consumo de energía en el hogar.

Según los especialistas, de esta forma se podría ayudar a prevenir numerosas enfermedades cardiovasculares, respiratorias, algunos tipos de cáncer y varias afecciones relacionadas con la obesidad.

Buscar estrategias

“Algunas medidas de mitigación del cambio climático generan beneficios de salud más amplios que otros”, explica María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, quien además asegura que si se evaluaran los riesgos y beneficios para la salud dependiendo de los factores ambientales y climáticos, se podrían determinar mejores formas de prevenir patologías.

Posibles soluciones

Los estudiosos afirman que muchas formas de asma y alergias, así como las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares relacionados con las olas intensas de calor o de frío, podrían evitarse gracias a la construcción de casas preparadas para resistir estos cambios y que cuenten con una buena ventilación natural.

El transporte seguro como caminar o montar bicicleta, unido a un transporte público óptimo, fomenta la actividad física saludable, lo que disminuye las tasas de muerte prematura, debido a que previene problemas del corazón y reduce el riesgo de traumatismos causados por accidentes de tránsito.

Entorno amigable

“Las personas pueden intentar adoptar regímenes alimentarios saludables y modos de vida sanos, sin embargo, también necesitamos un entorno propicio”, dice el doctor Luiz Galvao, gerente de Desarrollo Sostenible y Salud Ambiental, de la Organización Mundial de la Salud.

Añade que si se dan las condiciones óptimas y las seguridades para poder trasladarse caminando y hacerlo al aire libre, esto puede mejorar las condiciones de salud de una persona.

El Dato

Mantener un ambiente seguro y libre de contaminación representa la forma más barata de evitar enfermedades.

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ASEGURAN QUE CAMBIO CLIMÁTICO AGRAVARÁ LA FALTA DE ALIMENTOS


19 de Ene. 2011

La temperatura de la Tierra aumentará en la próxima década por lo menos 2,4 grados Celsius y, si se mantienen los patrones actuales de distribución, el planeta no podrá alimentar a su población humana, según un estudio.

El informe fue difundido por la filial estadounidense de la Fundación Ecológica Universal, de Argentina.

Según el estudio, de 55 páginas,hacia 2020 habrá en el planeta 900 millones más de seres humanos, hasta un total de 7.800 millones, y “la producción global de alimentos no será suficiente para atender la demanda”.

“Desde hace más de 20 años los científicos han alertado sobre el impacto del cambio climático, pero nada cambia aparte del aumento de las emisiones que causan el calentamiento global”, dijo Liliana Hisas, directora ejecutiva de la filial estadounidense de esta organización.

Osvaldo Canziani, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2007 y asesor científico del informe, indicó que “en todo el mundo se registrarán episodios meteorológicos y condiciones climáticas extremas, y los aumentos de la temperatura media superficial exacerbarán la intensidad de esos episodios”.

Según los autores, en el año 2020 habrá un déficit del 14 por ciento en la producción y la demanda de trigo, de un 11 por ciento en el caso del arroz y de un 9 por ciento en el caso del maíz.

“Las cosas no están cambiando, no se toman las decisiones como deberían tomarse teniendo en cuenta toda la evidencia científica”, añadió Hisas. “¿Cuántos alimentos necesitaremos teniendo en cuenta el impacto del cambio climático?”.

Los investigadores, que analizaron durante un año los datos el Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático publicado en 2007 y otros informes, concluyeron que “los impactos más significativos afectarán a los 20 productores mayores de los cuatro cultivos considerados”.

Esos países producen el 86 por ciento del trigo, el 95 por ciento del arroz, el 88 por ciento del maíz y el 99 por ciento de la soja en el mundo.

Europa, la única región del mundo donde según el informe se espera que la población disminuya, tiene el 20 por ciento de la superficie agrícola del mundo.

La Federación Rusa tiene el 44 por ciento de todas esas tierras europeas, seguida por Ucrania con el 12 por ciento, Francia con el 6,6 por ciento, y España, Polonia y Alemania con alrededor del 4,5 por ciento cada uno.

El informe señala que la población de América Latina y el Caribe crecerá de los 588 millones de personas ahora a 657,7 millones en 2020.

“El 82 por ciento de la tierra arable en América Latina y el Caribe se verá afectado por el cambio climático debido a la reducción de la disponibilidad de agua y los cambios en las precipitaciones pluviales en las áreas secas”, añadió el estudio.

Los investigadores calcularon que en esta región el rendimiento general de los cultivos de trigo, arroz, maíz y soja disminuirán en un porcentaje que irá del 2,5 al 5 por ciento hacia 2020.

El estudio propone acciones específicas para la reducción de las emisiones de los gases que, según los científicos, causan el calentamiento de la atmósfera, e insta a que los Gobiernos tomen medidas que adapten la producción al cambio climático.

También proponen cambios en las dietas y las tendencias del consumo de alimentos que están de acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, incluido un mayor consumo de verduras y legumbres.

EL LLAMADO CAMBIO CLIMÁTICO AMENAZA LAS RESERVAS DE AGUA DEL HIMALAYA


7 de Dic. 2010

El calentamiento global amenaza una de las últimas reservas de agua dulce del planeta, el Himalaya, cuyos glaciares se derriten a una velocidad promedio de 15 metros por año, señaló un informe difundido hoy aquí.

Según el estudio “Glaciares de montaña alta y cambio climático: los retos para la vida humana”, esa cordillera del continente asiático constituye una de las mayores reservas de agua del mundo.

Sin embargo, su rápido deshielo incrementa las inundaciones en las localidades de la laderas y amenaza la parte occidental del Himalaya y a países como Paquistán. De acuerdo con el estudio, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el gobierno de Noruega, en ese macizo montañoso las reservas de agua se derriten más rápidamente que en el Ártico y los Andes.

El informe fue presentado en la XVI Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con sede en esta ciudad balneario, donde representantes de 194 naciones buscan, sin mucho éxito, mecanismos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global.

CAMBIO CLIMÁTICO

Cambio climático
Los océanos se ahogan con CO2 y afrontan cambios mortales
 
 
 (IAR Noticias) 19-Junio-2010

Los océanos del mundo prácticamente se están ahogando con los crecientes gases de efecto de invernadero, que destruyen ecosistemas marinos y rompen la cadena alimenticia, cambios irreversibles que no han sucedido durante varios millones de años, según advirtió un nuevo estudio.

IAR Noticias /
Reuters

Estos cambios podrían tener consecuencias nefastas para cientos de millones de personas en el planeta que dependen de los océanos para su subsistencia.

 

“Es como si la Tierra hubiera estado fumando dos paquetes de cigarrillos al día”, dijo el principal autor del informe, el científico marino australiano Ove Hoegh- Guldberg.

El informe australiano-estadounidense, publicado el viernes en la revista Science, estudió 10 años de investigación marina y descubrió que el cambio climático está causando importantes declives en los ecosistemas marinos.

Los océanos se están calentando y acidificando con rapidez, la circulación del agua está siendo alterada y las zonas muertas en las profundidades oceánicas se están expandiendo, indicó el informe.

También se ha registrado cierto declive en importantes ecosistemas oceánicos, como los bosques de algas y los arrecifes de coral, y la cadena alimenticia marina se está deteriorando, con cada vez menos peces, que son cada vez más pequeños, y enfermedades más frecuentes entre los organismos marinos.

“Si continuamos por esta vía veremos condiciones que no tienen comparación con nada de lo que hayamos experimentado”, dijo Hoegh-Guldberg, director del Global Change Institute en la Universidad de Queensland.

Hoegh-Guldberg señaló que los océanos son el “corazón y los pulmones” de la Tierra, ya que producen la mitad del oxígeno del mundo y absorben un 30 por ciento del dióxido de carbono emitido por el hombre.

“Estamos entrando en un período en el que los mismos servicios del océano de los que depende la humanidad están atravesando un cambio masivo y en algunos casos comenzando a fallar”, dijo Hoegh-Guldberg.

“En términos sencillos, la Tierra no puede funcionar sin sus océanos. Esta es una nueva evidencia de que nos encaminamos hacia el próximo gran acontecimiento de extinción”, agregó.

Más de 3.500 millones de personas dependen de los océanos para su fuente primaria de alimento y en 20 años esta cifra podría duplicarse, dijeron los autores del informe.

El clima del mundo ha permanecido estable durante varios miles de años, pero el cambio climático en los últimos 150 años está forzando ahora a los organismos a cambiar rápidamente, cambios que a través de la evolución tardarían normalmente mucho tiempo, advirtieron.

LAS DOCE PLAGAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

 

 

 

Por Teresa Romanillos

 

 

Debido al calentamiento global, se prevé que algunas patologías infecciosas se agraven y propaguen con más facilidad Bautizadas con el nombre de “la docena mortífera”, se prevé el aumento de 12 enfermedades infecciosas debido al cambio climático. Algunas, como la tuberculosis, nunca han dejado de estar presentes y otras, que parecen pertenecer al pasado, como la peste o el cólera, pueden resurgir. La comunidad científica apunta como últimos culpables a los cambios migratorios de las aves y a la proliferación de insectos y arácnidos.


Una docena de enfermedades infecciosas se agravarán y propagarán con más facilidad como consecuencia del cambio climático. Así reza el documento, publicado en el Congreso Mundial de la Conservación de la Naturaleza celebrado recientemente en Barcelona, que muestra cómo el calentamiento global influirá en el desarrollo de estas patologías y las consecuencias que estas enfermedades provocarán en la salud y la economía mundial.


Se estima que el incremento de la temperatura del planeta no sólo causará el derretimiento de los glaciares y el consiguiente aumento del nivel del mar, sino que además se verá modificado el régimen de precipitaciones y, por tanto, de las corrientes fluviales. Este cambio en el ciclo del agua provocará una variación en los ecosistemas que a su vez condicionará una diferente distribución de los agentes patógenos causantes de las 12 enfermedades.


De animales a personas


Un buen ejemplo son las aves migratorias, que como consecuencia del calentamiento global cambiaran las rutas de migración de modo que las enfermedades de las que son portadoras se distribuirán en distintas regiones del planeta. Este hecho ya empieza a hacerse visible con los emergentes brotes de la gripe aviar, ébola, cólera y tuberculosis.


El principal factor de riesgo, aseguran los investigadores, se encuentra en aquellas enfermedades infecciosas que pueden ser transmitidas de animales a humanos. “La salud de los animales está estrechamente relacionada con los ecosistemas en que viven y el medio ambiente que los rodea y cualquier alteración, incluso la más pequeña, puede tener enormes consecuencias en las enfermedades que pueden padecer y transmitir a medida que el clima cambia”, comenta Steven Sanderson, presidente la Sociedad de Conservación de la Naturaleza.


La solución que plantean los expertos ante el problema consiste en monitorizar los cambios de localización de la fauna salvaje para poder controlar las migraciones y, así, la distribución de los agentes patógenos.

Aunque se conocen las doce enfermedades y algunas de ellas tienen tratamiento, aún falta información sobre cómo se están extendiendo y propagando por todo el planeta. Entre otras cosas, es importante preparar al personal sanitario para reconocer y mitigar los brotes de las enfermedades que aparezcan en una determinada zona, antes de que se extiendan descontroladamente.


Enfermedades, “nuevas” y “viejas”


Dentro del grupo de las 12, se encuentran viejas conocidas, como la tuberculosis, el cólera o la peste y otras enfermedades que se pueden considerar como más “nuevas”, como la gripe aviar. La tuberculosis ha sido, sin duda, durante muchos siglos una de las enfermedades que ha provocado una mayor mortalidad. A mediados del siglo XX, y gracias al descubrimiento de la estreptomicina y las mejoras de las condiciones higiénicas y sociales, la situación mejoró.


En 1993, la Organización Mundial de la Salud (OMS) consideró a la tuberculosis como una enfermedad emergente y justificó el aumento en el número de casos relacionados con el VIH y también por los movimientos migratorios. Un grave problema añadido es el de la tuberculosis resistente a los fármacos habituales. Este tipo de microorganismo se encuentra en mayor proporción en las tuberculosis que padecen los pacientes infectados por VIH.


España y Portugal son los países con mayor número de casos de la Unión Europea probablemente por el enorme reservorio de infectados por “Mycobacterium tuberculosis” que hay (muchas personas han tenido contacto con el bacilo en algún momento de su vida, que permanece en estado latente, sin que se manifieste).

La tuberculosis bovina (TB), que puede transmitirse al hombre a través del consumo de leche sin pasteurizar, podría aumentar. Los expertos temen que el cambio climático pueda favorecer el contacto entre el ganado y los animales salvajes, aumentando la propagación de la enfermedad.


El cólera es otra de las patologías que potencialmente podría extenderse debido al cambio climático. La enfermedad, causada por la bacteria “Vibrio cholerae” se transmite con mucha facilidad por el agua y alimentos contaminados. Actualmente, la mayoría de los casos tienen lugar en países en desarrollo aunque el aumento de la temperatura de las aguas hace prever un mayor número de casos.


La peste bubónica o peste negra, enfermedad que había causado verdaderos estragos, parece pertenecer a los libros de historia pero puede volver a resurgir. Se propaga a través de los roedores y sus pulgas, que podrían favorecerse del incremento de la temperatura.

 

La gripe aviar es otra de las amenazas relacionadas, ya que las anomalías en el régimen de lluvias y la sequía podrían influir en los movimientos migratorios de las aves y, por tanto, en la expansión de la enfermedad que en los últimos años mantiene a las autoridades sanitarias en alerta bajo la amenaza de una gran pandemia.


INSECTOS Y ARÁCNIDOS


La amenaza se amplía a otras enfermedades infecciosas que, aunque quizás menos conocidas, no dejan de ser preocupantes, sobre todo en los países en desarrollo. 
Una de ellas es la babesiosis, enfermedad hasta ahora poco frecuente, causada por un parásito transmitido por la picadura de la garrapata del perro. Los síntomas pueden ir desde cuadros leves que pasan casi inadvertidos a otros de mayor gravedad, máxime en pacientes ancianos e inmunodeprimidos.


Esta enfermedad, más prevalente en la zona este de África, ha pasado a ser cada vez más frecuente en Europa y América del Norte. Otra enfermedad transmitida por la picadura de una garrapata es la borreliosis o enfermedad de Lyme. Se trata de una patología que puede resultar de difícil diagnóstico; sus síntomas pueden confundirse con otras afecciones como cuadros gripales, fibromialgia o esclerosis múltiple.


Al igual que en el caso anterior, el aumento de las temperaturas, al favorecer el ciclo vital de las garrapatas, podría ayudar a una mayor difusión de la enfermedad. La fiebre amarilla es una enfermedad vírica, propagada en este caso por mosquitos.

 

A pesar de que afecta las regiones tropicales de África y partes de América central y del sur, podría extenderse a nuevas zonas. La fiebre de Rift Valley es una zoonosis vírica que afecta principalmente al ganado doméstico pero que también puede llegar al ser humano provocándole cuadros graves.  El virus se transmite por la picadura de un mosquito. Es más frecuente en el África subsahariana y el norte de África.


La conocida como enfermedad del sueño está causada por un parásito transmitido por la mosca tse-tsé. Puede afectar a personas y animales y es endémica en algunas zonas de África subsahariana. 
El clima influye en la distribución de la enfermedad puesto que la mosca suele encontrarse en la vegetación que rodea a ríos y lagos, en los bosques y en la sabana. Se conoce como enfermedad del sueño debido a que, en fases avanzadas, se producen trastornos del sistema nervioso central que se traducen en cambios en el comportamiento y períodos frecuentes y prolongados de somnolencia.


La infección por el virus del río Ébola provoca un cuadro grave con elevada mortalidad. En el informe de los expertos se destaca que existen evidencias de que los brotes de esta enfermedad están relacionados con las variaciones inesperadas de las épocas de lluvias.

Cabe esperar que en el futuro aumente el número de personas infectadas dado que el cambio climático provoca alteraciones del régimen de lluvias.

 

Finalmente, dos entidades que previsiblemente pueden aumentar son las infecciones por parásitos intestinales y la que se conoce como marea roja, una excesiva proliferación de algas productoras de toxinas letales tanto para animales como humanos.

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